Salgo de casa. Voy a cortarme el pelo. Todavía tengo... ¿qué es lo peor que se puede decir de mí como ser humano? Veamos... ya está. Que estoy perdiendo pelo en la coronilla. El resto, un poema...
Como vivo donde acamparon las tropas de El Cid antes de reconquistar Wad-al-hidjara para la Cristiandad y eso fue todo lo que pasó en los últimos mil años, tengo que tomar un autobús para llegar hasta un centro comercial. Al carecer de automóvil por decisión propia desde hace casi doce meses conozco a todos los conductores de la línea.
Ninguno como Paco (nombre ficticio, no sea que lo expedienten). Soy un solitario empedernido y agradezco esos momentos de contacto humano, pero lo de Paco se sale del molde.
—¿Pa dónde vas, Martín?
—Al centro comercial, a cortarme el pelo...
Seguimos hablando de la caló, le pregunto por su familia, me dice "no se quejan", yo le contesto "buena señal". La conversación es castellana, sin demasiado gregré para decir "Gregorio". Al grano, coño. Tierra estupenda.
Cuando llegamos a la terminal y se baja el pasaje, Paco me dice... "shhhhh... quieto parao... que te llevo". Y el tío pilla el autobús de línea y me lleva hasta el mamotreto comercial que está al otro lado de la autopista y que andando desde la terminal treinta minutos a paso ligero no me los quita nadie. Estamos en julio, polvo, sudor y hierro, las tropas de El Cid cabalgan...
Y ahí íbamos los dos en un autobús gigante para nosotros solos, partiéndonos de risa como si tuviéramos quince años, derrapando en las curvas. ¡Viva tu estampa, Paquito! Estas cosas solo ocurren en España. País cojonudo.
Me deja a 300 metros. Que no quiero que me vea el jefe de compras, que tiene la oficina ahí mismo. Jaja, qué tío. Y se fue a toda pastilla para llegar a tiempo a la terminal.
Mi peluquero es otro tipo estupendo. Todavía no le he pillado bien el punto, pero es un buen chaval. Bastante más joven que yo, está tatuado hasta las cejas y lleva algunos mensajes algo enigmáticos, presumiblemente de inspiración satánica.
Afirma que cuando me corto el pelo infundo respeto y parezco un Don de la mafia. Cuánta razón.
Esta vez lo noté triste y taciturno. Sábado. Había una cola enorme de gente esperando.
—¿Estás bien?
—Mi padre falleció hace unos días.
—No... ¿cómo fue?
—Ya estaba mal el hombre, pero no esperábamos que sucediera tan pronto.
Necesitaba hablar. Así que le presté toda mi atención. La gente tendrá que esperar.
—Por atrás te paso la maquinilla que hace mucho calor. ¿Al dos...?
—Venga. Con dos.
—Fue todo un número. Me llamaron estando en el trabajo. Mi hermano pasó de todo. Se llevaban fatal y hacía años que no se hablaban. Solo apareció cuando se trató del tema de la herencia. Encima se cabreó porque apenas dejó nada... Será mamón. Tuve que vestir el cuerpo yo solo, como se hacía en los pueblos... no me lo quito de la cabeza...
Y se quebró. Terminó su trabajo. Me dejó un poco trasquilao, así que en esta ocasión más que infundir respeto provoco risa, pero dadas las circunstancias no dije ni mú.
Le di un abrazo, que estaba pidiendo a gritos, se calmó y me sonrió.
Hasta la próxima. Cuídate mucho.
Fui a por vino. También yo necesitaba un abrazo. O dos.
lunes, 8 de julio de 2019
Mañana
Todos somos un vasto paisaje, creemos saberlo todo de nosotros mismos, pero no tenemos ni idea.
domingo, 7 de julio de 2019
Dos puntas tiene el camino
De los escritores de mi tierra natal, si tengo que quedarme con uno solo, opto por Roberto Arlt. Sus escritos tienen el pulso, el fervor de la calle y, a mi modo de ver, respiran tango por los cuatro costados. Como alguien dijo, el tango es la única actividad creativa en la que la Argentina no necesita pedirle opinión a Europa. Es una expresión nuestra, como la bulería en Jerez de la Frontera o Granada.
Un crisol de música negra, española, klezmer, italiana, francesa...
Algo que la cuenca del Plata (que obviamente incluye a la república hermana del Uruguay) regaló al mundo. Y el mundo lo hizo suyo.
A diferencia de Ricardo Güiraldes, otro prócer de las letras argentinas, Arlt se hizo a sí mismo. No contaba con un apellido importante, ni campos, ni esclavos. Nada de nada. Contaba con su talento y "la prepotencia del trabajo".
Ambos conocieron los años gloriosos del tango. Pero de distinta manera. Güiraldes, que se educó al cuidado de institutrices bilingües y hablaba francés sin acento, lo disfrutó en París, en los años locos antes de que todo estallara en pedazos. Los niños bien argentinos, "la haute", amaban los piringundines concurridos por apaches. Les divertía alternar con gente de abajo en la extraña y desinhibida ceremonia del tango. Hasta por ahí nomás, después cada uno a sus quehaceres. Vos a remar con los presos, yo a tomar el aperitivo en el Jockey Club.
Arlt sufrió el tango. Lo masticó, lo llevó en el bolsillo, lo padeció una y otra vez. Porque en cuestiones del alma o de amores el tango es nunca aprendo. Se trata de tropezar mil veces con la misma piedra. Con otra, no. Con la misma.
Dos formas de estar en el mundo. Encuentros a través del tango, el alma del pueblo. Esas dos puntas: los hijos de las mil familias que dominan mi continente desde los tiempos de la colonia -fiesta de la independencia, me río de Janeiro- y los míos, mi gente.
Para hacer arte de verdad, hay que embrutecerse. Los surrealistas bien lo sabían. Ese escritor argentino de vida breve y azarosa, de nombre que se apelotona en la lengua, es puro tango. Rufianes melancólicos, juguetes rabiosos, minas que nos engañarán a la primera de cambio, hileras de focos que lustran el asfalto con luz mortecina.
El tango como seguro de muerte, de una noche a cuchillo en los bosques de Palermo. Solo, sin vos. De morir en Buenos Aires con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.
¡Arlt, más Arlt!
Un crisol de música negra, española, klezmer, italiana, francesa...
Algo que la cuenca del Plata (que obviamente incluye a la república hermana del Uruguay) regaló al mundo. Y el mundo lo hizo suyo.
A diferencia de Ricardo Güiraldes, otro prócer de las letras argentinas, Arlt se hizo a sí mismo. No contaba con un apellido importante, ni campos, ni esclavos. Nada de nada. Contaba con su talento y "la prepotencia del trabajo".
Ambos conocieron los años gloriosos del tango. Pero de distinta manera. Güiraldes, que se educó al cuidado de institutrices bilingües y hablaba francés sin acento, lo disfrutó en París, en los años locos antes de que todo estallara en pedazos. Los niños bien argentinos, "la haute", amaban los piringundines concurridos por apaches. Les divertía alternar con gente de abajo en la extraña y desinhibida ceremonia del tango. Hasta por ahí nomás, después cada uno a sus quehaceres. Vos a remar con los presos, yo a tomar el aperitivo en el Jockey Club.
Arlt sufrió el tango. Lo masticó, lo llevó en el bolsillo, lo padeció una y otra vez. Porque en cuestiones del alma o de amores el tango es nunca aprendo. Se trata de tropezar mil veces con la misma piedra. Con otra, no. Con la misma.
Dos formas de estar en el mundo. Encuentros a través del tango, el alma del pueblo. Esas dos puntas: los hijos de las mil familias que dominan mi continente desde los tiempos de la colonia -fiesta de la independencia, me río de Janeiro- y los míos, mi gente.
Para hacer arte de verdad, hay que embrutecerse. Los surrealistas bien lo sabían. Ese escritor argentino de vida breve y azarosa, de nombre que se apelotona en la lengua, es puro tango. Rufianes melancólicos, juguetes rabiosos, minas que nos engañarán a la primera de cambio, hileras de focos que lustran el asfalto con luz mortecina.
El tango como seguro de muerte, de una noche a cuchillo en los bosques de Palermo. Solo, sin vos. De morir en Buenos Aires con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.
