miércoles, 28 de agosto de 2019

Cuadernos para Pablo - II

Continúo con la serie "Cuadernos para Pablo", que tuve que interrumpir por cosas de la vida. Lo he intentado por todos los medios, hasta he recurrido al soborno sentimental y material, pero finalmente mi queridísimo y admiradísimo Pablo va a estudiar filosofía. Y en la Autónoma... como su padre. Gott im Himmel, qué he hecho mal. ¿Mal? Y un jamón. La filosofía, el pensamiento, resulta fundamental en esta época de Tinders e Instagrams, la era de los jeroglíficos, del analfabetismo funcional y Rosalía en el puesto de Mozart.

Y háganme caso. Dedíquense a cosas económicamente "inútiles" pero que les hagan sentir bien. No hay sitio para tanto analista de Big Data. Si logran trabajar en algo que les guste no será un trabajo, sino un disfrute.

Bien, como decíamos ayer, Cuadernos para Pablo en su segunda entrega. Textos, reflexiones de grandes autores que me parecen interesantes como punto de partida para debatir. Una tertulia abierta. Dedicada a mis queridos alumnos de España y de allende los mares. Abro esta ventana pensando en ellos y en aquellos jóvenes que comienzan a hacerse preguntas.

*

En "El hombre unidimensional", el pensador Herbert Marcuse reflexiona sobre las necesidades humanas. Distingue entre "necesidades verdaderas" y "necesidades falsas". En la era del consumo desaforado y la obsolescencia programada - sufro la obsolescencia en silencio, como se sufren las hemorroides, sobre todo cuando me cruzo en la calle con un grupo de bellas damas que reafirman mi destino literario al hacerme sentir protagonista de "El hombre invisible", ¡con lo que yo he sido...! Tened en cuenta que Ava Gardner dijo de mí: "es muy injusto que tanta belleza esté concentrada en un solo hombre". ¿O lo dijo de Paul Newman? Si os soy sincero, no me acuerdo... - conviene volver a revisar sus escritos. ¿Qué resulta realmente necesario? ¿Qué se nos impone socialmente como elementos que, de no tener, nos hacen sentir miserables y fracasados?

Vivimos en un mundo represivo. Todo comenzó cuando las sociedades humanas se hicieron más complejas: había que controlarlas. Y el primer sistema de control fue la religión, el miedo a un castigo eterno, el concepto de pecado. Las cosas había que hacerlas de determinada manera no porque estuviera bien, sino porque, en caso contrario, arderías en el infierno.

El mecanismo de la represión es clave para entender por qué resulta imposible ganar la carrera de la felicidad material que promete nuestra sociedad de consumo. Nunca puede ser satisfecha la sed, siempre habrá alguien que tenga una casa más grande, un coche más potente, etc. etc. Es una carrera de ratas que no tiene fin. Esta carrera se da en casi todos los órdenes de la existencia, no es preciso ser un magnate.

Todo puede reducirse a un problema de poder. Quién lo tiene, qué hace con él. El mecanismo más perverso es el que hace que el poder deba usarse sí o sí, si no, carece de sentido por definición. Ahí es cuando comienzan a tomar forma las ideas de martirización de otro ser humano: alguien con poder de verdad no tiene que comportarse de forma racional. Antes al contrario. De tanto en tanto debe castigar aleatoriamente a algún pobre infeliz para producir terror en el resto de los monos que, asustados ante la perspectiva, se pondrán a cuatro patas a merced de "la luz que ilumina nuestros pasos". Esa es la esencia del poder. Es irracional, destructivo, ciego e impredecible. Una especie de cisne negro.

Un fragmento de "El hombre unidimensional" de Herbet Marcuse.

"La intensidad, la satisfacción y hasta el carácter de las necesidades humanas, más allá del nivel biológico, han sido siempre precondicionadas. Se conciba o no como una necesidad, la posibilidad de hacer o dejar de hacer, de disfrutar o destruir, de poseer o rechazar algo, ello depende de si puede o no ser vista como deseable y necesaria para las instituciones e intereses predominantes de la sociedad. En este sentido, las necesidades humanas son necesidades históricas y, en la medida en que la sociedad exige el desarrollo represivo del individuo, sus mismas necesidades y sus pretensiones de satisfacción están sujetas a pautas críticas superiores.

Se puede distinguir entre necesidades verdaderas y falsas. «Falsas» son aquellas que intereses sociales particulares imponen al individuo para su represión: las necesidades que perpetúan el esfuerzo, la agresividad, la miseria y la injusticia. Su satisfacción puede ser de lo más grata para el individuo, pero esta felicidad no es una condición que deba ser mantenida y protegida si sirve para impedir el desarrollo de la capacidad (la suya propia y la de otros) de reconocer la enfermedad del todo y de aprovechar las posibilidades de curarla. El resultado es, en este caso, la euforia dentro de la infelicidad. La mayor parte de las necesidades predominantes de descansar, divertirse, comportarse y consumir de acuerdo con los anuncios, de amar y odiar lo que otros odian y aman, pertenece a esta categoría de falsas necesidades.

Estas necesidades tienen un contenido y una función sociales,determinadas por poderes externos sobre los que el individuo no tiene ningún control; el desarrollo y la satisfacción de estas necesidades es heterónomo. No importa hasta qué punto se hayan convertido en algo propio del individuo, reproducidas y fortificadas por las condiciones de su existencia; no importa que se identifique con ellas y se encuentre a sí mismo en su satisfacción. Siguen siendo lo que fueron desde el principio; productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión.

El predominio de las necesidades represivas es un hecho cumplido, aceptado por ignorancia y por derrotismo, pero es un hecho que debe ser eliminado tanto en interés del individuo feliz, como de todos aquellos cuya miseria es el precio de su satisfacción. Las únicas necesidades que pueden inequívocamente reclamar satisfacción son las vitales: alimento, vestido y habitación en el nivel de cultura que esté al alcance. La satisfacción de estas necesidades es el requisito para la realización de todas las necesidades, tanto de las sublimadas como de las no sublimadas....

