lunes, 15 de septiembre de 2014

Mi padre habría votado ‘no’

John Carlin es un periodista inglés que vivió en Buenos Aires y ahora está afincado en España. Entre sus magníficos trabajos cabe destacar una serie de artículos sobre Mandela y la Sudáfrica contemporánea. Coincidí con algunos análisis que hizo sobre "el panteón" de la República Argentina, compuesto por personajes infalibles e inefables, "dioses" incontestables y omniscientes, que generan cismas irreparables. Un auténtico coñazo.

En un contexto totalmente diferente, hoy publica en la prensa española un artículo sobre el inminente referéndum que se celebrará en Escocia y que implica la posibilidad de herir de muerte un invento que ha durado 3 siglos llamado Reino Unido de Gran Bretaña, fórmula que ha dado lugar al patrio "eres un hijo de la Gran Bretaña". Puesto que una victoria del sí supondría una explosión de reivindicaciones nacionalistas-secesionistas (Córcega, el norte de Italia, Cataluña y Euskadi y un largo etcétera) en el seno de la Europa de los 28, la consulta escocesa trasciende el marco puramente local.

Como Europa y el mundo en general atraviesan pocos problemas y encrucijadas, ahí tenemos a los políticos siempre dispuestos a generar más. Al coste que sea y caiga quien caiga. Será por esfuerzo y talento concentrado en lo secundario. Combatir la pobreza, los recortes en educación (cuyos efectos a largo plazo resultarán devastadores), reconstruir el tejido industrial o potenciar la creación de nuevas empresas bien pueden esperar. Dividamos Europa en cien mil pequeñas entidades. Que Alemania recupere el statu quo previo a la reunificación de 1870. Un rompecabezas digno de contemplar .... Nada de "la Europa de las regiones". Que poblaciones como Sueca emitan su propio dinero, como ya ocurrió en la Guerra Civil. Que para ir de Pinto a Valdemoro tengas que presentar el impreso A38 debidamente cumplimentado y compulsado. A compulsar hasta enterrarlos en el mar. Cada 10 kilómetros una caseta de peaje y un puesto fronterizo. Superemos a los hermanos Marx.

Basta de heliocentrismo. Regresemos al sistema  ptolemaico. La Tierra en el centro del Universo y un millón de esferas para explicar el movimiento errático de Marte y los demás planetas. Los ordenadores nos facilitarán los cálculos. Es obvio que el que se mueve es el sol. Ahora que hemos logrado 70 años de paz en Europa -algo único en una historia más que turbulenta- dejemos caer el espejo al suelo y que se rompa todo en mil pedazos.

Volvamos a la época de la teoría del ímpetu. Neguemos la física cuántica, cuestionemos incluso a Newton. Atrás bien atrás. A lo puro... a lo primigenio. Al principio fue el Caos. Quedémonos entre ese momento estelar y Hágase la luz. Destruyamos todo para volver a edificar. Cada barrio, una nación soberana.

Hay mil maneras de seguir juntos antes de romper la baraja. Desde un marco autonómico ampliado hasta estados federales que funcionan a la perfección. Pero no. A falta de guerra contra un enemigo exterior, hagamos una en casa. El caso es estar en guerra.

Si la mitad de la energía en dividir y machacar al contrario (piénsese en la larga historia de ETA o en grupos como Terra Lliure), se hubiera dedicado a mejorar las condiciones educativas y económicas de la población local -que tanto en Catalunya como en Euskadi comprenden "aborígenes puros" como oriundos de otras regiones españolas completamente asimilados pero que aportan la savia de su propia cultura- todos estaríamos mucho mejor. Aunque para qué cambiar. A la hora de iniciar guerras entre hermanos somos unos cracks. Ya lo plasmó Goya como nadie en su famoso cuadro "Duelo a garrotazos". Dos españoles juntos, tres partidos políticos.

Un poco de sentido común. Lo sé... es pedir peras al olmo. Hendido por el rayo...

Mi padre habría votado ‘no’

por John Carlin

Mi padre, que era escocés, odiaba a Winston Churchill. Poco antes de que muriera, cuando yo tenía 17 años, le pregunté por qué. Perplejo, ya que en la escuela a la que iba en Inglaterra me enseñaban que Churchill había sido el líder que inspiró la victoria contra Hitler, no entendía cómo él, que había combatido en la II Guerra Mundial de principio a fin, se ponía colérico con la mera mención de su nombre. Además, mi padre había sido teniente en la Royal Air Force, a cuya valentía Churchill dedicó una de sus frases más célebres: “Nunca en la historia del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos”.

Mi padre, haciendo un esfuerzo visible para calmarse, intentó explicarme por qué sentía desprecio y no gratitud por Churchill. Me dio una lista de razones. Churchill era un ególatra que si no hubiera sido por la guerra habría sido recordado como un oportunista que cambió de partido político dos veces. Provenía de la aristocracia inglesa y el desdén visceral que sentía por la clase trabajadora tuvo su más repelente expresión en 1910 cuando, como ministro del Interior, envió tropas del Ejército a reprimir una huelga de mineros. Sus esculpidas frases durante el enfrentamiento con los nazis resultaban muchas veces repugnantemente faciloides para aquellos combatientes que, como él, sabían lo que era el horror y el terror de la guerra. Y encima, me dijo mi padre, Churchill fue un carnicero. Nunca, nunca le perdonaría el bombardeo de la ciudad alemana de Dresde que él mismo autorizó en 1945, con la guerra ya prácticamente ganada, y en el que murieron sin justificación 250.000 civiles indefensos; más que en Hiroshima.

Churchill representaba a la perfección, como después lo haría su heredera política y ferviente admiradora Margaret Thatcher, a la casta altiva del establishment inglés, rechazada visceralmente por un elevado porcentaje de la población escocesa. En vísperas del referéndum que se celebrará este jueves en Escocia, los argumentos de mi padre contra el inglés más admirado del siglo XX siguen destilando bastante bien la sensibilidad nacional escocesa. Según los apretados resultados de las últimas encuestas, no es descartable que una mayoría vote a favor de la independencia y la abolición de la entidad conocida como Gran Bretaña, creada hace 300 años.

De lo que no hay duda es que, en cuanto a valores sociales y políticos, Escocia es diferente, incluso tomando en cuenta a aquellos escoceses que votarán no el próximo jueves a la independencia. Les repele el modelo de capitalismo desenfrenado simbolizado hoy por Londres, junto a Nueva York, la gran capital financiera del mundo. En Escocia lo que predomina es algo más parecido al espíritu comunitario de los países escandinavos o, incluso, del País Vasco. El ya alto grado de autonomía que posee el Parlamento escocés ha resultado en un sistema de servicios públicos mucho más generoso que el inglés en áreas como salud, transporte, educación universitaria y apoyo a los ancianos. La diferencia política entre Escocia e Inglaterra se refleja en los resultados de las últimas elecciones generales británicas. De los 59 parlamentarios que representan a Escocia en el Parlamento de Westminster en Londres, solo uno pertenece al Partido Conservador de Thatcher y Churchill, y del actual primer ministro, David Cameron. Ser gobernado por los conservadores es para un escocés hoy lo que sería para un inglés vivir bajo el mando del Partido Republicano de Estados Unidos.

Lo que yo me pregunto, en el intento de definir mi posición como británico medio escocés —y medio español— frente al referéndum, es qué habría votado mi padre. Lo lógico sería pensar que diría quesí a la separación. Además de haber votado siempre por el Partido Laborista (la muerte le salvó del disgusto de tener que ver a Thatcher como primera ministra), era el clásico escocés que no dejaba de recordar los grandes inventos y descubrimientos que su gente había aportado al mundo (el teléfono, la televisión, el radar, la máquina de vapor, la bicicleta, la penicilina, el golf) y que se vanagloriaba de la derrota, mundialmente famosa gracias a Hollywood, de los pérfidos ingleses a manos de William Braveheart Wallace en la batalla de Bannockburn de 1314. Otra cosa que recuerdo de mi padre es que, pese a haber vivido casi la mitad de su vida en Inglaterra, nunca perdió su fuerte acento escocés de Glasgow, donde nació.

Pero los sentimientos y las razones de las personas, como los de las naciones, son ambiguos, complejos y, al final, indescifrables. Tengo mis dudas de que mi padre hubiera votado por la independencia. En parte porque mucho de lo que soy lo heredé de él y yo no votaría por dejar de ser británico. No creo que la palabra divorcio, tan utilizada estos días en la prensa, sea la más apropiada para describir el objetivo que contempla este referéndum. Entiendo la separación más en función de las consecuencias que tendría para una familia, para los hijos, y si finalmente ocurriera, me sentiría disminuido, partido por la mitad.

Pero más allá de esta emoción, tan auténtica como irracional, ya que identificarse con una bandera que representa a un colectivo de 60 millones de personas casi todas desconocidas no deja de ser un acto de la imaginación, creo que el terrenal sentido común (seny, en catalán) del que se jactaba mi padre le hubiera llevado a la conclusión de que separarse de Inglaterra era algo absurdamente innecesario.

Para empezar, y no había más que verle a él, la identidad y la cultura escocesas han estado y estarán a prueba de balas —como lo demuestran las derrotas cosechadas a lo largo de 700 años de batallas contra ejércitos ingleses—. Los escoceses no serán más escoceses si conquistan la soberanía política.

Por otro lado, a mi padre le gustaba adoptar poses antiinglesas, incluso llamarles por nombres que en Escocia llevan cierta carga de resentimiento histórico, pero lo hacía con una media sonrisa, con sentido del humor. Él era un patriota que sentía orgullo por su tierra, su historia y su cultura, no un nacionalista que define su identidad por el antagonismo hacia el vecino y sucumbe siempre a la simpleza de creer que su pueblo es bondadoso y bueno, el otro tóxico y xenófobo.

Veía la relación, en resumen, no tanto como un matrimonio, que se puede romper, sino como un vínculo entre hermanos que está ahí para siempre. Te mofas de tu hermano, pero aunque te pelees con él, lo sigues queriendo.

En cuanto a la distancia política entre Escocia e Inglaterra, es un fenómeno reciente que comenzó con la derrota aplastante de los conservadores en todo Reino Unido en 1997. ¿Quién va a decir que los laboristas, que hoy ocupan 41 de los 59 escaños escoceses en Westminster, no tomarán el poder en las próximas elecciones británicas, como indican las encuestas? Los independentistas escoceses hacen campaña como si los conservadores fueran a gobernar para siempre cuando no solo no lo harán, sino que es perfectamente posible que en un futuro no muy lejano la actual crisis económica precipitada por los expolios de la gran banca haga que Inglaterra dé un giro político que la aproxime más al modelo de bienestar escocés.