¡Arlt, más Arlt!
martes, 25 de junio de 2019
martes, 11 de junio de 2019
Navegaciones
Cuando sales de la escuela náutica sabes muchas matemáticas, pero no te preparan para lo que te aguarda. Te confundes hasta con las banderas y haces cualquier cosa, poniendo a prueba la paciencia del capitán. En el mar no hay paredes, sino mamparos. No existen las cuerdas: se llaman estachas. Y tus compañeros son todo lo que tienes, así que ya puedes caerles bien por muy peculiar que seas. Hasta tu vida podría depender de su buena voluntad en una noche de mar gruesa.
Frío, calor, tormentas, viento huracanados, calma chicha. Olas solitarias que barren la cubierta. Meses hasta dar la vuelta al mundo y vuelta a empezar. Puertos oxidados, trifulcas, mujeres, promesas de retorno que nunca se cumplen. Palabras de amor gastadas, sin esperanza. Cuando volvamos a vernos...
Y la sensación única al separarse de tierra por primera vez. Soledades infinitas. Océanos que huelen a tabaco. La resignada certeza de que tu destino no le importa a nadie. El silencio.
El alma del marino, plena de surcos donde habita el olvido.
Frío, calor, tormentas, viento huracanados, calma chicha. Olas solitarias que barren la cubierta. Meses hasta dar la vuelta al mundo y vuelta a empezar. Puertos oxidados, trifulcas, mujeres, promesas de retorno que nunca se cumplen. Palabras de amor gastadas, sin esperanza. Cuando volvamos a vernos...
Y la sensación única al separarse de tierra por primera vez. Soledades infinitas. Océanos que huelen a tabaco. La resignada certeza de que tu destino no le importa a nadie. El silencio.
El alma del marino, plena de surcos donde habita el olvido.
jueves, 28 de marzo de 2019
Canción de amor urgente para Leyva
Acabo de enterarme de que Leyva, a quien quiero muchísimo, anda de hospitales en La Habana. Le acompaña Taby, su pareja amantísima en estos últimos treinta años.
Leyva y Taby protagonizaron un sonado escándalo sentimental cuando decidieron unir destinos. Ella era su alumna (Taby es una pianista magnífica). La venganza fue terrible... su ex tuvo la feliz idea de precipitar todos los instrumentos de Leyva a la calle desde un décimo piso (debía ser el edificio más alto de La Habana). Como escena dramática es insuperable: a mí solo me quemaron dos de las cosas que más quería. Mi bicicleta y el reloj que me legó mi abuelo. Logré salvar las guitarras, exceptuando un tres cubano que justamente me regalaron ellos. Leyva me supera hasta en espectacularidad en las vendettas.
Además de ser un músico excelente (todavía te debo una grabación de la maravillosa composición que me dedicaste, queridísimo!) con decenas de premios internacionales, entre los que se cuentan Goyas por Habana Abierta y una lista interminable, Leyva es de esas raras personas que aúna un talento enorme y la cercanía y sencillez de la buena gente. Siempre la mano tendida. La sonrisa que no falte. Meta abrazos y malanga.
Leyva y Taby son la pareja ideal: su casa tiene las puertas permanentemente abiertas, hacen música las 24 horas, nunca desperdician una buena oportunidad de celebrar una "descarga" en la que se dan cosas que no es posible oír en ningún local. Te puedes encontrar a Omara Portuondo y a los valores más jóvenes de la música cubana (el padre de Taby, Manuel Galbán, fue uno de los fundadores de Buena Vista). El dinero nunca ha sido un fin para ellos, han hecho muchísimas cosas por amor al arte, porque creían en el talento de otros. Sé que para un occidental eso suena a ciencia-ficción, pero yo lo he visto con mis propios ojos.
Leyva, coño, vamos, arriba ese corazón que no te cabe en el pecho que tenemos mil cosas por hacer. Dar la vuelta a la isla en Harley Davidson, salir a pescar tiburones a la Isla de la Juventud (a ver si se nos pega algo), trasnochar en la Escuela de CIne, mezclar tango y salsa, tocar blues hasta agotar las reservas de ron de Cuba...
Juan Antonio Leyva Ordóñez, negro y cubano, un tipo diez. Mi amigo querido. Un músico como la copa de un pino, mi asere. Abrazo de oso ruso de este bolo tanguero del sur que te quiere!
Leyva y Taby protagonizaron un sonado escándalo sentimental cuando decidieron unir destinos. Ella era su alumna (Taby es una pianista magnífica). La venganza fue terrible... su ex tuvo la feliz idea de precipitar todos los instrumentos de Leyva a la calle desde un décimo piso (debía ser el edificio más alto de La Habana). Como escena dramática es insuperable: a mí solo me quemaron dos de las cosas que más quería. Mi bicicleta y el reloj que me legó mi abuelo. Logré salvar las guitarras, exceptuando un tres cubano que justamente me regalaron ellos. Leyva me supera hasta en espectacularidad en las vendettas.
Además de ser un músico excelente (todavía te debo una grabación de la maravillosa composición que me dedicaste, queridísimo!) con decenas de premios internacionales, entre los que se cuentan Goyas por Habana Abierta y una lista interminable, Leyva es de esas raras personas que aúna un talento enorme y la cercanía y sencillez de la buena gente. Siempre la mano tendida. La sonrisa que no falte. Meta abrazos y malanga.
Leyva y Taby son la pareja ideal: su casa tiene las puertas permanentemente abiertas, hacen música las 24 horas, nunca desperdician una buena oportunidad de celebrar una "descarga" en la que se dan cosas que no es posible oír en ningún local. Te puedes encontrar a Omara Portuondo y a los valores más jóvenes de la música cubana (el padre de Taby, Manuel Galbán, fue uno de los fundadores de Buena Vista). El dinero nunca ha sido un fin para ellos, han hecho muchísimas cosas por amor al arte, porque creían en el talento de otros. Sé que para un occidental eso suena a ciencia-ficción, pero yo lo he visto con mis propios ojos.
Leyva, coño, vamos, arriba ese corazón que no te cabe en el pecho que tenemos mil cosas por hacer. Dar la vuelta a la isla en Harley Davidson, salir a pescar tiburones a la Isla de la Juventud (a ver si se nos pega algo), trasnochar en la Escuela de CIne, mezclar tango y salsa, tocar blues hasta agotar las reservas de ron de Cuba...
Juan Antonio Leyva Ordóñez, negro y cubano, un tipo diez. Mi amigo querido. Un músico como la copa de un pino, mi asere. Abrazo de oso ruso de este bolo tanguero del sur que te quiere!
martes, 26 de febrero de 2019
Cuadernos para Pablo I
Inicio hoy un proyecto que venía acariciando hace tiempo. De forma asistemática y sin pretender tener respuestas -soy pródigo en preguntas- voy a publicar textos que me han sugerido cosas a lo largo de mi vida. La idea de Cuadernos para Pablo nació hace unos diez años, cuando recorrí el continente americano desde el Río Grande hasta Chile intentando crear comunidades educativas. Con muchos de mis alumnos de aquellos tiempos sigo en contacto. La arquitecta Tania Matus, con quien hablamos hace años de este proyecto y que trabaja en Managua, me invitó este curso a dar clases de filosofía en una universidad nacional, pero por temas de tiempo no me resulta posible. A cambio, este humilde intento de tender la mano a todos los que soñamos y amamos en español y portugués. El futuro de nuestra comunidad depende exclusivamente de nosotros. De todos nosotros.
Para arrancar, un texto de Frazer. La rama dorada. Un texto clásico de la antropología. Un estudio fascinante sobre magia y religión, escrito con una fineza y una profundidad fascinantes. Sobre aquello que nos hace diferentes, radicalmente diferentes. Máquinas que se piensan. Que se sueñan.
Este texto, que leí por primera vez cuando tenía 20 años y me dejó mirando las estrellas durante muchas noches, es una parábola fantástica sobre el sentido de la vida, la fuerza indomable de la juventud, la vigilia y la soledad del poder, y la realidad de la decadencia y la extinción. A cambio de la sabiduría. El árbol del conocimiento en sentido bíblico.
Si podéis visitar esa zona de Italia volveréis transformados. Quién sabe si os encontraréis a Sir Lancelot...
