Zucchero. Un genio. Davvero!
miércoles, 23 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
Identidad
Mi abuela me llamaba "Martencito". Mi abuelo, "Arelito". Hoy me desperté oyendo esas dos palabras, como si mis abuelos me las susurraran al oído.
Qué gente maravillosa eran mis abuelos. Currantes, sencillos, cariñosos. La mejor gente que uno pueda desear en la vida.
Después he conocido cada "pescao". La gente tiene un miedo atroz a la soledad y no se da cuenta de que, en términos generales, Sartre tenía razón. Sobre todo en esta época en que conocer gente es tan fácil. La facilidad siempre es enemiga de la profundidad. Si la cosa es fácil hay que sospechar que aquí hay gato encerrado. Si es excesivamente fácil, el gato es mastodóntico y te engullirá.
¿El infierno? ¿Qué es el infierno me pregunta usted? L'enfer, c'est les Autres !
Bueno. La verdad es que Sartre era un viejo choto. Todo el día escribiendo al lado de Simone de Beauvoir. Qué querés...
La Beauvoir, todo cariño y amor, se encargó de retratar su decadencia con precisión forense -bien, bien francesa- en "La ceremonia del adiós". Au revoir, chéri ! Leerlo es vomitivo.
Hay un tiempo para todo. Para compartir, para estar solo. Mucha gente se desespera ante la soledad y, bien encarada, disfrutando de tu trabajo y oyendo buena música, puede llegar a ser una bendición.
El problema básico no es tanto qué tiene uno. Un amor o decenas (vamos todavía, viejo lobo de mar!). El problema es qué hace uno con lo que tiene. Una relación amorosa puede llegar a convertirse en una tumba de cemento fresco. La idea del sacrificio está desterrada de la vida actual y, créame, sin sentido del sacrificio una relación sentimental está condenada al desastre. Después el papeleo, me llevo mis cosas. Siendo tío hay una ley no escrita por la que si la cosa va mal te tienes que ir tú, no ella.
Me alquilo un trastero. Me hago amigo del tipo del trastero. Me quedo a vivir en el puto trastero. Qué chupi. Me apetece tanto como pegarme un tiro en el pie.
¿El infierno....? ¿Pregunta usted por el infierno...?
Qué gente maravillosa eran mis abuelos. Currantes, sencillos, cariñosos. La mejor gente que uno pueda desear en la vida.
Después he conocido cada "pescao". La gente tiene un miedo atroz a la soledad y no se da cuenta de que, en términos generales, Sartre tenía razón. Sobre todo en esta época en que conocer gente es tan fácil. La facilidad siempre es enemiga de la profundidad. Si la cosa es fácil hay que sospechar que aquí hay gato encerrado. Si es excesivamente fácil, el gato es mastodóntico y te engullirá.
¿El infierno? ¿Qué es el infierno me pregunta usted? L'enfer, c'est les Autres !
Bueno. La verdad es que Sartre era un viejo choto. Todo el día escribiendo al lado de Simone de Beauvoir. Qué querés...
La Beauvoir, todo cariño y amor, se encargó de retratar su decadencia con precisión forense -bien, bien francesa- en "La ceremonia del adiós". Au revoir, chéri ! Leerlo es vomitivo.
Hay un tiempo para todo. Para compartir, para estar solo. Mucha gente se desespera ante la soledad y, bien encarada, disfrutando de tu trabajo y oyendo buena música, puede llegar a ser una bendición.
El problema básico no es tanto qué tiene uno. Un amor o decenas (vamos todavía, viejo lobo de mar!). El problema es qué hace uno con lo que tiene. Una relación amorosa puede llegar a convertirse en una tumba de cemento fresco. La idea del sacrificio está desterrada de la vida actual y, créame, sin sentido del sacrificio una relación sentimental está condenada al desastre. Después el papeleo, me llevo mis cosas. Siendo tío hay una ley no escrita por la que si la cosa va mal te tienes que ir tú, no ella.
Me alquilo un trastero. Me hago amigo del tipo del trastero. Me quedo a vivir en el puto trastero. Qué chupi. Me apetece tanto como pegarme un tiro en el pie.
¿El infierno....? ¿Pregunta usted por el infierno...?
domingo, 20 de agosto de 2017
Terror
Occidente no sabe cómo parar esto, entre otras cosas, porque nadie sabe cómo hacerlo.
Nuestras sociedades son abiertas, democráticas. Europa tiene un modelo de convivencia que no existe en otras partes del mundo. En nuestro territorio viven personas de credos religiosos muy diversos y a todo el mundo se le deja existir en paz. En otras naciones de la "Alianza de civilizaciones", las cosas son distintas. Los coptos de Egipto, una minoría numéricamente importante, experimentan a diario qué significa ser cristiano en el mundo musulmán.
El salvaje atentado de Barcelona es respondido con un minuto de silencio, un silencio de rabia, pero también de impotencia porque, aunque nos cueste admitirlo, no existe forma de ganar esta guerra.
Algunos pensarán que sí existe, pero eso exigiría renunciar a nuestras señas de identidad como europeos y regresar a tiempos oscuros.
El terror ha encontrado una forma de atentar prácticamente gratuita. Cualquiera puede llevar a cabo un acto terrorista que queda en la retina. Los soldados pueden ser menores de edad. Nuestro sistema jurídico ni siquiera está preparado para contemplar estas posibilidades: la realidad va por delante. Cualquiera y en cualquier momento. El terror perfecto.
Cuando ocurrió la matanza de Atocha, de la que me salvé por los pelos, el terrorismo yihadista acabó indirectamente con ETA. Era imposible superar aquello. Trece años después nuestro umbral de tolerancia al terror se ha vuelto más permisivo. Niza, Londres, París, Barcelona. La matanza de Atocha provocó la mayor manifestación de la historia de España. Hoy nos conformamos con un "tweet" y un crespón negro digital. ¿Qué nos hará reaccionar nuevamente? ¿Un artefacto nuclear? ¿Una crisis bacteriológica? ¿Los muertos han de contarse por millares o centenares de millares?
Por cada atentado que efectivamente ocurre hay otros muchos que se evitan antes de que sucedan. Nuestras fuerzas de seguridad y nuestros servicios de inteligencia trabajan incansablemente, pero no pueden llegar a todo, porque llegar a todo supondría poner cámaras y micrófonos en cada casa, instaurar un régimen de orden y mano dura.
El propio atentado de las Ramblas de Barcelona y Cambrils fue fruto de la improvisación. La suerte jugó a favor esta vez y las bombonas que preparaban en Tarragona estallaron antes de tiempo.
Se están dando las condiciones perfectas para un gobierno estilo Le Pen y los terroristas lo saben. Saben que cuanto peor, mejor. Saben que pueden cambiar gobiernos e influir decisivamente en la voluntad popular, como sucedió en 2004 tras la matanza de Atocha.
Históricamente, el pueblo alemán ha sido un pueblo culto que ha dado a la humanidad frutos de altura inigualable en todos los campos. Pensamiento, literatura, ciencia, medicina, música, tecnología. La lista de nombres de primera fila es prácticamente infinita.
¿Cuál es la gota que colma el vaso? ¿Qué hace que una sociedad culta y avanzada se transforme en una bestia sedienta de sangre y busque a "otro" para hacerle pagar todas sus desgracias? ¿Cómo un país como Alemania llegó a enviar al combate a niños de 12 años enrolados en la Hitlerjugend? Niños que hicieron pagar un precio altísimo a las tropas soviéticas que tomaron Berlín, porque luchaban de manera despiadada.
Lo que ocurrió durante los años de la Alemania nazi -solo fueron doce años y medio. Felipe González gobernó durante más tiempo- no puede excusarse de manera alguna, pero sí puede intentarse conocer el proceso que desembocó en aquel aquelarre. Aquella orgía de sangre en la que un humilde cabo que ni siquiera había nacido en Alemania dirigió el país con mano de hierro y lo convirtió en una ópera de Wagner.
¿Se puede tratar como basura a un pueblo orgulloso de manera indefinida y no esperar reacción alguna?
Inglaterra, no Alemania, incluye en su escudo la divisa NEMO ME IMPUNE LACESSIT. Es el león británico quien clama NADIE ME HIERE IMPUNEMENTE. Y así ha actuado Inglaterra cada vez que alguien ha osado "importunarla". A zarpazo limpio.
Sin embargo, fueron las potencias centrales quienes perdieron la Primera Guerra Mundial. En el caso del Imperio Austrohúngaro, la derrota supuso su disolución. Es el mundo de ayer que tan magistralmente retrata Stefan Zweig en su obra.
Alemania siguió existiendo, pero en condiciones más que precarias. A la revolución espartaquista de comienzos del 19 y el consiguiente caos, siguieron las consecuencias del Tratado de Versalles. La deuda de guerra impuesta por las potencias vencedoras era virtualmente impagable y Alemania perdió todo su imperio colonial al tiempo que las partes productivas de su territorio, como es el caso de la cuenca del Ruhr o el Sarre, fueron ocupadas por tropas extranjeras para cobrar dichas deudas (que terminaron de pagarse en octubre de 2010).
Los años veinte fueron un desastre. Cuando las democracias son débiles los tiburones económicos se ceban con ellas. Todos los procesos hiperinflacionarios comparten características similares. Los tiburones actúan igual que lo hacen los fondos de inversión que apuestan en corto y solo sueltan la presa cuando esta ha muerto. Nadie está a salvo. Países, empresas, materias primas, divisas, lo que sea. El Banco Popular era el buque insignia del Opus Dei, la ultrísima-ultraderecha. No hay nada más a la derecha. Da igual, si los tiburones huelen la sangre irán a por el animal enfermo. Y no dejarán ni los huesos. "Son las leyes de la evolución, solo los más fuertes sobreviven", como gustaban recordar los propios nazis.
La República de Weimar apenas podía responder a la situación, no sabía qué hacer ni cómo manejar el caos.