Tampoco ninguno de los dos bandos enfrentados en el referéndum ha demostrado, pese a los considerables esfuerzos de ambos, que la independencia sería claramente mejor o peor para la economía escocesa. La verdad es que, en un mundo interdependiente, en el que Reino Unido pinta menos cada día, no se sabe qué ocurriría. Lo que creo que mi padre sí hubiera dicho es que, a fin de cuentas, estamos bastante bien como estamos, especialmente si lo comparamos con cómo estábamos hace 30, 40 o 50 años. ¿Para qué, entonces, optar por el riesgo de la independencia?

Lo que pretenden el Scottish National Party (Partido Nacional Escocés) y su carismático dirigente Alex Salmond, en un intento de minimizar ese riesgo, es que una Escocia independiente conserve la libra esterlina. Pero todos los políticos ingleses coinciden en que eso no lo permitirían, lo cual indudablemente generaría incertidumbre económica en Escocia, que además no tiene ninguna garantía de ser admitida rápidamente en la Unión Europea en caso de que se independice. Mi padre, siempre con un ojo escéptico (y muy escocés) puesto en los posibles farsantes, hubiera detectado una nota discordante no solo en la insistencia de los nacionalistas en conservar la libra, sino también en la de mantener el vínculo soberano con la Reina de Inglaterra. Resulta que quienes apuestan por la independencia quieren que Isabel II siga apareciendo en los billetes escoceses y que pase las vacaciones en su castillo de Balmoral. Y encima se indignan cuando el Gobierno de Londres les advierte de que en caso de que se fueran se impondrán controles migratorios en la frontera.

Pero al final los argumentos determinantes son los emocionales, como los hubieran sido para mi padre y lo son para mí y para la mayoría de los escoceses. Lo que me cuesta entender es, si uno ya se siente plenamente escocés, ¿por qué no disfrutar del bonus, que viene incluido gratis, de ser también británico, de poder sentir como suya la grandeza histórica de Londres, de Shakespeare, del Imperio Británico que tanto contribuyeron los escoceses a construir, además de compartir con orgullo la herencia de William Wallace y de los hombres que inventaron el teléfono y la televisión? La unión de Gran Bretaña ofrece dos nacionalidades por el precio de una. ¿Por qué forzar la división cuando no existe ninguna imperante necesidad de hacerlo?

Así hubiera pensando mi padre, que detestaba a un individuo inglés llamado Churchill, pero no por ser inglés; que se ofreció como voluntario para luchar en la fuerza aérea al día siguiente del comienzo de la II Guerra Mundial para defender la libertad no solo de los escoceses, sino, por igual, la de los ingleses y, ya que estamos, de Europa y del mundo entero, sin reparar en mezquinas reflexiones nacionalistas.

martes, 2 de septiembre de 2014

Iván Rasskin es matemático

Iván acaba de llamar desde Francia. Ha aprobado los últimos exámenes (¡con nota!) y ya es graduado en matemáticas puras. Llama desde Estrasburgo, una de las universidades europeas más prestigiosas en su campo.

Un año fascinante, de descubrimientos. Otro idioma, compañeros de todo el mundo. Un sistema de enseñanza mucho más estricto. El reencuentro con la música. El trabajo en el mercado.

No sé qué decir... hijo querido. Hace nada corríamos mano a mano por el campo junto a nuestro perro, el gran Fidel. Estos años han pasado como del rayo.

Eres una persona magnífica. Un ser humano entrañable. Un tipo estupendo, centrado y sabio.

Es un gran honor ser tu padre.

Hasta la policía del pensamiento comprenderá que hoy toca emborracharse. Lo digo por mí...

¡Ole, ole y ole!

lunes, 1 de septiembre de 2014

Natalia Bolívar

Mi amiga Natalia Bolívar, una persona fascinante, cumple en este mes de septiembre una serie de años con cifra redonda. Sus incontables amigos de La Habana han organizado un homenaje en su honor.

He aquí un cuento basado en algo que me transmitió en su casa de la capital cubana, una tarde mágica, de ron y gentes maravillosas.

Va por ti.

HACIA EL ESTE

Entonces todo el mundo vivía deprisa. Haciendo el amor a todas horas, en cualquier sitio. En las cocinas, los cuartuchos, los parques, los coches. Después de todo, la muerte podía sorprenderte al doblar una esquina. La opción de la policía política no era mejor. Nadie regresó de allí para contarlo.

Dicen que antes de la caída de Berlín, mientras se acercaban los rusos, los habitantes de la ciudad en ruinas se lanzaron a una orgía desenfrenada. No era raro encontrar extrañas parejas, con grandes diferencias de edades, en los búnkeres o los sucios túneles del metro. Niñas que se ofrecían al primero que pasaba para evitar ser desvirgadas por los salvajes rojos, de los que se contaban historias de terror.


La Habana. Finales de los cincuenta. No era Berlín ni mucho menos, pero los que colaborábamos con la Revolución sabíamos a lo que nos exponíamos.


Todo se hacía con intensidad y entrega. La intensidad que en tiempos de paz brilla por su ausencia.


En los años previos a la Revolución yo había sido campeona de natación de Cuba. No era una mujer al uso. Si algún tipo intentaba someterme, terminaba huyendo con el rabo entre las piernas. No había quién pudiera conmigo. En el barrio me llamaban Tremenda, Tremendita.


Edson era un negro gigantesco, descomunal. Estaba con la Revolución y la gente lo respetaba. En cuanto lo vi me dije, “este es pa mí”, pasándome a toda mi familia blanca por el arco del triunfo. Me importaba poco y nada lo que pensaran.


Desde un principio, nuestras relaciones fueron huracanadas. No sabíamos estar en la misma habitación sin discutir y nos decíamos barbaridades irreproducibles. Teníamos una capacidad infinita para torturarnos mutuamente y hacernos daño. Cuando alcanzaba el límite de ebullición, aquel negrón solía abalanzarse sobre mí con la intención de aplicarme un serio correctivo, pero era inútil. Yo le tiraba todo lo que tenía a mi alcance o le mordía hasta hacerle sangre.


Nuestras discusiones terminaban a grito pelado y nos daba igual que nos escucharan. El impulso destructivo era más fuerte que nosotros. No servíamos para agentes secretos.


Eso sí, cuando nos enganchábamos la intensidad se duplicaba. Y estallaban hasta las luces incandescentes. Los muebles rotos. Las sábanas revueltas. Parecía una sangrienta ceremonia iniciática. Desde la noche de los tiempos. El Caos, el gran bostezo de la Madre Tierra. No sé qué era peor.


La misión se la comunicaron a Edson. Había que llevar suministros urgentemente a los barbudos. La cosa se estaba poniendo fea y las tropas de Batista podían pasarles por encima.


Los dos sabíamos pilotar avionetas. No había nada que él hiciera que yo no hiciera mejor.


Despegamos de una pista –por decir algo– oculta al oeste de La Habana. La discusión empezó no me acuerdo muy bien por qué. En realidad cualquier cosa valía: para qué mierda negociar si podíamos darnos en el centro del alma.


El día estaba raro, brumoso. Llevábamos armas y municiones. Desde el mismo momento en que carreteamos por aquel campo empezamos a gritar a todo pulmón.


–Me estás haciendo la vida imposible, desgraciado...


–Conocerte ha sido el mayor error de todos. Lo feliz que era yo antes. Es mejor estar solo y morirse solo a tener que soportarte un solo minuto más.


–Eres el mismísimo demonio, pero sin poderes que valgan para nada.


–¡Si sigues por ese camino te voy a tirar al vacío cuando subamos y nadie te va a echar de menos, Tormento!


Volábamos haciendo eses, más atentos a desbaratarnos. La trayectoria nos daba lo mismo. Sabíamos de memoria el camino y confiábamos en encontrar la ruta correcta.


Seguimos así durante una hora y apenas oíamos lo que nos decían por radio. Nubes bajas, poca visibilidad...


Cuando quisimos darnos cuenta, estábamos volando a escasa altitud, paralelos a la línea de costa.


En un momento dado, Edson estalló en rayos y truenos y me alargó una roca granítica en forma de puño. Como en aquel combate entre Firpo y Jack Dempsey que solía recordar mi padre. Venía directo hacia mi cara y lo vi a cámara lenta. Un peso pesado de los de verdad. Logré esquivar el tremendo impacto y me desabroché el cinturón de seguridad lanzándome a su cuello, como un resorte sometido a una presión de siglos. El motor empezó a ratear. Dábamos vueltas en todos los sentidos.


El hombre intentaba estabilizar el avión, pero yo había perdido la chaveta. A la mierda la Revolución.


Perdimos el rumbo y amerizamos estrepitosamente. La cabina empezó a llenarse de agua. Apenas nos enteramos del desastre. Nosotros seguíamos a lo nuestro: golpes y mordiscos.


–¡Perra rabiosa!


–¡Hijoeputa...! ¡Maricón!


De repente, me acordé de que ese condenado negrón no sabía nadar. ¡Carajo! Estábamos a punto de hundirnos. Edson empezó a tragar agua y su rostro se hinchó en una mueca de dolor. Junté toda mi rabia y le pegué una patada a la puerta de la cabina con ambas piernas. Piernas de nadadora. Fuertes como robles. Me servían para volver locos a los hombres y para dar golpes en la madre.


Habrá sido la desesperación o la suerte. Qué importa. La puerta se abrió y salí del avión. Agarré a Edson por las solapas de su chaqueta de aviador. Estaba inconsciente.


Cien kilos generosos de negro rebelde. De negro en carne viva, que no puede más, que corre como alma en pena. Esta noche nos iremos de la plantación y vendré a buscarte. Lejos de toda esta mierda. Si algún blanco hijodeunagranputa se interpone me lo llevo por delante a machetazos. Más les vale que me maten a la primera de cambio porque no les daré una segunda oportunidad.


Logré sacarlo de la cabina y lo agarré por el cuello. Me puse a nadar como posesa.


Los muchachos habían visto el desastre de vuelo desde la costa y se habían lanzado al agua. Imagino que los suministros importaban más que nuestras vidas, pero el caso es que vinieron hacia nosotros.


Aguanté lo que pude y mi siguiente recuerdo es despertar en la sierra, en un hospital de campaña. Apenas tenía unos rasguños.


Edson se salvó. Es decir, yo lo salvé.


Me quedé despierta a los pies de su cama. Velando su sueño intranquilo al borde de la muerte.


Echaba de menos su intensidad.

sábado, 23 de agosto de 2014

Tu risa

Olga Manzano y Manuel Picón. Con ellos velé mis primeras armas como músico. Fueron mi familia durante mucho tiempo. Manuel se fue un día de septiembre de 1994. Cada vez que me acuerdo de él se abre la tierra bajo mis pies. Es una de las mejores personas que he encontrado.

