Y aquí va un cuentito de verano basado en una historia familiar. Festival de Cosquín. Comienzo de los 70, años turbulentos. Los años en que pudimos haber muerto. Va por ustedes. Se lo dedico especialmente a mi amigo Adrián Ramírez con un abrazo fraterno.
A la vuelta
Llevaba meses planeando el viaje al Festival de Cosquín. Trabajaba todo el tiempo sin descanso y sin perspectivas. Mis días eran gemelos. A lo sumo, mellizos. Apenas podía pagar los gastos... Cuando acaba el mes no queda nada y vuelta a empezar. Esa maldita incertidumbre, inventando en el aire.
Pero me encantaba el folklore. El viejo Atahualpa, la Negra, Falú, Zitarrosa, Osiris Rodríguez Castillos. Las zambas, las milongas, ¡las chacareras…! Eran mi refugio.
Todo el año me lo pasaba pensando en el momento de agarrar el coche y salir a la ruta. En casa vivíamos todos apretados: los abuelos, los hijos, el perro. Aquello era un circo. Nos queríamos todos mucho pero, de vez en cuando, era inevitable que surgieran discusiones e intercambios de pareceres por medios no convencionales. Esa cosa familiar, usted ya me entiende...
Los abuelos estaban instalados en una parte más o menos independiente de la casa, pero sus acalorados debates se oían al detalle. Una pareja que aguanta tantos años se acostumbra a comunicarse de formas que, contempladas por un extraño, resultan inexplicables.
El viejo se levantaba todos los días a las 5:30 e iba a la fábrica, donde le esperaba un gigantesco telar y un ruido infernal. Así todos los días de todos los años, por un sueldo bien miserable. Que conservara la cordura y el autocontrol después de tantos años de machaque cotidiano resultaba más que notable. Un héroe de la clase proletaria.
Fogones que invitan a matear… Nunca pude adaptarme a la gran ciudad. Me voy nomás.
Siempre fui un tipo bastante metódico. Había revisado el coche –un Ford A del tiempo de Upa pero que rodaba que daba gloria verlo–, llevaba el equipo de mate (fundamental), unos cuantos sándwiches y un poco de matambre. A qué más.
La mañana era fresca y bien que temblaba el lucero del alba. Después de todo iba a escuchar zambas hasta decir basta.
Subí al viejo Ford, saqué el cebador, aceleré un par de veces como me había enseñado mi viejo y arranqué. Esperé que se calentara un poco el motor y, cual Fangio ciudadano, ¡rumbo a Córdoba! Allá vamos…
No había recorrido ni cincuenta metros cuando veo por el espejo retrovisor que el abuelo sale corriendo de casa a los gritos.
—¡Me voy con vos…! ¡Esperame…!
Aflojé la marcha y esperé que se subiera.
—Dale. ¡Arrancá…!— bramó el viejo.
Aquello resultó totalmente inesperado. Años de vida ordenada. Siempre en pareja a todos lados.
—Pero Don Leizer… ¿no le va a decir nada a la abuela?
—No. Arrancá te digo.
—Mire que se va a preocupar...
—Mirá pibe… la vida está llena de interrupciones y cosas terribles que te parten el alma en dos. Todos llevamos cristales dentro. Uno se va consumiendo hasta que no quedan ni las brasas y los amigos tienen esa fea costumbre de olvidarse de respirar... así que vámonos de joda mientras podamos! Metele pata nomás.
Y mirándome de soslayo, agregó: ¡prefiero discutir a la vuelta, che!
sábado, 11 de julio de 2020
A la vuelta
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viernes, 10 de julio de 2020
El mundo se cae a pedazos y nosotros nos enamoramos
Acabo de hablar con Pablo. Ya está instalado en un piso de Montpellier que conozco. Justo frente a la estación de tren, un barrio estupendo. Vive con dos compañeros que solo hablan francés, ideal para practicar.
¿Financiación del joven? Mercado Central. Ya tiene curro. De momento, montando y desmontando tiendas. 10 pavos la hora. No es un gran sueldo para Francia, pero más se perdió en Verdún y estaba el KÁISER.
Tema piano... el chaval ha recorrido las tiendas de pianos y los cafés de la ciudad con piano (en Francia el amor a la música es algo digno de ver y hay instrumentos de calidad en muchas partes). Le dejan ensayar en las tiendas. Ha conseguido un Steinway para practicar las sonatas de Beethoven y en un café hace lo que hacía su padre cuando tenía su edad y viajaba por el mundo: un repertorio variado para entretener a la tropa. Satie, unos cuantos standards, Albéniz, Yann Tiersen, lo que haga falta. Yo tenía mis trampitas con Asturias, Córdoba, la Danza número 5 de Granados, el Concierto en Re de Vivaldi... hacía una estadística de las partes que más emocionaban al público y las REPETÍA en bucle. Tahúr que es uno, pero aprendí lo que no estaba escrito sobre estructuras y formas. Sobre todo aprendí dónde está la emoción en una obra, por qué funciona el clímax (cosa que luego apliqué en otros rubros pero es algo temprano para hablar de SEXO elevado a la categoría de Bellas Artes) y cómo se tiene que hacer un armazón completo para poner en valor aquello que concentra la emoción. Y me sacaba un pastón, qué coño...
Pero es que la manzana nunca cae lejos del árbol. Ha conocido a una niña que es chelista y está como loco por ella. Es de Madrid y está cuidando niños para mejorar su francés (esto de que los jóvenes de ahora son vagos y cómodos no es así. Depende de los padres... no tiréis con bala que aún es temprano).
Me dice: "Papá... no es que sea hermosa... es una niña de cuento de Andersen. Te quita el aliento".
¡A mis brazos coño! ¡Así es como se hace...!
Ole y reole la vida y la alegría. 18 tacos, enamorado, pianista del copón, ganándose la vida. Le he dicho "oye, si necesitas pasta -ya le di 200 pavos a fondo perdido el día de su partida. "Pa mujeres y vicio"- para financiar "l'amour" llama a BANCO PAPI que para esas cosas yo siempre estoy. Me dice el tío "estoy ganando 400 a la semana más lo que me den en el café por tocar". Así que he decidido pedirle yo pasta a mi propio hijo. Tengo mis propios gastos de AMOR... se descojona.
Me cuenta que los compañeros de piso son algo guarretes -¡el mal francés?- y que con su Spanglish (habla inglés de pm) y sus cuatro palabras de francés ha tenido que establecer un turno de lavado de la vajilla. Desatascó la pila él solito -vete a saber lo que había ahí- sin darme el coñazo. Se buscó la vida con los tutoriales de Youtube. Es un tío independiente ya. OLÉ.
Usa el Duolingo para darle caña al francés. Y hoy los dos hermanos se van a navegar juntos en un velero.
Me cago en tó... HE HECHO FUEGO. Soy un náufrago en una isla desierta y he hecho fuego. Tengo a Wilson. Amo a la mujer más hermosa del mundo (que también me ama). Tengo amigos cojonudos.