La crisis del 29 fue la puntilla. Y el resto es historia. Nadie creyó que aquello fuera posible y, sin embargo, ocurrió. Apareció un partido fuerte, capitaneado por un iluminado. Las fronteras se cerraron, se saltó a la torera la imposición de Versalles de mantener un ejército testimonial y, lo más importante: se buscó un chivo expiatorio, alguien a quien culpar de todos los males que aquejaban a Alemania. Y funcionó. Vaya si funcionó. Porque incluso los alemanes más reticentes se dejaron arrastrar por la marea de entusiasmo nacional que invadió las calles del país desde enero de 1933. Uno a uno, Hitler recuperó todos los territorios continentales perdidos en 1918. El imperio de ultramar, convertido en un sueño continental, lo recuperaría mediante el concepto de Lebensraum. Puso la máquina de imprimir billetes al rojo vivo e ideó una política de obras públicas que mejoró las cifras de paro nacional. Volkswagen, Autobahnen, vacaciones en el Mediterráneo italiano. Ya en 1935 se aprobaron las leyes raciales de Nüremberg y no pasó nada. El odio funciona. El odio vende.
Solo tras la derrota de Stalingrado el pueblo alemán empezó a despertar del sueño. Desde el 30 de enero de 1933 hasta el 2 de febrero de 1943, silencio. Salvo claro está una minoría de alemanes disidentes que pagaron con sus vidas. Durante 10 años todo fueron victorias. Y a nadie le importó la situación de los que sufrían. Se repetía el esquema de las sociedades primitivas: se sacrifica a cuchillo a una serie de víctimas propiciatorias bien identificadas y los dioses "hacen llover". Ante situaciones desesperadas se requiere una solución mágica. Está inscrito en nuestro ADN. Nadie se sustrajo al influjo de aquella magia negra. No fue solo el Volk alemán. No. Fueron Martin Heidegger, Ernst Jünger, Carl Schmitt, Wilhem Furwängler o Herbert von Karajan. Los espíritus más exquisitos: nazis convencidos. Como la Wunderkind del régimen, Leni Riefenstahl.
El triunfo de la voluntad. Las ideas más locas de Nieztsche hechas realidad. A veces pasa desapercibido que desde enero de 1933 hasta el momento en que Alemania invade Polonia transcurren poco más de seis años y medio. Y el país pasa de ser un caos perfecto a convertirse en un puño de hierro que golpea inmisericorde, con uno de los ejércitos mas avanzados del mundo. El espíritu humano es así. En cortísimos plazos de tiempo puede avanzar lo indecible y el combustible preferido para esta clase de procesos es el odio, el deseo de aplastar a otros. La ciencia nunca avanzó tanto como en los años de la Segunda Guerra Mundial. En tiempos de paz se cría grasa. La máquina funciona perfectamente aceitada si está en guerra, si odia día y noche.
El esquema se repite con precisión matemática. Grecia es puesta de rodillas. Aparece Amanecer Dorado y logra una cuota de presencia nacional importante.
¿Cuál es el factor que lleva a un partido marginal con un ideario irracional y alimentado por el odio puro a convertirse en alternativa real de poder?
En mi opinión, se trata de una combinación de diversos factores pero hay un elemento fundamental que aparece siempre en todos los procesos de radicalización extrema: el miedo cerval, primario.
En los primeros discursos de Hitler, este hace gala de un desprecio absoluto por el sistema de partidos: los odia a todos por igual. Grita como un enegúmeno que ninguno ha sabido resolver los problemas del pueblo alemán. Y el auditorio aúlla enfervorecido. Promete acabar con todos ellos, sin excepción. Y eso mismo hizo.
Para intentar parar la amenaza terrorista, Europa debería renunciar a todo eso que la convierte en un lugar único, tolerante y de fronteras abiertas. Debería convertirse en un estado policial. Y retrocederíamos décadas.
Los signos externos están ahí. Brexit, Trump, Le Pen, Viktor Orban, Amanecer Dorado.
Los cisnes negros. Nadie cree que eso sea posible. Pero ocurre.
¿Cuántos minutos de silencio nos separan del monstruo? ¿Cuál es la siguiente jugada?
Nuestras sociedades son abiertas, democráticas. Europa tiene un modelo de convivencia que no existe en otras partes del mundo. En nuestro territorio viven personas de credos religiosos muy diversos y a todo el mundo se le deja existir en paz. En otras naciones de la "Alianza de civilizaciones", las cosas son distintas. Los coptos de Egipto, una minoría numéricamente importante, experimentan a diario qué significa ser cristiano en el mundo musulmán.
El salvaje atentado de Barcelona es respondido con un minuto de silencio, un silencio de rabia, pero también de impotencia porque, aunque nos cueste admitirlo, no existe forma de ganar esta guerra.
Algunos pensarán que sí existe, pero eso exigiría renunciar a nuestras señas de identidad como europeos y regresar a tiempos oscuros.
El terror ha encontrado una forma de atentar prácticamente gratuita. Cualquiera puede llevar a cabo un acto terrorista que queda en la retina. Los soldados pueden ser menores de edad. Nuestro sistema jurídico ni siquiera está preparado para contemplar estas posibilidades: la realidad va por delante. Cualquiera y en cualquier momento. El terror perfecto.
Cuando ocurrió la matanza de Atocha, de la que me salvé por los pelos, el terrorismo yihadista acabó indirectamente con ETA. Era imposible superar aquello. Trece años después nuestro umbral de tolerancia al terror se ha vuelto más permisivo. Niza, Londres, París, Barcelona. La matanza de Atocha provocó la mayor manifestación de la historia de España. Hoy nos conformamos con un "tweet" y un crespón negro digital. ¿Qué nos hará reaccionar nuevamente? ¿Un artefacto nuclear? ¿Una crisis bacteriológica? ¿Los muertos han de contarse por millares o centenares de millares?
Por cada atentado que efectivamente ocurre hay otros muchos que se evitan antes de que sucedan. Nuestras fuerzas de seguridad y nuestros servicios de inteligencia trabajan incansablemente, pero no pueden llegar a todo, porque llegar a todo supondría poner cámaras y micrófonos en cada casa, instaurar un régimen de orden y mano dura.
El propio atentado de las Ramblas de Barcelona y Cambrils fue fruto de la improvisación. La suerte jugó a favor esta vez y las bombonas que preparaban en Tarragona estallaron antes de tiempo.
Se están dando las condiciones perfectas para un gobierno estilo Le Pen y los terroristas lo saben. Saben que cuanto peor, mejor. Saben que pueden cambiar gobiernos e influir decisivamente en la voluntad popular, como sucedió en 2004 tras la matanza de Atocha.
Históricamente, el pueblo alemán ha sido un pueblo culto que ha dado a la humanidad frutos de altura inigualable en todos los campos. Pensamiento, literatura, ciencia, medicina, música, tecnología. La lista de nombres de primera fila es prácticamente infinita.
¿Cuál es la gota que colma el vaso? ¿Qué hace que una sociedad culta y avanzada se transforme en una bestia sedienta de sangre y busque a "otro" para hacerle pagar todas sus desgracias? ¿Cómo un país como Alemania llegó a enviar al combate a niños de 12 años enrolados en la Hitlerjugend? Niños que hicieron pagar un precio altísimo a las tropas soviéticas que tomaron Berlín, porque luchaban de manera despiadada.
Lo que ocurrió durante los años de la Alemania nazi -solo fueron doce años y medio. Felipe González gobernó durante más tiempo- no puede excusarse de manera alguna, pero sí puede intentarse conocer el proceso que desembocó en aquel aquelarre. Aquella orgía de sangre en la que un humilde cabo que ni siquiera había nacido en Alemania dirigió el país con mano de hierro y lo convirtió en una ópera de Wagner.
¿Se puede tratar como basura a un pueblo orgulloso de manera indefinida y no esperar reacción alguna?
Inglaterra, no Alemania, incluye en su escudo la divisa NEMO ME IMPUNE LACESSIT. Es el león británico quien clama NADIE ME HIERE IMPUNEMENTE. Y así ha actuado Inglaterra cada vez que alguien ha osado "importunarla". A zarpazo limpio.
Sin embargo, fueron las potencias centrales quienes perdieron la Primera Guerra Mundial. En el caso del Imperio Austrohúngaro, la derrota supuso su disolución. Es el mundo de ayer que tan magistralmente retrata Stefan Zweig en su obra.
Alemania siguió existiendo, pero en condiciones más que precarias. A la revolución espartaquista de comienzos del 19 y el consiguiente caos, siguieron las consecuencias del Tratado de Versalles. La deuda de guerra impuesta por las potencias vencedoras era virtualmente impagable y Alemania perdió todo su imperio colonial al tiempo que las partes productivas de su territorio, como es el caso de la cuenca del Ruhr o el Sarre, fueron ocupadas por tropas extranjeras para cobrar dichas deudas (que terminaron de pagarse en octubre de 2010).
Los años veinte fueron un desastre. Cuando las democracias son débiles los tiburones económicos se ceban con ellas. Todos los procesos hiperinflacionarios comparten características similares. Los tiburones actúan igual que lo hacen los fondos de inversión que apuestan en corto y solo sueltan la presa cuando esta ha muerto. Nadie está a salvo. Países, empresas, materias primas, divisas, lo que sea. El Banco Popular era el buque insignia del Opus Dei, la ultrísima-ultraderecha. No hay nada más a la derecha. Da igual, si los tiburones huelen la sangre irán a por el animal enfermo. Y no dejarán ni los huesos. "Son las leyes de la evolución, solo los más fuertes sobreviven", como gustaban recordar los propios nazis.
La República de Weimar apenas podía responder a la situación, no sabía qué hacer ni cómo manejar el caos.