16 de noviembre de 1983. Mi 19 cumpleaños. Viajamos los tres juntos rumbo a La Coruña para dar un concierto en el Palacio de Deportes. Nos pasamos todo el viaje de ida y de vuelta hablando. No me hablaban como a un niño. Todo lo contrario. Explorando rincones umbríos, esquinas sin luz. Fue uno de los encuentros humanos más emocionantes que he vivido.

Estoy muy agradecido por haberlos conocido y haber tenido la oportunidad de compartir su arte, directo al corazón.

Echo mucho de menos a Manuel. Su calor, su sentido del humor, su infinita capacidad para hacer que los demás se sientan bien.

Un muchacho macanudo. Irrepetible.

jueves, 21 de agosto de 2014

Avanti

Saber adónde quiere ir uno no siempre resulta sencillo. Es más fácil si se reformula la cuestión.

Se trata de saber dónde no se quiere estar.

Lo cual nos lleva al componente nómada esencial. La forma de llegar es irse.

Dejar de ser.

Pacto

He llegado a un acuerdo con mi ex-mujer.

Ella se queda con todo.

jueves, 14 de agosto de 2014

Il mondo

Los italianos piensan que el mundo es tan duro que hace falta tener dos padres. Por eso todos tienen un padrino.

martes, 12 de agosto de 2014

Vida de héroe

Personas como el sacerdote Miguel Pajares enaltecen la condición humana. Es gracias a personas como él, generosas y entregadas al cuidado de los más débiles, de los que nada tienen, que el mundo aún subsiste.

Los héroes silenciosos no saben de vacaciones, cruceros y resorts. Para ellos no hay descanso, porque el dolor del mundo tampoco descansa.

Mientras se lucha a brazo partido por un espacio en las playas sucias, mientras se grita y se vocifera, hay personas que caminan día y noche para que el resto continúe durmiendo. Manos que consuelan niños, mujeres, hombres prestos a morir.

Un héroe contemporáneo. Un alma grande.


miércoles, 6 de agosto de 2014

La vida vuelve

Cuando los nazis perpetraron su "solución final" pensaron que era preciso eliminar también a los niños de todos aquellos grupos que consideraban infrahumanos (Untermensch).

Consideraban que, de no hacerlo y dada la magnitud de lo que se proponían llevar a cabo, algún día esos niños volverían convertidos en hombres y les pedirían cuentas.

Al fin y al cabo iban a durar mil años.

Desconocían que la vida siempre vuelve.

En Buenos Aires acaba de suceder un milagro. Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, ha recuperado a su nieto. 36 años después.

Si Dios existe está en estas cosas, no en los hacedores de sombras.

Directo al corazón.

martes, 5 de agosto de 2014

Trece niñas

Hoy, 5 de agosto, se cumple un aniversario más del fusilamiento de las Trece Rosas. Trece niñas de entre 18 y 29 años de edad que apenas habían comenzado a vivir.

Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

Corría 1939. A veintisiete días del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que ganaron las fuerzas aliadas y que, a pesar de la participación de combatientes de la República Española —los primeros en liberar París en agosto de 1944 eran españoles—, no supuso el fin del régimen de Franco.

Desde el mismo momento en que acabó la Guerra Civil se iniciaba una represión feroz que duraría años.

Me pregunto qué sintieron los hombres encargados de ejecutarlas.

lunes, 4 de agosto de 2014

San Anselmo

 
Saborear a David Oistrach interpretando a Tchaikovsky es una prueba de la existencia de Dios. A mi criterio, mucho más fuerte y tangible que el argumento ontológico de San Anselmo.

Después están los periódicos y los telediarios, que hacen todo lo posible por opacar la luz.

Noche oscura del alma.

La cosecha del odio

Más allá de las sinrazones de unos y otros, sus intransigencias y su incapacidad para el diálogo, contemplar la mortífera eficacia de un ejército del siglo XXII aplastar una franja de 360 kilómetros cuadrados donde se hacinan 2 millones de personas resulta un espectáculo deplorable. Cabría preguntarse qué opinaría Einstein, que apoyó con fervor el establecimiento de la patria judía y era un pacifista convencido, ante esta desgracia que no cesa.

¿Qué es el mal? ¿Cómo establecer categorías del mal? El mal es la ausencia de bien. Es un agujero negro que todo lo engulle, las fuerzas, las esperanzas, las posibilidades humanas.

Cuando se quita la vida a un ser humano no solo se le quita todo lo que tiene, sino todo lo que puede llegar a ser. Es un crimen contra Dios. Y, sin embargo, los actores de esta enésima representación del infierno sobre la Tierra, se dan golpes en el pecho clamando que les asiste una razón metafísica. Los dos. ¿Cómo pueden ser ambos santos al mismo tiempo?

El odio siembra una semilla negra que, antes o después, florece. Los ejemplos son incontables: la Alemania posterior a Versalles no es un ejemplo menor. Pretender curar el odio con más odio lleva al desastre garantizado. Como aquella fórmula que aterrorizaba a los niños de mi generación: la destrucción mutua asegurada.

Hamas ha demostrado en incontables ocasiones que difícilmente puede ser un interlocutor válido ya que, entre otras cosas, no reconoce el derecho de Israel a existir. Es complicado negociar con ese punto de partida. A partir de ahí, cualquier cosa. Utilizar escudos humanos y la demografía como fortaleza. Desde la retirada unilateral israelí se han dedicado a hostigar al enemigo, invirtiendo la ingente ayuda que reciben en cualquier cosa menos sacar a su pueblo de la miseria.

Por su parte, la ultraderecha israelí demuestra con su violenta actitud que es igual que cualquier otra ultraderecha. Si puede destruir, destruye. Si puede masacrar, masacra.

De alguien que ha sufrido tanto y durante tanto tiempo cabe esperar algo más elevado que el uso de la fuerza como haría cualquier gorila.

El mundo debe parar esta locura. Hay que hacer entrar en razón a ambas partes. EEUU, la UE, la ONU, todos tienen algo que decir y hacer. No existe una solución militar al conflicto. Simplemente, entra dentro de lo impensable. Exigiría la desaparición física de uno de los pueblos. Eso no va a ocurrir.

Aunque el apartamento sea pequeño, hay que repartirlo de forma justa. No se pueden crear agravios de por vida porque será difícil volver a dormir en paz. La ley del Talión garantiza la ceguera universal.

Basta de muerte. Basta de inteligencia militar.

miércoles, 23 de julio de 2014

Hurt

El hombre de negro sabe. Una canción como cuchillo. Everyone I know goes away in the end...

Cada oveja

El matrimonio perfecto es la unión de dos seres, uno que ama más y otro que ama mejor.

Abogado y Procurador.

Ex y sus Amigas, tan ecuánimes.

Suegro y cuñao.

Reproductor de CDs y Qué bien me lo paso yo solito.

La Muerte y Hacienda.

Perderla de vista y porque era mía.

Que sí, lo que tú digas, morena salada.

Por más que lo intento nunca consigo ese punto. Tiene que ver con el aceite de oliva y el tiempo. Lo sé.

martes, 22 de julio de 2014

Benditos

Bienaventurados aquellos que aman, aquellos que son amados y quienes deciden vivir sin la ilusión del amor.

lunes, 21 de julio de 2014

80 años

Una interesante reflexión de Oliver Sacks, neurólogo y escritor, autor de Los ojos de la mente, Despertares y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.


Al cumplir los 80

Anoche soñé con el mercurio: enormes y relucientes glóbulos de azogue que subían y bajaban. El mercurio es el elemento número 80, y mi sueño fue un recordatorio de que muy pronto los años que iba a cumplir también serían 80. Desde que era un niño, cuando conocí los números atómicos, para mí los elementos de la tabla periódica y los cumpleaños han estado entrelazados. A los 11 años podía decir: “soy sodio” (elemento 11), y cuando tuve 79 años, fui oro. Hace unos años, cuando le di a un amigo una botella de mercurio por su 80º cumpleaños (una botella especial que no podía tener fugas ni romperse) me miró de una forma peculiar, pero más adelante me envió una carta encantadora en la que bromeaba: “tomo un poquito todas las mañanas, por salud”.

¡80 años! Casi no me lo creo. Muchas veces tengo la sensación de que la vida está a punto de empezar, para en seguida darme cuenta de que casi ha terminado. Mi madre era la decimosexta de 18 niños; yo fui el más joven de sus cuatro hijos, y casi el más joven del vasto número de primos de su lado de su familia. Siempre fui el más joven de mi clase en el instituto. He mantenido esta sensación de ser siempre el más joven, aunque ahora mismo ya soy prácticamente la persona más vieja que conozco.

A los 41 años pensé que me moriría: tuve una mala caída y me rompí una pierna haciendo a solas montañismo. Me entablillé la pierna lo mejor que pude y empecé a descender la montaña torpemente, ayudándome solo de los brazos. En las largas horas que siguieron me asaltaron los recuerdos, tanto los buenos como los malos. La mayoría surgían de la gratitud: gratitud por lo que me habían dado otros, y también gratitud por haber sido capaz de devolver algo (el año anterior se había publicado Despertares).

A los 80 años, con un puñado de problemas médicos y quirúrgicos, aunque ninguno de ellos vaya a incapacitarme. Me siento contento de estar vivo: “¡Me alegro de no estar muerto!”. Es una frase que se me escapa cuando hace un día perfecto. (Esto lo cuento como contraste a una anécdota que me contó un amigo. Paseando por París con Samuel Beckett durante una perfecta mañana de primavera, le dijo: “¿Un día como este no hace que le alegre estar vivo?”. A lo que Beckett respondió: “Yo no diría tanto”). Me siento agradecido por haber experimentado muchas cosas –algunas maravillosas, otras horribles— y por haber sido capaz de escribir una docena de libros, por haber recibido innumerables cartas de amigos, colegas, y lectores, y por disfrutar de mantener lo que Nathaniel Hawthorne llamaba “relaciones con el mundo”.

Siento haber perdido (y seguir perdiendo) tanto tiempo; siento ser tan angustiosamente tímido a los 80 como lo era a los 20; siento no hablar más idiomas que mi lengua materna, y no haber viajado ni haber experimentado otras culturas más ampliamente.

Siento que debería estar intentado completar mi vida, signifique lo que signifique eso de “completar una vida”. Algunos de mis pacientes, con 90 o 100 años, entonan el nunc dimittis —“He tenido una vida plena, y ahora estoy listo para irme”—. Para algunos de ellos, esto significa irse al cielo, y siempre es el cielo y no el infierno, aunque tanto a Samuel Johnson como a Boswell les estremecía la idea de ir al infierno, y se enfurecían con Hume, que no creía en tales cosas. Yo no tengo ninguna fe en (ni deseo de) una existencia posmortem, más allá de la que tendré en los recuerdos de mis amigos, y en la esperanza de que algunos de mis libros sigan “hablando” con la gente después de mi muerte.