NI VIRUS NI HOSTIAS. Hoy empiezo con el vodka antes de comer. Viva la vida. Muera la muerte!
¿Financiación del joven? Mercado Central. Ya tiene curro. De momento, montando y desmontando tiendas. 10 pavos la hora. No es un gran sueldo para Francia, pero más se perdió en Verdún y estaba el KÁISER.
Tema piano... el chaval ha recorrido las tiendas de pianos y los cafés de la ciudad con piano (en Francia el amor a la música es algo digno de ver y hay instrumentos de calidad en muchas partes). Le dejan ensayar en las tiendas. Ha conseguido un Steinway para practicar las sonatas de Beethoven y en un café hace lo que hacía su padre cuando tenía su edad y viajaba por el mundo: un repertorio variado para entretener a la tropa. Satie, unos cuantos standards, Albéniz, Yann Tiersen, lo que haga falta. Yo tenía mis trampitas con Asturias, Córdoba, la Danza número 5 de Granados, el Concierto en Re de Vivaldi... hacía una estadística de las partes que más emocionaban al público y las REPETÍA en bucle. Tahúr que es uno, pero aprendí lo que no estaba escrito sobre estructuras y formas. Sobre todo aprendí dónde está la emoción en una obra, por qué funciona el clímax (cosa que luego apliqué en otros rubros pero es algo temprano para hablar de SEXO elevado a la categoría de Bellas Artes) y cómo se tiene que hacer un armazón completo para poner en valor aquello que concentra la emoción. Y me sacaba un pastón, qué coño...
Pero es que la manzana nunca cae lejos del árbol. Ha conocido a una niña que es chelista y está como loco por ella. Es de Madrid y está cuidando niños para mejorar su francés (esto de que los jóvenes de ahora son vagos y cómodos no es así. Depende de los padres... no tiréis con bala que aún es temprano).
Me dice: "Papá... no es que sea hermosa... es una niña de cuento de Andersen. Te quita el aliento".
¡A mis brazos coño! ¡Así es como se hace...!
Ole y reole la vida y la alegría. 18 tacos, enamorado, pianista del copón, ganándose la vida. Le he dicho "oye, si necesitas pasta -ya le di 200 pavos a fondo perdido el día de su partida. "Pa mujeres y vicio"- para financiar "l'amour" llama a BANCO PAPI que para esas cosas yo siempre estoy. Me dice el tío "estoy ganando 400 a la semana más lo que me den en el café por tocar". Así que he decidido pedirle yo pasta a mi propio hijo. Tengo mis propios gastos de AMOR... se descojona.
Me cuenta que los compañeros de piso son algo guarretes -¡el mal francés?- y que con su Spanglish (habla inglés de pm) y sus cuatro palabras de francés ha tenido que establecer un turno de lavado de la vajilla. Desatascó la pila él solito -vete a saber lo que había ahí- sin darme el coñazo. Se buscó la vida con los tutoriales de Youtube. Es un tío independiente ya. OLÉ.
Usa el Duolingo para darle caña al francés. Y hoy los dos hermanos se van a navegar juntos en un velero.
Me cago en tó... HE HECHO FUEGO. Soy un náufrago en una isla desierta y he hecho fuego. Tengo a Wilson. Amo a la mujer más hermosa del mundo (que también me ama). Tengo amigos cojonudos.
NI VIRUS NI HOSTIAS. Hoy empiezo con el vodka antes de comer. Viva la vida. Muera la muerte!
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jueves, 9 de julio de 2020
Pedaleo
"La literatura amable no es ni siquiera literatura", solía decir a sus alumnos universitarios ese genial cascarrabias que era Vladimir Nabokov.
Añado de mi cosecha que el arte ha de tumbarte de un Uppercut directo a la mandíbula o es Kenny G tocando en Mercadona. Las primeras dos páginas, los 16 primeros compases. El primer estribillo de un tango: no tendrás una segunda oportunidad para entrar a matar.
El arte no se elige. Lo esencial se aprende por ósmosis, no está en los libros, no puede enseñarse en un aula. Como el amor, no te deja dormir cuando ella no está y la casa entera se transforma en un pasillo de hospital, un pájaro sin luz.
Para ser artista hay que experimentar el vértigo de estar vivo todos los días. Si te quedas conmigo te doy mi sangre. Si te vas, me mato.
Ser abuelo ya. Contemplar a los nietos en una foto. Los nietos se han ido al otro lado del mar. No volverás a verlos nunca. En la foto aún son niños y montan en bicicleta entre sonrisas mucho más luminosas que un sol.
Estrechas la foto contra tu pecho. Cierras los ojos dulcemente. Cierras los ojos y pedaleas.
Añado de mi cosecha que el arte ha de tumbarte de un Uppercut directo a la mandíbula o es Kenny G tocando en Mercadona. Las primeras dos páginas, los 16 primeros compases. El primer estribillo de un tango: no tendrás una segunda oportunidad para entrar a matar.
El arte no se elige. Lo esencial se aprende por ósmosis, no está en los libros, no puede enseñarse en un aula. Como el amor, no te deja dormir cuando ella no está y la casa entera se transforma en un pasillo de hospital, un pájaro sin luz.
Para ser artista hay que experimentar el vértigo de estar vivo todos los días. Si te quedas conmigo te doy mi sangre. Si te vas, me mato.
Ser abuelo ya. Contemplar a los nietos en una foto. Los nietos se han ido al otro lado del mar. No volverás a verlos nunca. En la foto aún son niños y montan en bicicleta entre sonrisas mucho más luminosas que un sol.
Estrechas la foto contra tu pecho. Cierras los ojos dulcemente. Cierras los ojos y pedaleas.
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miércoles, 8 de julio de 2020
Negra sombra
Para algo que estoy escribiendo me estoy documentando sobre el genoma. Un mínimo cambio, una mutación, en una de sus "letras" puede hacer que un virus como el que tiene paralizado el mundo cambie su letalidad o su facilidad para infectar.
Una novela actual tiene aproximadamente 100.000 palabras. Imaginemos que el cambio de una sola letra de una sola palabra implicara un cambio de sentido completo en toda la historia. En términos borgianos es muy interesante, pero al mismo tiempo, espeluznante.
Bien. Todo esto me ha hecho recordar una historia de mi juventud. Mi novia de aquellos años universitarios solía ir en Navidades a la casa solariega familiar, casa a la que nunca fui invitado ya que no estábamos casados y además, pertenecía a otra clase de social, mucho más baja. A mucha honra, cogno! Era gente realmente maravillosa, pero no parecía reparar en cómo le hacían sentir a uno cuando llegaba esa parte del año. En fin.
Pero a lo que iba. Nos hicimos novios justo antes de las Navidades de 1982. Ese año me contrataron como guitarrista para tocar en Galicia. Allá que me fui con mis 18 años recién estrenados.
Ella estaba en la frontera con Portugal con su familia de posibles y yo en El Ferrol, rompeolas de todas las Galicias. El caso es que nos escribíamos cartas, porque aquello duró más de tres semanas.
