lunes, 15 de diciembre de 2014

Tesla

Interesante exposición sobre Tesla en la Fundación Telefónica de Madrid. Pobremente montada, en mi opinión, pero el personaje brilla con luz propia (valga la imagen).

Nikola Tesla fue un visionario nacido a mediados del siglo XIX en el antiguo Imperio Austrohúngaro. Un verdadero genio que anticipó el mundo de hoy y patentó decenas de ingenios. Sin embargo, su historia no tiene final feliz. Otros se aprovecharon de su talento, como ocurrió en el caso del italiano Marconi, logrando la gloria mientras Tesla hubo de conformarse con la justicia poética del reconocimiento después de su muerte en 1943 (la Corte Suprema de los Estados Unidos lo acreditó como inventor de la radio, pero el Nobel de 1901 fue para Marconi).

Sus contribuciones son incontables, abarcando el campo del electromagnetismo y la ingeniería electromecánica. Asimismo, dejó huella en el desarrollo de la robótica, el control remoto, el radar, las ciencias informáticas, la balística, la física nuclear y la física teórica.

En la propia exposición cabe leer escritos suyos anticipando la comunicación inalámbrica instantánea e incluso la transmisión de energía a distancia sin el uso de cables (la "witricidad") con un grado de clarividencia propio de un escritor superdotado.

Precisamente, Mark Twain, otro talento único, fue uno de sus amigos. He aquí un fragmento de una carta que dirige al inventor:

"Amigo Tesla,

¿Recuerda nuestra conversación en el club? Atravieso un difícil momento económico, los libros no dan para comer... ¿Cree que yo podría vender alguno de sus aparatos en el extranjero? Me interesa especialmente la plataforma vibratoria que probé en su laboratorio. Pienso que puede causar furor entre las mujeres europeas..., pero también entre los caballeros con problemas para ir al baño, ¡ja, ja, ja! Siempre he pensado que un hombre con una idea nueva es un loco hasta que su idea triunfa".

Mark Twain.... ¡artista tenía que ser!


sábado, 13 de diciembre de 2014

El terrible y lastimero llanto del pijo

Si hay algo que conmueve mi alma es el sincero y desgarrador llanto del pijo. No puedo con ello. Me destruye.

Pude haber ganado más durante la época de bonanza. No robamos todo lo que tendríamos que haber robado. Nos quedamos cortos. Ahora ya no viajo tanto como antes. ¡Hasta he tenido que reducir el personal de servicio! La clase obrera carece de gusto estético. ¡Son pobres! Me he tenido que mudar a un piso más pequeño, en calle Almagro, pero sin office para la chica. Mis hijos han tenido que cambiar de ruta. No puedo enviarlos a un colegio que no ofrezca ruta. ¡Soy pijo, pijo, pijo!

Acudo a reuniones de pijos. Hablamos con una patata en la boca y el resto del mundo no nos entiende. Pijos, pijos, pijos. En plena crisis seguimos viajando al extranjero y las vacaciones no las perdonamos. A Extremo Oriente, a América, un crucero, a hermosos lugares de Europa. Pero no paramos de quejarnos. ¡Hay que ver lo mal que está todo!

Nuestros padres... pobres ignorantes. Pagaron una educación de lujo y esa misma educación nos conectó con el "dinero viejo". Ahora los despreciamos, porque son unos paletos. Vale, ellos hicieron el dinero, pero carecen de gusto, de inspiración estética... Claro, trabajaron 23 horas al día, sin vacaciones, sin respiro, para poner comida en nuestro plato. Y ahora nos cagamos en ellos porque no podríamos llevarles a una reunión con nuestras amistades. ¡Pasaríamos vergüenza con esos infames paletos! ¡Pobres imbéciles que sacrificaron sus míseras vidas para darnos todo lo que nunca tuvieron! Ahora están caducos y nosotros heredaremos sus millones. Porque hereda quien sabe gastar. Ellos no tenían en qué. Solo se relacionaban con otros cenutrios avariciosos. Como ellos. Porque no hablaban idiomas, ni han viajado ni nada. ¡Garrulos insustanciales! ¡Desapareced ya y dejadnos vuestras empresas, vuestros millones y vuestras SICAV!