*
¿Quién no conoce La rama dorada, el cuadro de Turner? La escena, bañada en el dorado resplandor con que la divina imaginación del artista envolvía y transfiguraba hasta el más bello paisaje, es una visión de ensueño del pequeño lago del bosque de Nemi, llamado por los antiguos "el espejo de Diana" [Lacus Nemorensis, de 5 y medio kilómetros de diámetro, 30 metros de profundidad y 90 de farallones sobre el nivel de las aguas, es un cráter extinto y subsidiario del cráter Albano, al este del lago de este nombre.]
Quien haya contemplado las quietas aguas encunadas en uno de los verdes repliegues de las colinas albanas, no podrá olvidarlo. Las dos aldeas italianas típicas, que dormitan en sus laderas, y el palacio, cuyos jardines en terraplén descienden hasta el lago, apenas rompen la quietud y soledad de la escena. Diana misma podría frecuentar aún la solitaria orilla; aún podría aparecer entre el boscaje.
En la Antigüedad este paisaje selvático fue el escenario de una tragedia extraña y repetida. En la orilla norteña del lago, inmediatamente debajo del precipicio sobre el que cuelga el moderno villorrio de Nemi, estaba situado el bosquecillo sagrado y el santuario de Diana Nemorensis o Diana del Bosque. Lago y bosque fueron denominados, en ocasiones, lago y bosque de Aricia, aunque el pueblo de este nombre (modernamente La Riccia) estaba situado unos cinco kilómetros al pie del monte Albano y separado por una pendiente del lago, que yace en una concavidad, a modo de cráter, en la falda de la montaña.
Alrededor de cierto árbol de este bosque sagrado rondaba una figura siniestra todo el día y probablemente hasta altas horas de la noche: en la mano blandía una espada desnuda y vigilaba cautelosamente en torno, cual si esperase a cada instante ser atacado por un enemigo. El vigilante era sacerdote y homicida a la vez; tarde o temprano habría de llegar quien le matara, para reemplazarle en el puesto sacerdotal. Tal era la regla del santuario: el puesto sólo podía ocuparse matando al sacerdote y substituyéndole en su lugar hasta ser a su vez muerto por otro más fuerte o más hábil. El oficio mantenido de este modo tan precario le confería el título de rey, pero seguramente ningún monarca descansó peor que éste, ni fue visitado por pesadillas más atroces. Año tras año, en verano o en invierno, con buen o mal tiempo, había de mantener su guardia solitaria, y siempre que se rindiera con inquietud al sueño, lo haría con riesgo de su vida. La menor relajación de su vigilancia, el más pequeño abatimiento de sus fuerzas o de su destreza le ponían en peligro; las primeras canas sellarían su sentencia de muerte...
The Golden Bough: A Study in Magic and Religion, James George Frazer
Para arrancar, un texto de Frazer. La rama dorada. Un texto clásico de la antropología. Un estudio fascinante sobre magia y religión, escrito con una fineza y una profundidad fascinantes. Sobre aquello que nos hace diferentes, radicalmente diferentes. Máquinas que se piensan. Que se sueñan.
Este texto, que leí por primera vez cuando tenía 20 años y me dejó mirando las estrellas durante muchas noches, es una parábola fantástica sobre el sentido de la vida, la fuerza indomable de la juventud, la vigilia y la soledad del poder, y la realidad de la decadencia y la extinción. A cambio de la sabiduría. El árbol del conocimiento en sentido bíblico.
Si podéis visitar esa zona de Italia volveréis transformados. Quién sabe si os encontraréis a Sir Lancelot...
*
¿Quién no conoce La rama dorada, el cuadro de Turner? La escena, bañada en el dorado resplandor con que la divina imaginación del artista envolvía y transfiguraba hasta el más bello paisaje, es una visión de ensueño del pequeño lago del bosque de Nemi, llamado por los antiguos "el espejo de Diana" [Lacus Nemorensis, de 5 y medio kilómetros de diámetro, 30 metros de profundidad y 90 de farallones sobre el nivel de las aguas, es un cráter extinto y subsidiario del cráter Albano, al este del lago de este nombre.]
Quien haya contemplado las quietas aguas encunadas en uno de los verdes repliegues de las colinas albanas, no podrá olvidarlo. Las dos aldeas italianas típicas, que dormitan en sus laderas, y el palacio, cuyos jardines en terraplén descienden hasta el lago, apenas rompen la quietud y soledad de la escena. Diana misma podría frecuentar aún la solitaria orilla; aún podría aparecer entre el boscaje.
En la Antigüedad este paisaje selvático fue el escenario de una tragedia extraña y repetida. En la orilla norteña del lago, inmediatamente debajo del precipicio sobre el que cuelga el moderno villorrio de Nemi, estaba situado el bosquecillo sagrado y el santuario de Diana Nemorensis o Diana del Bosque. Lago y bosque fueron denominados, en ocasiones, lago y bosque de Aricia, aunque el pueblo de este nombre (modernamente La Riccia) estaba situado unos cinco kilómetros al pie del monte Albano y separado por una pendiente del lago, que yace en una concavidad, a modo de cráter, en la falda de la montaña.
Alrededor de cierto árbol de este bosque sagrado rondaba una figura siniestra todo el día y probablemente hasta altas horas de la noche: en la mano blandía una espada desnuda y vigilaba cautelosamente en torno, cual si esperase a cada instante ser atacado por un enemigo. El vigilante era sacerdote y homicida a la vez; tarde o temprano habría de llegar quien le matara, para reemplazarle en el puesto sacerdotal. Tal era la regla del santuario: el puesto sólo podía ocuparse matando al sacerdote y substituyéndole en su lugar hasta ser a su vez muerto por otro más fuerte o más hábil. El oficio mantenido de este modo tan precario le confería el título de rey, pero seguramente ningún monarca descansó peor que éste, ni fue visitado por pesadillas más atroces. Año tras año, en verano o en invierno, con buen o mal tiempo, había de mantener su guardia solitaria, y siempre que se rindiera con inquietud al sueño, lo haría con riesgo de su vida. La menor relajación de su vigilancia, el más pequeño abatimiento de sus fuerzas o de su destreza le ponían en peligro; las primeras canas sellarían su sentencia de muerte...
The Golden Bough: A Study in Magic and Religion, James George Frazer
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jueves, 14 de febrero de 2019
Vuelos
Llevo una semana sin salir de casa. Me enfrié el día que fui al fútbol. Comportarte como un chico no te transforma en un chico, Martín. Te hace un viejo que hace boludeces. Ya sé, no me digás...
Ayer desde mi ventana pude seguir las evoluciones de un halcón. Su forma de volar, la manera de aprovechar las térmicas, quedándose suspendido en el aire, la manera majestuosa de planear. Una enciclopedia de la historia de la aviación. Los Wright, Blériot cruzando el Canal, Lindbergh en solitario... Qué maravilla.
Ese halcón que vino a visitarme me sacó de mi cárcel durante unos instantes. Cuando quise darme cuenta ya estaba lejos, muy lejos. Más allá de las onduladas colinas. Aún había café en mi taza cuando desapareció en el horizonte.
Me recordaste el mar.
Ayer desde mi ventana pude seguir las evoluciones de un halcón. Su forma de volar, la manera de aprovechar las térmicas, quedándose suspendido en el aire, la manera majestuosa de planear. Una enciclopedia de la historia de la aviación. Los Wright, Blériot cruzando el Canal, Lindbergh en solitario... Qué maravilla.
Ese halcón que vino a visitarme me sacó de mi cárcel durante unos instantes. Cuando quise darme cuenta ya estaba lejos, muy lejos. Más allá de las onduladas colinas. Aún había café en mi taza cuando desapareció en el horizonte.
Me recordaste el mar.
martes, 12 de febrero de 2019
Insomnios
El insomnio es una metáfora de la muerte. Cada hora trae un recuerdo nuevo, alguien que ya no está se sienta a conversar contigo. Un amigo que ceba unos mates y te convida uno.
-Amargo y bien caliente. Gracias, viejo... ¿cómo andás, qué tal todo por ahí?
-Está medio jodido encontrar yerba.
-¿Pero qué clase de paraíso es ese...?
