martes, 19 de abril de 2022

Memoria del beso

Madrid amanece nuevo hoy.

El tibio sol de otoño se enseñorea de los tejados. Camino lenta, pausadamente por el Paseo del Prado. Cibeles, Plaza de la Lealtad, el Museo de Museos, el Botánico con sus palpitantes colecciones de la España universal... 

Que recibas rosas cuando no hay rosas, deseo. Que tu vida sea una infinita travesía. De tu talle a mis manos, de mi barba a tu pelo.

En cada esquina atesoro un recuerdo en el que tú todavía no estás. Ha dejado de ser luz y aún no ha nacido memoria. De tanto soñar noche y día envejece el corazón...

Por eso, como un niño travieso, cruzo los dedos.




domingo, 17 de abril de 2022

El maravilloso caos hispano

Recuerdo que cuando llegamos a España procedentes de Buenos Aires una de las cosas que más me chocó -y que me gustó- fue el caos.

Veníamos de un colegio "de orden", donde nos hacían formar militarmente y había un clarísimo principio de autoridad. Empezando por el hecho de que íbamos todos uniformados. Nos pilló 1976 y 1977 allí: los profesores jóvenes y "normales" fueron paulatinamente sustituidos por fascistas del viejo orden. Fascistas en sus modos y en el contenido de sus clases.

Mi hermano y yo nos incorporamos a mitad de curso en un colegio de barrio madrileño. El Isidro Almazán del barrio de Prosperidad. Un colegio normal. Público, obviamente. La enseñanza de pago es para los Cayetanos de la vida.

Al entrar con nuestra madre para entrevistarnos con el director todo eran gritos, los niños iban vestidos de calle, jugaban al frontón junto con los profesores, a churro, a cualquier cosa siempre que fuera alegre. Había un ruido de fondo permanente.

Esa fue la impresión primera: España era un país alegre y caótico. Una manera de estar en el mundo sin excesiva disciplina. Yo era todo lo contrario: metódico, estudioso (me pasaba el día estudiando), cumplía horarios. Pensé... "un poco de caos no le viene mal a mi vida". Y aprendí a tomarme las cosas con mucho más humor, empezando por mi propia persona.

Años después leí la autobiografía de Martin Amis, Experience. No sabía que, cuando sus padres se separaron a finales de los 60, la madre viajó con los niños a Málaga (no recuerdo si fue a Málaga capital o alguna ciudad de la Costa del Sol, sin mafiosos rusos, se entiende. Habría otra clase de mafiosos... ¡británicos e italianos creo!).

Procedían nada menos que de Oxford! Allí daba cátedra el padre de Amis, Kingsley. Los Amis son un caso muy raro de padre e hijo que se dedican exactamente a lo mismo y brillan los dos a la máxima altura. Eso no mermó para nada el cariño que sentían uno por el otro.

En las páginas de Experience, Martin Amis describe la misma sensación: llegar a un sitio luminoso y alegre. Y muy caótico, sin normas férreas de conducta. Donde cada uno hacía lo que le parecía bien.

España era anárquica y la gente era solidaria. Pero de una solidaridad natural, nunca forzada y para ponerse medallas en el pecho. Qué va.

A la semana de estar en el colegio, mi clase tenía concertada desde las Navidades una visita al Museo del Prado. Había que pagar el viaje, el alquiler del bus, la entrada (así eran las cosas entonces). Yo no tenía dinero ni para comprar un billete de metro (a la sazón, 11 pesetas). Así era nuestra realidad como emigrantes en el nuevo país. Empezar de menos 10.

Los chavales de mi clase -esto no lo voy a olvidar nunca- le dijeron al profesor "que venga él también o no vamos. Su parte la pagamos entre todos". Y así fue.

Adoro este país y pienso que es uno de los países más sabios del mundo. Tiene todo el arte. El único que realmente cuenta. El arte de vivir.

* Ojo con Experience de Amis. No todo es color de rosa.



viernes, 15 de abril de 2022

El sur

En la película española que más me emocionó, El sur, de Víctor Erice, el protagonista es un padre de familia que vive en una capital de provincia como puede ser Soria, Valladolid o Logroño. En realidad, la protagonista es su hija que habla del padre.

A diferencia de lo que ocurre en los territorios de América Latina, España está mucho mejor vertebrada, es decir, hay muchas capitales de provincia (España tiene 50) que tienen cierto grado de desarrollo y autonomía. No hay tanta distancia entre las grandes ciudades y el resto como ocurre en América y es parte de su drama: la dependencia de las grandes capitales.

Esta capital de la película es una ciudad melancólica, como la ciudad que sale en otra genialidad española, Calle Mayor, una película que trata del aburrimiento como motor primero de la crueldad: una pandilla de amigotes se confabula para que el más guapo de ellos haga creer a una solterona solitaria y soñadora que está locamente enamorado solo para reírse de sus reacciones.

Como decía, en El sur, se ilustra la vida de un padre de familia. Visto a través de los ojos de su hija (una jovencísima Icíar Bollaín). Entre ellos, padre e hija, surge una relación de fascinación. Creo que fue viendo esa película siendo yo mismo un veinteañero cuando tuve la fantasía de tener una hija: la escena en que bailan un pasodoble juntos me pareció de una belleza inenarrable.