¿Crees que es simplemente una cuestión de dinero? Te equivocas. Mira a nuestros padres. No saben vivir. Sus casas son de nuevo rico con pretensiones. Muebles ridículos. Espacios patéticos. Iluminación espantosa. No saben decorar. No saben nada de nada. Cumplieron su función: hacer dinero para que lo gastemos nosotros. Nosotros sí sabemos.

Dinero viejo. Gente que sabe estar. Grandes señores.

Soy pijo, pijo, pijo. Y me cago en los pobres, me cago en los pobres de izquierdas. Muertos de hambre. Resentidos. Y en los pobres de derechas, que nos hacen el trabajo sucio. Pobres payasos.

Podemos. Qué gran gilipollez. No. NO PODÉIS... no podéis tener buen gusto, no podéis aspirar a cosas bellas. Sois escoria. Prescindibles.

En nuestros reductos de pijos no entraréis. En nuestras empresas siempre seréis esclavos. Haremos con vosotros y con vuestros hijos lo que nos salga de los cojones, porque nos pertenecéis. Vuestra alma nos pertenece.

¡Me cago en todos los pobres de mierda! Nosotros hemos ido a colegios de pago. Colegios con toda clase de actividades. ¡Hasta con campos de golf! ¡Gente mítica! La crème de la crème. ¿Qué coño tenéis vosotros? Barrios que dan pena, drogatas, gente deshecha. La hez...

Hemos inventado los bancos, las preferentes, las afinsas, todos los timos del mundo. Futuros, fondos, derivados, comisiones. Os vendemos vuestras casas de mierda, con paredes de papel, por cuatro veces lo que valen. Pobres estúpidos.

Nosotros viajamos por el mundo. Tenemos contactos hasta en el último rincón del planeta. Porque somos una hermandad. La hermandad de los pijos sin alma, sin piedad, sin entrañas.

Siempre cobramos poco. Siempre estamos mal pagados. Si nos pagan 50.000 al año es una mierda pinchada en un palo, porque nosotros valemos más. Un millón o cien millones. Valemos más porque somos la élite. La élite del cerebro vacío, porque ningún intelectual puede formar parte del verdadero pijerío. Los intelectuales, los artistas o los científicos siguen siendo esclavos de nuestros caprichos. Dependen de nosotros para comer. Una palabra nuestra y dejan de vender cuadros, dar conciertos o recibir ayudas. Son personal de servicio. Nos entretienen e investigan para que vivamos más y mejor. Si nos apetece que venga un payaso a distraernos, estos corren a nuestro encuentro como perrillos falderos. Como Platero. Fundaciones, cheques, puestos de trabajo. La ilusión de la independencia, pobres infradotados.

Pijos. Somos pijos. Y seguiremos dirigiendo este mísero pedruzco azul, con sus esclavos, sus putas, sus pateras, sus niños tuberculosos y sus infiernos hasta que el sol se apague.

Si viene la revolución, nos vestiremos con gorra de revolucionario y seguiremos teniendo personal de servicio. A menos que las cosas aprendan a moverse solas siempre necesitaremos esclavos. Y cochazo, y mansión y lo que nos salga de los cojones. Porque los revolucionarios nos necesitarán. No saben dirigir, no saben esclavizar. Nosotros hablamos idiomas y conocemos gente hasta en el infierno. Sabemos pasarle el estrés a los demás, a los esclavos.

Nunca moriremos. SIEMPRE ESTAREMOS AHÍ, chupando vuestra sangre infecta. De esclavos indignos e ignorantes.

¡Pijos en pie de guerra! ¡Pijos hasta el fin del mundo!

Pijos por siempre jamás.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Último Haiku

El silencio me pregunta sobre la vida.

Noche de escarcha.

