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jueves, 1 de noviembre de 2012

Rara temporum felicitas

Se acaba de marchar un gran intelectual. Agustín García Calvo. Un genio que superaba con mucho los estrechísimos y asfixiantes márgenes de la endogámica universidad española. Alguien profundamente comprometido con la transformación de la realidad, que es lo único que verdaderamente importa.

Apartado de la universidad por la policía del pensamiento del franquismo, García Calvo revivió a los clásicos. Innolvidables sus traducciones y sus ensayos sobre los presocráticos. No obstante, también sometió a riguroso análisis conceptos tales como la familia, la pareja, Dios, la realidad y el tiempo. Ahí es nada.

Además, cuentan las crónicas que celebró ceremonias paganas en el Manzanares, ataviado con ínfulas e invocando a deidades olvidadas. Hasta se dice que sacrificó palomas a Poseidón, a Apolo (medén agán) o vete a saber a quién. ¡Be dakéon pará Thina poluflóis­boio Thálas­saes!

Hasta el último día mantuvo sus encuentros semanales en el Ateneo dirigido por otro histórico, Carlos París.

Ya estará charlando animadamente con Heráclito, Anaxágoras y Sócrates. Aquiles pies ligeros y el perspicaz y astuto Odiseo se han sentado a escuchar junto al fuego. ¡Jaire, querido profesor!

Fallece Agustín García Calvo.


lunes, 5 de marzo de 2012

El viejo comunista

En otro tiempo fue alguien importante en mi vida. De alguna manera lo sigue siendo. Pasé por su casa porque iba a la presentación de un libro sobre Allende. Uno de marzo. Tarde primaveral en Madrid.

Las ventanas estaban abiertas de par en par y alcancé a verlo desde la calle. Allí estaba, rodeado de libros que quise, en un ambiente que invita a intercambiar ideas y tecleando sin parar. Ochenta y seis años, ochenta y siete en julio y todavía ganas de guerrear, de plantar batalla. Sentí vergüenza de mis cuarenta años menos y de las mil vueltas que le doy a todo.

Indudablemente, la gente de la época de la guerra y los años de aislamiento internacional de España está hecha de otra pasta. Gente capaz de sacar familias numerosas adelante sin quejas ni debilidades. Gente de una pieza que va a las cosas y punto.

Recordé muchas noches filosofando en compañía de Johnnie Walker, en los extraños años ochenta. La dureza de la vida que le tocó vivir, habiendo enviudado dos veces y la segunda de forma terrible. Un corazón tallado de adioses y sinsabores.

El encuentro dejó una clara impronta en mí, tanto es así que terminé estudiando filosofía. Empecé y terminé, porque alguien me dijo cuando era joven: “haz cualquier cosa para salir adelante”. Y eso hice: cualquier cosa. Ahora vivo perdido en lo ápeiron de Anaximandro.

Viejo y querido maestro, tengo un recuerdo magnífico de su generosidad y de su forma de darse a los demás. Es un privilegio haberlo conocido.

En esta tarde de final de invierno bien pude haber subido a saludarle, pero no. A saber dónde quedaron mis veinte años. Mejor así. Hay que dejar trabajar al viejo comunista.

Falta nos hace.