-Además... no hay milongas nocturnas y San Pedro no mira con buenos ojos los abrazos cerrados. Dice que una cosa lleva a otra y después hay legiones de almas desencarnadas que quieren volver a la Tierra. No hay sexos, el cielo es unisexual: los espíritus tienen el aspecto propio de unos cefalópodos tornasolados. Bailar con otro pulpo asexuado, ya me dirás... En las cortinillas suena "Por una cabeza" y surge el problema de cabecear, porque es fácil pifiarla y darle a otro cefalópodo. Entonces se arma la de Dios es Cristo y aparece la Policía Militar del cielo repartiendo hostias como panes. Algunos escapan a los férreos controles angélicos y toman posesión del alma de ciertos milongueros. Pero todo paga peaje... se vuelven malos, oscuros.
-Qué cosa, che...
-Los milongueros con cara de malo, los que van dando lecciones de "cómo se hace", como si alguien tuviera la útima palabra en una danza que se ha ido haciendo en el camino y de la que existen tantas versiones como bailarines, en lugar de dejar vivir a la gente en paz, los que de puro macho no saludan a nadie. Ojito. Esos son los ángeles caídos. Arriba los buscan. Si caen fulminados por un rayo invisible en la tanda de Caló es que los han localizado y vienen a cobrar...
-Mirá vos. Pasame otro matecito... dale.
Esta semana han subido tres amigos a verme, vivos, no vayan a creer... Como resido en Laponia, que también existe, tomarse la molestia de venir un rato a conversar es prueba de amor incondicional.
¿Qué te llevo? me preguntan. ¿Necesitas algo de la ciudad? Traeme unos bolígrafos, si quieres. Folios tengo, tranqui. Cada día que pasa necesito menos cosas materiales. Con clientes como yo Amazon se hunde.
Descubro que como soy medio ermitaño los amigos esperan algún tipo de consejo o iluminación por mi parte. Siento decepcionarlos: la soledad no produce sabiduría. La soledad, el insomnio, el suicidio. No son metáforas, son avanzadillas de la muerte, columnas de ingenieros militares que exploran, que preparan el avance de las tropas de infantería: los que cartografían el terreno.
La vida, la alegría, dependen de gestos mínimos. La inesperada amabilidad de los extraños.
La mayor parte del tiempo realizamos labores mecánicas, propias de un autómata. Porque eso es hacerse adulto, que las cosas no te hieran, que la vida no te toque. Unos lo logran. Otros se quiebran antes de tiempo.
Hoy he visto imágenes de un pibe que paseaba por las calles de Kuala Lumpur de la mano de su padre. No tendría mucho más de 9 o 10 años. De repente, el chico se suelta de la mano porque ve a un niño más pequeño pidiendo limosna con su madre, sentados ambos en el suelo. Son seres invisibles.
El chiquito está descalzo, con la mirada ida. No conoce otra cosa. El niño mayor se quita los zapatos y los calcetines y se los pone al más pequeño. No piensa en lo que hace, no teoriza, no da lecciones morales ni echa la bronca a nadie. Se limita a sostener el equilibrio del mundo.
La capacidad de conmoverse ante las desgracias o las debilidades de los demás es una de las cualidades propias de la edad de la inocencia.
La distancia entre el niño que fuimos, el que da el cariño porque sí, y esto que somos, con nuestras cicatrices, nuestro temor al dolor y nuestro egoísmo ilimitado, determina si aún estamos vivos o somos muertos que continúan pagando facturas.
martes, 1 de enero de 2019
Europa
Concierto de Año Nuevo en Viena. Wiener Staatsoper. El centro de la gran música. Mahler, los Strauss padre e hijo, Bruckner, los grandes entre los grandes. Hay una Europa maravillosa que ha iluminado al resto de la humanidad, que ha dado obras insuperables en todos los terrenos del pensamiento, la ciencia y el arte. Esa misma Europa que ha logrado dejar a un lado las diferencias y vivir en paz durante los últimos setenta años es la que quieren destruir las hordas de desaprensivos de toda suerte y condición.
El enemigo no está en los refugiados o en los desesperados que huyen de países invivibles. Todos haríamos lo mismo si se tratara de salvar a nuestras familias. El peligro lo tenemos dentro de casa. Es la misma regla de tres que puso al mando del país más culto de Europa a un cabo austríaco, un resentido social que vivía en albergues vieneses para indigentes, que no logró ningún éxito profesional, que no sintió afecto por ningún ser humano excluyendo a Albert Speer (el brillante joven que sublimaba su fracaso como el arquitecto o el artista que nunca fue y al que llegó a considerar una especie de hijo aunque no era más que un genuflexo que se limitaba a asentir y a cumplir sus deseos por criminales que estos fueran, salvo cuando ya estuvo todo perdido y Adolf "el mesurado" le encargó que destruyera todas las infraestructuras de Alemania para que el acto final de La caída de los dioses fuera más espectacular que en Wagner. Un criminal de guerra que aparece como el bueno de la película pero que fue responsable directo del Ministerio de Armamento y se encargó de crear un sistema de trabajo esclavo que segó miles de vidas), un ser educado en el odio químicamente puro.
El odio es una herramienta poderosa. El deseo de venganza, de aplastar a los que no piensan como uno. El odio en manos del individuo adecuado unido al principio de oportunidad histórica, el momento preciso, el huevo de la serpiente eclosionando, es directamente letal.
Todos los que plantean la destrucción del proyecto europeo deben ser vigilados atentamente. Y Europa ha de dotarse de herramientas para poner la enfermedad en cuarentena. No podemos permitir que ese cáncer destruya los cimientos de la democracia europea. ¿Qué pretenden? ¿Volver a un mosaico de microestados como la Alemania previa a 1870? Lo que tenemos es imperfecto, qué duda cabe, pero basta observar el resto del mundo para ver cómo se vive en países que no han alcanzado nuestro nivel de entente cordiale. Y todo esto se ha logrado después de caminar por el abismo, no ha sido gratis. Es el resultado de millones de personas que murieron en las dos guerras mundiales. La sangre de generaciones perdidas para siempre.
Europa es un milagro. Como lo es Viena, la música de Mahler, la Staatsoper, la música sinfónica en su expresión más elevada. Es Viena u Operación Triunfo. Darwin o los creacionistas. La medicina occidental y las vacunas que han duplicado la esperanza de vida en un siglo o los antivacunas que experimentan con sus hijos (¿por qué no prueban a dejar de ducharse para siempre? Hay que ser alternativos caiga quien caiga. La mugre puede servir de escudo protector. Y lo que se ahorra uno en geles... Hay una guru de autoayuda de Wisconsin -Peggy Sputzy- que nunca se duchó y todavía vive. En las milongas no la dejan entrar y hace la compra por Internet. Pero que experimenten con ellos mismos, a los niños que los dejen en paz, coño).
Se trata de la paz y pagar el precio que supone o afrontar la guerra y sus consecuencias imprevisibles.
Las hordas de resentidos no pueden acabar con la civilización. No es posible que suceda lo mismo una y otra vez. Un imbécil grita como un energúmeno y puede más que diez mil personas ponderadas que se mantienen en silencio. Hay que fundar el partido del Sentido Común.
El resultado de la estupidez no es otro que el infierno sobre la tierra. Está en los libros de historia. Se trate de los campos de concentración nazis o de los gulags de Stalin.
Stop a los profesionales del odio. Ah... y Feliz Año nuevo.
El enemigo no está en los refugiados o en los desesperados que huyen de países invivibles. Todos haríamos lo mismo si se tratara de salvar a nuestras familias. El peligro lo tenemos dentro de casa. Es la misma regla de tres que puso al mando del país más culto de Europa a un cabo austríaco, un resentido social que vivía en albergues vieneses para indigentes, que no logró ningún éxito profesional, que no sintió afecto por ningún ser humano excluyendo a Albert Speer (el brillante joven que sublimaba su fracaso como el arquitecto o el artista que nunca fue y al que llegó a considerar una especie de hijo aunque no era más que un genuflexo que se limitaba a asentir y a cumplir sus deseos por criminales que estos fueran, salvo cuando ya estuvo todo perdido y Adolf "el mesurado" le encargó que destruyera todas las infraestructuras de Alemania para que el acto final de La caída de los dioses fuera más espectacular que en Wagner. Un criminal de guerra que aparece como el bueno de la película pero que fue responsable directo del Ministerio de Armamento y se encargó de crear un sistema de trabajo esclavo que segó miles de vidas), un ser educado en el odio químicamente puro.