La crisis del 29 fue la puntilla. Y el resto es historia. Nadie creyó que aquello fuera posible y, sin embargo, ocurrió. Apareció un partido fuerte, capitaneado por un iluminado. Las fronteras se cerraron, se saltó a la torera la imposición de Versalles de mantener un ejército testimonial y, lo más importante: se buscó un chivo expiatorio, alguien a quien culpar de todos los males que aquejaban a Alemania. Y funcionó. Vaya si funcionó. Porque incluso los alemanes más reticentes se dejaron arrastrar por la marea de entusiasmo nacional que invadió las calles del país desde enero de 1933. Uno a uno, Hitler recuperó todos los territorios continentales perdidos en 1918. El imperio de ultramar, convertido en un sueño continental, lo recuperaría mediante el concepto de Lebensraum. Puso la máquina de imprimir billetes al rojo vivo e ideó una política de obras públicas que mejoró las cifras de paro nacional. Volkswagen, Autobahnen, vacaciones en el Mediterráneo italiano. Ya en 1935 se aprobaron las leyes raciales de Nüremberg y no pasó nada. El odio funciona. El odio vende.
Solo tras la derrota de Stalingrado el pueblo alemán empezó a despertar del sueño. Desde el 30 de enero de 1933 hasta el 2 de febrero de 1943, silencio. Salvo claro está una minoría de alemanes disidentes que pagaron con sus vidas. Durante 10 años todo fueron victorias. Y a nadie le importó la situación de los que sufrían. Se repetía el esquema de las sociedades primitivas: se sacrifica a cuchillo a una serie de víctimas propiciatorias bien identificadas y los dioses "hacen llover". Ante situaciones desesperadas se requiere una solución mágica. Está inscrito en nuestro ADN. Nadie se sustrajo al influjo de aquella magia negra. No fue solo el Volk alemán. No. Fueron Martin Heidegger, Ernst Jünger, Carl Schmitt, Wilhem Furwängler o Herbert von Karajan. Los espíritus más exquisitos: nazis convencidos. Como la Wunderkind del régimen, Leni Riefenstahl.
El triunfo de la voluntad. Las ideas más locas de Nieztsche hechas realidad. A veces pasa desapercibido que desde enero de 1933 hasta el momento en que Alemania invade Polonia transcurren poco más de seis años y medio. Y el país pasa de ser un caos perfecto a convertirse en un puño de hierro que golpea inmisericorde, con uno de los ejércitos mas avanzados del mundo. El espíritu humano es así. En cortísimos plazos de tiempo puede avanzar lo indecible y el combustible preferido para esta clase de procesos es el odio, el deseo de aplastar a otros. La ciencia nunca avanzó tanto como en los años de la Segunda Guerra Mundial. En tiempos de paz se cría grasa. La máquina funciona perfectamente aceitada si está en guerra, si odia día y noche.
El esquema se repite con precisión matemática. Grecia es puesta de rodillas. Aparece Amanecer Dorado y logra una cuota de presencia nacional importante.
¿Cuál es el factor que lleva a un partido marginal con un ideario irracional y alimentado por el odio puro a convertirse en alternativa real de poder?
En mi opinión, se trata de una combinación de diversos factores pero hay un elemento fundamental que aparece siempre en todos los procesos de radicalización extrema: el miedo cerval, primario.
En los primeros discursos de Hitler, este hace gala de un desprecio absoluto por el sistema de partidos: los odia a todos por igual. Grita como un enegúmeno que ninguno ha sabido resolver los problemas del pueblo alemán. Y el auditorio aúlla enfervorecido. Promete acabar con todos ellos, sin excepción. Y eso mismo hizo.
Para intentar parar la amenaza terrorista, Europa debería renunciar a todo eso que la convierte en un lugar único, tolerante y de fronteras abiertas. Debería convertirse en un estado policial. Y retrocederíamos décadas.
Los signos externos están ahí. Brexit, Trump, Le Pen, Viktor Orban, Amanecer Dorado.
Los cisnes negros. Nadie cree que eso sea posible. Pero ocurre.
¿Cuántos minutos de silencio nos separan del monstruo? ¿Cuál es la siguiente jugada?
jueves, 17 de agosto de 2017
miércoles, 16 de agosto de 2017
Fecalismo
El reputado periódico El País está perdiendo facultades. En su edición de hoy, 16 de agosto de 2017, publica en portada un artículo intitulado "Los mojitos de las playas, nido de bacterias fecales".
Líbreme el cielo de poner en duda la autenticidad de semejante aseveración. Pero, ¿acaso no es menos cierto que el fecalismo también campea a sus anchas en el otrora Mare Nostrum, cuna de la civilización que, de seguir por este camino, pronto le quitará la exclusividad al Mar Muerto? ¿Y qué decir de las monstruosas aglomeraciones en los arenales misturados en turbio contubernio con toda clase de sustancias orgánicas e inorgánicas, plásticos, colillas, tampax, pañales? Sugiero incorporar restos de hospital a las playas, ya que es lo único que uno podría echar de menos si se pusiera a catalogar aquello.
¿Podemos engullir paellas en la alegre compañía de hooligangs tatuados hasta en los párpados por un precio cerrado de 8,75 euros y estar completamente seguros de que la materia fecal no se oculta tras los diminutos cangrejos de piscifactoría y las chirlas de Lidl?
¿Acaso la definición de materia fecal no debería extenderse a ciertos bípedos implumes que se empeñan en venir año tras año a la Piel de Toro, páramo de Quijotes, tierra de conejos y hacen todo aquello que jamás se les ocurriría hacer en sus tristes, grises y patéticos países?
En las etapas evolutivas del ser humano se ha producido un paso de "lo sucio" a "lo limpio". Eso nos ha permitido alargar considerablemente la esperanza de vida. Todo iba bien hasta que apareció el turismo de masas. Una horda de borrachos, amorfos y vociferantes seres capaces de colapsar las redes de aguas negras. Las de la paciencia y las de la mera convivencia.
El turismo de masas es al descubrimiento del viaje lo que Juego de Tontos a la historia de la literatura.
En buena hora España se ha convertido en un destino turístico de todo a 100. Nuestro país vale para bastante más que esta vocación, este destino fecal. Y fatal a fe mía...!
El País se equivoca. Intoxica al pueblo español. Los mojitos de la playa no son el principal nido de bacterias fecales.
Que también.
¿Apetece un mojito...? (Foto © Augusto Khágate)
Líbreme el cielo de poner en duda la autenticidad de semejante aseveración. Pero, ¿acaso no es menos cierto que el fecalismo también campea a sus anchas en el otrora Mare Nostrum, cuna de la civilización que, de seguir por este camino, pronto le quitará la exclusividad al Mar Muerto? ¿Y qué decir de las monstruosas aglomeraciones en los arenales misturados en turbio contubernio con toda clase de sustancias orgánicas e inorgánicas, plásticos, colillas, tampax, pañales? Sugiero incorporar restos de hospital a las playas, ya que es lo único que uno podría echar de menos si se pusiera a catalogar aquello.
¿Podemos engullir paellas en la alegre compañía de hooligangs tatuados hasta en los párpados por un precio cerrado de 8,75 euros y estar completamente seguros de que la materia fecal no se oculta tras los diminutos cangrejos de piscifactoría y las chirlas de Lidl?
¿Acaso la definición de materia fecal no debería extenderse a ciertos bípedos implumes que se empeñan en venir año tras año a la Piel de Toro, páramo de Quijotes, tierra de conejos y hacen todo aquello que jamás se les ocurriría hacer en sus tristes, grises y patéticos países?
En las etapas evolutivas del ser humano se ha producido un paso de "lo sucio" a "lo limpio". Eso nos ha permitido alargar considerablemente la esperanza de vida. Todo iba bien hasta que apareció el turismo de masas. Una horda de borrachos, amorfos y vociferantes seres capaces de colapsar las redes de aguas negras. Las de la paciencia y las de la mera convivencia.
El turismo de masas es al descubrimiento del viaje lo que Juego de Tontos a la historia de la literatura.
En buena hora España se ha convertido en un destino turístico de todo a 100. Nuestro país vale para bastante más que esta vocación, este destino fecal. Y fatal a fe mía...!
El País se equivoca. Intoxica al pueblo español. Los mojitos de la playa no son el principal nido de bacterias fecales.
Que también.
¿Apetece un mojito...? (Foto © Augusto Khágate)
martes, 15 de agosto de 2017
¿Qué está superado?
Oigo a menudo que el debate entre izquierda y derecha es algo superado, del pasado. No es cierto. Tenemos tecnología y conocimiento de sobra y sin embargo el mundo sigue muy mal repartido.
Se puede tener dinero y ser de derechas. Es comprensible. Tienes un montón de dinero y no estás dispuesto a compartirlo. Natural. Muy humano. Además, eres muy religioso y piensas que un Dios justo y bondadoso te premiará en la otra vida por haber sido un cabrón egoísta y avaro. La falta de oxígeno en el cerebro causa estragos.
Pero ¿qué decir del que no tiene nada y es de derechas? Un pobre diablo que defiende las ideas y las propiedades del amo.
La explicación es de carácter teológico. En su infinita sabiduría, Dios creó al pobre de derechas porque en este mundo tiene que haber de todo.
Se puede tener dinero y ser de derechas. Es comprensible. Tienes un montón de dinero y no estás dispuesto a compartirlo. Natural. Muy humano. Además, eres muy religioso y piensas que un Dios justo y bondadoso te premiará en la otra vida por haber sido un cabrón egoísta y avaro. La falta de oxígeno en el cerebro causa estragos.
Pero ¿qué decir del que no tiene nada y es de derechas? Un pobre diablo que defiende las ideas y las propiedades del amo.
La explicación es de carácter teológico. En su infinita sabiduría, Dios creó al pobre de derechas porque en este mundo tiene que haber de todo.
Lo que no se dice no existe
Sí. Así es. En este mundo repleto hasta los topes, inclemente, de marchantes de hombres y almas. De máquinas que se han instalado en las tripas, ingenios mecánicos que bombean sangre al cerebro, a los músculos, al centro del diafragma.
