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viernes, 13 de septiembre de 2019

Café Berlín

Un momento del concierto del miércoles en el Café Berlín. Una sala llena de duende. Una noche estupenda, con amigos maravillosos dentro y fuera del escenario. Sin final. Mi guitarra me acompañó de regreso a casa.

Septiembre es un mes de estación de tren. Manuel se marchó un 16. Pronto cumpliré el número de su último aniversario. Sé que cuando canto tangos él monta en bicicleta, cierra los ojos y pedalea. Y las calles son solo nubes.

Juan y yo fuimos ayer a El Escorial a visitar a Angelina, a la que ambos amamos con intensidad. Nos despedimos con el abrazo de siempre. Descubro que mi vida está hecha de aeropuertos.

miércoles, 6 de junio de 2018

Vendrán suaves lluvias

A medida que los años se van uno se levanta más temprano, recorre la casa en silencio, echa de menos el viento.

Al concierto del día 30, en el que Mauricio Vuoto al piano y el que suscribe cantando (juntos somos Profesor Neurus) tejimos tango para que los habituales de La Romántica -la elegante milonga de la exquisita Carmen de la Rosa- bailasen a compás, acudió gente muy querida. Otros no pudieron venir: las milongas tienen horarios algo "incompatibles" con una vida normal.

Dos presencias me emocionaron especialmente: Doña Angelina, apasionada, progenitora de mi amigo Juan Enís, compañero de farras que recala en Miami, y el impecable coronel De la Pascua, del Quinto de Lanceros de Su Majestad. Ambos alcanzaron a vivir en primera persona un mundo en el que el tango estaba vivo y brillaba con luz propia. Verlos con los ojos encendidos y llenos de entusiasmo fue algo inenarrable para este humilde cantor. Me sentí por momentos protagonista de un cuento de Borges, de Cortázar, buscando un amor perdido entre el humo y la penumbra de la milonga. El camino de vuelta a casa, de improbable urdimbre.

Arrancamos con una versión muy nuestra de Volver, sotto voce. Y comenzó el baile. Una tanda troileana, en homenaje a El Gordo, Aníbal Troilo, grande entre los grandes (esa iba por vos, Joseba). Después, cuatro de  Caló, pa que ustedes lo bailen, con el eje de la dupla inmortal Caló-Berón y terminamos con tangos de Mariano Mores y Pascual Contursi. Los milongueros dibujando como locos, pasajeros de una nave de solo ida, mantos de olvido para no pensar más en vos.

La materia que conforma los sueños.

A los bises se unió José Luis Yanguas, milonguero de toda la vida. José Luis resultó ser pariente de mi amigo Rodrigo Muñoz Avia, excelente escritor y, a la sazón, participante en la ceremonia. Momento especialmente alegre. El tango era una fiesta. En tiempos, la mitad de los habitantes de Buenos Aires salía a milonguear. Mientras se baila abrazado a un amor que no será la arena deja de caer, en esos tres minutos todo puede ser. Hasta lo nuestro, linda.

Y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé,
ni te acuerdas de mí.

Mi compañero, Mauricio Vuoto, apasionado rosarino canalla, un capo absoluto del piano de tango, estuvo particularmente brillante esa noche. Es un privilegio ponerle voz a esas teclas y a esos arreglos tuyos, che pibe. Compendio de sabiduría tanguera.

Y vinieron compañeros de los quince años. Un nudo en la garganta verlos juntos. Raúl, Fernando, Carmen, Fausto, Humberto. Sin palabras. Hace quince minutos...

Gracias con el cuore a todos.

Después se apagan las luces y hay que partir.

Sobre tus mesas
que nunca preguntan
lloré una tarde
el primer desengaño.

Nací a las penas,
bebí mis años
y me entregué
sin luchar.

Cuando canto tangos vuelvo a verlos a todos, a mi abuelo Lázaro, a mi tío Santiago, al poeta y cantor Manuel Picón. Al queridísimo Luis Luchi, cuyo cancionero de tangos es mi libro de cabecera. Desfilan entonces sonidos, voces, humo de asados, rumores de patios porteños. Desfilan entonces vidas que no viví. Pugliese, Goyeneche, El Zorzal, el corazón mirando al sur.

Siempre.

sábado, 23 de agosto de 2014

Tu risa

Olga Manzano y Manuel Picón. Con ellos velé mis primeras armas como músico. Fueron mi familia durante mucho tiempo. Manuel se fue un día de septiembre de 1994. Cada vez que me acuerdo de él se abre la tierra bajo mis pies. Es una de las mejores personas que he encontrado.