El odio es una herramienta poderosa. El deseo de venganza, de aplastar a los que no piensan como uno. El odio en manos del individuo adecuado unido al principio de oportunidad histórica, el momento preciso, el huevo de la serpiente eclosionando, es directamente letal.
Todos los que plantean la destrucción del proyecto europeo deben ser vigilados atentamente. Y Europa ha de dotarse de herramientas para poner la enfermedad en cuarentena. No podemos permitir que ese cáncer destruya los cimientos de la democracia europea. ¿Qué pretenden? ¿Volver a un mosaico de microestados como la Alemania previa a 1870? Lo que tenemos es imperfecto, qué duda cabe, pero basta observar el resto del mundo para ver cómo se vive en países que no han alcanzado nuestro nivel de entente cordiale. Y todo esto se ha logrado después de caminar por el abismo, no ha sido gratis. Es el resultado de millones de personas que murieron en las dos guerras mundiales. La sangre de generaciones perdidas para siempre.
Europa es un milagro. Como lo es Viena, la música de Mahler, la Staatsoper, la música sinfónica en su expresión más elevada. Es Viena u Operación Triunfo. Darwin o los creacionistas. La medicina occidental y las vacunas que han duplicado la esperanza de vida en un siglo o los antivacunas que experimentan con sus hijos (¿por qué no prueban a dejar de ducharse para siempre? Hay que ser alternativos caiga quien caiga. La mugre puede servir de escudo protector. Y lo que se ahorra uno en geles... Hay una guru de autoayuda de Wisconsin -Peggy Sputzy- que nunca se duchó y todavía vive. En las milongas no la dejan entrar y hace la compra por Internet. Pero que experimenten con ellos mismos, a los niños que los dejen en paz, coño).
Se trata de la paz y pagar el precio que supone o afrontar la guerra y sus consecuencias imprevisibles.
Las hordas de resentidos no pueden acabar con la civilización. No es posible que suceda lo mismo una y otra vez. Un imbécil grita como un energúmeno y puede más que diez mil personas ponderadas que se mantienen en silencio. Hay que fundar el partido del Sentido Común.
El resultado de la estupidez no es otro que el infierno sobre la tierra. Está en los libros de historia. Se trate de los campos de concentración nazis o de los gulags de Stalin.
Stop a los profesionales del odio. Ah... y Feliz Año nuevo.
lunes, 31 de diciembre de 2018
Soles
Para ser el último día del año en el centro de todas las Hispanias hace muy buen tiempo. Esta mañana hasta jugué un rato al fútbol con los niños de los vecinos. Los críos me llaman "el nuevo fichaje argentino", jaja.
¿Qué significa este sol que apenas remonta como una cometa perezosa? ¿Querrá esto decir que se acabaron los inviernos y que a partir de ahora la vida será un siglo de primavera por decreto? ¿Acaso las navegaciones en círculos entre icebergs dignos vástagos del cambio climático tocan a su fin? No hay compartimientos estancos ni escotillas que eviten el naufragio de las almas.
Me duelen los ojos de tanto otear el horizonte. Muchos más de cien días hace que perdí la línea de costa. Y sin embargo.... ahí a lo lejos pareciera... una luz intermitente... sí, es posible. Un destello, un resplandor tenue.
Os deseo a todos una feliz singladura y el descubrimiento de grandes tesoros humanos en este nuevo año. A por ello. Cuando hay amor, cuando hay interés... todo puede ser.
¡Al noroeste cuarta al oeste seis grados y medio, señor Rasskin, como Fernando de Magallanes! ¡Más allá del horizonte, donde da la vuelta el aire!
Alguien lo dijo antes que yo (y, probablemente, antes que él). Uno se da cuenta de que está enamorado cuando descubre que otra persona es única. Irrepetible.
¿Qué significa este sol que apenas remonta como una cometa perezosa? ¿Querrá esto decir que se acabaron los inviernos y que a partir de ahora la vida será un siglo de primavera por decreto? ¿Acaso las navegaciones en círculos entre icebergs dignos vástagos del cambio climático tocan a su fin? No hay compartimientos estancos ni escotillas que eviten el naufragio de las almas.
Me duelen los ojos de tanto otear el horizonte. Muchos más de cien días hace que perdí la línea de costa. Y sin embargo.... ahí a lo lejos pareciera... una luz intermitente... sí, es posible. Un destello, un resplandor tenue.
Os deseo a todos una feliz singladura y el descubrimiento de grandes tesoros humanos en este nuevo año. A por ello. Cuando hay amor, cuando hay interés... todo puede ser.
¡Al noroeste cuarta al oeste seis grados y medio, señor Rasskin, como Fernando de Magallanes! ¡Más allá del horizonte, donde da la vuelta el aire!
Alguien lo dijo antes que yo (y, probablemente, antes que él). Uno se da cuenta de que está enamorado cuando descubre que otra persona es única. Irrepetible.
sábado, 22 de diciembre de 2018
Héroes del mar
La tripulación del pesquero Nuestra Madre Loreto vuelve a casa después de una travesía a la desesperada. Se trata de gente sencilla, de trabajadores que hacen una faena dura, agotadora. Que se ganan el jornal de forma honesta. Tan lejos de los marchantes de almas...
Cada día de navegación para estos barcos está medido, todo está calculado para que salgan las cuentas, pero los pescadores no piensan en cuentas de resultados. Se quiebran cuando ven a alguien que sufre, como los doce inmigrantes que recogieron en el mar. Solo los pobres se conmueven al ver a otro aún más pobre.
Libia se ha convertido en un infierno, un estado fallido en el que las vidas de los subsaharianos no valen nada. Así que los pescadores españoles, gente aguerrida, gente de ley, decidieron que no podían devolverlos a una muerte segura.
Empezó para ellos una particular odisea, en esta Tierra de almas de hormigón armado, de fascistas que vuelven, nazis disfrazados y burócratas obsesionados con que las cuentas cuadren. Espero que Salvini o sus familiares nunca necesiten una mano de nadie.
¿Qué más le da a un burócrata europeo o a un político local recortar de aquí y allá? ¿Acaso él o sus familiares dejarán de ser operados aunque se dediquen a cerrar hospitales? ¿Se quedarán con 400 euros -si alcanza- cuando llegue el momento de la jubilación? ¿Sus adocenados hijos de papá dejarán de viajar cada vez que les apetezca y de educarse en colegios de pago aunque aumenten las matrículas de las universidades públicas hasta impedir que los hijos de los trabajadores puedan formarse? Todos esos ricachones de misa diaria. ¿Dios les habla? ¿Qué coño les dice? Porque pensar que Dios bendice que catorce lo tengan todo y haya gente que merezca estar encerrada sine die en campos como los de Lesbos donde hasta los niños piensan en el suicidio o haya náufragos condenados a ahogarse en su propia angustia no habla precisamente bien de la divinidad. ¿A qué Dios le rezan?
Pascual Durá, patrón de la nave, dice: "no puedo vivir pensando que una sola persona falleció en el mar por mi culpa, pero después del castigo que estamos sufriendo por hacer lo correcto me pregunto en qué mundo vivimos".
Hacer lo correcto. ¿Qué debemos hacer? Muchos otros se hicieron esta misma pregunta a lo largo de la historia. Vivimos en un mundo pleno de frío glacial en los corazones, de hipocresía y de amor envuelto por El Corte Inglés. De gente que se da golpes en el pecho diciendo "Santo, santo, santo" cuando en realidad son diablo, diablo, diablo.
Y también están los pescadores que no se lo piensan dos veces antes de mandar a paseo la pesca, que es el sustento de sus familias, y sacan del mar a seres humanos que son marea negra: nadie los quiere. Hombres justos.
Los pescadores de Alicante, los mineros que rescatan a sus compañeros arriesgando la vida, los médicos que lo dejan todo y se van allí donde nadie quiere ir, los misioneros que piden el peor destino y se hacen más revolucionarios que el Che, los cooperantes españoles, la gente de la Cruz Roja. Esos son los verdaderos semidioses de nuestro tiempo. Gente digna de llamarse ser humano.