En una de sus cartas ella me decía que quería dedicar su vida a la escritura, pero tenía letra de médico y en mi solitaria habitación del hotel Almirante yo entendí "ESCULTURA". Como soy un romántico totalmente pasado de rosca -hasta el día de hoy- moví Roma con Santiago desde mi destino gallego hablando con amigos de mi padre (pintor y escultor) para tratar de encontrar una plaza para mi novia en algún taller y que pudiera hacer su sueño realidad.
Lo logré, pero al regresar a Madrid a ella le entró un ataque de risa. Estuvimos seis años juntos y siempre nos acordamos con ternura infinita de aquel cambio de letras que pudo haber torcido un destino, porque a día de hoy ella es una excelente poeta, de las más apreciadas en la lírica contemporánea galega.
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.
Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.
Una novela actual tiene aproximadamente 100.000 palabras. Imaginemos que el cambio de una sola letra de una sola palabra implicara un cambio de sentido completo en toda la historia. En términos borgianos es muy interesante, pero al mismo tiempo, espeluznante.
Bien. Todo esto me ha hecho recordar una historia de mi juventud. Mi novia de aquellos años universitarios solía ir en Navidades a la casa solariega familiar, casa a la que nunca fui invitado ya que no estábamos casados y además, pertenecía a otra clase de social, mucho más baja. A mucha honra, cogno! Era gente realmente maravillosa, pero no parecía reparar en cómo le hacían sentir a uno cuando llegaba esa parte del año. En fin.
Pero a lo que iba. Nos hicimos novios justo antes de las Navidades de 1982. Ese año me contrataron como guitarrista para tocar en Galicia. Allá que me fui con mis 18 años recién estrenados.
Ella estaba en la frontera con Portugal con su familia de posibles y yo en El Ferrol, rompeolas de todas las Galicias. El caso es que nos escribíamos cartas, porque aquello duró más de tres semanas.
En una de sus cartas ella me decía que quería dedicar su vida a la escritura, pero tenía letra de médico y en mi solitaria habitación del hotel Almirante yo entendí "ESCULTURA". Como soy un romántico totalmente pasado de rosca -hasta el día de hoy- moví Roma con Santiago desde mi destino gallego hablando con amigos de mi padre (pintor y escultor) para tratar de encontrar una plaza para mi novia en algún taller y que pudiera hacer su sueño realidad.
Lo logré, pero al regresar a Madrid a ella le entró un ataque de risa. Estuvimos seis años juntos y siempre nos acordamos con ternura infinita de aquel cambio de letras que pudo haber torcido un destino, porque a día de hoy ella es una excelente poeta, de las más apreciadas en la lírica contemporánea galega.
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.
Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.
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jueves, 2 de julio de 2020
Mañana castellana
Ocho de la mañana. Me tomo un café en el pueblo. Pongamos en marcha la rueda de la economía, jaja. Café La Concordia. Será en homenaje a la plaza parisina, yo qué sé. Pero la concordia ni está ni se la espera.
Me siento en la barra. Camarero y camarera. Pin y pon.
─Es que me tienes harta. Harta es poco...
─Pero no te quites mérito, Maricarmen. ¡Tú eres la persona más insoportable de la Tierra! Todo el puto día quejándote...
─Serás gilipollas, pues para arar así... ¡prefiero arar sola, coño!
Antes de recibir daños colaterales me piro vampiro. Me marcho a casita silbando un tanguito. Uno va arrastrándose entre espinas y en afán de dar su amooooor...
Un episodio más de "Peleítas Rurales, Inc.". Por cierto, Maricarmen y consorte, vuestro café... ¡peor que pegarle a un padre! Mi casaaaaaaaa... teléfonoooooo...
Como podéis ver, en mi pueblo -que está emplazado en un valle muy fértil-, las mujeres aran la tierra igual que los hombres. Cualquiera le tose a la Maricarmen.
Aquí aplicamos a rajatabla el principio básico que convirtió Castilla en una potencia mundial. Para qué coño discutir si podemos resolverlo a hostias.
Como decía un amigo asturiano bajista con muy malas pulgas: "doyte una hostia y rómpote el focico". Esta tierra es cojonuda.
Me siento en la barra. Camarero y camarera. Pin y pon.
─Es que me tienes harta. Harta es poco...
─Pero no te quites mérito, Maricarmen. ¡Tú eres la persona más insoportable de la Tierra! Todo el puto día quejándote...
─Serás gilipollas, pues para arar así... ¡prefiero arar sola, coño!
Antes de recibir daños colaterales me piro vampiro. Me marcho a casita silbando un tanguito. Uno va arrastrándose entre espinas y en afán de dar su amooooor...
Un episodio más de "Peleítas Rurales, Inc.". Por cierto, Maricarmen y consorte, vuestro café... ¡peor que pegarle a un padre! Mi casaaaaaaaa... teléfonoooooo...
Como podéis ver, en mi pueblo -que está emplazado en un valle muy fértil-, las mujeres aran la tierra igual que los hombres. Cualquiera le tose a la Maricarmen.
Aquí aplicamos a rajatabla el principio básico que convirtió Castilla en una potencia mundial. Para qué coño discutir si podemos resolverlo a hostias.
Como decía un amigo asturiano bajista con muy malas pulgas: "doyte una hostia y rómpote el focico". Esta tierra es cojonuda.
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domingo, 14 de junio de 2020
La noche en la isla
La noche en la isla es un maravilloso poema de Pablo Neruda perteneciente a "Los versos del capitán". Esta no es la voz de Neruda, sino la mía, así que tiene un deje tanguero. Criollita de mi pueblo, pebeta de mi barrio, la golondrina un día su vuelo detendrá...!
En el vídeo sale el océano Pacífico y la casa del poeta en Isla Negra. El Pacífico en esas latitudes tiene un azul muy profundo, casi místico. Es un océano pleno de premoniciones, metálico.
Valparaíso, donde está situada otra de las casas del poeta, huele a mares oscuros, a versos infinitos. A marineros extraviados y faros del fin del mundo. Me perdí en sus empinadas calles hace ya algunos años. Mi regreso a Buenos Aires fue por etapas y los primeros recuerdos de infancia los recuperé en Chile. Cosas pequeñas. Un Billiken antiguo, una tableta de Mantecol, una manera de estar en el mundo y de sentir las cosas.
Va por vos. Te espero en nuestro rincón de Belgrano. Ese que te gusta tanto. Ya sé cómo preferís el café.
En el vídeo sale el océano Pacífico y la casa del poeta en Isla Negra. El Pacífico en esas latitudes tiene un azul muy profundo, casi místico. Es un océano pleno de premoniciones, metálico.
Valparaíso, donde está situada otra de las casas del poeta, huele a mares oscuros, a versos infinitos. A marineros extraviados y faros del fin del mundo. Me perdí en sus empinadas calles hace ya algunos años. Mi regreso a Buenos Aires fue por etapas y los primeros recuerdos de infancia los recuperé en Chile. Cosas pequeñas. Un Billiken antiguo, una tableta de Mantecol, una manera de estar en el mundo y de sentir las cosas.