El padre (Omero Antonutti, un actor de gestos, reconcentrado, perfecto para el papel) es un hombre respetado en la ciudad por su forma de ser, su sabiduría y su disposición a ayudar a los demás. Por su bondad.

Pero su hija percibe que detrás de esa abnegación familiar y esa vida de hombre realizado y respetado hay una tristeza que lo abarca todo. No obstante, porque en eso consiste ser padre de familia, en que nadie note que la vida carece de sentido, que la muerte acabará por enseñorearse de todo y somos pobres cañas pensantes ateridas y abandonadas a su suerte junto al río, el padre lleva adelante su vida y trata en la medida de lo posible de hacer felices a todos cuantos le rodean.

El sur nunca sale en la película. Ese es el gran acierto. En la capital provinciana siempre es otoño, la luz muere a primera hora de la tarde. El sur es Sevilla y, como la hija comienza a sospechar muy pronto, el padre tuvo (tiene) un amor en Sevilla que le quita el sueño. Pero ese amor no pasa de cartas encendidas, como hacían las gentes antes de la era de la inmediatez. Inmediatez que eliminó para siempre la profundidad. Los mensajes no se pueden reposar, no hay vuelta atrás para las afrentas. Se han sustituido los versos de Garcilaso por corazoncitos fabricados por una máquina.

El padre lleva una vida intachable. Es un padre de familia al que no le cabe un solo reproche. Pero no es feliz. Y la única que se da cuenta de ello es su hija. La niña se ve enfrentada a la tarea del héroe: resolver el enigma supondría destruir su propia familia, fuente de su propia felicidad. Y ella intuye que así es.

¿Por qué me sigue emocionando esa película? Por muchas cosas. La vi el día de su estreno con Isabel París, a quien tanto quise. Nosotros recién comenzábamos nuestra relación. Isabel es una magnífica poeta que escribe en castellano y en galego. Escribe como los ángeles. Su vida estuvo llena de adioses, condición esencial para la escritura de altos vuelos.

Fue en un cine que está en Martínez Campos, en la ciudad de Madrid. Hoy es un teatro. A ambos nos emocionó la película. Fuimos a tomar algo a Malasaña después, a comentarla. Siempre me ha gustado más comentar una película con gente que quiero que ver la película en sí.

Al no aparecer nunca en pantalla, el sur, Sevilla, el sol y la luz de Andalucía, la forma abierta de sus gentes, se convierte en un lugar de ensueño, es el vellocino de oro de los Argonautas. Es la Ítaca de Kavafis y del propio Odiseo. Un lugar mítico donde todo es perfecto.

He vuelto a Buenos Aires muchos años después de mi partida. Fui a ver mi casa, la casa que dejamos para siempre con mis abuelos, con mi perro, con mis cuadernos escolares.

Solo quedaban los muros. Todos habían muerto. Cuando camino por las veredas anchas y de baldosas siempre flojas de Buenos Aires me acompañan mil fantasmas. Por eso canto tangos, porque es la banda sonora de la muerte y, aunque sea por un breve instante, vuelvo a verlos a todos.

Los amores imposibles.



martes, 12 de abril de 2022

Se fue Diego

Esa mirada encierra todo el dolor del mundo, de chiquilín de Bachín, de mil noches sin sueño. El pibe vale, el pibe tiene talento... lo vinieron a ver de un club...

Diego salió de la nada, como salieron Gatica o el propio Gardel. El pueblo los reconoce como uno de los suyos y se quedan a vivir en el imaginario colectivo. Para toda la Eternidad.

A las almas miserables les encanta hacer leña del árbol caído. Es una compensación por las nadas de sus vidas. Más insignificante el ser, más leña hace del león inmóvil. Bancate vos ser Maradona. Ahí te quiero ver.

A diferencia de Messi y de otras decenas de tipos que tienen la pelota imantada al pie, buenos artesanos, Diego Armando Maradona no solo era un artista, sino un líder, un tipo que levantaba partidos imposibles como Nadal. A base no solo de talento, sino de cojones, carisma y espíritu de sacrificio. Encontrar todas esas cualidades en una misma persona es prácticamente una imposibilidad matemática. En Maradona estaban todas juntas. Cuando triunfó, al tipo que le compraba una Coca-Cola después de sus primeros partidos lo convirtió en magnate. Porque una Coca-Cola en el mundo de donde venía Diego es como tomar un plato de caviar.

¿No te gustaba como persona? Vaya por Dios...

Diego Maradona fue un jugador de fútbol. Punto. Un jugador de fútbol que se echó a la espalda a un país entero que acababa de perder una guerra y lo hizo sonreír. 

A mí y a otros millones como yo esa sonrisa aún nos dura, décadas después. Se ganó el respeto de sus enemigos en la cancha, que es donde se ven los pingos. Muy poca gente tuvo lo que tuvo el Diego. Gardel, Pelé, Muhammad Ali... Nadal y cuatro más.