La edad de lata


Los príncipes del Renacimiento eran tipos corruptos pero al menos era cultos... Los políticos de hoy en día son simplemente corruptos.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Pro reo

—¿Por qué solo defiende a criminales? ¿Cómo es posible que ninguno de sus clientes sea una persona íntegra...?

—Los inocentes no podrían abonar mi tarifa. Y créame, tengo una serie de gastos.

Final

La muerte, la conciencia de la muerte. Seres dotados de la ilusión de la permanencia. Una ilusión estúpida. Como si algo fuera a quedar.

La ingenuidad sin límites. ¿Deriva del destino? Un cuento genial.

martes, 2 de diciembre de 2014

Muy impresionante

Una película normal gana un festival de cine francés

EL JURADO APLAUDE "SU ATREVIMIENTO AL USAR EL TRÍPODE"
Publicado por el 1 de diciembre, 2014

Una película que se entiende y que no cuenta movidas raras se hizo ayer con el primer premio del Festival International du Film de Brest. Los miembros del jurado agitaron sus foulards para celebrar el atrevimiento del director, Philippe Favre, al apostar “por la ruptura radical de los cánones establecidos del cine que rompe los cánones establecidos”.

“Los personajes se expresan con tanta claridad que, en algunos momentos, te olvidas de que la película está en francés”, admite el crítico de cine Gérard Rémirons. “El francés es mi lengua materna pero hasta ahora no me había dado cuenta de que podía entenderse tan bien algo expresado en este idioma”, añade.

La decisión del director de rodar “en plan normal, sin ir de guays” sorprendió al público de un festival acostumbrado a premiar propuestas oscuras en las que un filete significa la muerte de las ideologías o dos personas se besan y luego ella llora y él le susurra algo en alemán y ella le pega y luego se acuestan y luego resulta que ella era la madre de él y todo era un sueño pero no de él, sino del propio espectador, que es un reflejo de la Europa azotada por el nazismo.

“Julie se enamora”, que cuenta la historia de un chica llamada Julie que se enamora, se atreve por primera vez en muchos años a prescindir de simbolismos y se conforma con que el espectador se identifique con la protagonista y con los conflictos a los que ésta debe enfrentarse.

“Hay que tener agallas para hacer una película entretenida y ya está”, admite el jurado, que señala “la locura de rodar con trípode” como la mayor excentricidad de Favre, un cineasta “que ha venido a remover los cimientos del cine que remueve los cimientos”.

Philippe Favre reconoce que nunca aspiró a ganar el primer premio de este festival. “Fue cosa del productor, que se empeñó en mandar la cinta a todos los festivales europeos, sin importar sus características”, declara. En su discurso de agradecimiento, el director no aludió a temas políticos ni sociales, se limitó a dar las gracias al jurado y a expresar su alegría al comprobar que su película había gustado a la gente. “¡Puto loco!”, gritó un sector del público, que interpretó el “alarde de normalidad” del galardonado como una provocación en toda regla.

En una entrevista para “Cahiers du Cinéma”, el premiado señala la dificultad que entrañó la dirección de actores. “Costó hacer entender a los actores que debían aprenderse el guión y decir en pantalla lo que estaba escrito en él, con el tono y el estado de ánimo indicado en las acotaciones. Muchos de ellos no habían leído nada nunca, solo les habían enseñado a llorar y a dar bofetadas”, asegura.

“Es tan normal como su obra. Lo que dice tiene tanta coherencia y tiene tanto sentido como las historias que rueda. No sé, parece venido de otro planeta que no es Francia”, sentencia Gérard Rémirons.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Qué hay de lo mío

Félix de Azúa, a mi parecer persona de gran valía, escribe hoy en El País un interesante artículo sobre Podemos y su extraño silencio sobre la Universidad española. Su título resulta muy sugerente...

Un partido de profesores
por FÉLIX DE AZÚA

Me ha llamado mucho la atención el eco que ha tenido la beca del profesor Errejón. En efecto, un amigo y conmilitón suyo le consiguió una beca sustanciosa (las hay regulares y las hay king size. Esta es de las buenas) tras convocar la ayuda de manera que sólo Errejón podía presentarse y presentóse y ganóla. Entre las bases y condiciones para acceder a la beca sólo faltaba añadir “que gaste gafas de pasta y cuyo apellido empiece con E”.