...En última instancia, la pregunta sobre cuáles son las necesidades verdaderas o falsas sólo puede ser resuelta por los mismos individuos, pero sólo en última instancia; esto es, siempre y cuando tengan la libertad para dar su propia respuesta. Mientras se les mantenga en la incapacidad de ser autónomos, mientras sean adoctrinados y manipulados (hasta en sus mismos instintos), su respuesta a esta pregunta no puede considerarse propia de ellos. Por lo mismo, sin embargo, ningún tribunal puede adjudicarse en justicia el derecho de decidir cuáles necesidades se deben desarrollar y satisfacer. Tal tribunal sería censurable, aunque nuestra repulsa no podría eliminar la pregunta: ¿cómo pueden hombres que han sido objeto de una dominación efectiva y productiva crear por sí mismos las condiciones de la libertad?

Cuanto más racional, productiva, técnica y total deviene la administración represiva de la sociedad, más inimaginables resultan los medios y modos mediante los que los individuos administrados pueden romper su servidumbre y alcanzar su propia liberación. Claro está que imponer la Razón a toda una sociedad es una idea paradójica y escandalosa; aunque se pueda discutir la rectitud de una sociedad que ridiculiza esta idea mientras convierte a su propia población en objeto de una administración total. Toda liberación depende de la toma de conciencia de la servidumbre, y el surgimiento de esta conciencia se ve estorbado siempre por el predominio de necesidades y satisfacciones que, en grado sumo, se han convertido en propias del individuo. El proceso siempre reemplaza un sistema de precondicionamiento por otro; el objetivo óptimo es la sustitución de las necesidades falsas por otras verdaderas, el abandono de la satisfacción represiva.

El rasgo distintivo de la sociedad industrial avanzada es la sofocación efectiva de aquellas necesidades que requieren ser liberadas —liberadas también de aquello que es tolerable, ventajoso y cómodo— mientras que sostiene y absuelve el poder destructivo y la función represiva de la sociedad opulenta. Aquí, los controles sociales exigen la abrumadora necesidad de producir y consumir el despilfarro; la necesidad de un trabajo embrutecedor cuando ha dejado de ser una verdadera necesidad; la necesidad de modos de descanso que alivian y prolongan ese embrutecimiento; la necesidad de mantener libertades engañosas tales como la libre competencia a precios políticos, una prensa libre que se autocensura, una elección libre entre marcas y gadgets.

Bajo el gobierno de una totalidad represiva, la libertad se puede convertir en un poderoso instrumento de dominación. La amplitud de la selección abierta a un individuo no es factor decisivo para determinar el grado de libertad humana, pero sí lo es lo que se puede escoger y lo que es escogido por el individuo. El criterio para la selección no puede nunca ser absoluto, pero tampoco es del todo relativo. La libre elección de amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos. Escoger libremente entre una amplia variedad de bienes y servicios no significa libertad si estos bienes y servicios sostienen controles sociales sobre una vida de esfuerzo y de temor, esto es, si sostienen la alienación. Y la reproducción espontánea, por los individuos, de necesidades súperimpuestas no establece la autonomía; sólo prueba la eficacia de los controles".

Herbert Marcuse, El Hombre Unidimensional
(págs 34-38)

Cuadernos para Pablo - I

El niño yuntero

Cuando oigo a personajes como Javier Milei o similares, gente que ha estudiado economía, que parece competente en lo suyo y habla con un aplomo total sobre las bondades del liberalismo extremo, me pregunto en qué mundo viven. El capitalismo en su versión más salvaje, el capitalismo sin control alguno, ha generado condiciones de esclavitud en todo el mundo. Muchísimo más con la globalización. ¿No te gustan las condiciones? Me llevo la producción al quinto mundo donde no tengo que pagar más que lo que me cuesta un tazón de arroz en mal estado.
Cuando se habla de "progreso" no se tiene en cuenta de quién se está hablando. Tomemos mi país natal. ¿Cuánta gente dispone de servicio doméstico para no tener que tocar un inodoro en su vida o de "Marías" (LA TRATAMOS COMO UNA MÁS DE LA FAMILIA. Y me recontracago en tu alma. ¿Una más de la familia y le pagan centavitos o la hacen dormir en la peor habitación de la casa?) que le cuidan a los niños para que ellos puedan dedicarse a tareas más elevadas? ¿3, 5, 7 millones de personas en todo el país? ¿Qué significa eso en un país de 44 millones de habitantes? Nadie debería limpiar la basura de otro ser humano, salvo por amor a su pareja, a sus hijos, a su gente, y menos por un salario de miseria.
El capitalismo salvaje, sin ningún grado de control, funciona bien para la gente a la que le funciona bien. Como mucho y siendo muy generoso, un tercio de la humanidad. Los pijos/recontrachetos de hoy no necesitan robar: ya lo hicieron sus padres o sus abuelos. Ellos son unos simples inútiles que se encargarán de acabar con todo lo acumulado. Y aún sentirán "vacío existencial", se meterán toda clase de sustancias o tratarán de encontrar en el sexo compulsivo o la actividad más peregrina alguna clase de respuesta a la Nada. Los ponía a cavar una zanja desde La Quiaca hasta Ushuaia como terapia de choque. ¿Y después...? A taparla, hombre. No queremos que nadie se accidente.
Los que afirman que el capitalismo en su versión globalizada genera progreso tienen la hipocresía suficiente como para circular por la vida sin mirar ni ver. Es fácil decir esas chorradas sentado en un bonito café europeo o en un centro comercial de Miami o Los Ángeles. O un salón de té en Buenos Aires o México DF, nuestro maravilloso continente de desigualdades al estilo Bangladesh. Porque si nadie se ha parado a pensarlo, América Latina es una de las regiones más desiguales del mundo.
Cuando estuve de cooperante en Nicaragua tuve que tratar con toda clase de personas. Recuerdo una señora de la alta burguesía local que me confesó "odio este país, lo odio con todas mis fuezas. No tiene solución. Pero jamás podría tener el nivel de vida que tengo aquí en Europa o en los Estados Unidos". Lógico, el precio del esclavo en el tercer mundo apenas cotiza.
El sistema funciona para 1 de cada 3 o 4 personas de la población mundial. Hay casi 100 países que dependen de la suerte y la buena voluntad de los amos del mundo. Una mala cosecha, un microcambio en los precios de las materias primas, un movimiento especulativo de un fondo buitre y millones de personas se verán abocadas a la pobreza. En un abrir y cerrar de ojos. Véase lo que ocurrió en la bolsa argentina y en el cruce del peso una vez que se conocieron los resultados de las PASO (y no eran presidenciales). En SEGUNDOS se hunde un país. Y la llave para hacerlo o contenerlo no está en manos de ningún gobierno.
Muy conveniente ver la película "The Big Short" para comprender cómo funcionan los capitales mundiales y cómo nadie está a salvo.
En otro orden de cosas, se sabe que la ausencia de ciertos nutrientes en la infancia provoca un retraso prácticamente irrecuperable. ¿Qué hacemos con esa gente? ¿En qué se emplearán? ¿Cómo los sacamos adelante? ¿Qué hacemos con los ancianos, con los dependientes, con la gente que nunca contó para el sistema productivo? ¿Los tiramos a la puta calle como hacen tus admirados yanquis de los cojones, "gordito libertario"? Porque la primera potencia mundial es todo un ejemplo a la hora de cuidar la salud de sus 325 millones de habitantes. Su sistema es muy sencillo de entender. ¿Tienes dinero para pagar la factura del hospital? Welcome, ¿una copita de champagne? ¿Que no tienes pasta? Hazte un cursillo de primeros auxilios por Internet. Opérate tú mismo en casa. A su lado, la Seguridad Social española es un milagro propio de un ideario socialista de manual. Hasta nuestros amigos del PP se atendía a todo el mundo, viniera de donde viniese. Ya fuera Siria o Inglaterra.
¿Contempla tu "respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo" de signo "libertario" a aquellos que no tienen voz, que no conocen otra cosa que la esclavitud, que viven muchísimo peor que un perrito de Barrio Norte?
Quien defiende este sistema basado en los más bajos instintos del ser humano, que no tiene ningún problema en emplear niños en régimen de esclavitud, que ignora la existencia de millones de personas "prescindibles", realmente se merece que Dios finalmente exista -aunque habría que averiguar por qué razón se inhibe cada vez que muere un niño en este planeta de aprendices de burgués. ¿Para qué nació si ni siquiera vivió?- y que, una vez atravesada la Estigia, el Ser Supremo le ajuste las cuentas. ¿Cómo era aquello del camello y el ojo de la aguja...? Si lo que dice la Biblia es verdad, mucha gente de misa diaria y riñón bien forrado acabará en un lugar donde el calentamiento global será el menor de sus problemas.
Por si no lo sabías Milei, el niño de la foto no está "posando". No sabe ni lo que es una foto. Nació exclusivamente para el dolor y dudo mucho que tenga un proyecto de vida que el libertario de pro pueda "respetar de manera irrestricta". Su vida será un túnel más que oscuro.
Hoy como en 1930 sigue habiendo niños yunteros. Y hay que liberarlos.