Ningún pijo, cheto, fresa o el Sursum Corda puede siquiera llegar a rozar ese vértigo. Solo los hijos del pueblo. Solo los pibes con esta mirada de niño yuntero, envejecido antes de nacer. Con la edad del mundo. Y el fuego de los dioses.



lunes, 11 de abril de 2022

El Tajo siempre estará ahí

Desde Cais do Sodré parte un barco que cruza el Tajo y une Lisboa con Almada, la Lisboa obrera de la que proceden todos los hombres y mujeres que hacen que la ciudad de los turistas funcione. Los seres invisibles que limpian, fijan y dan esplendor.

Al amor de mi vida lo conocí en ese barco, que se llama cacilheiro. Ambos estábamos en pareja, ella y yo. 

Un día gris de octubre lisboeta tomamos el mismo cacilheiro para ir a Almada. El barco estaba repleto y nuestros ojos se cruzaron por un instante. Fue un relámpago, un golpe seco y fulminante como del rayo que no cesa. Así debió haber comenzado la vida sobre esta tierra oscura.

No pudimos dejar de sostener la mirada durante todo el trayecto. Nos dijimos todas las cosas que un hombre y una mujer pueden decirse en vida. Con los ojos. Solo con los ojos.

Tuvimos hijos, nos amamos, nos odiamos, nos perdonamos. Empezamos de cero cuantas veces hizo falta y alguna más.

Cuando el barco llegó a la otra orilla se produjo una avalancha de gente que regresaba a sus casas y debía recoger a los niños, preparar la comida, clasificar botellas, vender pescado.

Nos buscamos como si se nos escapara la vida pero no dimos con nosotros. No volví a verla jamás, pero desde entonces no ha pasado un solo día sin que piense en ella y en lo que habría sido nuestra vida juntos. Siento que ella también me piensa.

Cuando voy a Lisboa procuro no andar cerca de Cais do Sodré, no sea que la vaya a encontrar y no me reconozca por lo que el tiempo y las soledades han hecho conmigo.



sábado, 2 de abril de 2022

Almirante Reis

Recuerdo el café de Almirante Reis, esa parte oscura de Lisboa. Por las tardes íbamos a leer juntos. Nos sentábamos frente a frente y desplegábamos nuestros libros con delicada caligrafía oriental. Um galão. Uma xícara de chá preto. 

Había un camarero que nos tenía un cariño especial: hay que cuidar a esa pareja de enamorados tan jóvenes que devora libros y toma apuntes en libretas azules. Febrilmente. 

Se acercaba cada tanto y nos preguntaba con inusitada amabilidad si necesitábamos algo. Esa cortesía portuguesa hecha de silencios, de respeto.

Tú te hacías fuerte en las Odas elementales de Neruda y yo degustaba por segunda vez Los tres impostores de Arthur Machen. Recuerdo la sensación de quedarme varado con el protagonista en busca del Tiberio de oro, a diez kilómetros de Londres, regresando a la ciudad de madrugada. Las tres, la hora en que todos los fantasmas nos vienen a buscar. La hora en que los naufragios duelen más si cabe, perdida el ancla de un cuerpo aún joven. Demasiado lejos del puerto incierto de la medianoche, a siglos de distancia del amanecer. Una hora en que hasta Dios duerme y nada ni nadie podrá salvarte de la angustia de estar vivo.

Cierro los ojos y veo el resplandor de la ciudad. Lo veo ahora mismo. Nunca iríamos a Londres ni a Buenos Aires juntos.

Vos, Isabel, mi querida novia, mi musa, estabas bella hasta el daño. No podía dejar de mirarte cada tanto. Y nuestro común amigo me tiraba guiños cómplices. "Um belo casal..." dijo con una media sonrisa. Um belo casal. Sí, eso éramos. Mirando la vida de frente.

Entonces no sabíamos nada de arenas ni de tiempo. Juntos, teníamos toda la vida por delante. Todo el mar.





domingo, 13 de marzo de 2022

Canción de amor a mi país natal

Acabo de ver "El ciudadano ilustre" junto con mi hijo Iván, recién llegado de Francia. Era la segunda vez que la veía, pero ahora con mi hijo, así que es como verla por primera vez.

Cuando él era pequeño insistía para que le acompañara viendo películas. Venía a buscarme a mi estudio (casi siempre he trabajado en casa) y me invitaba a sentarme junto al fuego. Ahora soy yo quien le invita.

Con mis dos hijos he hecho toda clase de experimentos educativos. Intentando detectar dónde se emocionaban, qué les conmovía. Con Iván todo comenzó con el cine. Además de las consabidas películas de Disney infantiles fui metiendo otras cosas. A los cinco años veía películas de Billy Wilder. A los siete, Kubrick. Le proponía siempre "escribir la escena que falta". A los diez años veía 5 minutos de cualquier película y nos decía a su madre y a mí quién iba a morir, quién era el asesino y quién iba a ser la chica de la película. No fallaba jamás. El Pibe Spoiler.

Hoy tiene 30 años, es un brillante matemático y ver una película con él es una maravilla. Más si se trata de cine argentino, por el significado que sabe que tiene para su padre.

El ciudadano ilustre me conmueve. Por mil cosas. Mi viejo procede de un pueblo exactamente igual al de la película: Coronel Pringles. Situado en la provincia de Buenos Aires, en la órbita de influencia de Bahía Blanca, la gran ciudad del sur puerta de la Patagonia.