Pero ¿cuál ha sido el escándalo? Aquellos que conozcan la Universidad española desde dentro (yo he dado clases allí 30 años) saben que este procedimiento no es una excepción, sino la regla, la base misma de su funcionamiento. ¿Cómo creen que se elige a los titulares, al jefe de departamento, a los becarios, al decano, al rector? ¿No han oído hablar de la endogamia universitaria, de las mafias departamentales, de las cátedras hereditarias? En algunas ocasiones estas corruptelas se usan para mantener la coherencia ideológica o teórica de un departamento, lo que es hasta cierto punto comprensible, pero la mayor parte de las veces es simplemente el modo de mantener una clientela vitalicia.

Dicho sin fariseísmos, la Universidad está tan corrompida como las finanzas, los partidos o los sindicatos: es una de las instituciones más corruptas del conjunto institucional español. Por esta razón la enseñanza española es la que recoge la más baja calificación en todo el conjunto europeo, un suspenso que se sucede año tras año con gran regocijo de los partidos políticos.

De hecho, puede decirse que no hay auténtica competencia en la adjudicación de las plazas, en los tribunales de oposición, en los de tesis doctorales, y lo que es más grave aún, la nuestra es una Universidad mineralizada, fosilizada, sin traslados, sin musculatura. Los profesores están atados a su plaza geográfica de por vida. Si a pesar de todo muchos de ellos realizan una labor admirable es gracias a una vocación férrea.

Ahora bien, ¿han oído a Iglesias, a Errejón, o a los dirigentes de Podemos en la sombra presentar un programa de limpieza del mundo universitario español? No lo verán. Están allí acomodados como Blesa y sus chicos en Caja Madrid. La Universidad es su finca y nadie se atreverá nunca a limpiar esos establos. Los jefes de Podemos pueden lanzar a la calle 100.000 individuos en media hora y colapsar una ciudad. ¿Van a decir algo sobre los funestos sindicatos estudiantiles? ¡Cómo van a hacerlo si ellos los controlan! También son ellos quienes deciden quién entra y quién no en su residencia. Cuando revientan actos no lo hacen por ideología (de la que carecen, aparte de un sumario castrismo-leninismo), sino para mostrar quién es el amo de ese mayorazgo. En los reportajes de aquella violenta irrupción en la conferencia de Rosa Díez se puede ver a los jefes y matones del actual Podemos intercambiando órdenes como si fueran los falangistas de la Complutense de los años treinta.

Es un comportamiento análogo al de Mas y los separatistas, los cuales no se enfrentan al Estado para conseguir la independencia de Cataluña, que saben les arruinaría, sino para dejar claro quién manda en la finca. De modo que no se trata de ganar, sino de humillar al Estado. ¿Tribunales Supremos a mí? ¡Anda ya, españolito alpargatero! ¡Aquí mando yo, o sea, el Pueblo Catalán Carolingio! El comportamiento de los caudillos totalitarios es siempre el mismo, no queda nada por inventar.

A mí no me escandaliza que Errejón se haya mercado un beneficio estupendo, sobre todo él, que no lo necesita porque es de familia acomodada. Lo que me llama la atención es que esta gente que conoce sobradamente la corrupción universitaria de la que se alimenta aún no haya dicho nada relevante sobre la futura enseñanza en España cuando ellos manden, como no sean cuatro vaguedades idealistas del tipo “la Universidad ha de estar al servicio de los pobres”, ya conocen la música. Pero, ¿van a mantener el sistema tal y como está, con sus tribunales amañados y sus convocatorias a medida? ¿Qué haréis con las castas universitarias, camaradas? ¿Y con el feudalismo de las universidades primitivas, donde para ganar una cátedra de Física Cuántica lo importante es haber nacido en Vic? ¿Mantendréis el sistema de rectores como títeres decorativos? ¿Y los planes de estudio deformados departamento a departamento según el interés de la plantilla?