lunes, 26 de agosto de 2019

Einstein y la concentración

Albert Einstein tenía una capacidad que le permitía concentrarse en un problema durante horas, días o incluso años. La ciencia se construye intuitivamente. Existen lagunas lógicas. Los científicos pasan años deambulando en la nada, se frustran, se tiran de los pelos.

He ahí el poder de la genialidad: la fuerza de voluntad para cometer los errores necesarios que te conducen a la respuesta correcta.

Cuando se encontraba en un aparente callejón sin salida, sacaba el violín de su estuche e interpretaba a Mozart, cuya música según él "captaba el espíritu del Universo".

martes, 6 de agosto de 2019

Pampeano



Comparto este tema mío, "Pampeano", montado sobre cuadros de mi señor padre, el pintor y escultor Abel Rasskin. Soledades de donde da la vuelta el aire. Allá lejos y hace tiempo.

Cabalgando hacia el horizonte hasta enterrarlos en el mar. Va por ustedes!

lunes, 8 de julio de 2019

Esta es mi gente

Salgo de casa. Voy a cortarme el pelo. Todavía tengo... ¿qué es lo peor que se puede decir de mí como ser humano? Veamos... ya está. Que estoy perdiendo pelo en la coronilla. El resto, un poema...

Como vivo donde acamparon las tropas de El Cid antes de reconquistar Wad-al-hidjara para la Cristiandad y eso fue todo lo que pasó en los últimos mil años, tengo que tomar un autobús para llegar hasta un centro comercial. Al carecer de automóvil por decisión propia desde hace casi doce meses conozco a todos los conductores de la línea.

Ninguno como Paco (nombre ficticio, no sea que lo expedienten). Soy un solitario empedernido y agradezco esos momentos de contacto humano, pero lo de Paco se sale del molde.

—¿Pa dónde vas, Martín?

—Al centro comercial, a cortarme el pelo...

Seguimos hablando de la caló, le pregunto por su familia, me dice "no se quejan", yo le contesto "buena señal". La conversación es castellana, sin demasiado gregré para decir "Gregorio". Al grano, coño. Tierra estupenda.

Cuando llegamos a la terminal y se baja el pasaje, Paco me dice... "shhhhh... quieto parao... que te llevo". Y el tío pilla el autobús de línea y me lleva hasta el mamotreto comercial que está al otro lado de la autopista y que andando desde la terminal treinta minutos a paso ligero no me los quita nadie. Estamos en julio, polvo, sudor y hierro, las tropas de El Cid cabalgan...

Y ahí íbamos los dos en un autobús gigante para nosotros solos, partiéndonos de risa como si tuviéramos quince años, derrapando en las curvas. ¡Viva tu estampa, Paquito! Estas cosas solo ocurren en España. País cojonudo.

Me deja a 300 metros. Que no quiero que me vea el jefe de compras, que tiene la oficina ahí mismo. Jaja, qué tío. Y se fue a toda pastilla para llegar a tiempo a la terminal.

Mi peluquero es otro tipo estupendo. Todavía no le he pillado bien el punto, pero es un buen chaval. Bastante más joven que yo, está tatuado hasta las cejas y lleva algunos mensajes algo enigmáticos, presumiblemente de inspiración satánica.

Afirma que cuando me corto el pelo infundo respeto y parezco un Don de la mafia. Cuánta razón.

Esta vez lo noté triste y taciturno. Sábado. Había una cola enorme de gente esperando.

—¿Estás bien?

—Mi padre falleció hace unos días.

—No... ¿cómo fue?

—Ya estaba mal el hombre, pero no esperábamos que sucediera tan pronto.

Necesitaba hablar. Así que le presté toda mi atención. La gente tendrá que esperar.