La Patagonia para todos los solitarios del mundo es un lugar mítico. Un lugar donde disolverse, donde desaparecer. Donde aquellos destinados a no nacer buscan -inútilmente- alguna clase de respuesta. Pero solo está el viento. El viento helado de la tierra del fin del mundo.

Hecha a pulmón... en el diálogo final con Cayetana Guillén Cuervo los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat -hondamente abrazables- explican cómo se gestó la película.

A 15 días del comienzo del rodaje se les cayó una partida importante del presupuesto. ¿Qué hacer? Bueno... eliminamos el equipo técnico. Sí. Las cámaras de cine, los operadores de cámara, el tío del sonido con la pértiga, etc. etc. ¿Ah, sí? ¿Y quién lo va a hacer? ¡Nosotros! ¿Quién si no?

Che... compramos una cámara de esas que se usan para grabar en las bodas y el sonido lo hacemos nosotros también. Cuando acabemos la película vendemos la cámara de calidad BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones. Esto es español, que yo he tocado hasta en fiestas de narcos en Marbella. Apunte mío) y esa partida es igual a "cero".

¿Pero no quedará muy cutre? Bueno... le damos un aspecto "documental". Es eso O NADA. Así que TENDRÁ QUE VALER.

Mi gente, la gente de mi país natal, la República Argentina, hace las cosas así. Las hace porque las tiene que hacer. ¿Que no hay guita? Se inventa. Se sueña. Se logra.

A ver si algún tipo que dice que canta tangos (yo incluido) desde 1935 -quitando a Goyeneche y Rivero- es capaz de cantar la milésima parte de lo que cantaba Gardel. Con todos nuestros Pro Tooles y mierdas tecnológicas.

Gardel grababa discos con una caja de fósforos y un peine. Y nunca podrá ser no ya superado, ni siquiera igualado. En cierto sentido, Gardel creó y asesinó el género tango-canción. Lo asesinó al morir. Intentar cantar tangos después de Gardel es como querer hacer un cuarteto de pop a tres voces después de los Beatles.

Escuchar a los pibes, a Martínez y su maestría, a la atención a los detalles, a la construcción subjetiva del personaje contando con la mirada del espectador... EMOCIONA, CARAJO. El arte no tiene nada que ver con el dinero ni con los medios utilizados. Es más... a más medios, menos arte: es imposible escapar a la tentación de utilizarlos en algún momento. Esto que quedó un poco fuera de tiempo muévelo 150 ticks hacia adelante, hazme un crossfade aquí, afíname esta nota -no hace falta que sea con autotune, puede ser a pelo y cambiando un octavo de tono-, repite estos ocho compases en el segundo estribillo. LOS MISMOS COMPASES. La misma toma.

Por cada nueve personas que han nacido en el hemisferio norte de esta bola azul que se odia a sí misma solo una ha nacido en el sur. Como el que suscribe. Eso te marca a fuego: vienes de un lugar solitario, alejado de los centros de poder, lejos de todo.

Pero con grandeza. Con los sueños de sus gentes que con una bombilla y un mate inventan un mundo.

Así en el arte como en la vida.

Hubo un tiempo en que España también tuvo esa impronta. La época en que la poesía era Antonio Machado, Lorca, Cernuda, Rosales, Miguelito Hernández.

Para escribir basta un lápiz y tener el alma agujereada. Para vivir es preciso soñar despierto.

Me conmueve mi gente, mi país de gentes humildes que hacen las cosas con lo que se tiene a mano. Desde que entramos en la Unión Europea nos hemos vuelto más ricos en España y, quitando a Isabel Coixet que tiene alma de artista de primera categoría o a Icíar Bollaín, con una sensibilidad de luna que tiembla en el agua, no ha vuelto a surgir un Víctor Erice o un Carlos Saura de la primera época. Aquí se hacen películas para cobrar la subvención del ministerio. Nos hemos aburguesado, nos hemos separado del dolor y de los que sufren.

Nos hemos vuelto europeos, en lugar de mirar a quienes son nuestros verdaderos hermanos: aquellos que sueñan en el mismo idioma que nosotros. La patria es el lenguaje.

Lo único que importa es tener algo que contar. Sentir que es importante. Hacérselo sentir a alguien más.

Tengo para mí que en las relaciones humanas es lo mismo. No es lo que se tiene, sino qué se hace con lo que se tiene.

lunes, 24 de enero de 2022

Vos

De todas las mujeres que fuiste, también fuiste aquella que me hizo enmudecer. 

Y mirá que soy porteño...

sábado, 22 de enero de 2022

Los dos para los dos

Llevábamos un tiempo mal. En realidad, "mal" no lo describe a cabalidad. De recriminaciones y broncas constantes. La misma intensidad que poníamos al amarnos la empleábamos para lanzarnos torpedos tipo Armada Soviética, división Flota de Murmansk, a la línea de flotación. El horror, el horrrrroooorrrr..., que diría Conrad.

Para tratar de salvar lo nuestro contratamos una terapia de pareja en la superficie lunar a pagar en cómodos plazos. Según los científicos la ausencia de gravedad le quita hierro a las discusiones maritales y te entra la risa tonta.