Podemos es un partido de profesores universitarios, o lo que es igual, una quimera. Un profesor universitario es un funcionario aún más irresponsable si cabe. La libertad de cátedra le permite explicar al alumnado la vida de Lola Flores o las teorías de Kripke con igual protección estatal y sueldo. Puede fantasear hasta el delirio, por ejemplo reconstruyendo la Unión Soviética en clase, sin que nadie pueda decirle que eso no entra en el programa de Filosofía de la Ciencia. No obedece al menor control, excepto el de sus jefes de departamento (y tampoco mucho), lo que provoca unas relaciones serviles hasta la caricatura que en los estratos inferiores es de pura esclavitud. Un partido de profesores universitarios reproduce el mundo virtual de las aulas, con todos sus delirios y su onirismo, a escala estatal.

Si ya la Universidad española (sector Humanidades) es como un cetáceo muerto, imagínense un país construido con los mismos mimbres. Un cementerio de elefantes. Y ratones.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Cuestión de ángulo

A un hombre con un martillo todo le parece un clavo.

martes, 25 de noviembre de 2014

Proa a altamar


viernes, 21 de noviembre de 2014

Claudio Rodríguez

DON DE LA EBRIEDAD

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Aurora y Julio

La reciente muerte de Aurora Bernárdez trajo hasta mí este texto de Vargas Llosa, parte del cual se incluye en la presentación de la edición de los Cuentos Completos de Cortázar que publicó Alfaguara. El relato que allí se hace de la impresión que entonces causaban los Cortázar como "pareja perfecta", envidia y admiración de propios y extraños por su infinita capacidad de diálogo y de anticiparse, de adivinar al otro, parece un cuento del autor argentino.

Estudiando la obra de Orson Welles descubrí rasgos premonitorios de su existencia futura en su obra más temprana, como si lo que el artista fuese capaz de soñar una vez prefigurara los límites de su propio devenir y resultara imposible superar los propios sueños. Aunque produzcan monstruos.

Es de esperar que la vida de Cortázar sea digna de su imaginación irrepetible. Alguien capaz de entretenerse con la danza mágica de las gotas de agua en el cristal o el azar de los mensajes que se crean en los carteles heridos de muerte parisinos no vuela a ras de tierra. Su biblioteca, que reposa en los anaqueles de la Biblioteca Nacional de Nicaragua, país que Julio adoraba con fervor y lealtad, aún palpita.

La muerte de Aurora

publicado en El País por Mario Vargas Llosa

En diciembre de 1958, un amigo peruano de la Unesco, Alfonso de Silva, me invitó a su casa a cenar, en París. Me sentó junto a un hombre delgado, muy alto y lampiño que, sólo a la hora de la despedida, descubrí era Julio Cortázar. Parecía tan joven que lo creí mi contemporáneo y era 22 años mayor que yo. Su mujer, Aurora Bernárdez, bajita, menuda, tenía unos grandes ojos azules y una sonrisa un poco irónica que mantenía a la gente a distancia.

Nunca he olvidado la impresión que me hizo esa noche la conversación de esa pareja tan dispareja. Parecían haber leído todos los libros, sólo decían cosas inteligentes y había entre ellos una complicidad tal en lo que contaban —se pasaban la palabra como los palitroques dos diestros funámbulos— que, se diría, habían llevado todo aquello ensayado.

En los casi siete años que viví en Francia nos vimos muchas veces, en su casa, en la mía, en los cafés, o en la Unesco, donde ejercíamos como traductores. Nunca dejaron de admirarme la riqueza de sus lecturas, la sutileza de sus observaciones, la sencillez y naturalidad de sus maneras y, también, el modo como tenían organizada su vida para ver las mejores exposiciones, las mejores películas, los mejores conciertos. Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cuál de los dos había leído más, mejor y con mayor provecho. Cuidaban su intimidad con encarnizamiento —no perdían nunca el tiempo— y mantenían a raya a quien quisiera invadirla. Yo estuve siempre seguro que Aurora no sólo traducía —lo hacía maravillosamente, del inglés, el francés y el italiano, como atestiguan sus versiones de Faulkner, Durrell, Calvino, Flaubert— sino también escribía, pero que se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia.