Va por vos. Te espero en nuestro rincón de Belgrano. Ese que te gusta tanto. Ya sé cómo preferís el café.
miércoles, 10 de junio de 2020
Teodicea
Hace algunos años publiqué una nota sobre unas declaraciones del entonces pontífice, Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
En mi opinión, Ratzinger fue el papa más intelectual de la historia. No entro a valorar sus posturas ideológicas sobre lo divino o lo humano. Solo la potencia de su cerebro.
Fueron unas declaraciones suyas las que me sugirieron la reflexión, que se titulaba "Dónde está Dios". Se publicó en El País, pero debe estar en algún otro medio online.
Porque Ratzinger visitó Auschwitz y declaró literalmente "uno se pregunta dónde estaba Dios en esos momentos..."
Me conmovió especialmente que fuera un papa alemán -que incluso estuvo involucrado en todo aquello siendo muy joven- quien declarase algo así.
¿Un Dios que se inhibe ante el Mal? ¿Un Dios que no puede contrarrestarlo? Todo ello implica derivaciones inquietantes. Si se inhibe no puede ser caracterizado como el Supremo Bien. Si pierde en ocasiones la partida, difícilmente puede ser Omnipotente.
Un médico se enfrenta a la muerte cara a cara. Toma decisiones en cuestión de segundos. La mayor parte de las veces acierta. Otras, no. Y tiene que seguir viviendo, sonriendo, soñando. Debe asumir los rostros o las manos de jóvenes que se van en la flor de la edad -a veces de manera inexplicable. ¡Cómo es posible... apliqué el mismo protocolo que funcionó tantas veces!- mientras envejece. Es parte de su trabajo.
¿Qué opina un médico de Dios cuando ve agonizar a una niña pequeña de leucemia y sabe perfectamente que no hay nada que hacer? ¿Cómo sigue viviendo? ¿Qué clase de fe puede tener?
Cuando era estudiante asistí a una conferencia del doctor Jahn en la Residencia de Estudiantes. Jahn era un cirujano maravilloso que colaboraba con Médicos sin Fronteras y con cuanta organización humanitaria le saliera al paso. Hay gente que no es de este mundo... como el padre Vicente Ferrer, que cambió el destino de más de un millón de personas en la India. Una persona sola, un millón de almas.
El Dr. Jahn citó el caso de un hospital para niños con espina bífida situado en un remoto rincón de Grecia, un lugar muy pobre.
El lugar era tan miserable que alguien había clavado un osito de peluche en una viga. Era el único juguete en toda la estancia. El oso miraba de cara a las camas y los niños podían verlo. Podían ver su rostro.
Jahn dijo: "está clavado, fijo, inmóvil. Ese oso debe servir para los niños que vendrán".
Recuerdo haber sentido cristales dentro cuando Jahn pronunció esa frase. Los niños que vendrán... niños nacidos exclusivamente para el dolor. Una fila interminable, infinita de seres que no tendrán una vida plena. Una hidra de sufrimiento eterno y frente a ella guerreros de carne y hueso. Cortas una cabeza del monstruo y surgen diez, ciento.
Los médicos son las únicas noticias de Dios con que contamos. Se quiebran también. Pierden la fe. Y han de seguir haciendo su trabajo como si aún creyeran que alguien cuida de los niños abandonados a su suerte.
Ocurre algo parecido con el amor entre dos seres humanos. Perdida la fe, la ilusión, pateado el corazón una y mil veces, hay que inventarlo todo otra vez, fingirlo si es preciso, como el San Manuel Bueno Mártir de Unamuno.
Vivir al este del Edén se parece tanto a la muerte...
En mi opinión, Ratzinger fue el papa más intelectual de la historia. No entro a valorar sus posturas ideológicas sobre lo divino o lo humano. Solo la potencia de su cerebro.
Fueron unas declaraciones suyas las que me sugirieron la reflexión, que se titulaba "Dónde está Dios". Se publicó en El País, pero debe estar en algún otro medio online.
Porque Ratzinger visitó Auschwitz y declaró literalmente "uno se pregunta dónde estaba Dios en esos momentos..."
Me conmovió especialmente que fuera un papa alemán -que incluso estuvo involucrado en todo aquello siendo muy joven- quien declarase algo así.
¿Un Dios que se inhibe ante el Mal? ¿Un Dios que no puede contrarrestarlo? Todo ello implica derivaciones inquietantes. Si se inhibe no puede ser caracterizado como el Supremo Bien. Si pierde en ocasiones la partida, difícilmente puede ser Omnipotente.
Un médico se enfrenta a la muerte cara a cara. Toma decisiones en cuestión de segundos. La mayor parte de las veces acierta. Otras, no. Y tiene que seguir viviendo, sonriendo, soñando. Debe asumir los rostros o las manos de jóvenes que se van en la flor de la edad -a veces de manera inexplicable. ¡Cómo es posible... apliqué el mismo protocolo que funcionó tantas veces!- mientras envejece. Es parte de su trabajo.
¿Qué opina un médico de Dios cuando ve agonizar a una niña pequeña de leucemia y sabe perfectamente que no hay nada que hacer? ¿Cómo sigue viviendo? ¿Qué clase de fe puede tener?
Cuando era estudiante asistí a una conferencia del doctor Jahn en la Residencia de Estudiantes. Jahn era un cirujano maravilloso que colaboraba con Médicos sin Fronteras y con cuanta organización humanitaria le saliera al paso. Hay gente que no es de este mundo... como el padre Vicente Ferrer, que cambió el destino de más de un millón de personas en la India. Una persona sola, un millón de almas.
El Dr. Jahn citó el caso de un hospital para niños con espina bífida situado en un remoto rincón de Grecia, un lugar muy pobre.
El lugar era tan miserable que alguien había clavado un osito de peluche en una viga. Era el único juguete en toda la estancia. El oso miraba de cara a las camas y los niños podían verlo. Podían ver su rostro.
Jahn dijo: "está clavado, fijo, inmóvil. Ese oso debe servir para los niños que vendrán".
Recuerdo haber sentido cristales dentro cuando Jahn pronunció esa frase. Los niños que vendrán... niños nacidos exclusivamente para el dolor. Una fila interminable, infinita de seres que no tendrán una vida plena. Una hidra de sufrimiento eterno y frente a ella guerreros de carne y hueso. Cortas una cabeza del monstruo y surgen diez, ciento.
Los médicos son las únicas noticias de Dios con que contamos. Se quiebran también. Pierden la fe. Y han de seguir haciendo su trabajo como si aún creyeran que alguien cuida de los niños abandonados a su suerte.
Ocurre algo parecido con el amor entre dos seres humanos. Perdida la fe, la ilusión, pateado el corazón una y mil veces, hay que inventarlo todo otra vez, fingirlo si es preciso, como el San Manuel Bueno Mártir de Unamuno.
Vivir al este del Edén se parece tanto a la muerte...