Si no dices las cosas se desvanecen en el aire. Mueren antes de nacer. La única posibilidad de Dios es el lenguaje.
Hay que despertar a quien duerme a nuestro lado, abrazar con desesperación, jurar que la vida no pudo ser antes o después.
Mentirle y mentirte si es preciso. Decirle que lo es todo, que te pegarás un tiro en la sien si le llega a pasar algo, que nunca pudiste imaginar que existiera un ser que te completara de aquella manera. Porque los individuos tomados de uno en uno no son nada. Menos que nada.
Solo aquello que se dice puede llegar a ser. Porque mañana podrías viajar y no regresar. Ir a ese hotel de cinco estrellas que arderá hasta los cimientos. Encontrar la muerte en una esquina, a plena luz del día. Repetir la pelea con aquel marinero portugués cuya navaja esquivaste de milagro. Morir de contramano entorpeciendo el tráfico.
Y entonces de nada te valdrá llorar a mares. Nadie estará para escucharte cuando la angustia trepe por tu garganta y no te deje dormir nunca más.
Llevarse las palabras de cariño, de entrega sin límites a la tumba. Soltarlas a destiempo, decírselas a un animal, a un desconocido que no volverás a ver ni en sueños. Arrastrándote por las milongas para ver si alcanzas a reconocerme entre todo ese humo y esa gente.
No hablar cuando es preciso, cuando el futuro del Universo depende de una sola palabra.
Ese es el verdadero infierno.
Si no dices las cosas se desvanecen en el aire. Mueren antes de nacer. La única posibilidad de Dios es el lenguaje.
Hay que despertar a quien duerme a nuestro lado, abrazar con desesperación, jurar que la vida no pudo ser antes o después.
Mentirle y mentirte si es preciso. Decirle que lo es todo, que te pegarás un tiro en la sien si le llega a pasar algo, que nunca pudiste imaginar que existiera un ser que te completara de aquella manera. Porque los individuos tomados de uno en uno no son nada. Menos que nada.
Solo aquello que se dice puede llegar a ser. Porque mañana podrías viajar y no regresar. Ir a ese hotel de cinco estrellas que arderá hasta los cimientos. Encontrar la muerte en una esquina, a plena luz del día. Repetir la pelea con aquel marinero portugués cuya navaja esquivaste de milagro. Morir de contramano entorpeciendo el tráfico.
Y entonces de nada te valdrá llorar a mares. Nadie estará para escucharte cuando la angustia trepe por tu garganta y no te deje dormir nunca más.
Llevarse las palabras de cariño, de entrega sin límites a la tumba. Soltarlas a destiempo, decírselas a un animal, a un desconocido que no volverás a ver ni en sueños. Arrastrándote por las milongas para ver si alcanzas a reconocerme entre todo ese humo y esa gente.
No hablar cuando es preciso, cuando el futuro del Universo depende de una sola palabra.
Ese es el verdadero infierno.
jueves, 10 de agosto de 2017
Una república hermana se desangra
En el mes de agosto de 1939, hace ahora 78 años, el mundo se
sorprendía ante un pacto de no agresión firmado por dos potencias que se
odiaban a muerte. Se trataba del pacto germano-soviético que suscribieron
Hitler y Stalin, enemigos irreconciliables. Al primero, el pacto le otorgaba
carta blanca para invadir Polonia y, al segundo, le compraba tiempo para
reorganizar sus propias tropas, descabezadas por las salvajes purgas de los
años 30.
La izquierda de todo el mundo, vertebrada en torno a los
partidos comunistas de Occidente, guardó un espeso silencio ante este tratado. De
un día para otro, la crítica feroz de la Alemania nazi, que ya había aprobado
las leyes de Nüremberg y se había anexionado Austria, Checoslovaquia y diversos
territorios en disputa, desapareció del ideario de los partidos progresistas
como por arte de magia. Había que seguir los dictados de Moscú.
Hoy, agosto de 2017, la izquierda calla ante lo que
sucede en Venezuela.
¿Qué significa ser de izquierdas? ¿Se puede permanecer en
silencio ante los continuos atropellos a los derechos humanos denunciados,
entre otros organismos, por la ONU o la propia Amnistía Internacional? ¿Resulta
admisible cambiar continuamente las reglas del juego democrático cuando los
resultados son adversos? ¿En nombre de qué ideales pueden tolerarse presos
políticos en el año 2017? ¿La estrepitosa caída del bloque soviético no enseñó
nada sobre lo que significan los regímenes totalitarios de partido único y
economía estatalizada?
Venezuela se desangra. Su economía es un desastre sin
paliativos. La población soporta a diario la carencia de suministros básicos y
de medicinas. Asimismo, el nivel de violencia cotidiana genera tal cantidad de
muertes al año que sitúan al país en niveles de guerra civil.
¿Ser de izquierdas supone permanecer callado cuando los que
cometen crímenes son los tuyos? Entonces estamos dando por bueno el mantra de
la mafia. “Sí, es cierto, son unos hijos de puta… pero son NUESTROS HIJOS DE
PUTA”.
No. No se puede ser tan cínico. Se supone que la izquierda
tiene un componente ético del cual carece la derecha, una preocupación por los
más débiles, por aquellos que no le interesan a nadie.
Hoy en día no resulta tan sencillo cometer atrocidades y que
queden impunes. No es la misma situación que se dio en los años 40 en los
campos de concentración. Existe Internet y los teléfonos móviles. La reciente
primavera árabe dio buena muestra de lo que significan los modernos medios de
comunicación en manos de una población enardecida. Cuando vemos en los medios
de todo el mundo a patrullas de motoristas golpeando salvajemente a muchachos
que difícilmente superan los 20 años, que no parecen ser “miembros de la
oligarquía”, no hacen falta más explicaciones. Eso no puede ser. Y punto.
Nunca he entendido aquello de "mis muertos son distintos de los tuyos". Es obvio que la Alemania nazi provocó los sufrimientos de la Segunda Guerra mundial pero, ¿hacía falta bombardear Dresde cuando no era un objetivo militar? Cien mil muertos de un lado se parecen terriblemente a cien mil muertos en el otro bando.
Dejando a un lado la talla intelectual del supuesto conductor de esta ¿revolución
popular? que no admite comparación alguna con personajes como Robespierre,
Lenin o el propio Fidel, ¿qué pretende el régimen bolivariano? ¿Crear una Corea
del Norte en América del Sur?
Los partidos comunistas de Europa se desmarcaron de los
dictados de Moscú creando la vía del eurocomunismo, apostando por respetar el
juego democrático. En ese orden de cosas, Santiago Carrillo participó en la
transición democrática y posibilitó alcanzar pactos con las fuerzas vencedoras
de la Guerra Civil española.
Venezuela es un país maravilloso, de arraigada tradición
democrática. En los años posteriores a la Segunda Guerra arribaron europeos de todas las nacionalidades (italianos, españoles y portugueses, principalmente, pero también alemanes, checos, holandeses, polacos, judíos de distintas naciones, etc.). Durante los años 70 y 80, llegaron perseguidos de las dictaduras del Cono Sur, aquellas que hicieron conocer el término desaparecido en el mundo entero. Todos ellos fueron recibidos con
los brazos abiertos y se incorporaron a la vida académica, cultural y económica
del país.
Es imposible cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo,
porque es grotesco. Ningún intelectual de izquierdas –bien alimentado y
acostumbrado a las garantías democráticas– podría adaptarse a vivir allí.
Porque, entre otras cosas, en un régimen de partido único hay que cerrar la
boca permanentemente. No hay voces críticas, porque acaban en el gulag.
Hay que cerrar la boca como cuando Hitler y Stalin
decidieron darse un abrazo.
¿Se puede ser intelectual y no ser crítico? Eso no es un intelectual, sino un genuflexo paniaguado.
La izquierda no puede ser esto. La izquierda no le revienta la
cabeza a los pibes universitarios. Eso no es izquierda. Es simplemente una
dictadura más.
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sábado, 5 de agosto de 2017
Olivia
Ella vino al mundo. ¿Te acordás, hermano, cómo nos quisimos siempre? Esos años de incertidumbre, de hacerse. Juntos.
El salón de tu nueva casa. Poner el corazón sobre la mesa y tu guitarra, la misma que atravesó décadas. Como si fuera el hilo invisible. Mano a mano, los dos.
De madrugada mandaste la foto de Olivita. Su primera foto. Un Buenos Aires invernal, paisaje de agosto. Recordé la foto de Naúm junto al sillón. Cómo lo echo de menos al loco.
Tan lejos de casa tuvimos que reconstruir la familia de cero, con los restos del naufragio. Y tu viejo era el tío mayor, el que conocía la vida y la gente. Alguien a quien escuchar y tomar nota. Porque sabía que el compendio de las pasiones humanas es reducido, repetitivo y predecible. Un prodigio de sentido común.
Vos, hermano querido, hermano del alma, siempre regalando luz. Siempre la mano tendida, sonriente, presto al abrazo.
No he conocido a nadie como vos, que haya transitado los caminos más oscuros, los infiernos más temidos y sea tan buena gente. Que se dé así.
Cuando nos despedimos en Ezeiza no pude darme la vuelta. Vos sabés. Esta distancia hija de puta. La terrible idea de no volver a verte. Y eso que tenemos la edad de Naúm cuando nos conocimos. ¿Estaremos empezando?
Si hay alguien que merezca toda la felicidad del mundo sos vos, Raulito querido. Y cuando uno te ve así, radiante, abrazado a ella, piensa que todo es posible, que hasta los sueños pueden ser.
Hasta la justicia divina.
El salón de tu nueva casa. Poner el corazón sobre la mesa y tu guitarra, la misma que atravesó décadas. Como si fuera el hilo invisible. Mano a mano, los dos.
De madrugada mandaste la foto de Olivita. Su primera foto. Un Buenos Aires invernal, paisaje de agosto. Recordé la foto de Naúm junto al sillón. Cómo lo echo de menos al loco.