En 1967 los tres estuvimos juntos, de traductores en un congreso dedicado al algodón, en Atenas. Durante casi una semana convivimos en el hotel, en las sesiones del congreso, cenando todas las noches en restaurancitos de Plaka, en la visita de un domingo a la isla de Hydra, y al regresar a Londres (donde yo me había mudado) recuerdo haberle dicho a Patricia: “El matrimonio perfecto existe, es el de Julio y Aurora, no he visto nunca una inteligencia y compenetración igual en ninguna pareja. Tenemos que aprender de ellos, imitarlos”. Pocos días después recibí una carta de Julio que comenzaba así: “Tu sensibilidad te habrá hecho advertir, en Grecia, que no hay nada ya entre Aurora y yo. Nos estamos separando”. Nunca en mi vida me he sentido más desconcertado (y apenado). En esos días de convivencia me habían parecido la pareja mejor avenida y más envidiable del mundo, porque, con un tacto infinito, ambos se las habían arreglado para disimular a la perfección la tormenta sentimental que sacudía su matrimonio.

Para los amigos de Julio y Aurora su divorcio fue un drama, porque a todos nos había parecido que su unión era absoluta e irrompible, que dos personas no podían quererse y entenderse tanto como ellos. Pocas semanas después, en las oficinas de Gallimard, en París, yo se lo decía a Ugné Karvelis, que se ocupaba de la literatura extranjera. “¡Cómo va a ser posible, qué puede haber ocurrido para que se separen!”. Y en ese mismo momento vi en los ojos de Ugné una zozobra y turbación muy elocuentes: lo que había ocurrido estaba allí, de cuerpo presente, ante mis ojos.

La próxima vez que vi a Cortázar, en Londres, apenas lo reconocí. La suya es la más extraordinaria transformación de una persona que me haya tocado presenciar. (“Un mutante”, decía Chichita Calvino.) Se había hecho un tratamiento para tener barba y, en efecto, lucía una enorme, de celajes rojizos. Me pidió que lo llevara a un lugar donde pudiera comprar revistas eróticas y hablaba de sexo y marihuana con un desparpajo infantil, algo que en el Cortázar de antes resultaba inconcebible. Todas las veces que lo vi, en los años siguientes, siguió sorprendiéndome con ese rejuvenecimiento empecinado. Él, que defendía tanto su intimidad, vivía ahora poco menos que en la calle, al alcance de todo el mundo, y se interesaba en la política, tema que antes le producía alergia. (Yo había intentado presentarle a Juan Goytisolo una vez y me dijo: “Mejor no, es demasiado político”). Incluso, firmaba manifiestos, militaba a favor de Cuba y hablaba de la revolución de manera tan apasionada como ingenua. Su limpieza moral y su decencia eran las mismas, desde luego, pero en cierto modo se había tornado en la antípoda de sí mismo.

Creo que los años que estuvo con Ugné fue sin duda feliz, en el sentido más material de la palabra, y, tal vez por eso mismo, su obra literaria se empobreció, perdió mucho del misterio y la novedad que tenía, y yo siempre he pensado que la ausencia intelectual y sin duda también afectiva de Aurora, explica en buena parte ese empobrecimiento. Por eso me alegró muchísimo saber que años después, cuando estaba ya muy enfermo, había habido entre ellos una reconciliación. Y que ella había quedado como su albacea literaria, encargada de las ediciones de su obra póstuma y de su correspondencia. Como era de prever, Aurora ha cumplido esta tarea con todo el talento, la generosidad y sin duda el intenso amor que profesó siempre por Cortázar.