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martes, 9 de junio de 2020
De repente, el último verano
Hoy se fue un pibe joven, Pau Donés. 53. Amigos músicos se han ido tantos ya que me cuesta acordarme de todos... los que murieron en plena locura de los 80 sin haber cumplido los 27, la cifra obligada de todo cadáver ilustre del rock'n'roll que se precie.
En un portal de Malasaña por un pico demasiado puro. Tiene gracia... la droga te mata cuando es demasiado buena. En cambio la vida funciona con otras leyes. La vida te mata de a poco. Te mata huyendo.
Coppini, el Reverendo, Enrique Sierra... ninguno llegó a los 60. Y el tango? Los grandes, los grandes de verdad... mejor no mirar.
Gardel, 45 (¿o 48?); Julio Sosa, 38; Goyeneche muchos más pero ahogado en droga. ¿Eduardo Arolas? 32. Solo, alcohólico, abandonado.
Hablo con mi hijo hace un par de horas. Está en la Costa Azul. Tiene la edad que tenía yo cuando él nació. Nos reímos. Hablamos de hacer un viaje juntos. Solos. El Transiberiano desde Moscú hasta Vladivostok. Se lo debo a mi abuelo. Me dice: "viejo, aprendete por fonética alguna canción tradicional en ruso que sea equivalente al tango. Los rusos son sentimentales como los argentinos. Los hacemos llorar a mares hasta llegar al Pacífico y nos invitarán a vodka en cada compartimento".
Está claro. ¡Este pibe es hijo mío!
Que el tiempo que os sea dado vivir se gaste de la mejor manera posible. El resto no tiene la más mínima importancia.
En un portal de Malasaña por un pico demasiado puro. Tiene gracia... la droga te mata cuando es demasiado buena. En cambio la vida funciona con otras leyes. La vida te mata de a poco. Te mata huyendo.
Coppini, el Reverendo, Enrique Sierra... ninguno llegó a los 60. Y el tango? Los grandes, los grandes de verdad... mejor no mirar.
Gardel, 45 (¿o 48?); Julio Sosa, 38; Goyeneche muchos más pero ahogado en droga. ¿Eduardo Arolas? 32. Solo, alcohólico, abandonado.
Hablo con mi hijo hace un par de horas. Está en la Costa Azul. Tiene la edad que tenía yo cuando él nació. Nos reímos. Hablamos de hacer un viaje juntos. Solos. El Transiberiano desde Moscú hasta Vladivostok. Se lo debo a mi abuelo. Me dice: "viejo, aprendete por fonética alguna canción tradicional en ruso que sea equivalente al tango. Los rusos son sentimentales como los argentinos. Los hacemos llorar a mares hasta llegar al Pacífico y nos invitarán a vodka en cada compartimento".
Está claro. ¡Este pibe es hijo mío!
Que el tiempo que os sea dado vivir se gaste de la mejor manera posible. El resto no tiene la más mínima importancia.
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sábado, 6 de junio de 2020
Viena, 1913
No suele hablarse mucho de este tema, pero hubo un momento y un café en el que se cruzaron las vidas de cinco personajes que marcaron a fuego el devenir histórico del siglo XX.
La ciudad, Viena. El año, 1913. El mes de enero para ser más precisos. El Café Central de la ciudad imperial acogió entre sus mesas nada menos que a Freud, Trotski, Stalin, Tito y Hitler. Freud era médico y tenía una vida ordenada. Tito, el croata que se convertiría en líder de la Yugoslavia socialista, trabajaba como mecánico de coches, es decir, podía pagar sus facturas. Trotski -cuyo nombre real era Bronstein, "Trotski" se lo robó a un carcelero- sobrevivía como periodista y no paraba de escribir. Quedan dos...
Sí. Hitler y Stalin. Es alucinante pero estuvieron sentados en el mismo café del centro de la capital austrohúngara, un elegante local que había sido sede de la bolsa.
La vida personal de ambos era un auténtico desastre. Que se sepa, Hitler estuvo cinco años en Viena (las cosas que cuenta en Mein Kampf están muy edulcoradas siendo ya líder de un movimiento). Stalin algo más. Unos nueve y habitualmente se hacía pasar por griego.
Stalin, al que sus escasos amigos llamaban "Koba", era un prodigio de valor físico. Un hombre de acción. Es como si le hubieran extirpado el miedo. Se dedicaba fundamentalmente a robar bancos para la Revolución. Cada vez que surgía un trabajo casi suicida que nadie quería hacer llamaban a Stalin. "Este es un trabajo para Koba". Todo en él inspiraba desamor. Su aspecto, su rostro picado de viruela, su mirada huidiza...
En cuanto a Hitler, durante sus años en Viena fue el más miserable de los cinco. Cuando podía pagarla, vivía en una pensión de mala muerte. En caso contrario, daba con sus huesos en un establecimiento para indigentes. Allí se forjó su carácter hecho de resentimiento y odio hacia los extranjeros, hacia todo lo que no fuera germánico. Sus intentos de ingresar en la escuela de arquitectura fracasaron, así como sus proyectos de convertirse en pintor.
Años más tarde, se cuenta que Hitler solo llegó a sentir algo semejante al cariño por Albert Speer, el arquitecto Wunderkind del régimen. Speer, de 38 años, fue el alter ego de Hitler y se convirtió en algo parecido al hijo que nunca tuvo.
Abril de 1945. Búnker de la Cancillería del Reich. Speer desafía las bombas rusas y viene a despedirse de su mentor. Fue la única vez que Adolf dio un abrazo en público a alguien. Un precursor de la distancia social.
Stalin, Hitler... sueltos por las calles de Viena. Alimentando el odio y el resentimiento contra todo y contra todos.
Mahler, el divino Gustav, había muerto dos años antes en esa misma ciudad imperial. En el comienzo de su Quinta Sinfonía, la Trauermarsch, está en ciernes toda la larga noche que habría de caer sobre Europa. La noche de los cuchillos largos. La noche de los cristales rotos. La noche infinita.
Por cierto, Stalin le ganó siete partidas de ajedrez seguidas a Lenin en Cracovia. Y Lenin no era precisamente torpe, antes al contrario. ¿Líderes políticos que saben jugar al ajedrez? Has vuelto a beber, Martín...
La ciudad, Viena. El año, 1913. El mes de enero para ser más precisos. El Café Central de la ciudad imperial acogió entre sus mesas nada menos que a Freud, Trotski, Stalin, Tito y Hitler. Freud era médico y tenía una vida ordenada. Tito, el croata que se convertiría en líder de la Yugoslavia socialista, trabajaba como mecánico de coches, es decir, podía pagar sus facturas. Trotski -cuyo nombre real era Bronstein, "Trotski" se lo robó a un carcelero- sobrevivía como periodista y no paraba de escribir. Quedan dos...
Sí. Hitler y Stalin. Es alucinante pero estuvieron sentados en el mismo café del centro de la capital austrohúngara, un elegante local que había sido sede de la bolsa.