Me siento orgulloso de pertenecer a la misma sociedad que la tripulación del barco alicantino. He viajado lo suficiente como para ver hasta qué punto se entregan los cooperantes españoles en las cuatro esquinas del mundo. Quien salva a un ser humano salva a la humanidad entera. Es así.
Ese es el Imperio en el que no se pone el sol por el que vale la pena vivir y luchar: el de la gente empeñada en que no haya soledad. Contra viento y marea.
Cada día de navegación para estos barcos está medido, todo está calculado para que salgan las cuentas, pero los pescadores no piensan en cuentas de resultados. Se quiebran cuando ven a alguien que sufre, como los doce inmigrantes que recogieron en el mar. Solo los pobres se conmueven al ver a otro aún más pobre.
Libia se ha convertido en un infierno, un estado fallido en el que las vidas de los subsaharianos no valen nada. Así que los pescadores españoles, gente aguerrida, gente de ley, decidieron que no podían devolverlos a una muerte segura.
Empezó para ellos una particular odisea, en esta Tierra de almas de hormigón armado, de fascistas que vuelven, nazis disfrazados y burócratas obsesionados con que las cuentas cuadren. Espero que Salvini o sus familiares nunca necesiten una mano de nadie.
¿Qué más le da a un burócrata europeo o a un político local recortar de aquí y allá? ¿Acaso él o sus familiares dejarán de ser operados aunque se dediquen a cerrar hospitales? ¿Se quedarán con 400 euros -si alcanza- cuando llegue el momento de la jubilación? ¿Sus adocenados hijos de papá dejarán de viajar cada vez que les apetezca y de educarse en colegios de pago aunque aumenten las matrículas de las universidades públicas hasta impedir que los hijos de los trabajadores puedan formarse? Todos esos ricachones de misa diaria. ¿Dios les habla? ¿Qué coño les dice? Porque pensar que Dios bendice que catorce lo tengan todo y haya gente que merezca estar encerrada sine die en campos como los de Lesbos donde hasta los niños piensan en el suicidio o haya náufragos condenados a ahogarse en su propia angustia no habla precisamente bien de la divinidad. ¿A qué Dios le rezan?
Pascual Durá, patrón de la nave, dice: "no puedo vivir pensando que una sola persona falleció en el mar por mi culpa, pero después del castigo que estamos sufriendo por hacer lo correcto me pregunto en qué mundo vivimos".
Hacer lo correcto. ¿Qué debemos hacer? Muchos otros se hicieron esta misma pregunta a lo largo de la historia. Vivimos en un mundo pleno de frío glacial en los corazones, de hipocresía y de amor envuelto por El Corte Inglés. De gente que se da golpes en el pecho diciendo "Santo, santo, santo" cuando en realidad son diablo, diablo, diablo.
Y también están los pescadores que no se lo piensan dos veces antes de mandar a paseo la pesca, que es el sustento de sus familias, y sacan del mar a seres humanos que son marea negra: nadie los quiere. Hombres justos.
Los pescadores de Alicante, los mineros que rescatan a sus compañeros arriesgando la vida, los médicos que lo dejan todo y se van allí donde nadie quiere ir, los misioneros que piden el peor destino y se hacen más revolucionarios que el Che, los cooperantes españoles, la gente de la Cruz Roja. Esos son los verdaderos semidioses de nuestro tiempo. Gente digna de llamarse ser humano.
Me siento orgulloso de pertenecer a la misma sociedad que la tripulación del barco alicantino. He viajado lo suficiente como para ver hasta qué punto se entregan los cooperantes españoles en las cuatro esquinas del mundo. Quien salva a un ser humano salva a la humanidad entera. Es así.
Ese es el Imperio en el que no se pone el sol por el que vale la pena vivir y luchar: el de la gente empeñada en que no haya soledad. Contra viento y marea.
lunes, 26 de noviembre de 2018
Viajes
En Francia, patria de la libertad y la dignidad del ser humano, pervive una tradición maravillosa. Al finalizar sus estudios, los estudiantes se lanzan a realizar viajes de descubrimiento, en la más genuina tradición de los viajeros románticos. Se trata de viajes literarios, profundos. La contracara del turismo. Viajes para transformar la mirada y descubrir qué hemos venido a hacer al mundo.
Puede ser el Transiberiano hasta Vladivostok, cruzar el gran desierto australiano por Alice Springs o las islas de los mares del sur siguiendo la estela de Stevenson. He tenido la suerte de conocer personalmente a algunos de estos viajeros, como Romain, que aprendió fonéticamente una canción tradicional rusa acompañado de la guitarra, ese milagro de madera, y emocionó a todos los que montaban en el viejo y cansado tren que los transportaba más allá de los Urales: lo cuidaron como si fuera hijo suyo. Romain no tenía ni idea de lo que iba cantando o de las teclas que tocaba en el alma de aquellos rusos aguerridos, tallados en piedra. Es igual. Nadie ha dicho que las cosas del corazón tengan que tener algún sentido o significado.
Puede ser el Transiberiano hasta Vladivostok, cruzar el gran desierto australiano por Alice Springs o las islas de los mares del sur siguiendo la estela de Stevenson. He tenido la suerte de conocer personalmente a algunos de estos viajeros, como Romain, que aprendió fonéticamente una canción tradicional rusa acompañado de la guitarra, ese milagro de madera, y emocionó a todos los que montaban en el viejo y cansado tren que los transportaba más allá de los Urales: lo cuidaron como si fuera hijo suyo. Romain no tenía ni idea de lo que iba cantando o de las teclas que tocaba en el alma de aquellos rusos aguerridos, tallados en piedra. Es igual. Nadie ha dicho que las cosas del corazón tengan que tener algún sentido o significado.
jueves, 15 de noviembre de 2018
Ludwig
Los últimos cuartetos de Beethoven son un milagro. Mal comprendidos en su tiempo, inspiraron a músicos fundamentales de la evolución del arte, como es el caso de Stravinsky. El músico alemán ya estaba más allá del bien y el mal, la enfermedad que lo torturaba muy avanzada. La gran música vive en algún rincón del alma, es un triunfo del espíritu humano.
Si la música, o el arte en general, resultan demasiado previsibles, se trata de un insulto a la inteligencia. Si son totalmente imprevisibles, ponen a prueba el sentido de la estética (y, en ocasiones muy extremas, la paciencia).
Interesante cuestión: la proporción áurea, la serie armónica, la cristalización de los minerales, es como si existiera una armonía oculta. La armonía de las esferas. Como si hubiera un orden en este caos de nacimiento y muerte. De soledad del impulso vital. Alguna clase de orden.
Aunque quizá no... tal vez es nuestra mente la que está ávida de orden como una manera de esquivar el final e inventa estructuras en la oscuridad. Tal vez en la física cuántica, donde las cosas son y no son al mismo tiempo, se describe la verdadera naturaleza de las cosas.
El matrimonio es una institución cuántica, qué duda cabe.
Estar con un pie en otro mundo, cuando nada material tiene la mas mínima importancia. El ser humano solo dice la verdad cuando va a morir.
Así las cuatro últimas canciones de Richard Strauss y los últimos cuartetos del genio de Bonn. El cuarteto de cuerdas siempre ha constituido una prueba crucial para los compositores. Un complejo equilibrio entre simplicidad y profundidad. En manos de Beethoven suena a oxígeno, a bosques infinitos.
A fuego robado a los dioses.
Si la música, o el arte en general, resultan demasiado previsibles, se trata de un insulto a la inteligencia. Si son totalmente imprevisibles, ponen a prueba el sentido de la estética (y, en ocasiones muy extremas, la paciencia).
Interesante cuestión: la proporción áurea, la serie armónica, la cristalización de los minerales, es como si existiera una armonía oculta. La armonía de las esferas. Como si hubiera un orden en este caos de nacimiento y muerte. De soledad del impulso vital. Alguna clase de orden.
Aunque quizá no... tal vez es nuestra mente la que está ávida de orden como una manera de esquivar el final e inventa estructuras en la oscuridad. Tal vez en la física cuántica, donde las cosas son y no son al mismo tiempo, se describe la verdadera naturaleza de las cosas.
El matrimonio es una institución cuántica, qué duda cabe.
Estar con un pie en otro mundo, cuando nada material tiene la mas mínima importancia. El ser humano solo dice la verdad cuando va a morir.