Luego de la separación, pasaron muchos años sin que volviera a verla, aunque siempre la tuve en la memoria, como una de las personas más lúcidas y finas que he conocido, una de las que hablaba de libros y autores literarios con más delicadeza y versación, dueña de una inconsciente elegancia en todo lo que hacía y decía. El año 1990 la volví a ver, en Deyá. Tenía los cabellos grises pero, en todo lo demás, seguía idéntica a la Aurora de mi memoria. Subía y bajaba las peñas mallorquinas con agilidad y su casita estaba impregnada por doquier con la presencia de Julio; en la salita donde conversábamos había una preciosa foto de él, tocando la trompeta. No sólo su cuerpo había conservado un vigor juvenil; también su mente, su curiosidad, su pasión por los libros, eran jóvenes y contagiosos. Hablamos de Georg Grosz, un pintor expresionista alemán, que yo admiro mucho y que Aurora, por supuesto, conocía al dedillo; de Claribel Alegría, poeta salvadoreña cuya casa parisina estaba siempre abierta a todos los escritores latinoamericanos; de si Flaubert o Balzac describieron mejor el siglo XIX francés.

En el verano del año pasado la vi por última vez, en el Escorial. Raspaba ya los 93 años y oía con dificultad, pero su memoria era notable y, durante la charla pública que celebramos, me maravilló ver la cantidad de episodios, anécdotas, personas que recordaba con sorprendente precisión, además, por supuesto, de los libros, entre los que siempre se movió como por su casa (eran su casa). “¿Por fin te vas a animar a publicar lo que seguramente tienes escrito?”, le pregunté. Su respuesta fue evasiva y, sin embargo, estimulante. “Necesito cinco años”, me dijo, con su vieja sonrisita un poco burlona de costumbre. “Para terminar una biografía de Julio Cortázar”. ¿Lo dijo en serio? ¿Habría comenzado a escribirla? Ojalá fuera así. Nadie podría dar un testimonio más fundado sobre el Cortázar creador de las historias sorprendentes de Bestiario, Final del juego, Historias de Cronopios y de Famas y de Rayuela, la novela que mostró cómo una manera de contar podía ser en sí misma una subyugante historia.

He sabido que en sus últimas disposiciones estableció que fuera incinerada. No podré, pues, llevar unas flores a su tumba la próxima vez que caiga por París. Pero estoy seguro que no le hubiera importado que le dedique en cambio este pequeño homenaje verbal, a ella, tan sensible para detectar en las palabras los aromas y la belleza de las flores más fragantes.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Queremos tanto a Ray

Hoy me desperté nostalgioso. Me eduqué emocionalmente con los libros de Ray Bradbury, hace ya muchos años, en un Buenos Aires luminoso y violento. En realidad, me desperté con nostalgia de mí mismo leyendo a Bradbury, con tiempo para degustarlo, sin reloj. Una atmósfera poética, mítica, expresando los grandes interrogantes en un escenario en el que las pasiones humanas se expandían por el Sistema Solar.

Mi primer recuerdo de sus libros es la voz de mi madre contándonos un cuento de El hombre ilustrado mientras veíamos crecer las aguas en Bialet Massé, en la provincia de Córdoba. Habíamos ido de acampada con mis tíos José y Coqui. En un momento dado, un puente quedó bloqueado y nosotros aislados en La Estanciera. Un vehículo que marcó época.

Mamá nos habló de un grupo de astronautas que buscaban desesperadamente un refugio en Venus. Un planeta envuelto siempre en nubes en el que Bradbury soñaba lluvias incesantes. Algunos hombres no aguantaban la presión y resolvían poner fin a sus vidas abriendo la boca y mirando al cielo.

Fue la primera vez que oí hablar del suicidio.

Más tarde, descubriría en los cuentos de Bradbury notas de tristeza y soledad en un marco de profunda belleza. Crónicas marcianas -el viaje nocturno de una familia de escasos recursos. Un padre que inventa un sistema para que sus hijos crean que ellos también pueden viajar al espacio como los hijos de las familias pudientes. El sueño de los niños y llevarlos en brazos a la cama... Un relato magistral-, Fahrenheit 451 y la parábola de la memoria, el citado El hombre ilustrado -aquellos astronautas cuya nave estalla y salen despedidos con apenas tiempo de decirse adiós, olvidar los agravios y agradecerse mutuamente haber compartido un pedazo de vida-, La Feria de las Tinieblas, esos monstruos que avivaban miedos atávicos, las tres de la mañana, esa hora tan lejos del final del día y del comienzo de la luz. La hora en que lo inefable toma cuerpo. El país de octubre, Las doradas manzanas del sol, El vino del estío...