La vida personal de ambos era un auténtico desastre. Que se sepa, Hitler estuvo cinco años en Viena (las cosas que cuenta en Mein Kampf están muy edulcoradas siendo ya líder de un movimiento). Stalin algo más. Unos nueve y habitualmente se hacía pasar por griego.
Stalin, al que sus escasos amigos llamaban "Koba", era un prodigio de valor físico. Un hombre de acción. Es como si le hubieran extirpado el miedo. Se dedicaba fundamentalmente a robar bancos para la Revolución. Cada vez que surgía un trabajo casi suicida que nadie quería hacer llamaban a Stalin. "Este es un trabajo para Koba". Todo en él inspiraba desamor. Su aspecto, su rostro picado de viruela, su mirada huidiza...
En cuanto a Hitler, durante sus años en Viena fue el más miserable de los cinco. Cuando podía pagarla, vivía en una pensión de mala muerte. En caso contrario, daba con sus huesos en un establecimiento para indigentes. Allí se forjó su carácter hecho de resentimiento y odio hacia los extranjeros, hacia todo lo que no fuera germánico. Sus intentos de ingresar en la escuela de arquitectura fracasaron, así como sus proyectos de convertirse en pintor.
Años más tarde, se cuenta que Hitler solo llegó a sentir algo semejante al cariño por Albert Speer, el arquitecto Wunderkind del régimen. Speer, de 38 años, fue el alter ego de Hitler y se convirtió en algo parecido al hijo que nunca tuvo.
Abril de 1945. Búnker de la Cancillería del Reich. Speer desafía las bombas rusas y viene a despedirse de su mentor. Fue la única vez que Adolf dio un abrazo en público a alguien. Un precursor de la distancia social.
Stalin, Hitler... sueltos por las calles de Viena. Alimentando el odio y el resentimiento contra todo y contra todos.
Mahler, el divino Gustav, había muerto dos años antes en esa misma ciudad imperial. En el comienzo de su Quinta Sinfonía, la Trauermarsch, está en ciernes toda la larga noche que habría de caer sobre Europa. La noche de los cuchillos largos. La noche de los cristales rotos. La noche infinita.
Por cierto, Stalin le ganó siete partidas de ajedrez seguidas a Lenin en Cracovia. Y Lenin no era precisamente torpe, antes al contrario. ¿Líderes políticos que saben jugar al ajedrez? Has vuelto a beber, Martín...
miércoles, 3 de junio de 2020
Tal vez será su voz
Tal vez será su voz es uno de los tangos que más me gustan. Un hombre pierde definitivamente a su amor y cree volver a encontrarlo entre las sombras de los tangos, en el humo de las milongas. Julio Cortázar escribió un maravilloso cuento llamado Las puertas del cielo que tiene una temática similar. Siempre creí que había un nexo entre ambas historias.
No. Las puertas del cielo no alcanzan a entornarse... ella no regresará. Él la busca en cada bailarina, en cada abrazo, pero no volverá a oír su voz. Tendrá que ser nomás mi propio corazón.
Con letra del inmortal Homero Manzi y música de Lucio Demare, Tal vez será su voz para todos ustedes en este fantástico arreglo de Raúl Chiocchio a la guitarra -un músico realmente fino- y yo mismo cantando. Ambos desde nuestros respectivos confinamientos. La magia del tango nos hace soñar. Con cariño inmenso y fervor de Buenos Aires.
Con letra del inmortal Homero Manzi y música de Lucio Demare, Tal vez será su voz para todos ustedes en este fantástico arreglo de Raúl Chiocchio a la guitarra -un músico realmente fino- y yo mismo cantando. Ambos desde nuestros respectivos confinamientos. La magia del tango nos hace soñar. Con cariño inmenso y fervor de Buenos Aires.
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jueves, 28 de mayo de 2020
Barrio
Los azares y mayo me han devuelto al barrio. La vieja Prosperidad... Todo sigue más o menos en su sitio. López de Hoyos, Clara del Rey, Juan Bautista de Toledo. Hasta quedan algunas casas humildes y bajas de la posguerra. El olor a fritanga, los bocatas de chorizo. Los muchachos fumando y bebiendo cañas, deseando quemar la vida cuanto antes. El Claret, donde quedábamos a jugar al fútbol "después de la peli del sábado". La iglesia a la que íbamos a ver cantar a las niñas (no había otro medio de hacernos ir... Merche Medina, la recuerdo como si la viera). Las calles que recorrimos tantas veces. Los cielos rojos de invierno. La pintada "Vota comunista", señal de que estábamos en otro mundo. A salvo de militares que solo sabían ser militares cuando tenían que enfrentarse a chavales desarmados. Ahí sí que derrochaban testosterona. En las Malvinas fue algo distinto...
Cuándo nos dimos cuenta de que no había forma de regresar a casa. Uno a uno los seres queridos iban desapareciendo. Cartas que tardaban una eternidad en cruzar el mar. La sensación de no pertenecer, de que, hicieras lo que hicieras nunca serías uno de ellos. Cuándo aprendí a hablar como un español... a lo largo de estos años me ha tocado escuchar ciertos comentarios, en fin.
Cuando uno se va de su país ya no es de ningún sitio. Los que se quedaron no te reconocen, dicen que cambiaste, que te hiciste más duro, más frío. Sobrevivir lejos de los míos. Entonces cuál es mi sitio. Mi lugar es estar siempre de viaje.
Si regreso a mis calles siempre pienso en todos. Los abuelos, el tío Santiago, Manuel, Pedro Gaeta, los pibes del barrio. Mi hermano que se fue a los 17. Ellos siguen estando igual que cuando los vi por última vez. Sonríen y son eternamente jóvenes, mirando la vida de frente.
El reflejo en las vidrieras ha cambiado. Los espejos me devuelven mi imagen algo cansada.
Tal vez porque antaño soñé mucho. Día y noche.
Cuándo nos dimos cuenta de que no había forma de regresar a casa. Uno a uno los seres queridos iban desapareciendo. Cartas que tardaban una eternidad en cruzar el mar. La sensación de no pertenecer, de que, hicieras lo que hicieras nunca serías uno de ellos. Cuándo aprendí a hablar como un español... a lo largo de estos años me ha tocado escuchar ciertos comentarios, en fin.
Cuando uno se va de su país ya no es de ningún sitio. Los que se quedaron no te reconocen, dicen que cambiaste, que te hiciste más duro, más frío. Sobrevivir lejos de los míos. Entonces cuál es mi sitio. Mi lugar es estar siempre de viaje.
Si regreso a mis calles siempre pienso en todos. Los abuelos, el tío Santiago, Manuel, Pedro Gaeta, los pibes del barrio. Mi hermano que se fue a los 17. Ellos siguen estando igual que cuando los vi por última vez. Sonríen y son eternamente jóvenes, mirando la vida de frente.
El reflejo en las vidrieras ha cambiado. Los espejos me devuelven mi imagen algo cansada.
Tal vez porque antaño soñé mucho. Día y noche.