Tan lejos de casa tuvimos que reconstruir la familia de cero, con los restos del naufragio. Y tu viejo era el tío mayor, el que conocía la vida y la gente. Alguien a quien escuchar y tomar nota. Porque sabía que el compendio de las pasiones humanas es reducido, repetitivo y predecible. Un prodigio de sentido común.
Vos, hermano querido, hermano del alma, siempre regalando luz. Siempre la mano tendida, sonriente, presto al abrazo.
No he conocido a nadie como vos, que haya transitado los caminos más oscuros, los infiernos más temidos y sea tan buena gente. Que se dé así.
Cuando nos despedimos en Ezeiza no pude darme la vuelta. Vos sabés. Esta distancia hija de puta. La terrible idea de no volver a verte. Y eso que tenemos la edad de Naúm cuando nos conocimos. ¿Estaremos empezando?
Si hay alguien que merezca toda la felicidad del mundo sos vos, Raulito querido. Y cuando uno te ve así, radiante, abrazado a ella, piensa que todo es posible, que hasta los sueños pueden ser.
Hasta la justicia divina.
viernes, 4 de agosto de 2017
Por culpas que nunca tuvimos
El Polaco canta Romance de Barrio.
Sí. Es más fácil renegar y partir que vivir sin olvidar.
Manzi. Poetazo.
Sí. Es más fácil renegar y partir que vivir sin olvidar.
Manzi. Poetazo.
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lunes, 31 de julio de 2017
Jeanne
Se ha marchado discretamente, como la gran dama que era, Jeanne Moreau. Una intérprete como pocas, que enamoraba a la cámara. Musa de incontables directores de primera fila. Truffaut, Louis Malle, Antonioni, Elia Kazan, Wenders, Buñuel... ahí es nada.
Orson Welles, otro "principiante", llegó a calificarla como "la mejor actriz del mundo".
Había algo en ella de paloma de ciudad perdida entre la gente. Algo turbio y desolado que invitaba a abrazarla y a no hacer preguntas. Mejor así. Siempre pueden contestarte.
Madame Moreau, ma belle, es un privilegio que usted forme parte de mi vida.
Vous êtes éternelle.
Orson Welles, otro "principiante", llegó a calificarla como "la mejor actriz del mundo".
Había algo en ella de paloma de ciudad perdida entre la gente. Algo turbio y desolado que invitaba a abrazarla y a no hacer preguntas. Mejor así. Siempre pueden contestarte.
Madame Moreau, ma belle, es un privilegio que usted forme parte de mi vida.
Vous êtes éternelle.
En 1976, Jeanne Moreau dirigió "Lumière", con música del insuperable Astor Piazzolla. Por si fuera poco, era tanguera... Una música para despedirse. Para no regresar. Jamais.
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domingo, 30 de julio de 2017
Colores de la tarde
Esta tarde suena a Benny Carter y su magnífica versión de "Things Ain't What They Used To Be".
Con ustedes, Mr. Carter, todo un gentleman del saxo alto!
Con ustedes, Mr. Carter, todo un gentleman del saxo alto!
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No amarás
Hay una película del polaco Krzysztof Kieslowski que se llama "No amarás" (originalmente, "Krótki film o milosci").
Se estrenó en 1988 y, después de todos estos años, me sigue conmoviendo profundamente. Se trata de cine de verdad, sin subterfugios, directamente a lo esencial. En tiempos de imbecilidad catódica es algo anacrónico, lo sé. No hay efectos especiales, a nadie le cortan la cabeza y no aparecen perros de dos metros. Una decepción total para el consumidor compulsivo de basura.
Volvamos a lo que importa. Toda la película me parece magnífica, con diálogos de una altura superior y una carga filosófica sobre la existencia y los otros realmente notable. Hay una escena que me destruye: el protagonista contemplándose a sí mismo al mirar por su telescopio, el único nexo con el mundo real, la vara mágica que le permite inmiscuirse en las vidas ajenas.
En 1988 tenía aproximadamente la edad del protagonista. El mundo era nuevo, aunque ya estaba algo cansado. De haber soñado tanto día y noche.
Desde mi faro -hoy el mar amaneció en calma- os la recomiendo.
Se estrenó en 1988 y, después de todos estos años, me sigue conmoviendo profundamente. Se trata de cine de verdad, sin subterfugios, directamente a lo esencial. En tiempos de imbecilidad catódica es algo anacrónico, lo sé. No hay efectos especiales, a nadie le cortan la cabeza y no aparecen perros de dos metros. Una decepción total para el consumidor compulsivo de basura.
Volvamos a lo que importa. Toda la película me parece magnífica, con diálogos de una altura superior y una carga filosófica sobre la existencia y los otros realmente notable. Hay una escena que me destruye: el protagonista contemplándose a sí mismo al mirar por su telescopio, el único nexo con el mundo real, la vara mágica que le permite inmiscuirse en las vidas ajenas.
En 1988 tenía aproximadamente la edad del protagonista. El mundo era nuevo, aunque ya estaba algo cansado. De haber soñado tanto día y noche.
Desde mi faro -hoy el mar amaneció en calma- os la recomiendo.
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sábado, 29 de julio de 2017
Tania
Mi amiga Tania vive en Managua. La conocí en un curso que di en 2011 en el Centro Cultural de España, un lugar al que tengo mucho cariño y que he visitado en varias ocasiones.
Managua fue, junto con Córdoba, Madrid, Santiago de Chile, México DF, Lima, Salvador de Bahía, Santo Domingo y San Salvador, uno de los centros del proyecto Artenet, un proyecto de cooperación realizado en colaboración con la AECID y los gobiernos locales.
Los recuerdos que atesoro de aquel proyecto son innumerables, como incontable es el número de personas que colaboraron en él. Gente de ley, recia, la mejor gente que uno pueda encontrar.
Se trataba de crear unidades de acción para que los nuestros, los que hablamos, pensamos y soñamos en español, no creyeran que la única forma de salir adelante era emigrar, algo difícil de asumir para una persona joven que vive día a día las limitaciones que le impone su patria y es sometida al bombardeo constante de opciones, a cual más apetecible, vía los crueles medios de comunicación de nuestro tiempo.
Tania es arquitecta y, a mi modo de ver, representa lo mejor de nuestra mejor juventud, la que puede cambiar las cosas. No solo trabaja incansablemente en toda clase de proyectos de arquitectura, sino que da clases hasta caer rendida y siempre está dispuesta a enrolarse en proyectos solidarios. Son precisamente las Tanias de Latinoamérica las que pueden darle la vuelta al continente como un calcetín.
Para empezar, nuestra tierra sigue siendo machista y muy atrasada. Todavía pervive la imagen del caudillo, el hombre omnisciente y todopoderoso. Así nos va. No es preciso ser un lince para ver que las sociedades en las que la calidad de vida está por encima de la media hace tiempo que se han desmarcado de este modelo patriarcal.
El proyecto Artenet-Autoempleo Digital se creó en 2005. En aquella época en España los perros se ataban con longanizas y logré que hasta la SGAE -para lograr fondos para la cooperación uno hace extraños amigos- pusiera dinero e instalaciones.
A partir de 2008, las cosas en España experimentaron un cambio radical. Eso ya es historia. Aparecieron nuevos partidos y siguen los mismos en el poder. Blesa, Rato, Rita, Bárcenas, Ignacio González... para qué seguir. Lampedusa se quedó corto.
A pesar del tiempo transcurrido, rara es la semana que no me escribe algún participante del proyecto desde Chile, Perú, Nicaragua o Cuba para comentarme cómo le va con su pequeña start-up o qué ideas tiene para el futuro. Y no oculto que esas cartas me emocionan muchísimo.
Nuestra gente tiene todo para triunfar y no tiene por qué emigrar a EEUU o a Europa para vivir una cultura diferente, separados de sus afectos y donde siempre serán "los de fuera". Otra cosa es venir a formarse, a colaborar de igual a igual o a buscar aliados.
Hay que confiar en nuestras posibilidades. Si Wenceslao Casares le pudo colocar Patagon al Santander (todavía se acordarán de él en el banco rojo. Bueno, donde las dan las toman. Hoy la Botín se hace con el Popular por un euro y ayer su padre compraba el hoy denominado Openbank por mucho más) es que cualquier latinoamericano puede llegar con ideas y realidades a cualquier parte.
Confiar en nosotros, en nuestro patrimonio común, nuestro idioma, tener el descaro suficiente para pensar que si no se ha hecho antes razón de más para intentarlo y trabajar como un poseso. Inteligencia colectiva, colaboración en red, intercambio de bienes y servicios mediante modelos alternativos, trasvase de conocimiento.
Dentro de 10 años, ¿cuántas empresas supuestamente eternas sufrirán el mismo proceso que acaba de destruir el Banco Popular? A mi modo de ver, no solo se trata de una gestión deplorable por parte de sus responsables, es todo el modelo de negocio el que quedó superado. ¿Cuántos bancos lograrán sobrevivir a las Fintechs? El BBVA parece haber captado el mensaje. ¿Cuántas empresas superarán el efecto Amazon, que genera disrupción en todo lo que toca? ¿Qué sentido tiene tener un coche en propiedad si cada vez que te apetezca o lo necesites puedes conducir un Tesla o un Model 3 y dejarlo en cualquier parte que ya se ocuparán de la ITV, el impuesto de circulación, las averías, recargar el "tanque" y un largo etcétera? ¿Para qué tener las cosas en propiedad si se puede pagar por su uso estricto?
Si tienes un ordenador/computadora y puedes acceder a la red tienes un cóctel Molotov que se rellena solo de combustible. Las empresas lo saben, la gente no se conforma con cualquier cosa y tarda 20 segundos en marcharse a la competencia. Que se lo pregunten al Banco Popular.