16 de noviembre de 1983. Mi 19 cumpleaños. Viajamos los tres juntos rumbo a La Coruña para dar un concierto en el Palacio de Deportes. Nos pasamos todo el viaje de ida y de vuelta hablando. No me hablaban como a un niño. Todo lo contrario. Explorando rincones umbríos, esquinas sin luz. Fue uno de los encuentros humanos más emocionantes que he vivido.

Estoy muy agradecido por haberlos conocido y haber tenido la oportunidad de compartir su arte, directo al corazón.

Echo mucho de menos a Manuel. Su calor, su sentido del humor, su infinita capacidad para hacer que los demás se sientan bien.

Un muchacho macanudo. Irrepetible.

jueves, 19 de junio de 2014

¡Uruguay, nomás!


¡Qué partido más fabuloso! Uruguay vuelve a repetir un resultado histórico. Otra vez un 2 a 1 en Brasil y nada menos que a Inglaterra. Resuenan los ecos de la gesta de 1950.

Luis Suárez ha metido dos goles como dos soles. De los más bonitos que he visto en mucho tiempo.

Había que ver a los pibes abrazándose. Llevo tanto tiempo viviendo en planetas hostiles, donde no hay oxígeno y el sol es una bola pálida del tamaño de una nuez, que ya me he olvidado de lo que es la emoción. Sí, es eso que te pasa cuando oís un tango. Claro que conozco piedras bípedas incapaces de conmoverse. Tierra que anda. Sin mezcla. ¿Para qué carajo viven?

El viejo Manuel Picón, que jugaba al fútbol como un crack, estará viendo este partido. Seguro. Qué tipo tan magnífico y lleno de talento. Un tipo macanudo.

Qué gente maravillosa produce Uruguay. Tangueros como Julio Sosa, escritores de talla mundial, músicos como Drexler y Manuel Picón, futbolistas de élite. Sin estridencias, sin histerias, sin egos inconmensurables.

Pero Uruguay es equipo. Desde Muslera hasta Luisito Suárez, que tiene el nombre de otro genio español.

¡Viva Uruguay! ¡Viva Artigas! ¡Vivan los pueblos inteligentes que no tienen bufón ni amo!

Mañana me morfo un asado completo con Juancito a la salud de Uruguay y nos bajamos 3 litros de tinto. ¡Gracias, pibes! Los llevo en el cuore.


jueves, 2 de febrero de 2012

Por los médanos blancos (de Manuel Picón)

Madre, por los médanos blancos,
viene bajando un carro de mimbre.

Madre, por los médanos blancos,
han remontado tres barriletes.

Madre, por los médanos blancos,
viene descalzo ese Dios Verde.

Madre, por los médanos blancos,
sin decir nada, se fue mi padre.

Madre, madre, ¡me he vuelto viejo!

jueves, 14 de octubre de 2010

Día glorioso

Para estar a mediados de octubre hace un día glorioso. Temperatura óptima (para mí, al menos, que tengo genes siberianos). Madrid, rompeolas de todas las Españas -otros ejercen de rompebolas-, Retiro, busco un callejón donde había una tienda de carbones, me llamó la atención cuando llegué de Buenos Aires, como tantas otras cosas, hace mil años que no hay tiendas de carbón, cerca de la Torre de Valencia, bajo abajo -expresión española donde las haya, ¿adónde voy a bajar? ¿arriba?-, Vihuela no existe, allí tocaban Olga y Manuel Picón, yo era un pibe y soñaba viéndolos en el escenario, hace quince años que murió Manuel, un día alguno de mis hijos recordará que hace quince años que me he muerto, pasa el ángel exterminador, mañana voy al dentista, siento algo raro, una paloma hijadesumadre acaba de cagar a escasos veinte centímetros de donde estoy, por dónde iba, ah sí, el dentista, el efecto del tiempo, ese grandísimo cobarde que te mata huyendo y se queda con tus dientes, tu pelo, tus ojos, la piel que solía haber donde habrá arrugas, a saber para qué los quiere. Gustav Mahler, el divino Gustav. Camino entre minitas de dieciséis años que me ignoran como si fuera un ectoplasma. Muerte en Venecia. Tadzio. Sí. Así que pasen treinta años. Destino: Argentina. La semana que viene Tip y Coll hablarán del gobierno. Seguro. Nunca volveremos a casa. Juego con mi hermano a las maquinitas en Picos de Europa. Juan Bautista de Toledo. Madrid 1978.

Las palomas están furiosas. Se ve que cenaron en McDonalds.