Las reacciones se han vuelto más lentas pero, con todo, uno se encuentra lleno de vida

El poeta W. H. Auden decía a menudo que pensaba vivir hasta los 80 y luego “marcharse con viento fresco” (vivió solo hasta los 67). Aunque han pasado 49 años desde su muerte yo sueño a menudo con él, de la misma manera que sueño con Luria, y con mis padres y con antiguos pacientes. Todos se fueron hace ya mucho tiempo, pero los quise y fueron importantes en mi vida.

A los 80 se cierne sobre uno el espectro de la demencia o del infarto. Un tercio de mis contemporáneos están muertos, y muchos más se ven atrapados en existencias trágicas y mínimas, con graves dolencias físicas o mentales. A los 80 las marcas de la decadencia son más que aparentes. Las reacciones se han vuelto más lentas, los nombres se te escapan con más frecuencia y hay que administrar las energías pero, con todo, uno se encuentra muchas veces pletórico y lleno de vida, y nada “viejo”. Tal vez, con suerte, llegue, más o menos intacto, a cumplir algunos años más, y se me conceda la libertad de amar y de trabajar, las dos cosas más importantes de la vida, como insistía Freud.

Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick. Cuando le dijeron, a los 85 años, que tenía un cáncer mortal, hizo una breve pausa, miró al techo, y pronunció: “Todo lo que tiene un principio tiene que tener un final”, y procedió a seguir pensando en lo que le tenía ocupado antes. Cuando murió, a los 88, seguía completamente entregado a su trabajo más creativo.

Mi padre, que vivió hasta los 94, dijo muchas veces que sus 80 años habían sido una de las décadas en las que más había disfrutado en su vida. Sentía, como estoy empezando a sentir yo ahora, no un encogimiento, sino una ampliación de la vida y de la perspectiva mental. Uno tiene una larga experiencia de la vida, y no solo de la propia, sino también de la de los demás. Hemos visto triunfos y tragedias, ascensos y declives, revoluciones y guerras, grandes logros y también profundas ambigüedades. Hemos visto el surgimiento de grandes teorías, para luego ver cómo los hechos obstinados las derribaban. Uno es más consciente de que todo es pasajero, y también, posiblemente, más consciente de la belleza. A los 80 años uno puede tener una mirada amplia, y una sensación vívida, vivida, de la historia que no era posible tener con menos edad. Yo soy capaz de imaginar, de sentir en los huesos, lo que supone un siglo, cosa que no podía hacer cuando tenía 40 años, o 60. No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados, libres para explorar lo que deseemos, y para unir los pensamientos y las emociones de toda una vida. Tengo ganas de tener 80 años.

© Oliver Sacks, 2013
Traducción de Eva Cruz.

jueves, 17 de julio de 2014

Concierto de Berlín

Berlín, 2006. Netrebko, Domingo y Villazón ofrecen un concierto magnífico. Lo descubrí en Málaga en una noche mágica. Tiene momentos de alto octanaje artístico.


miércoles, 16 de julio de 2014

Into the Wild

Es una de las mejores películas que he visto en mi vida. Un trabajo soberbio. Supongo que mi amor incondicional por Jack London influye o tal vez mi doble condición de hijo y padre, heredero de una larga estirpe de solitarios. Personas que se pierden en la inmensidad de tierras yermas o naufragan en mares de azulejos, que no encuentran el camino de regreso.

Una hipersensibilidad que impide sobrevivir en este mundo de reglas, con sus ganadores y perdedores. De autómatas.

Alguien que quiso probarse al límite y respirar la libertad. Los compañeros de viaje. Sencillos, sin histerias. Sin despedidas.

La tarde en la playa.

Una historia digna de ser contada. Un abrazo directo al corazón.

"La fragilidad del cristal no habla de su debilidad, sino de su calidad..."

Estas cosas no se hacen. Que uno ya tiene una edad.

domingo, 13 de julio de 2014

La plegaria de la tarde


Clásicos y patafísicos

Cuentan las crónicas que en la segunda mitad del siglo XIX las élites culturales de la vieja Europa que eclosionó como un grano de pus en la Primera Guerra Mundial -el viejo orden que el Imperio Austrohúngaro representaba fielmente- se ensarzaban en apasionadas discusiones musicales que solían terminar a bastonazos.

¡Qué época tan apasionante! pensaba en mi ya lejana juventud. Duelos a cara descubierta entre wagnerianos y brahmsianos. Ole. Por las cosas del espíritu vale la pena batallar.

Tristes guerras, tristes si no es amor la empresa.

Joseba Lopezortega, querido amigo de fierro, contesta por duplicado las ideas expuestas en la nota "Lo clásico y lo contemporáneo". Joseba es un amante de la música clásica desde siempre. No solo es un amante, sino que la conoce por dentro y, además, escribe un blog que no me cansaré de recomendar por la enorme calidad de sus textos, muchas veces centrados en el hecho musical.

Reproduzco a continuación las dos (2) respuestas de Joseba al artículo comentado. Ambas tienen una genuina estructura musical, con exposición, crescendo y clímax final.


josebalopezortega.com dijo...

    (1) Yo no iba tan al fondo, romano. Lo que pasa es que la frase "el acartonado, elitista, frío y despreciativo mundo de la denominada "música clásica” se puede aplicar con la misma intención y validez a cualquiera de los múltiples conciertos muy modernos y alternativos, de los de gran acampada y escasas duchas, que proliferan en torno a la música “no clásica” por todas partes, y cuya entrada de abono puede igualar o superar por tres días el precio de un abono de temporada de una orquesta sinfónica. “Alternativo” es una palabra que a mi me zarandea entre la incredulidad y el bostezo. La música clásica está muy lejos del régimen de extenuante explotación a que están sometidos pop o rock o lo que sean, creo que se me entiende. Muy lejos.
    Elitismo: pues cuando escucho a los amantes de un grupo hablar de guitarristas, guitarras, púas y demás a mi me parecen élite pura. Y en cuanto a “despreciativo”, precisamente tú Martin sabes de primera mano hasta qué punto los que no aprecian la música clásica la desprecian. Su ignorancia es oceánica. Sucede igual en la dirección contraria.

    12 de julio de 2014, 12:55
OpenID josebalopezortega.com dijo...

    (2) Yo me enteré a los 19 años de la existencia de un grupo llamado Rolling Stones, y ya llevaban tocando juntos unos cuantos años. No alardeo de ello, al contrario, lo digo para ilustrar que incluso alguien musicalmente tan cerrado/obtuso como yo sabe, porque es evidente, que Alan Parsons, Judas Priest, los Beatles y un largo y libérrimo etcétera son clásicos (al menos para alguien), mientras que la inmensa mayoría de los contemporáneos de Bach, Mozart o Mahler no son clásicos, porque su música no existe, dado que sencillamente jamás se interpreta. Sospecho que los dos conocemos los peines del archivo de la Zarzuela que esconde el Palacio de Longoria, ¿verdad? Clásica no es sinónimo de fósil, ni actual lo es de vigencia. Y hay mucha música actual que tiene poco de “contemporánea”: cfr don Julio Iglesias.
    Respecto al resto de tu explicación, qué puedo decirte. Llevo años escuchando con alguna asiduidad música de compositores no ya contemporáneos, sino activos, vivos y coleando, y encuentro mucha producción de gran calidad. Mucha, mucha. Incluso –faltaría- en Glass. Otra cosa distinta es que a ti te aburra. Pues vale. No pienso en Maderna o Boulez o aquellos jóvenes ya muertos o en puertas, pienso en decenas de músicos activos y brillantes que serán sometidos al paso realmente exigente del tiempo y probablemente jamás sean clásicos.
    “El propio estudiante de música clásica se siente un bicho raro, como si estudiara latín o griego clásico y luego pretendiera hablarlo con sus amigos. Están desconectados de lo que pasa en la calle.” Repito mi primera pregunta, ¿perdón? ¿Desconectados de lo que pasa en la calle? Eso es puro tópico. Basta asomarse un poco al mundo de la interpretación de órgano para encontrar estupendos intérpretes jovencísimos que bailan en discotecas y vibran con grupos rock y luchan contra ese tópico, que les hastía. El estereotipo de Bruckner al órgano es eso, un estereotipo.
    Respecto a la emoción como punto de partida, estoy de acuerdo con el último participante. Rosa, Bustamante y Bisbal causaban desmayos, y alguno de los tres seguro que todavía los causa. La emoción es un punto de partida inconsistente o que al menos merece una reflexión mas pausada. Quizá tenga que ir a un concierto de playa a que me rieguen con mangueras para resistir la solana para desentumecerme, pero no alcanzo a entender qué valor aporta esa palabra a tu deliciosa provocación.
    Una última consideración. Hablando de Caballé dices “A menos que vivas en Venus es poco probable que no hayas oído hablar de Queen o de los Beatles. Cuando menos revela un desprecio absoluto por conocer la realidad de sus contemporáneos”. Pues no, Martin, no: lo que pasa es que Caballé es el ejemplo perfecto de artista/naranja exprimida, aislada y virtualmente secuestrada por un entorno explotador, has ido a un caso extremo… y lo sabes. Y en todo caso no habría traza de desprecio en no saber quién era Mercury. Yo lo supe muy tarde, pero respetaba perfectamente a quienes andaban hurgando en yacimientos distintos de los míos. No es desprecio, sino ignorancia y predilección. Sencillamente me daba igual.
    Disfruta del olor de la noche romana.


Bien, como decía el bueno de Jack -también conocido como "El Destripador"- vamos por partes.

Vaya por delante que soy un convencido. Es decir, gracias al cielo, he tenido la oportunidad de conocer la música clásica desde muy joven y la disfruto desde entonces. Me emociona y me gusta. Y no me canso de escucharla. Con mis idas y venidas. Porque al padre hay que matarlo para ir un paso más allá, aunque uno sepa que volverá a casa algún día. Cargado con otras alforjas. Si Dios y los hados quieren, naturalmente.

Primera cuestión. Cuando propuse la consideración del fenómeno de la emoción como elemento a tener en cuenta para hablar del fenómeno musical contemporáneo no me refería a Bustamante, ni a Rosa de España, ni Bisbal y sus ricitos de oro, ni a los triunfitos ni a la madre que los parió. Podías haberme llamarme imbécil a la cara y me habría parecido más amable. No tenía constancia de que me tuvieras en tan baja consideración. Tomo nota...;;;). A modo de compensación, acepto invitaciones a cualquier sociedad gastronómica de esas que tú conoces.

Pues no. Cuando hablé de emoción, apunté que no tenía muy claro qué es eso que llamamos emoción. Incluso apunté que si la obra de arte es demasiado previsible constituye un insulto a la inteligencia pero si es demasiado imprevisible, de alguna manera también lo es.