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miércoles, 27 de mayo de 2020
Vuelta al cole
Llevo toda la mañana escribiendo sobre un episodio que sucedió en mi colegio, la Escuela número 4 Coronel Mayor Álvarez Thomas, en las calles Terrada y Nueva York. Cerca de Nazca y Av. Salvador María del Carril en la bellísima ciudad de Santa María del Buen Ayre.
En 2009 vino a buscarme mi hermano Raúl a Ezeiza -mi otra mitad en NAUM Project- y nos fuimos directos a comer pizza. Cada vez que estamos juntos volvemos a tener 15 años. Es automático. Y no podemos decir más de tres palabras sin cagarnos de risa. Es una sobredosis de Boludol en vena. En cuanto nos vemos nos convertimos en Boludos Alegres, Inc. Raúl largó el laburo para estar conmigo y me dijo ¿qué hacemos? Vamos al colegio...!
Llegamos. Era finales de febrero y hacía un calor asesino. La directora nos recibió y le hizo mucha gracia que un tipo baje del avión viniendo de Madrid, recorriendo océanos de tiempo y lo primero que se le ocurra es ir a su colegio de primaria. Se moría del amor.
Era un minonazo vestida de milonguera en pleno verano porteño y no me quitaba la vista de encima. Tenía JUSTO esos zapatos de Prada que me producen catalepsia y una minifalda escandalosamente corta y ceñida. Cómo ha avanzado la educación pública porteña...! Por qué el destino siempre me obsequia con situaciones en las que debo preservar mi honor y mi virtud ante mujeres infartantes que son legión. Debe haber un mensaje oculto en todo esto pero no alcanzo a descifrarlo.
Tuve que pararle el carro y recordarle que era un alumno de Séptimo A. Un alumno aventajado, pero un niño con toda la vida por delante. Ojito.
Mis maestros ya se habían jubilado. El director -que era un poco rígido pero que me quería mucho- había fallecido. No quedaba nadie... la señorita Olga, Di Giovambattista, la profesora Inga...
Me llevó a visitar todas las clases. Aquí aprendí a leer con la Srta. Antonia, aquí el Sr. Caggiano me enseñó a amar la literatura. ¡Epa! ¡¡¡¡San Martín está igual!!!! exclamé al ver el busto de bronce cerca del salón de actos. Se nos habían unido varias profesoras y se morían de risa con mis boludeces. Una de ellas no paraba de hacerme preguntas sobre España y me miraba fijo tipo "sacame de acá, pibe, llevame al otro lado del mar. Haceme tuya".
Mirá, te digo que si las profesoras argentinas no aprenden a comportarse no vuelvo más a mi colegio. Qué cosa. Esto de las feromonas en exceso me tiene repodrido che...
En 2009 vino a buscarme mi hermano Raúl a Ezeiza -mi otra mitad en NAUM Project- y nos fuimos directos a comer pizza. Cada vez que estamos juntos volvemos a tener 15 años. Es automático. Y no podemos decir más de tres palabras sin cagarnos de risa. Es una sobredosis de Boludol en vena. En cuanto nos vemos nos convertimos en Boludos Alegres, Inc. Raúl largó el laburo para estar conmigo y me dijo ¿qué hacemos? Vamos al colegio...!
Llegamos. Era finales de febrero y hacía un calor asesino. La directora nos recibió y le hizo mucha gracia que un tipo baje del avión viniendo de Madrid, recorriendo océanos de tiempo y lo primero que se le ocurra es ir a su colegio de primaria. Se moría del amor.
Era un minonazo vestida de milonguera en pleno verano porteño y no me quitaba la vista de encima. Tenía JUSTO esos zapatos de Prada que me producen catalepsia y una minifalda escandalosamente corta y ceñida. Cómo ha avanzado la educación pública porteña...! Por qué el destino siempre me obsequia con situaciones en las que debo preservar mi honor y mi virtud ante mujeres infartantes que son legión. Debe haber un mensaje oculto en todo esto pero no alcanzo a descifrarlo.
Tuve que pararle el carro y recordarle que era un alumno de Séptimo A. Un alumno aventajado, pero un niño con toda la vida por delante. Ojito.
Mis maestros ya se habían jubilado. El director -que era un poco rígido pero que me quería mucho- había fallecido. No quedaba nadie... la señorita Olga, Di Giovambattista, la profesora Inga...
Me llevó a visitar todas las clases. Aquí aprendí a leer con la Srta. Antonia, aquí el Sr. Caggiano me enseñó a amar la literatura. ¡Epa! ¡¡¡¡San Martín está igual!!!! exclamé al ver el busto de bronce cerca del salón de actos. Se nos habían unido varias profesoras y se morían de risa con mis boludeces. Una de ellas no paraba de hacerme preguntas sobre España y me miraba fijo tipo "sacame de acá, pibe, llevame al otro lado del mar. Haceme tuya".
Mirá, te digo que si las profesoras argentinas no aprenden a comportarse no vuelvo más a mi colegio. Qué cosa. Esto de las feromonas en exceso me tiene repodrido che...
martes, 26 de mayo de 2020
Lo que te mata
Una de las ironías de la vida más dificiles de asumir es que aquello que te mata no es lo que no sabes, sino lo que CREES que sabes pero resulta no ser así. Not even close! Dios tiene un sentido del humor muy especial. Canela fina.
En mis años mozos fui editor -fugazmente- en una de las principales revistas "esotéricas" de España. Vendíamos 125 mil ejemplares por mes. Publicando cosas absurdas. El resto de los periodistas se reían de mí porque decían que mis artículos intentaban "tener sentido".
Aquello duró poco pero me divertí muchísimo entrevistando a toda clase de marcianos. Literal. Incluso fui a hacer una nota a una señora gallega que estaba convencida de que su hijo era marciano. Yo lo vi y le di la razón de inmediato. Ese tipo no era de por aquí. Ni siquiera podía decirse que fuera gallego.
Mi jefe era un pesado. Era argentino y me daba la vara con que había que ahorrar. Yo trabajaba part-time y el resto del tiempo tocaba en Madrid o alrededores. Muchas noches seguía de largo e iba a la oficina sin dormir. Para hablar con extraterrestres mi estado mental bastaba. El jefe me decía: "tengo un plan. Todo está calculado. Ahorro dos millones de pesetas por año y cuando regrese a Argentina me retiraré a los 50. No tendré que volver a trabajar nunca". Para lograrlo se privaba de todo. No iba de copas. No salía de vacaciones. Evitaba la compañía femenina. Decía que las mujeres eran un vicio caro.
Por fin logró juntar un capital. Regresó a Buenos Aires. La Reina del Plata. Tres meses antes del corralito.
Recuerdo que lo entrevistaron en El País cuando se armó el quilombo. El titular era algo así como "en este país hay la mayor cantidad de hijos de puta por metro cuadrado" y otras lindezas. Creo que después le dio un ataque al corazón y hasta ahí llegó.