—Por atrás te paso la maquinilla que hace mucho calor. ¿Al dos...?

—Venga. Con dos.

—Fue todo un número. Me llamaron estando en el trabajo. Mi hermano pasó de todo. Se llevaban fatal y hacía años que no se hablaban. Solo apareció cuando se trató del tema de la herencia. Encima se cabreó porque apenas dejó nada... Será mamón. Tuve que vestir el cuerpo yo solo, como se hacía en los pueblos... no me lo quito de la cabeza...

Y se quebró. Terminó su trabajo. Me dejó un poco trasquilao, así que en esta ocasión más que infundir respeto provoco risa, pero dadas las circunstancias no dije ni mú.

Le di un abrazo, que estaba pidiendo a gritos, se calmó y me sonrió.

Hasta la próxima. Cuídate mucho.

Fui a por vino. También yo necesitaba un abrazo. O dos.

Mañana

Todos somos un vasto paisaje, creemos saberlo todo de nosotros mismos, pero no tenemos ni idea.

domingo, 7 de julio de 2019

Dos puntas tiene el camino

De los escritores de mi tierra natal, si tengo que quedarme con uno solo, opto por Roberto Arlt. Sus escritos tienen el pulso, el fervor de la calle y, a mi modo de ver, respiran tango por los cuatro costados. Como alguien dijo, el tango es la única actividad creativa en la que la Argentina no necesita pedirle opinión a Europa. Es una expresión nuestra, como la bulería en Jerez de la Frontera o Granada.

Un crisol de música negra, española, klezmer, italiana, francesa...
Algo que la cuenca del Plata (que obviamente incluye a la república hermana del Uruguay) regaló al mundo. Y el mundo lo hizo suyo.

A diferencia de Ricardo Güiraldes, otro prócer de las letras argentinas, Arlt se hizo a sí mismo. No contaba con un apellido importante, ni campos, ni esclavos. Nada de nada. Contaba con su talento y "la prepotencia del trabajo".

Ambos conocieron los años gloriosos del tango. Pero de distinta manera. Güiraldes, que se educó al cuidado de institutrices bilingües y hablaba francés sin acento, lo disfrutó en París, en los años locos antes de que todo estallara en pedazos. Los niños bien argentinos, "la haute", amaban los piringundines concurridos por apaches. Les divertía alternar con gente de abajo en la extraña y desinhibida ceremonia del tango. Hasta por ahí nomás, después cada uno a sus quehaceres. Vos a remar con los presos, yo a tomar el aperitivo en el Jockey Club.

Arlt sufrió el tango. Lo masticó, lo llevó en el bolsillo, lo padeció una y otra vez. Porque en cuestiones del alma o de amores el tango es nunca aprendo. Se trata de tropezar mil veces con la misma piedra. Con otra, no. Con la misma.

Dos formas de estar en el mundo. Encuentros a través del tango, el alma del pueblo. Esas dos puntas: los hijos de las mil familias que dominan mi continente desde los tiempos de la colonia -fiesta de la independencia, me río de Janeiro- y los míos, mi gente.

Para hacer arte de verdad, hay que embrutecerse. Los surrealistas bien lo sabían. Ese escritor argentino de vida breve y azarosa, de nombre que se apelotona en la lengua, es puro tango. Rufianes melancólicos, juguetes rabiosos, minas que nos engañarán a la primera de cambio, hileras de focos que lustran el asfalto con luz mortecina.

El tango como seguro de muerte, de una noche a cuchillo en los bosques de Palermo. Solo, sin vos. De morir en Buenos Aires con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.

¡Arlt, más Arlt!


martes, 11 de junio de 2019

Navegaciones

Cuando sales de la escuela náutica sabes muchas matemáticas, pero no te preparan para lo que te aguarda. Te confundes hasta con las banderas y haces cualquier cosa, poniendo a prueba la paciencia del capitán. En el mar no hay paredes, sino mamparos. No existen las cuerdas: se llaman estachas. Y tus compañeros son todo lo que tienes, así que ya puedes caerles bien por muy peculiar que seas. Hasta tu vida podría depender de su buena voluntad en una noche de mar gruesa.

Frío, calor, tormentas, viento huracanados, calma chicha. Olas solitarias que barren la cubierta. Meses hasta dar la vuelta al mundo y vuelta a empezar. Puertos oxidados, trifulcas, mujeres, promesas de retorno que nunca se cumplen. Palabras de amor gastadas, sin esperanza. Cuando volvamos a vernos...

Y la sensación única al separarse de tierra por primera vez. Soledades infinitas. Océanos que huelen a tabaco. La resignada certeza de que tu destino no le importa a nadie. El silencio.

El alma del marino, plena de surcos donde habita el olvido.

jueves, 28 de marzo de 2019

Canción de amor urgente para Leyva

Acabo de enterarme de que Leyva, a quien quiero muchísimo, anda de hospitales en La Habana. Le acompaña Taby, su pareja amantísima en estos últimos treinta años.

Leyva y Taby protagonizaron un sonado escándalo sentimental cuando decidieron unir destinos. Ella era su alumna (Taby es una pianista magnífica). La venganza fue terrible... su ex tuvo la feliz idea de precipitar todos los instrumentos de Leyva a la calle desde un décimo piso (debía ser el edificio más alto de La Habana). Como escena dramática es insuperable: a mí solo me quemaron dos de las cosas que más quería. Mi bicicleta y el reloj que me legó mi abuelo. Logré salvar las guitarras, exceptuando un tres cubano que justamente me regalaron ellos. Leyva me supera hasta en espectacularidad en las vendettas.


Además de ser un músico excelente (todavía te debo una grabación de la maravillosa composición que me dedicaste, queridísimo!) con decenas de premios internacionales, entre los que se cuentan Goyas por Habana Abierta y una lista interminable, Leyva es de esas raras personas que aúna un talento enorme y la cercanía y sencillez de la buena gente. Siempre la mano tendida. La sonrisa que no falte. Meta abrazos y malanga.


Leyva y Taby son la pareja ideal: su casa tiene las puertas permanentemente abiertas, hacen música las 24 horas, nunca desperdician una buena oportunidad de celebrar una "descarga" en la que se dan cosas que no es posible oír en ningún local. Te puedes encontrar a Omara Portuondo y a los valores más jóvenes de la música cubana (el padre de Taby, Manuel Galbán, fue uno de los fundadores de Buena Vista). El dinero nunca ha sido un fin para ellos, han hecho muchísimas cosas por amor al arte, porque creían en el talento de otros. Sé que para un occidental eso suena a ciencia-ficción, pero yo lo he visto con mis propios ojos.