En nuestro caso ni por esas. Teníamos energía de sobra para hacer el amor en modo leones de la sabana entre las ídem, llamarnos de todo menos guapo, volver a la cama, discutir por cualquier gilipollez y así hasta el amanecer y más p'allá. Y al día siguiente vuelta a empezar. Zombies estábamos de no dormir. Pasión animal.

El tratamiento lunar fracasó. Estrepitosamente. Y por si fuera poco, regresando a la Tierra, nuestra nave para dos explotó. Salimos eyectados en nuestros trajes espaciales y cuando quisimos darnos cuenta caíamos al vacío en dirección a casa. La gravedad es así de desalmada.

Empezamos a discutir por radio. Ahora no podíamos tocarnos.

—Mira que te lo dije... "viajes a la luna". Como si no tuviéramos suficientes problemas. Eres un subnormal.

—Que me olvides, hombre. Siempre dando por saco. No puedes parar, ¿eh?

—No te soporto. En qué hora... y mira en la que nos hemos metido.

—Estamos de acuerdo. Tampoco te soporto. Ni un minuto más. No puedo contigo.

—Te odio como no sabía que se podía odiar...

—¡Maldigo el día en que te encontré!

—¡¡¡So mamón!!!

—¡¡¡Desgraciada!!!

[...] [...]

—Oye... ¿qué va a suceder ahora?

—En diez minutos o menos entraremos en la atmósfera y arderemos como antorchas.

—Diez minutos... ¿sabes? Ya no podré tocarte nunca más. Solo tengo tu voz, como al principio, ¿te acuerdas?

—Sí, claro. A mí también me sucedía. Oía tu voz y me volvía loco. Escuchaba los audios que me enviabas una y otra vez. Me sigue gustando oírte. Me matas de deseo.

—Y tú a mí, vida. Vivimos cosas maravillosas... ¿verdad?

—Sí, mi amor. Así fue. Siempre en el extremo, pero maravillosas. Irrepetibles.

—No he amado nunca con tanta intensidad. No sabía que era posible perder el sueño, la razón, el equilibrio. Me dolías físicamente cada vez que te sentía lejos. Dolor real.

—Cariño... somos cielo e infierno. Con todas las letras. Pero no te cambio por nadie. Ni cambio un solo instante juntos.

—¡Te quiero, loco! Daría cualquier cosa por poder abrazarte.

—¡Te amo, fea! Cierro los ojos y vuelvo a besarte. Lo recuerdo todo...!

—¡Te llevo conmigo!

—¡Estás en mí!

*

Dos niños jugando en las playas del sur de España. Uno señala al cielo.

—¡Dos estrellas fugaces juntas! Rápido... ¡pide un deseo!

—Ya lo he hecho. Deseo sentir como una estrella.

—¡Yo también!

—¡Copiota!

miércoles, 12 de enero de 2022

El tren más solitario del mundo

Si te quedás conmigo te haré la mujer más feliz del mundo.

Si te vas, me mato. No quiero seguir viviendo.

¿Con qué cuento para tamaña empresa?

Poca cosa. Mi vida, mis manos y mis sueños.

Llovía y te ofrecí el último café.


El olvido no me curó de vos.

lunes, 10 de enero de 2022

Ella

Ella creía que los lápices crecían en los árboles (con su mina y todo). Tampoco sabía en qué hemisferio vivimos.

Solo sabía amar.

viernes, 7 de enero de 2022

Mi hermano

 El soldado pidió a su capitán que le diera permiso para regresar al campo de batalla.

—Mi  mejor amigo quedó allí, mi capitán. No puedo dejarlo abandonado. ¡Es mi hermano!

—Es inútil. Tu amigo está muerto. ¡Están todos muertos!

El soldado se saltó la guardia. Atravesó las líneas y llegó al campo de batalla. Regresó cargando el cuerpo de su amigo, ya muerto.

—¿Lo ve, soldado? Estaba muerto... arriesgó su vida de forma estúpida.

—No, mi capitán. Cuando llegué hasta él aún estaba vivo. Antes de morir alcanzó a decirme ..."sabía que ibas a venir".

Había que ver a esos guerreros llorando como niños. Como mineros que rescatan a un compañero arriesgándolo todo y se quiebran fundiéndose en un abrazo que contiene el dolor y la belleza de este mundo.

lunes, 3 de enero de 2022

Levante y Sudestada

Ella fue la primera en amarme 

y la última en abandonarme.

Suspendimos el tiempo, 

la vida, el mañana. 

Todo porvenir se tornó infancia.

Sin red quisimos soñar. Y a fe mía que lo hicimos.

Qué más da si duró un día o veinte años. 

Pusimos las almenas en fuego. 

Construimos catedrales en el vacío.

Fuimos una sola espada. Entre grito y risa. 

Pisamos las calles, bailamos en la cocina.

Nos alimentamos de palabras, de labios,

manos y susurros de amanecida,

fortalezas erguidas en tierras yermas,

de un tiempo heroico, lejano e infiel.

Tu voz y la mía

Decidieron casarse.

La casa llena de flores

Restos de una nave

cóncava

que explotó en vuelo.