Era una pregunta, antes que una afirmación. Trataba de decir que, de tan especulativa que se había vuelto la música contemporánea "culta" -ya sé que Julio Iglesias es también contemporáneo pero dudo que haya oído hablar de lo que es un acorde de sexta napolitana, una cadencia rota o la música serial y creerá que Stockhausen es un equipo de fútbol, el Bayern Stockhausen-, a mi modo de ver había perdido cierto contacto con un fenómeno más primitivo si se quiere, pero fundamental en el hecho musical: la emoción. Es como pensar en jazz sin swing. Desde un punto de vista teórico tiene interés. Aumenta la combinatoria de soluciones posibles pero ¿qué queda de un fenómeno que llegó a ser música de baile sin swing?

Al modo platónico, deberíamos aclararnos y poner en común qué consideramos "emoción".

Nombras a Boulez, Maderna o Glass. ¿Acaso su música genera combates puñoenrostro como los enfrentamientos entre brahmsianos y wagnerianos? Me temo que no.

El 99,99 % de la población ni siquiera conoce sus nombres. ¿Debemos colegir entonces que el 99,99% de la población es subnormal porque no sabe, ni le interesa y considera la música contemporánea un experimento de ratas de laboratorio? Si eso no es elitista, entonces hemos de definir también qué entendemos por élite.

Si el porcentaje de suspensos está en el entorno del 30-50 por ciento, es un problema de los alumnos y su bajo nivel. Si el porcentaje supera con creces el 80 por ciento, me inclino a pensar que el problema es del profesor. No está capacido para transmitir conocimientos. No se le entiende. Habla en otro idioma.

Conciertos para perro y orquesta. Espera un momentito que hay que afinar bien ese serrucho. Dame un octavo de tono. Ahora, sí. ¿Ha llegado ya el solista de gato en celo? Sí, está en el camerino.

¿No sería más fácil aceptar que existe un divorcio absoluto entre la práctica compositiva contemporánea y el público?

Soy un gran consumidor de radio. De toda la vida. Cuando escucho a Cifu, el decano del jazz, me contagia la pasión -no exenta de un conocimiento técnico fabuloso- que siente por esa clase de música.

Cuando escucho Radio 2, Radio Clásica, tengo la impresión de estar en misa. No distingo bien si se trata de un programa musical o de una homilía. Curas estreñidos.

Por el trabajo que realicé hace algunos años -para el Príncipe Negro- tuve la oportunidad de tratar de primera mano con músicos de todo pelaje y condición. Desde los primeros espadas de Berklee, hasta compositores patrios laureados no con uno, sino tres premios nacionales de música. Y no digo más. Decenas y decenas de personajes. La West-Eastern Divan Orchestra de Barenboim. Y un largo etcétera.

En resumidas cuentas, de mis incontables entrevistas de trabajo afirmo que el músico clásico considera al músico de jazz un músico inferior (el gato Adorno). Al fenómeno del rock'n'roll y sus infinitas variaciones lo contempla con una mezcla de asco y desdén profundos (muchas veces con razón, porque se trata de fenómenos puramente comerciales). Al músico flamenco también lo miran por encima del hombro. "Una tradición oral..." Por eso trabajar con flamencos es una tortura: tienen la violencia y las ganas de pasar por encima de quien sea propias de un animal apaleado. A Paco de Lucía le han dado con un caño oxidado en la cabeza. Una vez muerto es una gloria nacional incontestable. Españas tengas y las ganes.

Oír hablar a los clásicos de sus propios competidores es todo un poema. Ese no sabe, el otro es un tarado, aquel no tiene ni idea. Acaba uno asfixiado de tanto ego ridículo.

El fenómeno del ego cuando alcanza ciertas cimas (o "simas") se torna imposible de describir con palabras. El ego desatado y sin control, incapaz de reírse de sí mismo, es sin lugar a dudas la forma más estúpida de vida conocida.

Recuerdo el experimento de "divulgación" de los 3 tenores. Carreras, Plácido y Pavarotti. Kraus, que no fue invitado, declaró que "a ciertos niveles de calidad es imposible ser popular". Luego dicen de los argentinos.

Por increíble que parezca, esta historia es totalmente verídica. Otra vez la Caballé. Hace unos 15 años, una amiga portuguesa, productora de televisión, invitó a la diva a participar en un programa infantil. Se rodaba en Portalegre, perto da fronteira.

Según el guión, se suponía que la Caballé iba a cantar para los niños o con los niños, no recuerdo bien. En el programa salían muñecos al estilo "Un globo, dos globos..." De hecho, había uno parecido a Espinete. Pinchinho, sería. Vaya usted a saber.

Cuando llegó el turno de salir a "escena", la soprano descubrió que el Espinete luso también cantaba. Entonces, como dicen nuestros hermanos portugueses, ela "entrou em parafuso" y se negó en redondo a continuar con el programa. Dijo que ahí la única que cantaba era ella. Y no hubo forma. PROBLEMAS DE EGO CON ESPINETE. Fascinante. Es muy difícil que se te ocurra esta historia, ya sea drogado o especialmente sembrado.

En 1994 entrevisté a Luis de Pablo para el libro "Música Virtual". La charla fue más allá de una simple entrevista y terminó en una cena hasta altas horas. Hablamos de todo lo divino y humano. Expresó una opinión sobre el de Algeciras y lo que a su juicio representaba para el mundo del flamenco que me niego a comentar. Simplemente brutal. Nunca oí nada tan bestia sobre nadie.

Sí. El músico de conservatorio vive en Venus. Tocando piezas de hace 250 años y no entiende nada de lo que hacen los contemporáneos, porque ni ellos mismos lo entienden. Es como la física cuántica. Ni el propio Einstein entendía qué era todo aquello.

Ver un clásico "relajarse", "improvisar", etc. produce, en el mejor de los casos, desazón. Son máquinas de tocar cosas escritas por otros. El sueño de la razón produce MONSTRUOS. John Lennon, con su particular sentido de la contención, los definía como retrasados mentales. Decía que alguien al que hay que decirle lo que tiene que hacer no es digno de ser llamado creador.

Cuando un clásico decide bajar de su pedestal de nube de pedo, léase Plácido Domingo cantando tangos o Barenboim tocando a Piazzolla en trío con Mederos y Héctor Console, el resultado es, en el mejor de los casos, insulso. Correcto. TODAS LAS NOTAS ESTÁN EN SU SITIO, pero sin garra, sin duende, sin alma. Música para ascensores. ¿Qué es eso que no está en la partitura? ¿Cómo se expresa? ¿Cómo se transmite? El misterio.

¿Acaso no tendrá que ver con heridas como cuchillos, con calles sin luz, con vivir con intensidad?

De cada amor que tuve tengo heridas
heridas que no cierran y sangran todavía.

¿Sabía Borges lo que se siente en una pelea callejera? Y sin embargo el valor y la cobardía pueblan sus cuentos. ¿O hace falta ser boxeador como John Huston para hacer "El tesoro de Sierra Madre" o sentir la posibilidad del amor como un puñal envenenado en "La noche de la iguana"?

El  negocio de la músical clásica, porque no seamos ingenuos, la música clásica es un negocio como cualquier otro, con sus CDs, sus DVDs, sus productores, sus orquestas, sus divos y divas, sus abonos y sus sponsors, etc., apenas supone el 8 por ciento del negocio musical en su conjunto.

¿No eso un fenómeno elitista? Entonces no entiendo nada.

Preparar un pianista para llegar a ser un Ivo Pogorelich cuesta al estado una millonada. Y llegan 2 de 2 millones. Por número de oyentes, sería más barato comprarle a cada aficionado poseso de la música clásica de este santo país un reproductor de CDs y una nutrida colección de grabaciones que mantener la estructura de la radio y sus plúmbeos locutores. Salvo Fernando Argenta, Dios lo tenga en su Santa Gloria.

Luz, más luz. Aire fresco. Para que el pueblo conozca los tesoros de la música culta hay que seducirlo, emocionarlo. Convencerlo. Y no se convence desde un púlpito. Hay que ganarse los corazones.

Los conciertos o los encuentros de música clásica contemporánea suelen estar trufados de sesudas explicaciones. Hay más páginas escritas que partituras. "He pretendido hacer...", "lo que intento sublimar es...", "mi obra es un intento de...". NO ME CUENTE USTED MILONGAS. El mundo de la emoción no requiere explicaciones. No me explique nada porque me importan un pimiento sus detalles de cocina. Déjeme probar el plato y ya le diré yo si es un manjar o hay que guillotinar al delincuente.

Orquestas como las de Venezuela por todas partes. Porque el arte puede salvar almas (ahora el cura soy yo, Francesco...! Parala...). Eso LO SÉ. Pero ¿cómo resolver la ecuación del sacrificio que exige la perfección y el disfrute inmediato?

El problema de la música clásica está directamente relacionado con el espíritu de los tiempos. La gente lo quiere todo. Y lo quiere YA. No tolera la más mínima frustración. No entiende lo que significa el sacrificio.

En el mejor de los casos, una carrera de intérprete clásico exige 20, 30 años de estudio monástico, de vida sin luz. Como mi pianista favorito de todos los tiempos, Sviatoslav Richter, para quien la idea del relax era marchar a su dacha y encerrarse en una habitación sin ventanas a estudiar piano. TODO EL DÍA.

¿Quién está dispuesto a esto con los tiempos que corren? Alguien que no es muy normal que digamos. Alguien que vive en su torre de marfil, como la Caballé.

¿Te parece que digo muchos tópicos, Joseba? Serán los años.

Me duele que la cultura esté en manos de cuatro gatos. Me irrita ver las actitudes de unos y otros. Mundos absolutamente incomunicados.

Tópico utópico.

Joseba Lopezortega, en breve recibiréis la vista de mis padrinos. Os espero a las seis en la fuente. Podéis escoger armas.

Bombardinos o Tubas wagnerianas.

































viernes, 11 de julio de 2014

El tormento y el éxtasis


El corazón tiene razones que la razón no entiende dijo uno. El corazón es tonto. La razón, mucho más. Con el corazón se alcanzan las montañas de la locura. La razón muerde habitaciones vacías. Impolutas.

¡Torniamo a Roma! ¡Torniamo subito...!

jueves, 10 de julio de 2014

Argentina a la final

Recuerdo a Manuel. 1986. Su casa de Pozuelo, que era casa y local de ensayo. Llena de música, mate y sonrisas. Han pasado tantos años...

Manuel Picón, además de ser un poeta, cantante y músico de una sensibilidad y un talento especiales, había sido jugador de fútbol profesional en su juventud. Saltó de Uruguay a Atlanta, club de primera en la liga argentina. Modesto. Pero Maradona empezó en uno aún más modesto, Argentinos Juniors.

Muchas veces, después de los conciertos, jugábamos unos pases. Era increíble lo que lograba hacer con el balón. La tenía pegada al pie, como le ocurre al ratón, que hoy se tomó vacaciones. Merecidas.