Leyva, coño, vamos, arriba ese corazón que no te cabe en el pecho que tenemos mil cosas por hacer. Dar la vuelta a la isla en Harley Davidson, salir a pescar tiburones a la Isla de la Juventud (a ver si se nos pega algo), trasnochar en la Escuela de CIne, mezclar tango y salsa, tocar blues hasta agotar las reservas de ron de Cuba...


Juan Antonio Leyva Ordóñez, negro y cubano, un tipo diez. Mi amigo querido. Un músico como la copa de un pino, mi asere. Abrazo de oso ruso de este bolo tanguero del sur que te quiere!

martes, 26 de febrero de 2019

Cuadernos para Pablo I

Inicio hoy un proyecto que venía acariciando hace tiempo. De forma asistemática y sin pretender tener respuestas -soy pródigo en preguntas- voy a publicar textos que me han sugerido cosas a lo largo de mi vida. La idea de Cuadernos para Pablo nació hace unos diez años, cuando recorrí el continente americano desde el Río Grande hasta Chile intentando crear comunidades educativas. Con muchos de mis alumnos de aquellos tiempos sigo en contacto. La arquitecta Tania Matus, con quien hablamos hace años de este proyecto y que trabaja en Managua, me invitó este curso a dar clases de filosofía en una universidad nacional, pero por temas de tiempo no me resulta posible. A cambio, este humilde intento de tender la mano a todos los que soñamos y amamos en español y portugués. El futuro de nuestra comunidad depende exclusivamente de nosotros. De todos nosotros.

Para arrancar, un texto de Frazer. La rama dorada. Un texto clásico de la antropología. Un estudio fascinante sobre magia y religión, escrito con una fineza y una profundidad fascinantes. Sobre aquello que nos hace diferentes, radicalmente diferentes. Máquinas que se piensan. Que se sueñan.

Este texto, que leí por primera vez cuando tenía 20 años y me dejó mirando las estrellas durante muchas noches, es una parábola fantástica sobre el sentido de la vida, la fuerza indomable de la juventud, la vigilia y la soledad del poder, y la realidad de la decadencia y la extinción. A cambio de la sabiduría. El árbol del conocimiento en sentido bíblico.

Si podéis visitar esa zona de Italia volveréis transformados. Quién sabe si os encontraréis a Sir Lancelot...

*
¿Quién no conoce La rama dorada, el cuadro de Turner? La escena, bañada en el dorado resplandor con que la divina imaginación del artista envolvía y transfiguraba hasta el más bello paisaje, es una visión de ensueño del pequeño lago del bosque de Nemi, llamado por los antiguos "el espejo de Diana" [Lacus Nemorensis, de 5 y medio kilómetros de diámetro, 30 metros de profundidad y 90 de farallones sobre el nivel de las aguas, es un cráter extinto y subsidiario del cráter Albano, al este del lago de este nombre.]

Quien haya contemplado las quietas aguas encunadas en uno de los verdes repliegues de las colinas albanas, no podrá olvidarlo. Las dos aldeas italianas típicas, que dormitan en sus laderas, y el palacio, cuyos jardines en terraplén descienden hasta el lago, apenas rompen la quietud y soledad de la escena. Diana misma podría frecuentar aún la solitaria orilla; aún podría aparecer entre el boscaje.

En la Antigüedad este paisaje selvático fue el escenario de una tragedia extraña y repetida. En la orilla norteña del lago, inmediatamente debajo del precipicio sobre el que cuelga el moderno villorrio de Nemi, estaba situado el bosquecillo sagrado y el santuario de Diana Nemorensis o Diana del Bosque. Lago y bosque fueron denominados, en ocasiones, lago y bosque de Aricia, aunque el pueblo de este nombre (modernamente La Riccia) estaba situado unos cinco kilómetros al pie del monte Albano y separado por una pendiente del lago, que yace en una concavidad, a modo de cráter, en la falda de la montaña.

Alrededor de cierto árbol de este bosque sagrado rondaba una figura siniestra todo el día y probablemente hasta altas horas de la noche: en la mano blandía una espada desnuda y vigilaba cautelosamente en torno, cual si esperase a cada instante ser atacado por un enemigo. El vigilante era sacerdote y homicida a la vez; tarde o temprano habría de llegar quien le matara, para reemplazarle en el puesto sacerdotal. Tal era la regla del santuario: el puesto sólo podía ocuparse matando al sacerdote y substituyéndole en su lugar hasta ser a su vez muerto por otro más fuerte o más hábil. El oficio mantenido de este modo tan precario le confería el título de rey, pero seguramente ningún monarca descansó peor que éste, ni fue visitado por pesadillas más atroces. Año tras año, en verano o en invierno, con buen o mal tiempo, había de mantener su guardia solitaria, y siempre que se rindiera con inquietud al sueño, lo haría con riesgo de su vida. La menor relajación de su vigilancia, el más pequeño abatimiento de sus fuerzas o de su destreza le ponían en peligro; las primeras canas sellarían su sentencia de muerte...

The Golden Bough: A Study in Magic and Religion, James George Frazer

jueves, 14 de febrero de 2019

Vuelos

Llevo una semana sin salir de casa. Me enfrié el día que fui al fútbol. Comportarte como un chico no te transforma en un chico, Martín. Te hace un viejo que hace boludeces. Ya sé, no me digás...

Ayer desde mi ventana pude seguir las evoluciones de un halcón. Su forma de volar, la manera de aprovechar las térmicas, quedándose suspendido en el aire, la manera majestuosa de planear. Una enciclopedia de la historia de la aviación. Los Wright, Blériot cruzando el Canal, Lindbergh en solitario... Qué maravilla.

Ese halcón que vino a visitarme me sacó de mi cárcel durante unos instantes. Cuando quise darme cuenta ya estaba lejos, muy lejos. Más allá de las onduladas colinas. Aún había café en mi taza cuando desapareció en el horizonte.