Abrazos como de la cólera de Dios

desde antes de tu llegada

al mundo, junto a un mar ebrio

de otoños, siempre embravecido.

Hollarás las arenas que no caminé contigo.

Verás arder mil fuegos lejos de mí.


No envejeceremos juntos. 

No me verás morir, amor.

sábado, 1 de enero de 2022

Las palabras

En esta época donde la puerta siempre está entreabierta -puedes estar cenando con tu pareja y ambos, tú y ella, recibís cincuenta mensajes "proponiendo" cosas, alabando tus/sus virtudes, incordiando en resumidas cuentas. Hasta aparece gente del más remoto pasado porque justo acaba de separarse y entra en pánico. Y tu teléfono o el de ella están a mano. La facilidad es lo contrario de la profundidad.

Mensajes que aseguran que la hierba del vecino siempre es la más verde. Una pérdida de tiempo atroz... pero el ser humano siempre sucumbe al halago, de una forma u otra- ¿cómo reconocer entonces el amor que deja marca indeleble?

Por el ruido inmisericorde que hace al marcharse para siempre. El ruido de los camposantos. El silencio perfecto.

De las palabras a la realidad. Y a las palabras nuevamente.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Suerte

En mis viajes conocí a una pareja de personas maduras que se habían unido hacia los 60 años. Ambos con hijos y todas las mochilas de vida que quepa imaginar.

Él vivía en Lisboa y ella en Oporto. Recuerdo que ella cocinaba realmente bien. Hay mucha gente que cocina bien, pero aquella mujer tenía una manera de combinar los sabores que siempre te sorprendía. Había nacido en Angola cuando todavía era colonia.

Cada uno conservó su casa en su ciudad y se reunían de tanto en tanto. Se llevaban fatal. Según pude ver ella tenía un carácter endiablado y decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Sin filtro. Él era mucho más diplomático y contemporizador (había trabajado en el servicio diplomático de hecho...).

En algunas cenas en su casa de la playa -ella gustaba de oír cantar tangos- presencié varias discusiones que se disparaban en algún momento de la noche. Pensaba para mis adentros... "cómo es posible. Tienen la casa perfecta, hijos maravillosos, estamos en el mejor sitio de Portugal, la noche está estrellada, la cena es digna de un emperador romano..."

Fonte da Telha. Tan cerca de Lisboa y tan distinta. Me hice amigo íntimo de una pescadera del mercado. Me escogía los mejores bacalaos. Los apartaba para mí. Era tan sensual... podría haberme casado con la pescadera. Siempre he amado los mercados.

En un mercado no hay angustia vital.

Él me dijo varias veces... "esta mujer es como un león. Lleva África en las venas. Ataca y luego pregunta".

Nunca entendí por qué habían hecho pareja. Tampoco parecían muy compatibles en términos de intereses culturales. Se peleaban todo el tiempo y a la vista de todos. Les daba igual.

Y sin embargo, no me preguntes por qué, creo que se querían. Sea lo que sea eso de quererse.

O más sencillo aún: estaban teniendo suerte y no la controlaban ellos. Podían separarse por mil y una razones. Pero el evento que lo dinamitara todo se resistía a suceder. 

Nos negamos a aceptar el papel que tiene la suerte en las cosas fundamentales de nuestra vida. Eso nos haría vivir en un mundo desprovisto de sentido. Al carecer de sentido las reglas morales se vacían de contenido. 

O quizá creamos reglas morales y luego buscamos el sentido en un mundo que es puro azar. De ahí la permanente sensación de soledad. De soledad esencial.

Si no hubiera parado en aquel semáforo, si no hubiera abordado aquel avión a Barcelona, si no me hubiera atrevido a preguntarte si eras italiana, si no hubiera irrumpido en El Prat entre esa fila de ingenieros que te hacían la corte y con toda mi caradura no te hubiera pedido el número de teléfono. ¡Y me lo diste! Había que ver la cara de todos esos pijetes impecables. El premio mayor para el más lanzado, el más loco. Si hubieras perdido el avión de regreso a Madrid, si mis chistes tontos no te hubieran hecho reír a carcajadas, si no me hubieras hecho la cobra más perfecta del mundo en la T4.

En cualquier caso... el día en que dejas de discutir es el último día.

sábado, 25 de diciembre de 2021

No me dejes

Llevábamos un tiempo de horror. La misma intensidad que poníamos en el sexo la utilizábamos para lanzarnos misiles PERSHING a la yugular. Hasta que ella me dejó. Me dijo: "hasta aquí. VETE. No quiero volver a verte".

Entré en MODO SUICIDA/HOMICIDA TANGUERO. Tres días más tarde me llamó.

–No me dejes, por favor. ¡NO ME DEJES!

–¡Pero si me has dejado tú...!

–Sí, bueno, vale, OK. Pero tú NO ME DEJES. 

–Pero vamos a ver... ¿cómo te voy a dejar YO si ya no somos nada de nada?

–Mira, no lo sé. Pero por LO QUE MÁS QUIERAS NO ME DEJES NUNCA. No puedo vivir sin ti.