¡El abismo de Chicago! ¡Las maquinarias de la alegría! La necesidad de explorar, de ir más allá. De romper con la herencia recibida.

Había poesía en sus páginas y una mirada al infinito, al destino de la humanidad. En plena guerra fría y amenaza constante de holocausto nuclear. Asimov, Clarke, Anderson, Lem, Lovecraft... todos magníficos. Pero sigo teniendo debilidad por Bradbury. Siempre se vuelve al primer amor.

Leer sin tiempo, viendo cómo se amontonan las nubes. Sin después. En tardes de verano de siestas de plomo.

En la única edad en que nadie espera recibir nada de ti.

Todas las horas.







jueves, 6 de noviembre de 2014

martes, 28 de octubre de 2014

Wagner y Solti

La obertura de Tannhäuser es una música poderosa, plena de premoniciones. Como lo es la música de Gustav Mahler. En mi opinión, algunas oberturas de las óperas de Wagner encierran verdaderos tesoros sinfónicos. Tannhäuser es una de mis favoritas y, al parecer, en Alemania se la considera un segundo himno.

Más allá de la eterna discusión sobre la ideología de Wagner -si analizáramos la vida privada de muchos artistas habría más de una decepción-, su música es grandiosa. Destinada a perdurar.

En esta ocasión, uno de los directores de orquesta más importantes del siglo XX, Sir Georg Solti, dirige la Orquesta Sinfónica de Chicago.

Queda la magia.





lunes, 27 de octubre de 2014

La espiral

Duradero como el tiempo. Aprender a ser.

sábado, 25 de octubre de 2014

E lucevan le stelle

Mañana de sábado otoñal en el hemisferio norte. La versión de Carlo Bergonzi de esta conocida aria de Tosca me sigue emocionando como el primer día. En un mundo pleno de ruidos de toda condición, la voz de Dios. La comparto con todos vosotros.

viernes, 24 de octubre de 2014

Héroes del mar


No se trata de un fotomontaje. Está ocurriendo. Subsaharianos encaramados a la valla fronteriza de la ciudad española de Melilla -enclavada en el continente africano- mientras dos personas de bien de las de toda la vida juegan al golf. Un deporte de masas.

Los subsaharianos proceden de una variedad de países cuyas fronteras fueron trazadas a toda prisa durante el proceso de descolonización de África. Para llegar hasta Melilla han superado un verdadero infierno. Han atravesado desiertos de muerte, han sido extorsionados por las mafias de traficantes o cosas peores. Maltratados a uno y otro lado de la valla.

Tampoco tienen vuelta atrás, no hay retorno posible, porque estos seres humanos que se ven en la parte posterior de la fotografía son la única esperanza de salvación de sus familias. Sus padres literalmente los lanzan al desierto: si no logras llegar a Europa, no vuelvas... Esos son los códigos de la desesperación.

Si finalmente terminan cruzando el estrecho, su destino es vender La Farola, cuidar coches o ratear. Nadie se ocupará de ellos, porque nuestro sistema ya produce su propio material descartable.

Es de suponer que vivimos en un mundo post-ideológico, porque ya se sea de izquierdas o de derechas, el europeo de pro aspira al mismo desarrollo exclusivamente material: tarjetas opacas, coches de alta gama, urbanizaciones exclusivas, cruceros. El triunfo aplastante de la avaricia y la mediocridad.

Un mundo muy, muy feliz.












domingo, 19 de octubre de 2014

Oración de la mañana

Que lo que la vida se ha encargado de separar no lo una Facebook.

sábado, 11 de octubre de 2014

Desechos humanos