Argentina vuelve a la final de un mundial. Y es la quinta. Han pasado 24 años desde la última vez. También contra Alemania.

Fue en 1990. En Córdoba. Aún no entiendo bien por qué no me quedé a vivir en algún patio, disfrazado de geranio. Córdoba tiene arte. El día que por fin encajan las piezas del rompecabezas es el del túnel. Ya sabes, ve hacia la luz... la luz.

1978 fue el primer año aquí. El año de los descubrimientos y de la soledad. Ahora 2014. Según Bradbury, Marte a tiro de piedra. Cuándo se plegará la realidad a la literatura.

El año en que pude conocer a Cortázar.

Cifras. Muertos. Abrazos. Gente que cambió para siempre.

El último gol, el 3 a 2 de Valdano. Un estallido de alegría. Rompimos un par de estanterías de la emoción. Recuerdo los libros de Neruda volando. Todos juntos. Manuel desconocía que le quedaban pocos años de vida.

Lo recuerdo todos los días.


miércoles, 9 de julio de 2014

Último reducto de jogo bonito


sábado, 5 de julio de 2014

Lo clásico y lo contemporáneo

He recibido algunos comentarios de amigos y lectores del blog sobre un pasaje de la nota que dediqué a Piazzolla.

Me parece que la afirmación "el acartonado, elitista, frío y despreciativo mundo de la denominada "música clásica"", que obviamente tenía un punto provocador, merita un comentario.

Considero que el peor enemigo de la música clásica es toda la parafernalia que hay montada alrededor de la misma. Es obvio que la música de Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Mahler y un largo etcétera constituyen edificios inmortales. Cimas de la creación musical difícilmente superables.

Pero datan, en el mejor de los casos, de hace 100 años. El último nombre de esta breve lista murió en 1911. ¿Resta esto valor a sus creaciones? Claramente, no. Pero es como si nos quedáramos extasiados con la arquitectura neoclásica o la pintura impresionista. Y no existieran Niemeyer, Le Corbusier, Picasso o Bacon.

El cisma que supuso la irrupción de la atonalidad y la posterior reacción de los neoconservadores complejizan el panorama a partir de comienzos del siglo XX. Dos nombres: Schönberg y Stravinsky. Desde entonces, un tira y afloja entre la vanguardia y el retorno a la tonalidad (si bien transformados por la experiencia al otro lado del espejo). Un difícil equilibrio tras la emancipación de la disonancia.

La música clásica contemporánea es un caleidoscopio de artistas y buscadores que desde hace décadas no logran crear escuela en un desesperado intento por conquistar la originalidad. Caiga quien caiga.

El divorcio entre público y creación musical contemporánea "culta" es un hecho patente. Sin embargo, grupos "alternativos" como Radiohead atraen miles de espectadores. Hay personajes de cruce que, de algún modo intentan congraciarse con el gran público (Philip Glass podría ser un ejemplo de "artista contemporáneo con vocación de gustar al público"). A mí me produce sueño. Un sueño repetitivo.

Hasta no hace demasiado tiempo, tradiciones como el jazz o el flamenco eran cosas extrañas para el músico clásico estándar. Las miraba desde un pedestal.

Theodor Adorno, sesudo filósofo, estudioso de la estética y especialista en la música de Mahler declaró que el jazz era "una música menor". Julio Cortázar bautizó a su gato con el nombre de "Adorno".

Las cosas que llegó a decir Andrés Segovia sobre el recientemente fallecido Paco de Lucía no son agradables de reproducir. Cuando el de Algeciras tuvo la ocurrencia de grabar el Concierto de Aranjuez leí cosas terribles dichas por primeros espadas del mundillo de la guitarra clásica.

Cuando a Montserrat Caballé le comentaron la posibilidad de hacer un duetto con Freddy Mercury respondió: ¿Con quién...? A menos que vivas en Venus es poco probable que no hayas oído hablar de Queen o de los Beatles. Cuando menos revela un desprecio absoluto por conocer la realidad de sus contemporáneos.

El mismo fenómeno del concierto clásico. Como espectáculo es aburrido y antiguo, como si no hubiera existido evolución escenográfica desde el siglo XIX.

Los conciertos deben hacerse al aire libre, la gente ha de ir vestida con bañador si le apetece. Basta de burgueses sordos calentando sillas. Hay que adaptar la estética del festival musical de rock'n'roll a la música clásica. Y deben estar subvencionados por el Estado con nuestros impuestos. La música buena es más terapéutica que el Prozac. Cambia vidas. Ilumina el alma.

Estoy absolutamente convencido de que, de vivir hoy, los propios compositores que todos consideramos genios se reirían de toda este engolamiento y serían los primeros en experimentar con máquinas, sonidos extremos y pondrían toda su libertad creativa a mil. Los electroacústicos saben de qué hablo.

No es la música clásica. ES TODO LO QUE GRAVITA A SU ALREDEDOR. La música clásica debería ser conocida por todos, ya que encierra tesoros inconmensurables. El martillo de Thor en la quinta de Sibelius, el trineo de la Cuarta de Mahler, el Adagietto de la Quinta, las cuatro sinfonías de Brahms, toda la obra de Bach que es ajedrez musical cumbre ¡Libera me Domine!, el Concierto para Violín de Beethoven, sus 32 sonatas para piano, la Novena, la Pavana para una Infanta Difunta de Ravel, La Catedral Sumergida de Debussy, Rachmaninov, La Consagración de la Primavera, la obra de Khachaturian, la ópera en su conjunto... es terrible pasar por el mundo sin tener contacto con estas maravillas.

Hay que atraer a las jóvenes generaciones, hacer que disfruten de las genialidades pero, si analizamos la cuestión en términos de éxito empresarial, el resultado es un desastre. Si se compara con otras épocas, el público es escaso. Ir a un concierto de música contemporánea es una experiencia terrorífica: el público está compuesto de OTROS COMPOSITORES CONTEMPORÁNEOS o sus respectivas familias. Pareciera haber un pacto tácito para aplaudirse entre sí: hoy por ti y mañana por mí.

El propio estudiante de música clásica se siente un bicho raro, como si estudiara latín o griego clásico y luego pretendiera hablarlo con sus amigos. Están desconectados de lo que pasa en la calle.

Algo ha de cambiar radicalmente. Los gestores, los responsables de la programación, los políticos y los propios actores han de poner de su parte, porque el daño que hacen a la población es irreparable.

Propongo arrancar por aquí: música digna de ser tenida en consideración es todo aquel fenómeno sonoro que produce emoción. Y, de la misma manera que los músicos de jazz, flamenco, rock'n'roll o música electrónica han de conocer las formas de la música culta (porque les aporta muchísimo y ensancha los límites de su mundo), los hombres y mujeres de la música clásica han de abrirse a lo que ocurre en la creación popular.

Todo ha cambiado. Los instrumentos han cambiado. Por primera vez en siglos, el compositor no depende de los intérpretes en exclusiva. Hay mil maneras de abordar la creación musical.

En tiempos, la música clásica extraía sus motivos de los aires populares, existía una retroalimentación entre el folklore popular y la sublimación culta. Bártok fue un momento de especial intensidad. Curiosamente, fue el modelo de músico que quiso emular el propio Piazzolla.

Ahora bien, podemos discutir hasta la saciedad qué es la emoción. Si una obra es demasiado previsible, es un insulto a la inteligencia. Pero si es demasiado imprevisible, también lo es.

Pero eso es otra historia.

Más Harpo Marx, por favor.













El día del maestro

En 1894, Albert Einstein asistía al Luitpold Gymnasium. El instituto apenas le interesaba. De hecho, sus notas eran bastante mediocres. Es lógico, aprender cálculo infinitesimal de forma autodidacta debió restarle mucho tiempo.

Las cosas alcanzaron un punto crítico cuando Einstein cumplió 15 años. Refieren testigos calificados que cierto día un nuevo profesor, el Dr. Joseph Degenhart, sostuvo el siguiente diálogo con su alumno:

—Usted nunca llegará a nada en la vida.

—¿Por qué? No he cometido delito alguno...

—Su sola presencia aquí mina el respeto que me debe la clase.

Doctores tiene la Iglesia.


jueves, 3 de julio de 2014

El invento

Un día te acuestas vivo y te levantas muerto.

miércoles, 2 de julio de 2014

Diagnóstico

El día 4 de agosto de 1990, en la ciudad de París, la Ciudad Luz, Astor Piazzolla sufrió una trombosis cerebral. Su estado era crítico.

El astro rey del bandoneón -ese instrumento creado por el mismísimo Demonio, de digitación imposible, que sabe a sueños incumplidos, a abrazos de esquina, a manos desesperadas en el cristal- no era un hombre mayor. Ni siquiera había cumplido 70 años. Pero bien vividos, con toda la polenta. Con intensidad máxima.

Los médicos franceses, racionalistas, cartesianos, prácticamente lo deshauciaron. "Una semana, dos a lo sumo...", fue su sentencia.

Yo quiero morir conmigo,
sin confesión y sin Dios.
Acurrucao en mis penas,
como abrazao a un rencor.

Nada le debo a la vida,
nada le debo al amor.
Aquella me dio amargura
y el amor... una traición.

Educadamente, Astor los mandó a la mierda y no se sabe bien cómo, se trasladó a Buenos Aires.

En la Reina del Plata, Astor Piazzolla, un antes y un después en la historia del tango, uno de los escasísimos ejemplos de músico popular cuya obra resulta tan impactante que el acartonado, elitista, frío y despreciativo mundo de la denominada "música clásica" (Gershwin o Duke Ellington serían otros ejemplos) le abre las puertas de par en par -raro es el día que alguna de sus obras no se interpreta en salas de conciertos del mundo entero-, logra vivir dos años más. Andá al médico, andá.

Murió el 4 de julio de 1992.

Su música me parte el alma.

martes, 1 de julio de 2014

Argentina a cuartos


Un partido terrible que se resuelve en los últimos cinco minutos. ¡Bien, pibes, bien! Todo colapsado. Imposible ver nada por la red. Escuchando Radio Mitre a 100.000 kilómetros de casa y de mi gente. Me cagué de risa.

Gloria y loor. Vamos Argentina nomás.

Di María sos Gardel. El palo de Dios. Bergoglio. Emoción pura, viejo.

Messi desaparecido en combate y se saca esa jugada a último momento. Porque así es la vida, hasta que el referee no pita el final todo es posible. Todo. Hasta ser feliz es posible.

Por una cabeza, loco, por una cabeza.