Me recordaste el mar.

martes, 12 de febrero de 2019

Insomnios

El insomnio es una metáfora de la muerte. Cada hora trae un recuerdo nuevo, alguien que ya no está se sienta a conversar contigo. Un amigo que ceba unos mates y te convida uno.
-Amargo y bien caliente. Gracias, viejo... ¿cómo andás, qué tal todo por ahí?
-Está medio jodido encontrar yerba.
-¿Pero qué clase de paraíso es ese...?
-Además... no hay milongas nocturnas y San Pedro no mira con buenos ojos los abrazos cerrados. Dice que una cosa lleva a otra y después hay legiones de almas desencarnadas que quieren volver a la Tierra. No hay sexos, el cielo es unisexual: los espíritus tienen el aspecto propio de unos cefalópodos tornasolados. Bailar con otro pulpo asexuado, ya me dirás... En las cortinillas suena "Por una cabeza" y surge el problema de cabecear, porque es fácil pifiarla y darle a otro cefalópodo. Entonces se arma la de Dios es Cristo y aparece la Policía Militar del cielo repartiendo hostias como panes. Algunos escapan a los férreos controles angélicos y toman posesión del alma de ciertos milongueros. Pero todo paga peaje... se vuelven malos, oscuros.
-Qué cosa, che...
-Los milongueros con cara de malo, los que van dando lecciones de "cómo se hace", como si alguien tuviera la útima palabra en una danza que se ha ido haciendo en el camino y de la que existen tantas versiones como bailarines, en lugar de dejar vivir a la gente en paz, los que de puro macho no saludan a nadie. Ojito. Esos son los ángeles caídos. Arriba los buscan. Si caen fulminados por un rayo invisible en la tanda de Caló es que los han localizado y vienen a cobrar...
-Mirá vos. Pasame otro matecito... dale.
Esta semana han subido tres amigos a verme, vivos, no vayan a creer... Como resido en Laponia, que también existe, tomarse la molestia de venir un rato a conversar es prueba de amor incondicional.
¿Qué te llevo? me preguntan. ¿Necesitas algo de la ciudad? Traeme unos bolígrafos, si quieres. Folios tengo, tranqui. Cada día que pasa necesito menos cosas materiales. Con clientes como yo Amazon se hunde.
Descubro que como soy medio ermitaño los amigos esperan algún tipo de consejo o iluminación por mi parte. Siento decepcionarlos: la soledad no produce sabiduría. La soledad, el insomnio, el suicidio. No son metáforas, son avanzadillas de la muerte, columnas de ingenieros militares que exploran, que preparan el avance de las tropas de infantería: los que cartografían el terreno.
La vida, la alegría, dependen de gestos mínimos. La inesperada amabilidad de los extraños.
La mayor parte del tiempo realizamos labores mecánicas, propias de un autómata. Porque eso es hacerse adulto, que las cosas no te hieran, que la vida no te toque. Unos lo logran. Otros se quiebran antes de tiempo.
Hoy he visto imágenes de un pibe que paseaba por las calles de Kuala Lumpur de la mano de su padre. No tendría mucho más de 9 o 10 años. De repente, el chico se suelta de la mano porque ve a un niño más pequeño pidiendo limosna con su madre, sentados ambos en el suelo. Son seres invisibles.
El chiquito está descalzo, con la mirada ida. No conoce otra cosa. El niño mayor se quita los zapatos y los calcetines y se los pone al más pequeño. No piensa en lo que hace, no teoriza, no da lecciones morales ni echa la bronca a nadie. Se limita a sostener el equilibrio del mundo.
La capacidad de conmoverse ante las desgracias o las debilidades de los demás es una de las cualidades propias de la edad de la inocencia.
La distancia entre el niño que fuimos, el que da el cariño porque sí, y esto que somos, con nuestras cicatrices, nuestro temor al dolor y nuestro egoísmo ilimitado, determina si aún estamos vivos o somos muertos que continúan pagando facturas.

martes, 1 de enero de 2019

Europa

Concierto de Año Nuevo en Viena. Wiener Staatsoper. El centro de la gran música. Mahler, los Strauss padre e hijo, Bruckner, los grandes entre los grandes. Hay una Europa maravillosa que ha iluminado al resto de la humanidad, que ha dado obras insuperables en todos los terrenos del pensamiento, la ciencia y el arte. Esa misma Europa que ha logrado dejar a un lado las diferencias y vivir en paz durante los últimos setenta años es la que quieren destruir las hordas de desaprensivos de toda suerte y condición.

El enemigo no está en los refugiados o en los desesperados que huyen de países invivibles. Todos haríamos lo mismo si se tratara de salvar a nuestras familias. El peligro lo tenemos dentro de casa. Es la misma regla de tres que puso al mando del país más culto de Europa a un cabo austríaco, un resentido social que vivía en albergues vieneses para indigentes, que no logró ningún éxito profesional, que no sintió afecto por ningún ser humano excluyendo a Albert Speer (el brillante joven que sublimaba su fracaso como el arquitecto o el artista que nunca fue y al que llegó a considerar una especie de hijo aunque no era más que un genuflexo que se limitaba a asentir y a cumplir sus deseos por criminales que estos fueran, salvo cuando ya estuvo todo perdido y Adolf "el mesurado" le encargó que destruyera todas las infraestructuras de Alemania para que el acto final de La caída de los dioses fuera más espectacular que en Wagner. Un criminal de guerra que aparece como el bueno de la película pero que fue responsable directo del Ministerio de Armamento y se encargó de crear un sistema de trabajo esclavo que segó miles de vidas), un ser educado en el odio químicamente puro.

El odio es una herramienta poderosa. El deseo de venganza, de aplastar a los que no piensan como uno. El odio en manos del individuo adecuado unido al principio de oportunidad histórica, el momento preciso, el huevo de la serpiente eclosionando, es directamente letal.

Todos los que plantean la destrucción del proyecto europeo deben ser vigilados atentamente. Y Europa ha de dotarse de herramientas para poner la enfermedad en cuarentena. No podemos permitir que ese cáncer destruya los cimientos de la democracia europea. ¿Qué pretenden? ¿Volver a un mosaico de microestados como la Alemania previa a 1870? Lo que tenemos es imperfecto, qué duda cabe, pero basta observar el resto del mundo para ver cómo se vive en países que no han alcanzado nuestro nivel de entente cordiale. Y todo esto se ha logrado después de caminar por el abismo, no ha sido gratis. Es el resultado de millones de personas que murieron en las dos guerras mundiales. La sangre de generaciones perdidas para siempre.

