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lunes, 12 de septiembre de 2022

Cartas de Ultramar VIII - Memoria del beso

Madrid amanece nuevo hoy.

El tibio sol de otoño se enseñorea de los tejados. Camino lenta, pausadamente por el Paseo del Prado. Cibeles, Plaza de la Lealtad, el Museo de Museos, el Botánico con sus palpitantes colecciones de la España universal... 

Que recibas rosas cuando no hay rosas, deseo. Que tu vida sea una infinita travesía. De tu talle a mis manos, de mi barba a tu pelo.

En cada esquina atesoro un recuerdo en el que tú todavía no estás. Ha dejado de ser luz y aún no ha nacido memoria. De tanto soñar noche y día envejece el corazón...

Por eso, como un niño travieso, cruzo los dedos.



domingo, 4 de septiembre de 2022

Cartas de Ultramar IV - Canción de las viejas lunas

Muere la tarde sobre la playa desierta y las sombras buscan a tientas el abrigo de la bahía. El brillo del faro se adivina frío, mientras la tierra rueda infinita, con sus llantos y sus héroes, sonora, eterna, y los médanos suben y bajan.

El cielo vierte el sueño redentor y envuelve al solitario caminante que transita la delgada línea gris que separa lo que ha dejado de ser luz de lo que aún no ha nacido memoria.

Entonces se quiebra el pulso generoso de los azules que pugnan por regresar al amor de la lumbre, al abrazo de los lugares que sólo medraron en el alma del marino, a los campos infinitos donde comenzó a ser soñado el océano. Y las formas se suceden y los tiempos, y las voces y las ansias quedan atrapadas en las redes salobres, y un somnoliento arpón alienta canciones que nunca volveremos a oír.

Del mar al cielo, del cielo al mar...

Náufragos que pierden la cuenta de las olas y los puertos... ¡Cuántos trabajos, cuántos días! Qué diosa taimada trenza el camino de vuelta a casa, a los rostros de nuestros mayores, a los vientos propicios para navegar una y otra vez sobre los mares de azulejos de las tascas lisboetas donde anclaron todos nuestros barcos, y aún poderse asombrar con el viento, y aún perderse frente a la brumosa isla de Ténedos: ebrios para siempre del vinoso color de lo que puede ser.



viernes, 17 de julio de 2020

Las grandes ideas están en la ciencia

En la época en que fui profesor -una actividad que me hace disfrutar muchísimo- solía utilizar técnicas alternativas para potenciar la memoria y la capacidad de concentración de mis alumnos.

Soy de la vieja escuela y siempre he creído que la memoria resulta fundamental. Sin memoria y capacidad de relacionar datos (sin capacidad de generar nuevos significados a partir de los mismos datos) no hay nada.

Explicara lo que explicara siempre deslizaba datos que nada tenían que ver con la exposición en sí. En plan subliminal y de forma caótica. Datos relacionados con la actualidad, la historia o datos económicos. Mis clases eran un despliegue de energía juvenil yendo de un sitio para otro y lanzando propuestas hasta quedarme exhausto. Después preguntaba a traición para comprobar cuál era su nivel de atención.

Eso hacía que mis alumnos en algún momento me preguntaran de dónde procede la inspiración, las ideas que hacen que uno se ponga en marcha. Creo que lograba comunicarles mi entusiasmo por la vida y las maravillas que encierra.

Da igual a qué te dediques, la ciencia es el modelo. Ahí están las mejores ideas. ¿Quieres escribir, componer música o pintar cuadros? Mira en la historia de la ciencia.

Gaulois resolviendo a los 20 años un teorema fundamental la víspera de batirse en duelo. ¡La noche antes de morir en duelo! Estoy convencido de que esa historia influyó en el amor a las matemáticas de mi hijo mayor, que es un matemático brillante.

Estamos en 2020... pero Eratóstenes midió la circunferencia de la Tierra -malas noticias: la Tierra es una esfera con los polos ligeramente achatados. Lo siento en el alma, no quiero fastidiarle el desayuno a ningún retrasado dental- 1.700 años antes de la expedición de Magallanes y Elcano.

¿Cómo lo hizo? Utilizando el cerebro. Hay muchísimos lugares en Internet donde consultar esta historia. Os dejo buscar a vosotros que tengo un día cargado.

En la ciencia están los mejores cerebros de la historia. La medicina es ciencia y es arte. También es psicología. Los antivacunas haríais bien en investigar el proceso mediante el cual hemos logrado pasar de los 1.000 millones de personas que habitaban la Tierra en la época de Marx a los 7.750 millones que somos ahora. Pero es inútil. Lo que Natura non da, Salamanca non presta.