ARGENTINA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

lunes, 30 de junio de 2014

Nuevo teclado para periodistas imparciales


El fiscal de Zalamea


A Katiana Vicens, secretaria general de CC OO en Baleares, el fiscal le pide cuatro años y medio de cárcel. Durante la huelga general del 29 de marzo de 2012 subió a un autobús urbano, según consta en el escrito de acusación, “con ánimo de menoscabar la propiedad ajena y de sumar a la huelga al trabajador que cumplía los servicios mínimos”. Ella admite que entró en el autobús, acompañada de un policía: “Para informar”. Pero niega que el incidente acabara con una luna del autocar rota. El fiscal, a raíz de la denuncia del conductor del vehículo, asegura que Vicens increpó al empleado diciéndole “deja de trabajar”, “esquirol”, al tiempo que arrancaba el cartel de servicios mínimos y golpeaba “la luna delantera hasta fracturarla”. El ministerio público le reclama además una multa de 24 meses a razón de 18 euros al día (unos 13.000 euros) y 1.979 euros por la luna rota.

“No tengo intención de llegar a un acuerdo. No he hecho nada. Y si tengo que acabar en prisión, lo haré”, explica al otro lado del teléfono Vicens. Dice que está tranquila y defiende que su causa, como otras 81 abiertas en toda España contra 260 afiliados a Comisiones o UGT, responden a la intención del Gobierno de criminalizar la huelga. La fiscalía pide cárcel para otros once afiliados a CGT y para otros tantos del sindicato gallego CIG. Además, se han dictado condenas de más de dos años de prisión a personas que no están vinculadas con ninguna central. De forma agregada, según los cálculos de los sindicatos, los fiscales piden 120 años. Y la cifra puede subir cuando se concreten acusaciones pendientes.

Ni Tamara Vidal ni Ana Outerelo pertenecen a ningún sindicato. Se sumaron a una movilización sectorial convocada a principios de 2010 para que los trabajadores de las piscinas públicas de varias ciudades gallegas tuviesen un convenio colectivo común. Fue un conflicto laboral breve, que se resolvió en apenas dos meses, pero que a estas dos profesoras de gimnasia les ha arruinado como mínimo cuatro años de su vida. El ocho de febrero de ese año formaron parte de un grupo de unas 50 personas que, saltándose la oposición del gerente a empujones, entró en uno de los complejos afectados en Pontevedra al grito de “esquiroles”. Los manifestantes arrojaron pintura de color rojo y jabón líquido al agua de las piscinas y a las gradas. El gerente denunció los hechos y solo tres personas del grupo fueron identificadas. Tamara, porque había trabajado allí y la conocían; Ana, porque reconoció que había estado con sus compañeros y una tercera afectada, que alegó que había llegado tarde y evitó el castigo.

La sentencia no consideró siquiera probado que fuesen ellas las que efectivamente dieron el empellón —el afectado culpó a un hombre— o vertieron los botes. Pero como estaban en el grupo, y la juez entendió que se produjo coacción, les cayeron seis meses de cárcel. Tras su apelación, la Audiencia Provincial de Pontevedra elevó posteriormente la pena por el mismo delito imputado a tres años y un día de prisión alegando que la magistrada de Vigo se había equivocado.

La sentencia, que ya es firme, se dictó hace dos meses y desde entonces las movilizaciones en apoyo a las dos mujeres no han cesado. Decenas de miles de firmas de los vecinos, manifestaciones periódicas, mociones unánimes clamando por el indulto tanto en el pleno municipal como en el Parlamento gallego y finalmente la aquiescencia de la fiscalía, que ahora también recomienda el perdón. De momento están a la espera de lo que suceda con su petición de indulto.

Desde el ámbito judicial se lamenta la severidad del artículo 315.3 del Código Penal, que marca un castigo de hasta tres años de prisión para quien, “actuando en grupo, o individualmente, pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga”. Desde la Fiscalía General del Estado no se ha dado, según fuentes consultadas, ninguna instrucción particular para seguir al dedillo el Código Penal en estos casos. “Somos conscientes de que hay una alarma social, pero es un problema de la legislación”, razona desde la Unión Progresista de Fiscales Álvaro Ortiz. “En absoluto es una acción coordinada de los fiscales, los procedimientos distan varios años unos de otros”, añade, y recuerda que en el pasado se han dado casos. Pero la repentina severidad con que fiscales de todo el país están actuando escama en las organizaciones sindicales.
Más de 260 acusados

UGT y CCOO han contabilizado la apertura de 81 procedimientos penales y administrativos en toda España que afectan a 260 afiliados.

Once miembros de CGT en Cataluña, Cuenca, Madrid, Castellón y La Rioja se enfrentan a prisión por participar en protestas.

En Galicia cuatro condenados a penas de cárcel, dos de ellos a tres años, son del sindicato CIG.

En Granada y Vigo han condenado a penas de tres años de prisión a cuatro a personas no vinculadas a ningún sindicato.

El supuesto penal más utilizado por la fiscalía es el artículo 315 del Código Penal contra los derechos de los trabajadores pensado curiosamente para quien limite el derecho de huelga.

Cándido Méndez, secretario general de UGT, denuncia que el Ministerio Público pide 120 años de cárcel en 13 de las 17 comunidades autónomas. “Durante 35 años se ha producido una interpretación constitucional correcta del derecho de huelga y ahora hay un desequilibrio a favor del Código Penal y en perjuicio de los trabajadores”, asegura. Para Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC OO, se trata de un ataque “sin precedentes” a este derecho fundamental. Una forma de “ejemplarizar, de meter miedo, de desanimar”, añade, que se traduce en “actuaciones que buscan cambiar el derecho de huelga de facto”.

El artículo 315 del código penal al que se están agarrando las acusaciones está pensado para castigar a quien “impidiere o limitare el ejercicio de la libertad sindical o el derecho de huelga”, por eso Toxo destaca lo para él es sarcástico: “El derecho al trabajo se vulnera a diario en este país y no precisamente por sindicalistas”.

CC OO y UGT han lanzado una ofensiva en la calle y en los despachos. El martes hay una concentración en Madrid, que se repetirá por toda España el 9 de julio. Ya han pedido una entrevista con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para abordar los casos. También han enviado una carta a la fiscalía denunciando las actuaciones penales. Por ahora no tienen respuesta.

Por vulnerar el derecho al trabajo quieren castigar a Rubén Ranz, de 39 años, y a José Manuel N., que formaban parte de un numeroso piquete que participó en la huelga general del 29 de marzo de 2012. Ambos son afiliados y cargos orgánicos de UGT y habían acudido a las doce de la noche a Mercamadrid. Sobre las cuatro de la madrugada volvieron a la sede del sindicato para comer algo y organizar un piquete que actuaría por el centro de Madrid. “Llegamos hasta la Gran Vía, por la zona de los hoteles de cinco estrellas, con la intención de hacer ruido. No queríamos que los especuladores y los banqueros, culpables de la crisis, durmieran esa noche tranquilos”. Pero cerca del Hotel Ritz la cosa se complicó. Uno de sus compañeros dejó pasquines en la puerta de un bar y se generó una bronca. “Detrás teníamos dos lecheras de antidisturbios. Comenzó una carga policial que pilló de lleno a su compañero José Manuel. “Les dije: ‘cómo os vais a llevar al mayor [porque tiene más de 60 años]’ y empezaron conmigo, soltando palos en mi espalda. Como no me dejé caer me dieron más golpes que sonaban como huecos”. Horas después estaban en el calabozo de la comisaría de Moratalaz.

En la celda coincidieron con otros detenidos, como el actor Willy Toledo. Ahora esperan juicio: el fiscal pide siete años de prisión para cada uno por vulnerar el derecho de los trabajadores, lesiones y atentado a la autoridad. “El fiscal, que solicitó prisión provisional porque dijo que yo podría fugarme, ni me miró a la cara cuando solicitó al juez esa barbaridad”. Rubén contrapone a su caso al de los dueños de una panadería en Valencia, que abandonaron a un inmigrante sin contrato a 200 metros del hospital después de que una máquina le cortase un brazo. Los han sentenciado a 11 meses y 29 días.

El abogado de UGT que lleva el caso de Rubén Ranz, Bernardo García, admite que en su trayectoria profesional de varias décadas nunca había visto una actuación tan desmesurada de la fiscalía. “El fenómeno tiene un sesgo claramente criminalizador”, reflexiona.

Otros ocho trabajadores de Airbus en Madrid se enfrentan a 64 años de cárcel por unos hechos parecidos. Uno de ellos, José Alcázar, tiene 63 años y está prejubilado. En septiembre de 2010 participó en la huelga contra la reforma laboral del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: “Los ocho estábamos en una de las puertas de entrada a la fábrica. En cuanto llegamos me identifiqué ante los antidisturbios como máximo responsable del comité”. Eran las seis de la mañana. “Me sorprendió la cantidad de policía que había. Los vi bastante nerviosos, no me gustó. En un momento dado aquello se desmadró porque un trabajador quiso entrar en la planta. Cargaron contra nosotros, éramos como unas 400 personas, cargaron contra todos”.

La cosa se lio y un policía sacó su arma. “Dio siete disparos al aire. Traté de impedir que la cosa fuera a más, intenté que se calmaran. Reclamé la presencia de alguien de Airbus”, relata Alcázar. Cree que su actitud de identificarse desde el principio es muy significativa: “Si te identificas no lo haces para montar bronca”. Al día siguiente recibió una llamada de su mujer. La policía había ido a buscarlo a casa. “Fui acompañado por otros dos compañeros a los juzgados. Nos metieron a los tres en el calabozo”. El juez finalmente imputó a los ocho que esa madrugada habían pasado por la enfermería de la empresa. “Qué casualidad, los ocho estábamos en la lista de las últimas elecciones sindicales [siete de CC OO y uno de UGT]”. En abril de 2012, dos años después, se celebró una rueda de reconocimiento. Tuvieron que pasar otros dos años hasta que, el pasado febrero recibieron el escrito de acusación: el fiscal solicita 8 años y tres meses para cada uno. “Los peligrosos somos nosotros, los sindicalistas”, ironiza Alcázar. La multa, de 31.700 euros, la pagaron al día siguiente bajo la amenaza de embargo. Su abogado está intentando conseguir la anulación por defectos de forma. “No se conocía un caso así desde el franquismo. Tú te acuestas y te preguntas... ¿y si me pasa algo? Si la sociedad permite eso ya no sé... si nosotros hubiésemos cometido un atropello enorme... pero no, hice lo que debía y volvería a hacerlo, era mi obligación”. El juicio tardará otros dos años. “¿Cárcel? No quiero ni pensar en eso”.

Quien sí está a punto de ingresar en prisión son Carlos Cano y Carmen Bajo, condenados a tres años por su actuación como piquetes del 15-M durante la huelga general de marzo de 2012. La pena, dictada en mayo de 2013 por el juzgado de lo Penal 1 de Granada ha sido ratificada por la Audiencia Provincial, por lo que ya se ha ordenado su ejecución.