Europa es un milagro. Como lo es Viena, la música de Mahler, la Staatsoper, la música sinfónica en su expresión más elevada. Es Viena u Operación Triunfo. Darwin o los creacionistas. La medicina occidental y las vacunas que han duplicado la esperanza de vida en un siglo o los antivacunas que experimentan con sus hijos (¿por qué no prueban a dejar de ducharse para siempre? Hay que ser alternativos caiga quien caiga. La mugre puede servir de escudo protector. Y lo que se ahorra uno en geles... Hay una guru de autoayuda de Wisconsin -Peggy Sputzy- que nunca se duchó y todavía vive. En las milongas no la dejan entrar y hace la compra por Internet. Pero que experimenten con ellos mismos, a los niños que los dejen en paz, coño).

Se trata de la paz y pagar el precio que supone o afrontar la guerra y sus consecuencias imprevisibles.

Las hordas de resentidos no pueden acabar con la civilización. No es posible que suceda lo mismo una y otra vez. Un imbécil grita como un energúmeno y puede más que diez mil personas ponderadas que se mantienen en silencio. Hay que fundar el partido del Sentido Común.

El resultado de la estupidez no es otro que el infierno sobre la tierra. Está en los libros de historia. Se trate de los campos de concentración nazis o de los gulags de Stalin.

Stop a los profesionales del odio. Ah... y Feliz Año nuevo.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Soles

Para ser el último día del año en el centro de todas las Hispanias hace muy buen tiempo. Esta mañana hasta jugué un rato al fútbol con los niños de los vecinos. Los críos me llaman "el nuevo fichaje argentino", jaja.

¿Qué significa este sol que apenas remonta como una cometa perezosa? ¿Querrá esto decir que se acabaron los inviernos y que a partir de ahora la vida será un siglo de primavera por decreto? ¿Acaso las navegaciones en círculos entre icebergs dignos vástagos del cambio climático tocan a su fin? No hay compartimientos estancos ni escotillas que eviten el naufragio de las almas.

Me duelen los ojos de tanto otear el horizonte. Muchos más de cien días hace que perdí la línea de costa. Y sin embargo.... ahí a lo lejos pareciera... una luz intermitente... sí, es posible. Un destello, un resplandor tenue.

Os deseo a todos una feliz singladura y el descubrimiento de grandes tesoros humanos en este nuevo año. A por ello. Cuando hay amor, cuando hay interés... todo puede ser.

¡Al noroeste cuarta al oeste seis grados y medio, señor Rasskin, como Fernando de Magallanes! ¡Más allá del horizonte, donde da la vuelta el aire!

Alguien lo dijo antes que yo (y, probablemente, antes que él). Uno se da cuenta de que está enamorado cuando descubre que otra persona es única. Irrepetible.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Héroes del mar

La tripulación del pesquero Nuestra Madre Loreto vuelve a casa después de una travesía a la desesperada. Se trata de gente sencilla, de trabajadores que hacen una faena dura, agotadora. Que se ganan el jornal de forma honesta. Tan lejos de los marchantes de almas...

Cada día de navegación para estos barcos está medido, todo está calculado para que salgan las cuentas, pero los pescadores no piensan en cuentas de resultados. Se quiebran cuando ven a alguien que sufre, como los doce inmigrantes que recogieron en el mar. Solo los pobres se conmueven al ver a otro aún más pobre.

Libia se ha convertido en un infierno, un estado fallido en el que las vidas de los subsaharianos no valen nada. Así que los pescadores españoles, gente aguerrida, gente de ley, decidieron que no podían devolverlos a una muerte segura.

Empezó para ellos una particular odisea, en esta Tierra de almas de hormigón armado, de fascistas que vuelven, nazis disfrazados y burócratas obsesionados con que las cuentas cuadren. Espero que Salvini o sus familiares nunca necesiten una mano de nadie.

¿Qué más le da a un burócrata europeo o a un político local recortar de aquí y allá? ¿Acaso él o sus familiares dejarán de ser operados aunque se dediquen a cerrar hospitales? ¿Se quedarán con 400 euros -si alcanza- cuando llegue el momento de la jubilación? ¿Sus adocenados hijos de papá dejarán de viajar cada vez que les apetezca y de educarse en colegios de pago aunque aumenten las matrículas de las universidades públicas hasta impedir que los hijos de los trabajadores puedan formarse? Todos esos ricachones de misa diaria. ¿Dios les habla? ¿Qué coño les dice? Porque pensar que Dios bendice que catorce lo tengan todo y haya gente que merezca estar encerrada sine die en campos como los de Lesbos donde hasta los niños piensan en el suicidio o haya náufragos condenados a ahogarse en su propia angustia no habla precisamente bien de la divinidad. ¿A qué Dios le rezan?

Pascual Durá, patrón de la nave, dice: "no puedo vivir pensando que una sola persona falleció en el mar por mi culpa, pero después del castigo que estamos sufriendo por hacer lo correcto me pregunto en qué mundo vivimos".

Hacer lo correcto. ¿Qué debemos hacer? Muchos otros se hicieron esta misma pregunta a lo largo de la historia. Vivimos en un mundo pleno de frío glacial en los corazones, de hipocresía y de amor envuelto por El Corte Inglés. De gente que se da golpes en el pecho diciendo "Santo, santo, santo" cuando en realidad son diablo, diablo, diablo.

Y también están los pescadores que no se lo piensan dos veces antes de mandar a paseo la pesca, que es el sustento de sus familias, y sacan del mar a seres humanos que son marea negra: nadie los quiere. Hombres justos.

Los pescadores de Alicante, los mineros que rescatan a sus compañeros arriesgando la vida, los médicos que lo dejan todo y se van allí donde nadie quiere ir, los misioneros que piden el peor destino y se hacen más revolucionarios que el Che, los cooperantes españoles, la gente de la Cruz Roja. Esos son los verdaderos semidioses de nuestro tiempo. Gente digna de llamarse ser humano.

Me siento orgulloso de pertenecer a la misma sociedad que la tripulación del barco alicantino. He viajado lo suficiente como para ver hasta qué punto se entregan los cooperantes españoles en las cuatro esquinas del mundo. Quien salva a un ser humano salva a la humanidad entera. Es así.

