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lunes, 12 de septiembre de 2022

Cartas de Ultramar VIII - Memoria del beso

Madrid amanece nuevo hoy.

El tibio sol de otoño se enseñorea de los tejados. Camino lenta, pausadamente por el Paseo del Prado. Cibeles, Plaza de la Lealtad, el Museo de Museos, el Botánico con sus palpitantes colecciones de la España universal... 

Que recibas rosas cuando no hay rosas, deseo. Que tu vida sea una infinita travesía. De tu talle a mis manos, de mi barba a tu pelo.

En cada esquina atesoro un recuerdo en el que tú todavía no estás. Ha dejado de ser luz y aún no ha nacido memoria. De tanto soñar noche y día envejece el corazón...

Por eso, como un niño travieso, cruzo los dedos.



lunes, 17 de agosto de 2020

San Martín

Hoy es el día de San Yo. El Libertador. Mi país natal es un país realmente curioso. Ama a San Martín, lo venera. No es para menos. El correntino -Buenos Aires tiene problemas... CORRIENTES LA VA A AYUDAR!!!- se dejó la piel por la Argentina.

Luchó como un león, hizo cosas propias de Alejandro Magno o Aníbal: cruzó los Andes con 4.000 valientes y liberó Chile y, no contento con eso, embarcó hacia Lima (incluso en avión es todo un viaje) y liberó Perú.

Y la Argentina, que lo sigue venerando con fervor, en premio le clavó una estaca en el corazón y lo sacó cagando del territorio nacional al que nunca pudo volver.

Murió exiliado en una pequeña localidad francesa del Canal de la Mancha.

Es un héroe nacional. Tiene hasta himno personal y todo. Rosas, otro que debió exiliarse y murió lejos de la patria, intentó que regresara, pero no cuajó.

Morir lejos de casa, de los tuyos, de los que hablan, piensan y sienten como vos. ¿Hay dolor más grande?

La patria es el lenguaje. Una sola palabra tuya. Vos en lugar de tú. Vos, no toi, du o you.

Te cambio una estrofa de mi himno por mil paseos por Buenos Aires y un vino de Mendoza.

Volveremos a desenvainar, a calar la bayoneta, al campo de batalla! Volveremos a cruzar los Andes. Todavía queda tiempo. Todavía se puede ser feliz.

Un país Saturno. Devora a sus mejores hijos. Después les rinde homenaje y los pone en una estampilla. Después, qué importa el después.

Toda mi vida es el ayer. ¡A por ellos! (no nos engañemos: San Martín hablaba como yo, mezcla de gaita y argento. Un argeñol de pura cepa. Al ataque mis granaderos...!!!!!!).