Así las cuatro últimas canciones de Richard Strauss y los últimos cuartetos del genio de Bonn. El cuarteto de cuerdas siempre ha constituido una prueba crucial para los compositores. Un complejo equilibrio entre simplicidad y profundidad. En manos de Beethoven suena a oxígeno, a bosques infinitos.
A fuego robado a los dioses.
Doyle
En 1891, el escocés Arthur Conan Doyle se trasladó a Londres para ejercer de oftalmólogo. En su biografía se ocupó de aclarar que en su consulta, situada en un barrio de clase media, nunca entró un solo paciente. Jamais.
Eso le proporcionó todo el tiempo necesario para diseñar y ejecutar las aventuras de Sherlock Holmes y del simpático Dr. Watson, un compañero ideal para el misántropo, cocainómano y solitario genio.
Supongo que la vida funciona así. No es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con lo que nos ocurre. En vez de quejarse por lo que no tiene o a los demás les sobra -un deporte más extendido que el fútbol-, Sir Arthur Conan Doyle hizo algo de valor con su propia vida. Es lo único que realmente está en nuestras manos y no es responsabilidad de nadie más. Cada uno es arquitecto de su propio destino. El famoso poema de Henley:
"... I am the master of my fate,
I am the captain of my soul".
Aunque Doyle llegó a decir que Sherlock lo asfixiaba y opacaba el resto de sus obras. Había tomado posesión de su alma.
Acabar con él se convirtió en una obsesión. Así lo hizo y, como le advirtió su madre -ya se sabe, las madres son un prodigio de sentido común-, la gente se lo tomó muy a pecho. Literalmente lo acribillaron enviándole cartas y exigiéndole que resucitara al taciturno violinista del 221B de Baker Street. Lo paraban en mitad de la calle para preguntarle cuándo regresaría Sherlock, cuándo le echaría el guante a Moriarty, de qué iban sus nuevas aventuras. Incluso se interesaban por su vida personal... ¡de un personaje de ficción...! ¿Se enamorará por fin? ¿Perderá la cabeza, esa testa tan exquisitamente amueblada, por amor? Nadie aceptaba su final. Aquello llegó a ser aún más asfixiante y Doyle terminó por ceder. De rebote, Watson también volvió a la vida.
Ambos personajes penetran en una lúgubre cripta. Están investigando, cómo no, un crimen terrible.
—Aquí no ha entrado nadie en los últimos doscientos años —, dice el doctor al contemplar el desorden y las telarañas.
Holmes está absorto en sus pensamientos y no le presta atención. Él vibra en otra frecuencia.
—Alguien estuvo en esta habitación hace como mucho... 24 horas...—, sentencia finalmente.
Watson, una suerte de Sancho ilustrado, era mucho más mundano. Había contemplado la muerte de cerca en tantas ocasiones que amaba profundamente la vida, el vino y las mujeres. Y jamás perdonaba una buena juerga, de las que hacen época.
¡Elemental, querido Sherlock!
Eso le proporcionó todo el tiempo necesario para diseñar y ejecutar las aventuras de Sherlock Holmes y del simpático Dr. Watson, un compañero ideal para el misántropo, cocainómano y solitario genio.
Supongo que la vida funciona así. No es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con lo que nos ocurre. En vez de quejarse por lo que no tiene o a los demás les sobra -un deporte más extendido que el fútbol-, Sir Arthur Conan Doyle hizo algo de valor con su propia vida. Es lo único que realmente está en nuestras manos y no es responsabilidad de nadie más. Cada uno es arquitecto de su propio destino. El famoso poema de Henley:
"... I am the master of my fate,
I am the captain of my soul".
Aunque Doyle llegó a decir que Sherlock lo asfixiaba y opacaba el resto de sus obras. Había tomado posesión de su alma.
Acabar con él se convirtió en una obsesión. Así lo hizo y, como le advirtió su madre -ya se sabe, las madres son un prodigio de sentido común-, la gente se lo tomó muy a pecho. Literalmente lo acribillaron enviándole cartas y exigiéndole que resucitara al taciturno violinista del 221B de Baker Street. Lo paraban en mitad de la calle para preguntarle cuándo regresaría Sherlock, cuándo le echaría el guante a Moriarty, de qué iban sus nuevas aventuras. Incluso se interesaban por su vida personal... ¡de un personaje de ficción...! ¿Se enamorará por fin? ¿Perderá la cabeza, esa testa tan exquisitamente amueblada, por amor? Nadie aceptaba su final. Aquello llegó a ser aún más asfixiante y Doyle terminó por ceder. De rebote, Watson también volvió a la vida.
Ambos personajes penetran en una lúgubre cripta. Están investigando, cómo no, un crimen terrible.
—Aquí no ha entrado nadie en los últimos doscientos años —, dice el doctor al contemplar el desorden y las telarañas.
Holmes está absorto en sus pensamientos y no le presta atención. Él vibra en otra frecuencia.
—Alguien estuvo en esta habitación hace como mucho... 24 horas...—, sentencia finalmente.
Watson, una suerte de Sancho ilustrado, era mucho más mundano. Había contemplado la muerte de cerca en tantas ocasiones que amaba profundamente la vida, el vino y las mujeres. Y jamás perdonaba una buena juerga, de las que hacen época.
¡Elemental, querido Sherlock!
sábado, 3 de noviembre de 2018
Mañana de sábado
Sale el sol de España. A medida que voy envejeciendo aprecio cada vez más las cosas sencillas. Una de mis favoritas es sentir el sol en la espalda mientras camino. El rito del desayuno, una conversación casual con los agricultores, el eco de las risas de los hijos de mis vecinos que me recuerdan a los míos, sus rostros cuando lograron mantener el equilibrio sobre una bicicleta.
El viento, el sol, el agua. Entonces ese carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida que es el tiempo se torna amable. Como dice alguien muy querido, "el tiempo, ese enemigo que te mata huyendo".
Pero esta noche saldremos por Madrid, rompeolas de todas las Españas. A beber y a reír hasta que amanezca.
La ebriedad compartida es un don. A fe mía.
El viento, el sol, el agua. Entonces ese carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida que es el tiempo se torna amable. Como dice alguien muy querido, "el tiempo, ese enemigo que te mata huyendo".
Pero esta noche saldremos por Madrid, rompeolas de todas las Españas. A beber y a reír hasta que amanezca.
La ebriedad compartida es un don. A fe mía.
domingo, 21 de octubre de 2018
Trenes
Vuelta al tren. A la altura de Alcalá se monta una pareja. Se sientan a escasos metros de donde estoy, con la guitarra y la bolsa de los pertrechos de guerra. Regreso a casa después de cantar en Madrid. Contento de haber visto los rostros iluminados de gente muy querida. Canté a escasos metros de donde Manuel triunfó, cerca de la línea del frente. No pasarán!
El pasaje está medio somnoliento. Es domingo de octubre. Domingo norte. Oigo hablar a los recién llegados. Colombianos. Ese castellano tan redondo. ¿Paisas...?
—Usted hace que mis días no tengan final, que quiera aprender a volar —dice él.
Ella lo mira y lo besa.
No deben tener más de treinta años y sin embargo ambos muestran marcas indelebles de haber sufrido desde que comenzó su tiempo.
Observo los hombros de él. Lleva la cárcel tatuada: un cierto peso, una leve inclinación de los omóplatos, la presión de noches sin sueño. Eso no se va nunca. Se queda ahí.
El rostro de ella tiene mucha calle. Las cicatrices están por el lado de dentro. Son más sutiles, más profundas.
—La sonrisa de usted, sus manos me dan ganas de vivir. No quiero otra cosa. Lo pienso a todas horas —dice ella y vuelve a besarlo como si el sol fuera a enfriarse.
En el vagón se ha hecho un silencio de templo. Todas las miradas, los rostros de los pasajeros confluyen en los que viajan suspendidos.
Están solos. Nunca tuvieron nada suyo. Tampoco les hace falta. Conocen el secreto mejor guardado desde que el mundo es mundo. El gesto, la palabra precisa.
Nos miramos todos. El aire es más dulce y el tren quiere ir al mar. Las palabras le regalan densidad al tiempo.
Ella pondrá dos piedras de futura mirada. Sí. Ella tiene vida en su interior. Está cargada de vida.