Tania, Jader, Bárbara, Martín, Rodrigo, Jairo, José Ángel, Laura, Sonia, Ernesto, Jacobo, León, Tomás, Francisco, Nuria, Santos, Carmen, Sergio, Bernando... hasta Carlinhos Brown que acogió el proyecto en su escuela Pracatum.
El futuro de América Latina está en sus manos. Que emigre Rita... que los europeos y los norteamericanos aprendan a limpiar sus casas. No es tan difícil. Hay muchos tutoriales en Youtube. Si ponen atención les quedará de maravilla.
Tania, como buena nica, además de arquitecta es poeta. Los nicaragüenses -en tierra de volcanes y poetas- no pueden evitarlo. Único lugar del mundo en el que he estado y donde la gente se despedía de una fiesta o de una conversación apasionante diciendo "me voy a un recital de poesía". Otro deporte nacional muy renombrado es clavar cuchillos por la espalda, pero hay que reconocer que lo hacen con mucho arte. En cuanto uno se da la vuelta, lo fusilan. Una vez que se comprende el juego resulta muy divertido. ¡Hablemos mal de alguien!
Ella me dijo que compra pocos libros y que termina prestándolos. Pero no para de leer. Siempre que tiene tiempo libre va a las bibliotecas porque, según me confesó, siente pena por los libros, tan solitos, en prisión incomunicada. Tania visita las bibliotecas de Managua, la ciudad donde las calles tienen nombres imposibles, la ciudad dispersa, donde los frutos y los amores son violentamente dulces, para que los libros puedan salir al patio y estirar las piernas.
Finalmente.
Managua fue, junto con Córdoba, Madrid, Santiago de Chile, México DF, Lima, Salvador de Bahía, Santo Domingo y San Salvador, uno de los centros del proyecto Artenet, un proyecto de cooperación realizado en colaboración con la AECID y los gobiernos locales.
Los recuerdos que atesoro de aquel proyecto son innumerables, como incontable es el número de personas que colaboraron en él. Gente de ley, recia, la mejor gente que uno pueda encontrar.
Se trataba de crear unidades de acción para que los nuestros, los que hablamos, pensamos y soñamos en español, no creyeran que la única forma de salir adelante era emigrar, algo difícil de asumir para una persona joven que vive día a día las limitaciones que le impone su patria y es sometida al bombardeo constante de opciones, a cual más apetecible, vía los crueles medios de comunicación de nuestro tiempo.
Tania es arquitecta y, a mi modo de ver, representa lo mejor de nuestra mejor juventud, la que puede cambiar las cosas. No solo trabaja incansablemente en toda clase de proyectos de arquitectura, sino que da clases hasta caer rendida y siempre está dispuesta a enrolarse en proyectos solidarios. Son precisamente las Tanias de Latinoamérica las que pueden darle la vuelta al continente como un calcetín.
Para empezar, nuestra tierra sigue siendo machista y muy atrasada. Todavía pervive la imagen del caudillo, el hombre omnisciente y todopoderoso. Así nos va. No es preciso ser un lince para ver que las sociedades en las que la calidad de vida está por encima de la media hace tiempo que se han desmarcado de este modelo patriarcal.
El proyecto Artenet-Autoempleo Digital se creó en 2005. En aquella época en España los perros se ataban con longanizas y logré que hasta la SGAE -para lograr fondos para la cooperación uno hace extraños amigos- pusiera dinero e instalaciones.
A partir de 2008, las cosas en España experimentaron un cambio radical. Eso ya es historia. Aparecieron nuevos partidos y siguen los mismos en el poder. Blesa, Rato, Rita, Bárcenas, Ignacio González... para qué seguir. Lampedusa se quedó corto.
A pesar del tiempo transcurrido, rara es la semana que no me escribe algún participante del proyecto desde Chile, Perú, Nicaragua o Cuba para comentarme cómo le va con su pequeña start-up o qué ideas tiene para el futuro. Y no oculto que esas cartas me emocionan muchísimo.
Nuestra gente tiene todo para triunfar y no tiene por qué emigrar a EEUU o a Europa para vivir una cultura diferente, separados de sus afectos y donde siempre serán "los de fuera". Otra cosa es venir a formarse, a colaborar de igual a igual o a buscar aliados.
Hay que confiar en nuestras posibilidades. Si Wenceslao Casares le pudo colocar Patagon al Santander (todavía se acordarán de él en el banco rojo. Bueno, donde las dan las toman. Hoy la Botín se hace con el Popular por un euro y ayer su padre compraba el hoy denominado Openbank por mucho más) es que cualquier latinoamericano puede llegar con ideas y realidades a cualquier parte.
Confiar en nosotros, en nuestro patrimonio común, nuestro idioma, tener el descaro suficiente para pensar que si no se ha hecho antes razón de más para intentarlo y trabajar como un poseso. Inteligencia colectiva, colaboración en red, intercambio de bienes y servicios mediante modelos alternativos, trasvase de conocimiento.
Dentro de 10 años, ¿cuántas empresas supuestamente eternas sufrirán el mismo proceso que acaba de destruir el Banco Popular? A mi modo de ver, no solo se trata de una gestión deplorable por parte de sus responsables, es todo el modelo de negocio el que quedó superado. ¿Cuántos bancos lograrán sobrevivir a las Fintechs? El BBVA parece haber captado el mensaje. ¿Cuántas empresas superarán el efecto Amazon, que genera disrupción en todo lo que toca? ¿Qué sentido tiene tener un coche en propiedad si cada vez que te apetezca o lo necesites puedes conducir un Tesla o un Model 3 y dejarlo en cualquier parte que ya se ocuparán de la ITV, el impuesto de circulación, las averías, recargar el "tanque" y un largo etcétera? ¿Para qué tener las cosas en propiedad si se puede pagar por su uso estricto?
Si tienes un ordenador/computadora y puedes acceder a la red tienes un cóctel Molotov que se rellena solo de combustible. Las empresas lo saben, la gente no se conforma con cualquier cosa y tarda 20 segundos en marcharse a la competencia. Que se lo pregunten al Banco Popular.
Tania, Jader, Bárbara, Martín, Rodrigo, Jairo, José Ángel, Laura, Sonia, Ernesto, Jacobo, León, Tomás, Francisco, Nuria, Santos, Carmen, Sergio, Bernando... hasta Carlinhos Brown que acogió el proyecto en su escuela Pracatum.
El futuro de América Latina está en sus manos. Que emigre Rita... que los europeos y los norteamericanos aprendan a limpiar sus casas. No es tan difícil. Hay muchos tutoriales en Youtube. Si ponen atención les quedará de maravilla.
Tania, como buena nica, además de arquitecta es poeta. Los nicaragüenses -en tierra de volcanes y poetas- no pueden evitarlo. Único lugar del mundo en el que he estado y donde la gente se despedía de una fiesta o de una conversación apasionante diciendo "me voy a un recital de poesía". Otro deporte nacional muy renombrado es clavar cuchillos por la espalda, pero hay que reconocer que lo hacen con mucho arte. En cuanto uno se da la vuelta, lo fusilan. Una vez que se comprende el juego resulta muy divertido. ¡Hablemos mal de alguien!
Ella me dijo que compra pocos libros y que termina prestándolos. Pero no para de leer. Siempre que tiene tiempo libre va a las bibliotecas porque, según me confesó, siente pena por los libros, tan solitos, en prisión incomunicada. Tania visita las bibliotecas de Managua, la ciudad donde las calles tienen nombres imposibles, la ciudad dispersa, donde los frutos y los amores son violentamente dulces, para que los libros puedan salir al patio y estirar las piernas.
Finalmente.
domingo, 23 de julio de 2017
Mozart
Mozart. Una sola palabra basta para evocar el genio puro en las cuatro esquinas del globo.
Qué extraño destino me transporta a una tarde perfecta. El auditorio de San Lorenzo de El Escorial y Las Bodas de Fígaro, una de las óperas más representadas y, sin duda, una de las mejores obras del maestro de Salzburgo, en el cénit de su grandeza. La fuerza de la juventud en alguien prematuramente maduro. Una combinación imbatible.
Las bodas de Fígaro es una ópera bufa en cuatro actos, una suerte de comedia de enredos de finales del XVIII, en los albores de la Revolución Francesa. Cuando la Ilustración comenzaba a limitar el poder de la Iglesia y la razón se habría paso en un mundo presidido por las tinieblas de la superstición.
En el entonces Sacro Imperio Romano Germánico, el divino Wolfgang componía arias dignas del más exigente de los dioses. Y qué decir de los juegos corales... tres, cuatro, cinco... ¡hasta siete voces simultáneas! Un alarde de dominio técnico y, al mismo tiempo, una sensibilidad única, propia de alguien que ha vivido muchas vidas, que ha atravesado múltiples desiertos.
Mozart. Un milagro de la evolución humana.
Me conmovió especialmente la soprano Katerina Tretyakova, en el papel de Susanna. Nacida en Murmansk, el norte más desolado, y educada en Lituania. ¡Qué maravilla de voz! ¡Qué manera de suspender en el aire los sonidos!
Estamos tan acostumbrados a oír música realizada por no músicos, cantantes que no cantan, que cuando por fin oímos a alguien realmente cualificado sale el sol. Las voces de los cantantes "modernos" apenas serían nada sin los mecanismos electrónicos de compresión, ecualización, reverberación y un largo etc. Por no hablar de los casos en los que se aplica directamente un AFINADOR. Tal cual.
Tretyakova nos transporta a un manantial de bosque. Cada vez que camina por el escenario su voz se torna esquiva, un susurro, como en un efecto doppler en miniatura. Los silencios. Su fraseo delicioso. ¡Y la forma de cantar sotto voce! Digna de los encantamientos de los bosques de Nemi.
El edificio del auditorio y su localización -sobre todo su localización- hicieron el resto en una velada para recordar. Contemplar las luces de Madrid desde el Escorial siempre es un espectáculo. En El Escorial viví tres años: de los más felices de mi vida.
