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jueves, 18 de noviembre de 2021

Mozart de la mano de Maurizio Pollini y Riccardo Muti

martes, 28 de julio de 2020

Conspiranoicos

Hoy participé en un "debate" con músicos conspiranoicos versión Heavy Metal. Creo no haber leído tantas memeces juntas en un solo lugar y en tan corto espacio de tiempo en toda mi vida. Pero lo más interesante es la manera de razonar, con la lógica de un chimpancé. Un chimpancé irritado, con síndrome de abstinencia y extremadamente violento.

En mis viajes a Cuba traté a mucha gente cercana a Fidel Castro. Me contaban que había un gremio que lo sacaba especialmente de quicio y al máximo: los músicos. Individualistas, tocapelotas, narcisistas. Incapaces de pensar más allá de sí mismos.

Pero dales la posibilidad de unir extraterrestres, malos malísimos peores que Lucifer y "chis" perversos y la parte de sus cerebros que controla las actividades más básicas de la supervivencia incluidas la agresividad, la dominación, la territorialidad y los rituales se activará al 1.000 por 100.

Quizá la capacidad musical esté estrechamente relacionada con el autismo, con alguna forma de percibir la realidad absolutamente distorsionada y ajena al pensamiento lógico. La imagen de un Mozart semiestúpido y con la crueldad de un niño sin educar tal vez no resulte tan descabellada. Eso explicaría la enorme cantidad de músicos que acaba en el psiquiatra y necesitan toda clase de píldoras para sobrellevar la existencia.

Quizá todos los errores que he cometido en mi vida -unos cuantos- tengan su origen en el hecho de que soy músico.

Me he quedado absolutamente de piedra al leer ciertas cosas. Gente que constituye un peligro para sí misma. Es un deber humanitario que esa gente no alcance ninguna cuota de poder.

Hoy comprendí por qué la SGAE es como es. No puede ser de otra forma. Prefiero la muerte a volver a discutir con un tonto conspiranoico extremo. Peor aún. Prefiero ver todas las películas de Garci.

lunes, 26 de agosto de 2019

Einstein y la concentración

Albert Einstein tenía una capacidad que le permitía concentrarse en un problema durante horas, días o incluso años. La ciencia se construye intuitivamente. Existen lagunas lógicas. Los científicos pasan años deambulando en la nada, se frustran, se tiran de los pelos.

He ahí el poder de la genialidad: la fuerza de voluntad para cometer los errores necesarios que te conducen a la respuesta correcta.

Cuando se encontraba en un aparente callejón sin salida, sacaba el violín de su estuche e interpretaba a Mozart, cuya música según él "captaba el espíritu del Universo".

domingo, 23 de julio de 2017

Mozart

Mozart. Una sola palabra basta para evocar el genio puro en las cuatro esquinas del globo.

Qué extraño destino me transporta a una tarde perfecta. El auditorio de San Lorenzo de El Escorial y Las Bodas de Fígaro, una de las óperas más representadas y, sin duda, una de las mejores obras del maestro de Salzburgo, en el cénit de su grandeza. La fuerza de la juventud en alguien prematuramente maduro. Una combinación imbatible.

Las bodas de Fígaro es una ópera bufa en cuatro actos, una suerte de comedia de enredos de finales del XVIII, en los albores de la Revolución Francesa. Cuando la Ilustración comenzaba a limitar el poder de la Iglesia y la razón se habría paso en un mundo presidido por las tinieblas de la superstición.

En el entonces Sacro Imperio Romano Germánico, el divino Wolfgang componía arias dignas del más exigente de los dioses. Y qué decir de los juegos corales... tres, cuatro, cinco... ¡hasta siete voces simultáneas! Un alarde de dominio técnico y, al mismo tiempo, una sensibilidad única, propia de alguien que ha vivido muchas vidas, que ha atravesado múltiples desiertos.

Mozart. Un milagro de la evolución humana.

Me conmovió especialmente la soprano Katerina Tretyakova, en el papel de Susanna. Nacida en Murmansk, el norte más desolado, y educada en Lituania. ¡Qué maravilla de voz! ¡Qué manera de suspender en el aire los sonidos!

Estamos tan acostumbrados a oír música realizada por no músicos, cantantes que no cantan, que cuando por fin oímos a alguien realmente cualificado sale el sol. Las voces de los cantantes "modernos" apenas serían nada sin los mecanismos electrónicos de compresión, ecualización, reverberación y un largo etc. Por no hablar de los casos en los que se aplica directamente un AFINADOR. Tal cual.

Tretyakova nos transporta a un manantial de bosque. Cada vez que camina por el escenario su voz se torna esquiva, un susurro, como en un efecto doppler en miniatura. Los silencios. Su fraseo delicioso. ¡Y la forma de cantar sotto voce! Digna de los encantamientos de los bosques de Nemi.

El edificio del auditorio y su localización -sobre todo su localización- hicieron el resto en una velada para recordar. Contemplar las luces de Madrid desde el Escorial siempre es un espectáculo. En El Escorial viví tres años: de los más felices de mi vida.

Amigos, almas gemelas, lectores todos de este blog... ¡Mozart! (En este caso con la también superlativa Anna Netrebko).






martes, 11 de enero de 2011