–Oye... ¿a ti te pagan por hacer esto?

martes, 21 de diciembre de 2021

Posfacio

6:32 de la mañana. Caí a las diez de la noche de ayer, así que he dormido más de ocho horas, como si estuviera poseído por la fiebre en una selva espesa. Tuve un sueño pesado, repleto de imágenes. Misiones, Corrientes, Entre Ríos. Avanzo lentamente desbrozando el destino, machete en mano. Me dejo llevar por el río inmenso y el sueño. Tentado estoy de pegar un zapucay que hiele la sangre de mis vecinos. Estoy vivo, aún vibro con el amor que inunda mi pecho, aún me bebo la vida hasta la hez de la copa. ¡Venid a por mí! Estaré en el sur de África lanza en mano. En la taiga de mis antepasados. Con un solo tigre no bastará. Más vale que me matéis en el primer envite, porque no me entregaré sin luchar. 

La última noche dormías a mi lado en el lecho más ancho del mundo mientras yo escribía en mi cuaderno japonés. No pegué ojo. No sabía que me estabas observando. Mis gafas. Mi barba. "Podría estar con alguien así", dijiste. La última de las mañanas. El tren. El abrazo definitivo. El abrazo vacío subiendo las escaleras mecánicas. El abrazo mecánico. Ya nunca más. Mensajes desesperados. Letras. Una sola palabra.

Soñé contigo. Con tu talle. Con mi mano en tu talle. Soñé que caminabas a mi lado. "Soy alta", dijiste un verano. Mis dimensiones siberianas en Praga, en Moscú o en Zagreb. Mi 1,91 se alegró, aunque ya debo estar menguando. Ya estoy jugando el segundo tiempo. Qué extraño... vivo la vida como un niño, con la misma alegría del día de Reyes por la mañana. Todo me parece un campo de juegos. Todo lo vivo por primera vez, con una sonrisa pintada en la boca.

La misma intensidad de tu recuerdo en esta madrugada de solsticio de invierno. De solsticio a solsticio. Un 20 de junio, 21 horas. Un 20 de junio de 2021 a las 21 horas. Yo llevaba la cuenta de los días, tú la de las olas.

[Martin Rasskin] Hola, soy Martin Rasskin. Wow. Así se llega a los sitios. ¿Y cómo se va uno de los sitios? Del recuerdo de fogatas rojas junto al mar en otoño que nunca compartimos.

Flores de jacaranda para nuestra soledad. En mi sueño te colmo de bendiciones. Sí. 

Feliz Navidad, niña. Todo el color del mundo para ti. Lo que haga falta para empezar de nuevo.


sábado, 18 de diciembre de 2021

Otoños

Vos también tenías tango en las venas, aunque no lo supieras. Buen viaje, niña. Mi jacaranda de Buenos Aires. Mi rosa de invierno, mi playa desierta.

Quiero creer que algún recuerdo feliz sobrevivirá. Aquella tarde en el salón inmenso invisibles a los ojos de los demás o la bajo el entoldado. Esa sensación de eternidad. Oír mi nombre en tu acento. Tú. Yo. Los dos para los dos. Nosotros. Vos escanciándote sobre mi pecho.

Vos diciéndome al oído que te gustaba mi barba. Mis cicatrices. Mis años de navegaciones sin sueño.

Vos. Los dos riendo a carcajadas en todo momento. Vos pidiéndome que omitiera mi acento castellano y retornara a las calles de mi infancia.

Debí hacerme mayor en Buenos Aires, debí casarme en Buenos Aires, tener hijos allí. Soy porteño hasta la médula. Vos (tú) me lo recordaste.

Créeme  cuando te diga que el amor me espanta, que me derrumbo ante un te quiero dulce, que soy feliz abriendo una trinchera. 

Créeme cuando me vaya y te nombre en la tarde, viajando en una nube de tus horas, cuando te incluya entre mis monumentos. Créeme cuando te diga que me voy al viento de una razón que no permite espera, cuando te diga que no soy primavera sino una tabla sobre un mar violento. 

Créeme si no me ves y no te digo nada, si un día me pierdo y no regreso nunca.

Créeme...


lunes, 13 de diciembre de 2021

La culpa

Nos educan para vivir en la culpa. Para sentirnos culpables de no esforzarnos lo suficiente, de no amar suficiente, de no llegar nunca a una supuesta perfección que solo es atribuible -por definición- a la idea de Dios.

Un ser infinitamente perfecto ha de contar entre sus virtudes con el atributo esencial de la existencia, ergo, si todo ser pensante es capaz de imaginar un Ser infinitamente perfecto Dios por fuerza existe.

Esto se llamó "argumento ontológico" de San Anselmo y trajo de cabeza a legiones de teólogos y pensadores durante 1.000 años.

Los padres separados cargamos con el estigma de la culpa. Se supone que vamos a contracorriente de los "biempensantes" que son capaces de aguantar mecha en situaciones de desamor por un "bien mayor".

Es un estado de cosas similar al de aquellos cuya opción sexual no es mayoritaria. Han de sentir culpa: Iglesia, presión social, cuestionamiento incluso en el seno familiar.

Y esa culpa tiñe el alma. Es un proceso lento, de gota que horada la piedra: la sensación inequívoca de no pertenecer.