Amigos, almas gemelas, lectores todos de este blog... ¡Mozart! (En este caso con la también superlativa Anna Netrebko).
Qué extraño destino me transporta a una tarde perfecta. El auditorio de San Lorenzo de El Escorial y Las Bodas de Fígaro, una de las óperas más representadas y, sin duda, una de las mejores obras del maestro de Salzburgo, en el cénit de su grandeza. La fuerza de la juventud en alguien prematuramente maduro. Una combinación imbatible.
Las bodas de Fígaro es una ópera bufa en cuatro actos, una suerte de comedia de enredos de finales del XVIII, en los albores de la Revolución Francesa. Cuando la Ilustración comenzaba a limitar el poder de la Iglesia y la razón se habría paso en un mundo presidido por las tinieblas de la superstición.
En el entonces Sacro Imperio Romano Germánico, el divino Wolfgang componía arias dignas del más exigente de los dioses. Y qué decir de los juegos corales... tres, cuatro, cinco... ¡hasta siete voces simultáneas! Un alarde de dominio técnico y, al mismo tiempo, una sensibilidad única, propia de alguien que ha vivido muchas vidas, que ha atravesado múltiples desiertos.
Mozart. Un milagro de la evolución humana.
Me conmovió especialmente la soprano Katerina Tretyakova, en el papel de Susanna. Nacida en Murmansk, el norte más desolado, y educada en Lituania. ¡Qué maravilla de voz! ¡Qué manera de suspender en el aire los sonidos!
Estamos tan acostumbrados a oír música realizada por no músicos, cantantes que no cantan, que cuando por fin oímos a alguien realmente cualificado sale el sol. Las voces de los cantantes "modernos" apenas serían nada sin los mecanismos electrónicos de compresión, ecualización, reverberación y un largo etc. Por no hablar de los casos en los que se aplica directamente un AFINADOR. Tal cual.
Tretyakova nos transporta a un manantial de bosque. Cada vez que camina por el escenario su voz se torna esquiva, un susurro, como en un efecto doppler en miniatura. Los silencios. Su fraseo delicioso. ¡Y la forma de cantar sotto voce! Digna de los encantamientos de los bosques de Nemi.
El edificio del auditorio y su localización -sobre todo su localización- hicieron el resto en una velada para recordar. Contemplar las luces de Madrid desde el Escorial siempre es un espectáculo. En El Escorial viví tres años: de los más felices de mi vida.
Amigos, almas gemelas, lectores todos de este blog... ¡Mozart! (En este caso con la también superlativa Anna Netrebko).
sábado, 22 de julio de 2017
viernes, 14 de julio de 2017
Legrand
Investigando en la red para algo que estoy escribiendo doy con un reportaje que Mirtha Legrand hace a un personaje relacionado con la dictadura. Legrand… curiosamente, hace unas semanas, comiendo en casa de un amigo hispano, no sé por qué salió su nombre. Lo citó él y dijo algo así como “es una presentadora argentina que tiene un programa hará unos treinta años”. “¿Treinta? corregí yo. Me inclino más a decir cincuenta”. Eso valió para que me tacharan de exagerado: porteño al fin y al cabo.
Pero hete aquí que gracias a Google y Wikipedia la memoria ya no es lo que era. Mirtha Legrand arrancó con sus famosos “almuerzos” hace 49 años. Es un milagro de la experiencia catódica, una prueba de que la inmortalidad existe. Qué bien le habría sentado a Federico II de Prusia conocer a esta señora.
Su verdadera edad es un misterio eleusino. Algunos refieren que estaba presente cuando Gardel cantó el primer tango-canción documentado como tal, “Mi noche triste”. Eso nos llevaría a 1917, en plena Primera Guerra Mundial. ¿Por qué no?
Me detuve a ver el programa de Doña Mirtha. Tremendo. Obviamente, esta señora hace lustros que se encuentra más allá del bien y del mal y se permite decir cualquier cosa a quien sea. Y de la manera que considere más oportuna. Para algo es una diva. Me recuerda al personaje de Agatha Christie en “Asesinato en el Orient Express”, aquella marquesa o baronesa de 162 años de edad que se burla irónica e inteligentemente de todo el mundo. Siempre me ha fascinado la regla de tres por la cual la gente con dinero y propiedades (aunque no sean el fruto de su trabajo) trata con el pie al resto de los mortales. Creen que pueden decir y hacer lo que les venga en gana. El mismísimo Voltaire reflexiona sobre la cuestión. Lo que sucede es que justo antes de la Revolución Francesa contestarle a uno de estos personajes implicaba la certeza de ser molido a bastonazos –como le sucedió al autor de “Cándido”- a plena luz del día y en el centro de la ciudad. La impunidad total.
“Como te ven, te tratan”, dice Mirtha Legrand en una de sus muletillas preferidas, a modo de moraleja vital. “Y si te ven mal… te maltratan”, remata.
Un prodigio de la derecha argentina de toda la vida. La derecha no quiere morir. La muerte es el verdadero comunista. Strelnikov! Un pobre pasa al otro mundo como vino, limpio de polvo y paja. Ah.... pero los ricos. No. En el último instante de sus egoístas y miserables vidas los ricos vislumbran todo aquello que dejan en este mundo. ¡Para sus cuervos! Todo aquello que no gastaron ni disfrutaron pasa directo a los sacaojos de sus vástagos. Eso sí que es un infierno en toda regla. Estoy umbrío por la pena. Casi bruno.
Legrand te hace reflexionar sobre NUESTRA derecha, la derecha latinoamericana. Aquella que considera que el continente debería ser blanco y que los “aborígenes” o los “negros” sirven como mano de obra para el campo, atender las casas y poco más.
La señora no da puntada sin hilo. Viéndola, resulta difícil dejar de pensar en aquellas viejas damas de la buena sociedad que se rasgaban las vestiduras ante la mera existencia de Eva Perón. La odiaban con todas sus fuerzas.
En mi reciente viaje a la República Argentina constaté que el país estaba dividido entre partidarios y enemigos acérrimos de Cristina Fernández. El diálogo con unos y otros era complicado, ya que estaba trufado de visiones fanáticas, más cerca del fervor religioso que de la racionalidad. Me llamó la atención que los discursos más radicales en contra de la ex-presidenta los pronunciaban mujeres. Mujeres que la odiaban de manera visceral y hablaban de ella como si estuvieran hablando de Hitler o el Dr. Mengele. Sin medida.
Siguiendo el principio de acción-reacción, si tenemos una derecha tan intransigente como la que representa Mirtha Legrand y otros personajes afines, ¿qué cabe esperar de la izquierda? Unos y otros utilizarán la democracia como medio para alcanzar sus fines. Y de paso, robarán a manos llenas, porque en eso sí que se parecen como dos gotas de agua. A la derecha se le nota un poquito menos. Ya robaron sus mayores, no tienen tanta prisa.
Legrand, me hiciste hablar de política. Que no. No iba por ahí. Me emocionó verte hablando en la televisión en 2017. Lo que decías y cómo lo decías me resultaba estomagante, pero eso da igual. Vos estabas diciendo las mismas cosas hace 3, 4 décadas, cuando yo era un pibe, y me recordaste un mundo en blanco y negro. Mis abuelos estaban vivos. Mi casa paterna era humilde pero nunca faltó nada realmente esencial. Muchos libros, pintura, risas, amor y música a todas horas. Amigos. La casa siempre llena de amigos.
Lo demás es prescindible.
Una Argentina que ardía, enfrentándose a una de sus mayores –si no la mayor– crisis de su historia. El terror de estado completamente desatado. Desaparecidos. Torturas. Niños secuestrados en los centros de detención ilegal. Hasta el día de hoy… vos Rosa María Juana Martínez, alias Legrand, seguís diciendo lugares comunes en la televisión argentina y aparecen niños perdidos que hoy tienen más de cuarenta años.
Y la terrible guerra de las Malvinas como colofón a toda esa orgía de sangre. Un matadero para jóvenes conscriptos que entregaron sus vidas con una valentía que sorprendía a los propios soldados profesionales ingleses. Abandonados a su suerte.
Ningún general fue a morir allí. Un general argentino queda bien en las celebraciones del 25 de mayo, ataviado con guantes blancos y portando sable. Que no falte el vaso de whisky entre las manos, la servilleta correctamente doblada entre el vaso y la mano, como mandan los cánones del buen gusto (a Legrand le encantan estos pequeños detalles). Las trincheras son para los pibes del Chaco, de Misiones, de Formosa. Preferiblemente, de las partes más pobres de nuestra inmarcescible República.
No cabe imaginar un general argentino al frente de sus tropas, corriendo la suerte de sus hombres, como sí ocurrió con el teniente coronel inglés Herbert Jones, muerto en combate en Colina Darwin.
Faltaría más. Uniformes intactos. Como te ven, te tratan… n’est ce pas, Madame Legrand?
Pero hete aquí que gracias a Google y Wikipedia la memoria ya no es lo que era. Mirtha Legrand arrancó con sus famosos “almuerzos” hace 49 años. Es un milagro de la experiencia catódica, una prueba de que la inmortalidad existe. Qué bien le habría sentado a Federico II de Prusia conocer a esta señora.
Su verdadera edad es un misterio eleusino. Algunos refieren que estaba presente cuando Gardel cantó el primer tango-canción documentado como tal, “Mi noche triste”. Eso nos llevaría a 1917, en plena Primera Guerra Mundial. ¿Por qué no?