Ese es el Imperio en el que no se pone el sol por el que vale la pena vivir y luchar: el de la gente empeñada en que no haya soledad. Contra viento y marea.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Viajes

En Francia, patria de la libertad y la dignidad del ser humano, pervive una tradición maravillosa. Al finalizar sus estudios, los estudiantes se lanzan a realizar viajes de descubrimiento, en la más genuina tradición de los viajeros románticos. Se trata de viajes literarios, profundos. La contracara del turismo. Viajes para transformar la mirada y descubrir qué hemos venido a hacer al mundo.

Puede ser el Transiberiano hasta Vladivostok, cruzar el gran desierto australiano por Alice Springs o las islas de los mares del sur siguiendo la estela de Stevenson. He tenido la suerte de conocer personalmente a algunos de estos viajeros, como Romain, que aprendió fonéticamente una canción tradicional rusa acompañado de la guitarra, ese milagro de madera, y emocionó a todos los que montaban en el viejo y cansado tren que los transportaba más allá de los Urales: lo cuidaron como si fuera hijo suyo. Romain no tenía ni idea de lo que iba cantando o de las teclas que tocaba en el alma de aquellos rusos aguerridos, tallados en piedra. Es igual. Nadie ha dicho que las cosas del corazón tengan que tener algún sentido o significado.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Ludwig

Los últimos cuartetos de Beethoven son un milagro. Mal comprendidos en su tiempo, inspiraron a músicos fundamentales de la evolución del arte, como es el caso de Stravinsky. El músico alemán ya estaba más allá del bien y el mal, la enfermedad que lo torturaba muy avanzada. La gran música vive en algún rincón del alma, es un triunfo del espíritu humano.

Si la música, o el arte en general, resultan demasiado previsibles, se trata de un insulto a la inteligencia. Si son totalmente imprevisibles, ponen a prueba el sentido de la estética (y, en ocasiones muy extremas, la paciencia).

Interesante cuestión: la proporción áurea, la serie armónica, la cristalización de los minerales, es como si existiera una armonía oculta. La armonía de las esferas. Como si hubiera un orden en este caos de nacimiento y muerte. De soledad del impulso vital. Alguna clase de orden.

Aunque quizá no... tal vez es nuestra mente la que está ávida de orden como una manera de esquivar el final e inventa estructuras en la oscuridad. Tal vez en la física cuántica, donde las cosas son y no son al mismo tiempo, se describe la verdadera naturaleza de las cosas.

El matrimonio es una institución cuántica, qué duda cabe.

Estar con un pie en otro mundo, cuando nada material tiene la mas mínima importancia. El ser humano solo dice la verdad cuando va a morir.

Así las cuatro últimas canciones de Richard Strauss y los últimos cuartetos del genio de Bonn. El cuarteto de cuerdas siempre ha constituido una prueba crucial para los compositores. Un complejo equilibrio entre simplicidad y profundidad. En manos de Beethoven suena a oxígeno, a bosques infinitos.

A fuego robado a los dioses.

Doyle

En 1891, el escocés Arthur Conan Doyle se trasladó a Londres para ejercer de oftalmólogo. En su biografía se ocupó de aclarar que en su consulta, situada en un barrio de clase media, nunca entró un solo paciente. Jamais.

Eso le proporcionó todo el tiempo necesario para diseñar y ejecutar las aventuras de Sherlock Holmes y del simpático Dr. Watson, un compañero ideal para el misántropo, cocainómano y solitario genio.

Supongo que la vida funciona así. No es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con lo que nos ocurre. En vez de quejarse por lo que no tiene o a los demás les sobra -un deporte más extendido que el fútbol-, Sir Arthur Conan Doyle hizo algo de valor con su propia vida. Es lo único que realmente está en nuestras manos y no es responsabilidad de nadie más. Cada uno es arquitecto de su propio destino. El famoso poema de Henley:

"... I am the master of my fate,
I am the captain of my soul".

Aunque Doyle llegó a decir que Sherlock lo asfixiaba y opacaba el resto de sus obras. Había tomado posesión de su alma.

Acabar con él se convirtió en una obsesión. Así lo hizo y, como le advirtió su madre -ya se sabe, las madres son un prodigio de sentido común-, la gente se lo tomó muy a pecho. Literalmente lo acribillaron enviándole cartas y exigiéndole que resucitara al taciturno violinista del 221B de Baker Street. Lo paraban en mitad de la calle para preguntarle cuándo regresaría Sherlock, cuándo le echaría el guante a Moriarty, de qué iban sus nuevas aventuras. Incluso se interesaban por su vida personal... ¡de un personaje de ficción...! ¿Se enamorará por fin? ¿Perderá la cabeza, esa testa tan exquisitamente amueblada, por amor? Nadie aceptaba su final. Aquello llegó a ser aún más asfixiante y Doyle terminó por ceder. De rebote, Watson también volvió a la vida.

Ambos personajes penetran en una lúgubre cripta. Están investigando, cómo no, un crimen terrible.

—Aquí no ha entrado nadie en los últimos doscientos años —, dice el doctor al contemplar el desorden y las telarañas.

Holmes está absorto en sus pensamientos y no le presta atención. Él vibra en otra frecuencia.

—Alguien estuvo en esta habitación hace como mucho... 24 horas...—, sentencia finalmente.

Watson, una suerte de Sancho ilustrado, era mucho más mundano. Había contemplado la muerte de cerca en tantas ocasiones que amaba profundamente la vida, el vino y las mujeres. Y jamás perdonaba una buena juerga, de las que hacen época.

¡Elemental, querido Sherlock!

sábado, 3 de noviembre de 2018

Mañana de sábado

Sale el sol de España. A medida que voy envejeciendo aprecio cada vez más las cosas sencillas. Una de mis favoritas es sentir el sol en la espalda mientras camino. El rito del desayuno, una conversación casual con los agricultores, el eco de las risas de los hijos de mis vecinos que me recuerdan a los míos, sus rostros cuando lograron mantener el equilibrio sobre una bicicleta.

El viento, el sol, el agua. Entonces ese carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida que es el tiempo se torna amable. Como dice alguien muy querido, "el tiempo, ese enemigo que te mata huyendo".

Pero esta noche saldremos por Madrid, rompeolas de todas las Españas. A beber y a reír hasta que amanezca.

La ebriedad compartida es un don. A fe mía.