No y un millón de veces no. Esos valores son pequeñoburgueses y de mentes estrechas. Y terminan siendo ruines.

¿Acaso la madre de mis hijos y yo mismo hemos de sentir culpa porque tras 17 años y medio de convivencia ambos quisimos experimentar otras cosas? Que no.

Lo que vi estos días en Francia fue dos personas de una pieza. Con SUS propias escalas de valores y su círculo de afectos compuesto de decenas de personas de toda suerte y condición. De las cuatro esquinas del mundo. 

Es decir, la propia situación de separación de los padres los hizo más fuertes, más independientes y más solidarios. Con una superior capacidad para comprender el dolor y, lo que es aún más importante: para perdonar las debilidades humanas.

¿Es la situación ideal una separación con hijos? Claro que no. Pero NADA es ideal. La vida es un guión ridículo y siempre acaba mal. Imaginado por un imbécil sin demasiado sentido del humor. Te acabas muriendo. Tus sueños son del tamaño del Sistema Solar y has de vivir en la necesidad material de la mentalidad de un vendedor de coches usados. Existiendo Brahms hay momentos del día en que suena Rosalía.

Pero lo que importa no son las cartas que te reparte la vida sino qué haces con esas cartas, hasta dónde eres capaz de llegar. Si puedes ver realidades que aún no existen, que son mucho más frágiles que una sola palabra.

Mis dos hijos viven solos desde los 18 años. Compartiendo habitación en casas minúsculas, pero repletas de lo esencial para convertirte en un ser humano de valor: libertad, respeto y afecto.

Soy hijo de mis propios hijos. Su madre y yo -distintos hasta la saciedad- a través del cariño hacia ellos hemos creado dos transatlánticos: son demasiado grandes y tienen excesivo calado para regresar a la dársena que los vio nacer.

La culpa, como el miedo, atenaza y paraliza. Desde el colegio... SI TE GUSTÓ EL COLEGIO, TE GUSTARÁ TU TRABAJO, se nos educa para obedecer. A la autoridad, la superioridad, las normas, la forma "correcta" de hacer las cosas.

¿Y quién es el DIOS HUMANO que dictamina lo que es correcto y lo que no? Será correcto para Juan, pero no para Pedro. En tal o cual orden de cosas, pero no en todos los mundos posibles.

La vida es demasiado corta para sentir miedo y culpa por cada cosa.

Sin libertad para cometer TUS propios errores personales e intransferibles la vida es un saco de mierda.

He alcanzado el máximo premio que puede alcanzar un padre: he traído hijos al mundo que no me necesitan para ser, que siguen sus propias corazonadas y que crean su propia escala de valores. Sin mentalidad de esclavo temeroso, sino de Espartacos triunfantes.

Tuvieron dos casas, dos visiones del mundo, dos formas de enfrentarse a las olas de 10 metros. Y sacaron lo mejor de ambos progenitores, superándonos en todos los ámbitos. Mejorándonos.

Sin culpas, sin miedos. Quién coño está investido de la altura moral necesaria para juzgar y condenar a sus semejantes. NADIE.

Incluso desde un punto de vista teológico cabría calificar al propio Dios de "el mayor rebelde de todos los tiempos". CREÓ ALGO DONDE HABÍA NADA.

La Nada era perfecta en su mismidad. La materia trajo aparejado el drama de la existencia y la decadencia. ¿Es justo el orden natural? ¿Sobreviven las mejores personas o los más fuertes e inconmovibles? ¿O ni siquiera es así pues no existe un sistema de premios y castigos sino que es nuestra imaginación huérfana de sentido la que nos lleva meter la realidad en corsés esquemáticos con un vector de racionalidad y equidad?

Hasta se arrepintió de lo mal que le había salido el experimento y envió a la Sexta flota con fuego y azufre. Si el hombre estaba hecho a imagen y semejanza ¿acaso decidió eliminar una parte de sí mismo?

¿Dudó el propio Dios?

domingo, 12 de diciembre de 2021

Río

Salgo de tocar todas las noches en el Maravillas de madrugada. Después del cuarto pase. Las noches solitarias.

Voy a tomar café siempre al mismo bar de trastienda. A esas horas no hay nadie o casi nadie y Madrid parece un tren a punto de partir hacia el norte. 

Dos insomnes. Una mujer de mediana edad, con heridas en el alma escritas a fuego en el rostro. Todas las heridas. Me mira de soslayo, una tímida sonrisa. Esquiva. Una niña y un columpio en una playa de invierno. Hace mucho tiempo que no sonríe.

Juntos subimos a su humilde cuarto, casi vacío. No hay ninguna esperanza en ese amor de café. Nada más que belleza y una ternura infinita sin sonidos de palabras como puñales de hoja hambrienta. 

Ella no habla, no dice nada. Por esta noche no habrá soledad. Mañana será otro día. Mañana, tal vez. No me mentirás en la primera claridad de temas pendientes. No te prometeré nada. No habrá porvenir.

Yo, con mi montón de desengaños, igual que vos vivo sin luz. Pero tus ojos claros. En un azul de frío, tan lejos.

Un río seco. Un camposanto. Un lecho ancho como el mar. Playas sin botellas, sin cartas de amor desesperadas.