Me detuve a ver el programa de Doña Mirtha. Tremendo. Obviamente, esta señora hace lustros que se encuentra más allá del bien y del mal y se permite decir cualquier cosa a quien sea. Y de la manera que considere más oportuna. Para algo es una diva. Me recuerda al personaje de Agatha Christie en “Asesinato en el Orient Express”, aquella marquesa o baronesa de 162 años de edad que se burla irónica e inteligentemente de todo el mundo. Siempre me ha fascinado la regla de tres por la cual la gente con dinero y propiedades (aunque no sean el fruto de su trabajo) trata con el pie al resto de los mortales. Creen que pueden decir y hacer lo que les venga en gana. El mismísimo Voltaire reflexiona sobre la cuestión. Lo que sucede es que justo antes de la Revolución Francesa contestarle a uno de estos personajes implicaba la certeza de ser molido a bastonazos –como le sucedió al autor de “Cándido”- a plena luz del día y en el centro de la ciudad. La impunidad total.
“Como te ven, te tratan”, dice Mirtha Legrand en una de sus muletillas preferidas, a modo de moraleja vital. “Y si te ven mal… te maltratan”, remata.
Un prodigio de la derecha argentina de toda la vida. La derecha no quiere morir. La muerte es el verdadero comunista. Strelnikov! Un pobre pasa al otro mundo como vino, limpio de polvo y paja. Ah.... pero los ricos. No. En el último instante de sus egoístas y miserables vidas los ricos vislumbran todo aquello que dejan en este mundo. ¡Para sus cuervos! Todo aquello que no gastaron ni disfrutaron pasa directo a los sacaojos de sus vástagos. Eso sí que es un infierno en toda regla. Estoy umbrío por la pena. Casi bruno.
Legrand te hace reflexionar sobre NUESTRA derecha, la derecha latinoamericana. Aquella que considera que el continente debería ser blanco y que los “aborígenes” o los “negros” sirven como mano de obra para el campo, atender las casas y poco más.
La señora no da puntada sin hilo. Viéndola, resulta difícil dejar de pensar en aquellas viejas damas de la buena sociedad que se rasgaban las vestiduras ante la mera existencia de Eva Perón. La odiaban con todas sus fuerzas.
En mi reciente viaje a la República Argentina constaté que el país estaba dividido entre partidarios y enemigos acérrimos de Cristina Fernández. El diálogo con unos y otros era complicado, ya que estaba trufado de visiones fanáticas, más cerca del fervor religioso que de la racionalidad. Me llamó la atención que los discursos más radicales en contra de la ex-presidenta los pronunciaban mujeres. Mujeres que la odiaban de manera visceral y hablaban de ella como si estuvieran hablando de Hitler o el Dr. Mengele. Sin medida.
Siguiendo el principio de acción-reacción, si tenemos una derecha tan intransigente como la que representa Mirtha Legrand y otros personajes afines, ¿qué cabe esperar de la izquierda? Unos y otros utilizarán la democracia como medio para alcanzar sus fines. Y de paso, robarán a manos llenas, porque en eso sí que se parecen como dos gotas de agua. A la derecha se le nota un poquito menos. Ya robaron sus mayores, no tienen tanta prisa.
Legrand, me hiciste hablar de política. Que no. No iba por ahí. Me emocionó verte hablando en la televisión en 2017. Lo que decías y cómo lo decías me resultaba estomagante, pero eso da igual. Vos estabas diciendo las mismas cosas hace 3, 4 décadas, cuando yo era un pibe, y me recordaste un mundo en blanco y negro. Mis abuelos estaban vivos. Mi casa paterna era humilde pero nunca faltó nada realmente esencial. Muchos libros, pintura, risas, amor y música a todas horas. Amigos. La casa siempre llena de amigos.
Lo demás es prescindible.
Una Argentina que ardía, enfrentándose a una de sus mayores –si no la mayor– crisis de su historia. El terror de estado completamente desatado. Desaparecidos. Torturas. Niños secuestrados en los centros de detención ilegal. Hasta el día de hoy… vos Rosa María Juana Martínez, alias Legrand, seguís diciendo lugares comunes en la televisión argentina y aparecen niños perdidos que hoy tienen más de cuarenta años.
Y la terrible guerra de las Malvinas como colofón a toda esa orgía de sangre. Un matadero para jóvenes conscriptos que entregaron sus vidas con una valentía que sorprendía a los propios soldados profesionales ingleses. Abandonados a su suerte.
Ningún general fue a morir allí. Un general argentino queda bien en las celebraciones del 25 de mayo, ataviado con guantes blancos y portando sable. Que no falte el vaso de whisky entre las manos, la servilleta correctamente doblada entre el vaso y la mano, como mandan los cánones del buen gusto (a Legrand le encantan estos pequeños detalles). Las trincheras son para los pibes del Chaco, de Misiones, de Formosa. Preferiblemente, de las partes más pobres de nuestra inmarcescible República.
No cabe imaginar un general argentino al frente de sus tropas, corriendo la suerte de sus hombres, como sí ocurrió con el teniente coronel inglés Herbert Jones, muerto en combate en Colina Darwin.
Faltaría más. Uniformes intactos. Como te ven, te tratan… n’est ce pas, Madame Legrand?
Sentir
Me pasé la vida aprendiendo a sentir menos.
Cada día sentía menos.
¿Es eso madurar? ¿O acaso es algo peor?
Uno no puede protegerse de la tristeza sin protegerse al mismo tiempo de la felicidad.
Cada día sentía menos.
¿Es eso madurar? ¿O acaso es algo peor?
Uno no puede protegerse de la tristeza sin protegerse al mismo tiempo de la felicidad.
miércoles, 5 de julio de 2017
Seguridades
Acaso el peor consejo que se pueda dar a un artista en ciernes es "ten algo seguro a lo que agarrarte. Un plan B en caso de que fracases".
Si existe un plan B se acabará utilizando. Por gravedad. Ante el más mínimo contratiempo volverás llorando a casa de tus padres. Y créeme, la vida en general es una sucesión de contratiempos. La del artista es lo mismo pero a nivel exponencial.
Salvo en estos tiempos donde se eleva la estupidez a los altares (por un interés puramente mercantil, no vaya usted a creer otra cosa) lo habitual es que genios de la talla de Gustav Mahler se consuelen diciendo cosas como "mi tiempo llegará" o que Vincent Van Gogh coma a diario gracias a su hermano Theo.
Vivir una vida de artista no está al alcance de cualquier aprendiz de burgués. Al burgués le gusta comer bien, que alguien le atienda a sus hijos, una casa confortable, vacaciones un año sí y otro también. Solo podrá permitirse veleidades artísticas si alguien de la familia se ocupó de ganar un dinero. El "dizqueartista burgués" ha venido a gastarlo, pero como vive una vida sin sentido del sacrificio (léase la correspondencia entre Kandinsky y Schoenberg, dos genios absolutos que intercalan lo más elevado con la imposibidad de pagar las facturas del médico para sus hijos) su "arte" suele quedar bien en las galerías de la calle Jorge Juan.
Ahora bien, las musas son tan simpáticamente hijas de puta que el hecho de quedarte calvo a los 18, vivir en un húmedo sótano "de capricho", que no tengas ni perro que te quiera y tu cuenta corriente sea un colador perenne no asegura que las generaciones venideras encuentren la inspiración en el geométrico misterio sonoro de tu nombre. Esas circunstancias solo garantizan que seas un calvo arruinado, solo y con pretensiones. Un Lex Luthor expatriado del cómic, con la única opción de reírse de sí mismo.
En cualquier caso, para decir algo que merezca ser escuchado en un mundo repleto de lugares comunes y comentaristas de los logros de otros, es preciso que las naves ardan hasta la hez, medio millar de hombres y por delante todo México hasta la mismísima Tenochtitlán. Y unos huevos de toro.
Solo los absolutamente radicales -por inconsciencia pura- consiguen algo.
Hay que estar medio o loco entero para creer en el cuento de la Tierra Prometida. Y sin embargo, allí a lo lejos, sí... más allá del Néguev...
Si existe un plan B se acabará utilizando. Por gravedad. Ante el más mínimo contratiempo volverás llorando a casa de tus padres. Y créeme, la vida en general es una sucesión de contratiempos. La del artista es lo mismo pero a nivel exponencial.
Salvo en estos tiempos donde se eleva la estupidez a los altares (por un interés puramente mercantil, no vaya usted a creer otra cosa) lo habitual es que genios de la talla de Gustav Mahler se consuelen diciendo cosas como "mi tiempo llegará" o que Vincent Van Gogh coma a diario gracias a su hermano Theo.
Vivir una vida de artista no está al alcance de cualquier aprendiz de burgués. Al burgués le gusta comer bien, que alguien le atienda a sus hijos, una casa confortable, vacaciones un año sí y otro también. Solo podrá permitirse veleidades artísticas si alguien de la familia se ocupó de ganar un dinero. El "dizqueartista burgués" ha venido a gastarlo, pero como vive una vida sin sentido del sacrificio (léase la correspondencia entre Kandinsky y Schoenberg, dos genios absolutos que intercalan lo más elevado con la imposibidad de pagar las facturas del médico para sus hijos) su "arte" suele quedar bien en las galerías de la calle Jorge Juan.
Ahora bien, las musas son tan simpáticamente hijas de puta que el hecho de quedarte calvo a los 18, vivir en un húmedo sótano "de capricho", que no tengas ni perro que te quiera y tu cuenta corriente sea un colador perenne no asegura que las generaciones venideras encuentren la inspiración en el geométrico misterio sonoro de tu nombre. Esas circunstancias solo garantizan que seas un calvo arruinado, solo y con pretensiones. Un Lex Luthor expatriado del cómic, con la única opción de reírse de sí mismo.
En cualquier caso, para decir algo que merezca ser escuchado en un mundo repleto de lugares comunes y comentaristas de los logros de otros, es preciso que las naves ardan hasta la hez, medio millar de hombres y por delante todo México hasta la mismísima Tenochtitlán. Y unos huevos de toro.
Solo los absolutamente radicales -por inconsciencia pura- consiguen algo.
Hay que estar medio o loco entero para creer en el cuento de la Tierra Prometida. Y sin embargo, allí a lo lejos, sí... más allá del Néguev...
martes, 4 de julio de 2017
Zweig
Toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y solo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo éste ha vivido de verdad.
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