El pasaje está medio somnoliento. Es domingo de octubre. Domingo norte. Oigo hablar a los recién llegados. Colombianos. Ese castellano tan redondo. ¿Paisas...?
—Usted hace que mis días no tengan final, que quiera aprender a volar —dice él.
Ella lo mira y lo besa.
No deben tener más de treinta años y sin embargo ambos muestran marcas indelebles de haber sufrido desde que comenzó su tiempo.
Observo los hombros de él. Lleva la cárcel tatuada: un cierto peso, una leve inclinación de los omóplatos, la presión de noches sin sueño. Eso no se va nunca. Se queda ahí.
El rostro de ella tiene mucha calle. Las cicatrices están por el lado de dentro. Son más sutiles, más profundas.
—La sonrisa de usted, sus manos me dan ganas de vivir. No quiero otra cosa. Lo pienso a todas horas —dice ella y vuelve a besarlo como si el sol fuera a enfriarse.
En el vagón se ha hecho un silencio de templo. Todas las miradas, los rostros de los pasajeros confluyen en los que viajan suspendidos.
Están solos. Nunca tuvieron nada suyo. Tampoco les hace falta. Conocen el secreto mejor guardado desde que el mundo es mundo. El gesto, la palabra precisa.
Nos miramos todos. El aire es más dulce y el tren quiere ir al mar. Las palabras le regalan densidad al tiempo.
Ella pondrá dos piedras de futura mirada. Sí. Ella tiene vida en su interior. Está cargada de vida.
lunes, 15 de octubre de 2018
No sé más quién soy
Tengo una cuenta en LinkedIn que yo no he creado. No sé qué
habrán puesto, ya que la mayor parte de las cosas que sé es absolutamente
inútil. Es más, ni siquiera sé si las sé. Pero hete aquí que ahora descubro que
hay una segunda cuenta en LinkedIn a mi nombre. Una le envía correos
electrónicos a la otra intentando contactar con una parte de mi personalidad
que a mí se me escapa. Va por épocas. A veces una cuenta se siente más sola y
envía una andanada de correos pidiendo una cita,
una oportunidad. Otras, se hace el silencio en la noche. Un espeso compás de
espera insomne de prefiero aquellas noches en que tampoco dormíamos, pero lo
hacíamos al unísono. Como cuando llenamos el cuarto de velas y se nos fue la
mano y quemamos las sábanas y las almohadas que Ikea tuvo a bien obsequiarnos
con un perrito caliente sueco. Conservo aquellas almohadas chamuscadas como un
estandarte capturado al enemigo.
Soy el hombre sin personalidad. Un producto amansado de la posverdad.
Tango y vermut
El próximo sábado 20 compartiremos tangos en el María Pandora, en horario de vermut. Mauricio Vuoto al piano y el que suscribe cantando, juntos: Profesor Neurus. Déjame mentir que volverás, que volverás con el ayer de nuestros sueños... déjame esperarte nada más, ya que comprendo que esperar es un pedazo de recuerdo.
El tango empieza cuando descubres que ella no va a volver. Y tras arrastrarte por las esquinas, llorar al afeitarte y decí por DIos que me has dao, te conviertes en el soltero más codiciado al oeste del Éufrates. Y vuelta a empezar.
Vengan y déjense machacar por la incomparable agonía del amor no correspondido o demasiado correspondido. Preparación al divorcio con estilo. Hablalo con mi abogado. Procurador que me hiciste mal.
Y sin embargo... esas fotos en que están juntos, mirando la vida de frente. Con todo el tiempo por delante. Todos los viajes, todos los besos. Nos queda el tango.
Están todos invitados!
El tango empieza cuando descubres que ella no va a volver. Y tras arrastrarte por las esquinas, llorar al afeitarte y decí por DIos que me has dao, te conviertes en el soltero más codiciado al oeste del Éufrates. Y vuelta a empezar.
Vengan y déjense machacar por la incomparable agonía del amor no correspondido o demasiado correspondido. Preparación al divorcio con estilo. Hablalo con mi abogado. Procurador que me hiciste mal.
Y sin embargo... esas fotos en que están juntos, mirando la vida de frente. Con todo el tiempo por delante. Todos los viajes, todos los besos. Nos queda el tango.
Están todos invitados!
miércoles, 10 de octubre de 2018
Navegaciones
Hace unos días mantuve una conversación fascinante con un amigo agricultor. Hay ritmos que impone la tierra de los que cabe aprender verdades profundas. La rotación de cultivos, el barbecho... la necesidad de que la tierra descanse. El hecho de cambiar, de no insistir hasta la saciedad aburriendo a las ovejas. Si aplicáramos algunos de estos conceptos simples a nuestras "complejas" vidas estoy convencido de que seríamos más felices.
¿Está diciendo usted que hay que cambiar de relación como mucho cada año?
Bueno, una idea refrescante, pero me refería a la vida personal. Uno de los problemas de la especialización y la repetición es que se pierde la visión del todo y uno termina por necesitar urgentemente unas vacaciones de sí mismo. La raíz del desastre emocional no está en las relaciones con los demás, sino en la imposibilidad de pasar 5 horas a solas.
Stanley Kubrick tenía un enfoque del impulso vital que siempre me resultó fascinante. Vaya por delante que tenía mente de ajedrecista de altos vuelos. Saltaba de un género a otro y era tan meticuloso (y obviamente tenía un enorme talento) que terminaba produciendo clásicos en cada mundo que exploraba. Creaba prototipos.
Es la diferencia entre hacer y estudiar lo que hacen otros. Orson Welles no fue a la universidad. Woody Allen le dio una nueva vuelta de tuerca:
-¿En qué universidad estudió usted? -preguntó cansinamente el periodista.
-En ninguna. ¡A mí me estudian en la universidad...!
El mundo es extraordinariamente rico como para limitarse a repetirse hasta la saciedad. Nuestro sistema educativo es como la medicina oficial: procedimientos estándar para todo el mundo. Eso carece de sentido. La constante es la diferencia, no la uniformidad. Hay que atreverse a perder la línea de costa y aprender a perder el tiempo, que es el caldo de cultivo para las grandes cosas.
Como dice otro amigo: "preparados o no, allá vamos". Así es como se cruza el Pacífico en las naves de Magallanes. Hace falta mucho más que valor para ir de Chile a Filipinas sin escalas en un navío de 1521. Más de cien días de navegación. Es preciso el aliento de los dioses en las velas. Y la desesperación humana.
Al principio fue el Caos.... dónde habré oído yo esa frase.
¿Está diciendo usted que hay que cambiar de relación como mucho cada año?
Bueno, una idea refrescante, pero me refería a la vida personal. Uno de los problemas de la especialización y la repetición es que se pierde la visión del todo y uno termina por necesitar urgentemente unas vacaciones de sí mismo. La raíz del desastre emocional no está en las relaciones con los demás, sino en la imposibilidad de pasar 5 horas a solas.
Stanley Kubrick tenía un enfoque del impulso vital que siempre me resultó fascinante. Vaya por delante que tenía mente de ajedrecista de altos vuelos. Saltaba de un género a otro y era tan meticuloso (y obviamente tenía un enorme talento) que terminaba produciendo clásicos en cada mundo que exploraba. Creaba prototipos.
Es la diferencia entre hacer y estudiar lo que hacen otros. Orson Welles no fue a la universidad. Woody Allen le dio una nueva vuelta de tuerca:
-¿En qué universidad estudió usted? -preguntó cansinamente el periodista.
-En ninguna. ¡A mí me estudian en la universidad...!
El mundo es extraordinariamente rico como para limitarse a repetirse hasta la saciedad. Nuestro sistema educativo es como la medicina oficial: procedimientos estándar para todo el mundo. Eso carece de sentido. La constante es la diferencia, no la uniformidad. Hay que atreverse a perder la línea de costa y aprender a perder el tiempo, que es el caldo de cultivo para las grandes cosas.
Como dice otro amigo: "preparados o no, allá vamos". Así es como se cruza el Pacífico en las naves de Magallanes. Hace falta mucho más que valor para ir de Chile a Filipinas sin escalas en un navío de 1521. Más de cien días de navegación. Es preciso el aliento de los dioses en las velas. Y la desesperación humana.
Al principio fue el Caos.... dónde habré oído yo esa frase.
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