Acusados de amenazas, pintadas y destrozos, ambos fueron identificados en un piquete estaba compuesto por unas 40 personas más. El grupo jurídico que les presta apoyo ha presentado un incidente de nulidad de las actuaciones, aunque no descartan solicitar el indulto como último recurso. De momento, Carmen Bajo, en paro, ha conseguido aplazar su ingreso en prisión un mes más. Carlos, estudiante de medicina, no.

viernes, 27 de junio de 2014

El Hierro

Por fin una noticia interesante en este páramo de fastos de Simba y su extraña familia, aderezado de pelotas repulsivos hasta la náusea. Por cierto, qué bien habla el rey catalán. Incluso parece más lanzado que en castellano. Es que esto de quitarle la última vocal a las palabras es un sudoku de cuidado. Antialzheimer. Porque hablar catalán es otra cosa. Sobre todo tierra adentro.

Enternece este esfuerzo real por lograr que la amante se quede en casa. Si te quedas todo será como antes, amor mío (¿antes, cuándo? ¿La Corona de Aragón? ¿Jaume el Conqueridor? ¿Companys? ¿Serrat podrá cantar el La, La, La en catalán?). El amor es cosa de dos, majestad. Si uno no quiere, no hay nada que hacer. Es una dura lección, pero tenéis edad suficiente para conocer estas realidades y otras tantas como el número de niños de este reino de nunca jamás que viven por debajo del umbral de la pobreza. Ahí te quiero ver.

Este país de Dios en el que los eurodiputados de Izquierda Unida tienen planes de pensiones gestionados por SICAVs. Otro que no sabía nada... Patético.

¿Y de euskara cómo andamos, su serenísima? Por aquello del agravio comparativo.

Al lío. Lo que quería destacar es que hoy se inaugura un proyecto magnífico en la isla de El Hierro, habitada por las gentes más amables y dulces que he conocido en Europa. Claro que los "Señor Burns" de turno nos convencerán de que esto solo funciona a microescala y de que tenemos que seguir pagando burradas por la energía. Hay una cuenta de gastos e indemnizaciones millonarias que mantener.

Es maravilloso cómo aceptamos nuestra condición natural de esclavos y parias. Si alguien nos dice que la energía cuesta X y el petróleo Y, pues nada. Será así. A pagar. Los mismos individuos que vendían los pisos a 400.000 hoy dicen que valen 200.000. Es obvio que son ellos quienes recompran abajo y los sueltan arriba. Lo mismo pasa con el resto de las cosas.

El proyecto de El Hierro tiene que ver con la autogestión y la independencia energética. Además, por si fuera poco, se genera energía sin contaminar ni correr riesgos como el Prestige o Fukushima.

Utilizando un mix inteligente entre eólica e hidroeléctrica, El Hierro pone una pica en Flandes. Para reflexionar. Dinamarca lleva la delantera. Si se quiere se puede.

El Hierro se independiza del petróleo

publicado en El País por Elena G. Sevillano

El futuro de independencia energética que la isla canaria de El Hierro llevaba esperando más de tres décadas ya está aquí. Hoy se inaugura la central hidroeólica que permitirá a sus alrededor de 10.000 habitantes autoabastecerse con energías renovables. Se convierte así, aseguran sus responsables, en la primera isla que pasa a depender casi en exclusiva de sus propios recursos naturales: el viento y el agua. Adiós a los dos millones de euros que costaba al año alimentar con fuel la central térmica de Llanos Blancos. A partir de ahora, sus motores diésel solo se pondrán en marcha en casos excepcionales, de emergencia, cuando no haya ni viento ni agua para producir toda la energía que demande la población.

El diseño de la nueva central aprovecha las particulares características de El Hierro: una isla relativamente poco poblada, con vientos constantes del Atlántico y mucho desnivel. Y lo hace combinando dos fuentes de energía renovables. La energía primaria procede de un pequeño parque eólico de cinco aerogeneradores. Cuando no hay demanda para consumir toda la electricidad que producen en el momento --de noche, por ejemplo--, el excedente de energía se destina a bombear agua desde un depósito situado casi a nivel del mar a otra balsa que aprovecha un cráter natural 700 metros más arriba. En periodos de escasez de viento, el agua se deja caer y una central de turbinado genera la electricidad.

La central, que ha costado 82 millones de euros, informa EFE, está promovida por Gorona del Viento El Hierro, S. A., empresa participada por el Cabildo de El Hierro en un 60%, Endesa con un 30% y el Instituto Tecnológico de Canarias con un 10%. Endesa también es la propietaria de la central térmica. Según explica la promotora, el nuevo sistema evitará el consumo anual de 6.000 toneladas de diésel (equivalentes a 40.000 barriles de petróleo que llegan en barco a la isla) y supondrá un ahorro de más de 1,8 millones de euros anuales. Además, se evitará la emisión a la atmósfera de 18.700 toneladas al año de CO2, añade.

El sistema, que empezó a idearse en los años 80 en la compañía eléctrica Unelco, consiste por tanto en dos depósitos de agua (el superior, con capacidad para 380.000 metros cúbicos; el inferior de 150.000) conectados por dos tuberías de tres kilómetros y entre los que se produce un salto de agua de 700 metros; un parque eólico; una central hidroeléctrica; una central de bombeo y la actual de motores diésel. El proyecto ha llamado la atención de muchas publicaciones internacionales y se ha usado como ejemplo en foros sobre sostenibilidad. "Cabe tener en cuenta que 17 millones de europeos y 600 millones de personas en todo el mundo viven en islas y todos tendrán un referente en El Hierro de lo que debe ser el futuro energético", asegura la empresa responsable de la central en una nota.

El Gobierno indultó a la central hidroeólica de El Hierro en la moratoria a las renovables en enero de 2013. Creó para ella un régimen específico y fijó una rentabilidad del 8%, una retribución muy por encima del coste de la eólica tradicional. Generar con esta planta sería un 23% más barato que con el sistema actual, consumiendo fuel, se calculaba entonces. El Gobierno, a través del Ministerio de Industria, aportó 35 millones de euros en subvenciones.

El loco

El amor funciona como Don Quijote. Cuando recupera la razón está a punto de morir.

jueves, 26 de junio de 2014

Del rey abajo ninguno

Con fiscales como el Sr. Pedro Horrach los abogados defensores simplemente sobran.

Desde un punto de vista teológico, ¿qué opinión tendrá Dios de los pelotas y los genuflexos?

Solución: en la otra vida.

viernes, 20 de junio de 2014

Las pruebas de Hércules

Don Felipe se las prometía muy felices, pero para ser proclamado rey de verdad ha de pasar algunas pruebas. Suerte y al lobo, majestad!

Felipe VI podrá ser proclamado Rey tras sobrevivir a solas en el bosque y volver con la cabeza de un gran lobo 

 

jueves, 19 de junio de 2014

¡Uruguay, nomás!


¡Qué partido más fabuloso! Uruguay vuelve a repetir un resultado histórico. Otra vez un 2 a 1 en Brasil y nada menos que a Inglaterra. Resuenan los ecos de la gesta de 1950.

Luis Suárez ha metido dos goles como dos soles. De los más bonitos que he visto en mucho tiempo.

Había que ver a los pibes abrazándose. Llevo tanto tiempo viviendo en planetas hostiles, donde no hay oxígeno y el sol es una bola pálida del tamaño de una nuez, que ya me he olvidado de lo que es la emoción. Sí, es eso que te pasa cuando oís un tango. Claro que conozco piedras bípedas incapaces de conmoverse. Tierra que anda. Sin mezcla. ¿Para qué carajo viven?

El viejo Manuel Picón, que jugaba al fútbol como un crack, estará viendo este partido. Seguro. Qué tipo tan magnífico y lleno de talento. Un tipo macanudo.

Qué gente maravillosa produce Uruguay. Tangueros como Julio Sosa, escritores de talla mundial, músicos como Drexler y Manuel Picón, futbolistas de élite. Sin estridencias, sin histerias, sin egos inconmensurables.

Pero Uruguay es equipo. Desde Muslera hasta Luisito Suárez, que tiene el nombre de otro genio español.

¡Viva Uruguay! ¡Viva Artigas! ¡Vivan los pueblos inteligentes que no tienen bufón ni amo!

Mañana me morfo un asado completo con Juancito a la salud de Uruguay y nos bajamos 3 litros de tinto. ¡Gracias, pibes! Los llevo en el cuore.


Por la Gracia de Dios

 Las primeras medidas del nuevo monarca han causado conmoción.

"Yo, Felipe VI, el discreto, mando que a partir de hoy que nadie vuelva a pasar hambre ni se eche a nadie de su casa, que nadie acumule patrimonios escandalosos mientras otros compatriotas viven en la pobreza, que nadie sea desdichado para que todo el mundo pueda ser feliz, que los servidores del Estado sean limpios y puros de corazón, que los hombres y mujeres del Reino tengan las mismas oportunidades, que nadie sea abandonado a su suerte, que no haya miedo ni rencores. Que la tierra de nuestro Reino sea tierra de acogida para sanar las heridas del mundo. Que no haya muerte, odio ni desprecio. Que nadie sea más que nadie, si no hace más y mejor por los demás (eso de verdad que lo he dicho. No es mío, sino de Cervantes y lo cumpliré o moriré en el empeño). Que todos podamos vivir en paz".

"Y para que así ocurra, pongo mi sello real y mi firma, YO, EL REY. A Dios pongo por testigo que he de ir a las Cruzadas como Ricardo Corazón de León, pero no serán los sarracenos mis enemigos, sino los Jinetes del Apocalipsis que traen la desgracia y la oscuridad al mundo.

Y he de jugarme la vida para que mi pueblo y, por extensión, todos los pueblos del mundo sean felices y dichosos. Dormiré apoyado en mi lanza si es preciso, no comeré hasta que haya comido el último de mis hombres y marcharé a la cabeza de las tropas, corriendo la misma suerte.

Los jardines de palacio estarán abiertos para acoger a los niños que arriesgan sus vidas cruzando el Estrecho de la Muerte.

Si alguien de mi familia mete la mano en la lata, será desterrado al Este del Edén.

La Reina y Leonor están totalmente de acuerdo. Sabido es que la mujer es muy superior al hombre en todo aquello que realmente tiene importancia".

Me he quedado atónito leyendo estas palabras. ¡Viva el Rey! ¡Viva la Monarquía! Ahora sí, claro. Un superhéroe digno de MARVEL que vivirá 24 horas del día sacrificándose por todos nosotros. ¡Qué más se puede pedir! ¡El Santo de la Espada! ¡Un Libertador!

Estoy valorando seriamente ingresar en alguna agrupación monárquica. Voy a esperar un tiempo prudencial para ver si todo esto que ordena el Rey se convierte en Realidad. Unos cincuenta años o así.

Sobradamente preparado


Nihil Obstat - Con Garantía Real