No existe el 'después'. Es una estafa, un engañabobos. Fugate conmigo, piba. Largá todo. Voy a buscarte esta misma noche. Hoy. Sos mayor de edad me dijiste... ¿no? Bueno, está bien. No importa. Me hago pasar por tu tío. El tío pródigo.
En cualquier caso, si vas a regresar más temprano de la oficina, avisa. Hazme caso.
En mis años mozos fui editor -fugazmente- en una de las principales revistas "esotéricas" de España. Vendíamos 125 mil ejemplares por mes. Publicando cosas absurdas. El resto de los periodistas se reían de mí porque decían que mis artículos intentaban "tener sentido".
Aquello duró poco pero me divertí muchísimo entrevistando a toda clase de marcianos. Literal. Incluso fui a hacer una nota a una señora gallega que estaba convencida de que su hijo era marciano. Yo lo vi y le di la razón de inmediato. Ese tipo no era de por aquí. Ni siquiera podía decirse que fuera gallego.
Mi jefe era un pesado. Era argentino y me daba la vara con que había que ahorrar. Yo trabajaba part-time y el resto del tiempo tocaba en Madrid o alrededores. Muchas noches seguía de largo e iba a la oficina sin dormir. Para hablar con extraterrestres mi estado mental bastaba. El jefe me decía: "tengo un plan. Todo está calculado. Ahorro dos millones de pesetas por año y cuando regrese a Argentina me retiraré a los 50. No tendré que volver a trabajar nunca". Para lograrlo se privaba de todo. No iba de copas. No salía de vacaciones. Evitaba la compañía femenina. Decía que las mujeres eran un vicio caro.
Por fin logró juntar un capital. Regresó a Buenos Aires. La Reina del Plata. Tres meses antes del corralito.
Recuerdo que lo entrevistaron en El País cuando se armó el quilombo. El titular era algo así como "en este país hay la mayor cantidad de hijos de puta por metro cuadrado" y otras lindezas. Creo que después le dio un ataque al corazón y hasta ahí llegó.
No existe el 'después'. Es una estafa, un engañabobos. Fugate conmigo, piba. Largá todo. Voy a buscarte esta misma noche. Hoy. Sos mayor de edad me dijiste... ¿no? Bueno, está bien. No importa. Me hago pasar por tu tío. El tío pródigo.
En cualquier caso, si vas a regresar más temprano de la oficina, avisa. Hazme caso.
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lunes, 25 de mayo de 2020
Adonde sea
Hace exactamente cuatro años estaba en un aeropuerto de América del Sur, llegué hasta el mostrador de Aerolíneas y pronuncié una frase que solo había oído en las películas: dame un billete para el primer vuelo que salga. "¿Adónde?" preguntó un joven de unos 35... "Adonde sea, lo importante es que salga cuanto antes..."
Le hizo tanta gracia mi cara de desesperación que terminó tomándose un café conmigo. Me contó que quería ser escritor, así que supuse que iba a sonsacarme datos para sus propias historias. El pibe me pareció tan amable -gestionó un vuelo urgente a Buenos Aires y me puso en primera sin cobrarme nada- que no pude negarme.
—Vos venís escapando de una mina —me dijo.
—Claro, salamín, si no por qué iba a querer salir en el primer vuelo a cualquier parte...
—Pero contame... qué pasó... —entonces le narré Las mil y una noches.
—Ahhhh... ¡pero a esa mina la conozco! —terminó por decirme. —¡Fui una vez a comprarle un mueble de segunda mano que estaba sospechosamente barato e insistió en que mi esposa se quedara en la puerta...! ¡¡Casi me devora!! Tuvo que venir a rescatarme Marcela. Se armó un despelote...
En nuestra mesa se hizo la noche. Nos miramos como dos hermanos antes de desembarcar en Normandía. Solos, en el incómodo silencio de los hombres que van a la batalla. Camaradas de armas.
—Loco... estás a tiempo... venite conmigo a Buenos Aires. La ley de los grandes números. Ahí no podrá encontrarnos.
Le hizo tanta gracia mi cara de desesperación que terminó tomándose un café conmigo. Me contó que quería ser escritor, así que supuse que iba a sonsacarme datos para sus propias historias. El pibe me pareció tan amable -gestionó un vuelo urgente a Buenos Aires y me puso en primera sin cobrarme nada- que no pude negarme.
—Vos venís escapando de una mina —me dijo.
—Claro, salamín, si no por qué iba a querer salir en el primer vuelo a cualquier parte...
—Pero contame... qué pasó... —entonces le narré Las mil y una noches.
—Ahhhh... ¡pero a esa mina la conozco! —terminó por decirme. —¡Fui una vez a comprarle un mueble de segunda mano que estaba sospechosamente barato e insistió en que mi esposa se quedara en la puerta...! ¡¡Casi me devora!! Tuvo que venir a rescatarme Marcela. Se armó un despelote...
En nuestra mesa se hizo la noche. Nos miramos como dos hermanos antes de desembarcar en Normandía. Solos, en el incómodo silencio de los hombres que van a la batalla. Camaradas de armas.
—Loco... estás a tiempo... venite conmigo a Buenos Aires. La ley de los grandes números. Ahí no podrá encontrarnos.
domingo, 24 de mayo de 2020
El optimista patológico
Como soy de natural optimista siempre he tenido un enfoque positivo sobre el arte y la vida en general. Si a la gente le gusta lo que hago, ideal de la muerte. Todo son parabienes, abrazos y besos maravillosos. ¿Dinero? Bueno...¡quién lo necesita! Alguna morena habrá que me invite a desayunar. La hora de la comida... ya la resolveré. El truco para ser artista es tener quince amigos. El número máximo de veces que un amigo te puede invitar a comer por mes sin que te mande a freír puñetas es dos. Está todo calculado.
En cambio, si lo que hago resulta un fracaso absoluto e incuestionable y el público, horrorizado y escandalizado a partes iguales, decide tirarme toda clase de hortalizas, ya se sabe, tomates, pimientos, pepinos, cebollas, ajos, pan duro... pues ya tengo ingredientes para el salmorejo de esa semana.
Sea como sea, de hambre no me muero. Y tan alta vida espero...
En cambio, si lo que hago resulta un fracaso absoluto e incuestionable y el público, horrorizado y escandalizado a partes iguales, decide tirarme toda clase de hortalizas, ya se sabe, tomates, pimientos, pepinos, cebollas, ajos, pan duro... pues ya tengo ingredientes para el salmorejo de esa semana.
Sea como sea, de hambre no me muero. Y tan alta vida espero...
sábado, 23 de mayo de 2020
Sudestada
Un hombre joven escapa hacia el fin del mundo en una carrera
enloquecida. Huye de un destino escrito, huye de sí mismo. Su padre sale en su
busca pero siempre llega tarde. Viedma, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia,
Puerto San Julián, Río Gallegos. Él brilla como una moneda nueva, es más rápido
que el viento.
Años de soledades. Insomnios. No quiero ver a nadie. Silencios.
Bariloche, lagos como espejos. Cordilleras. Alguien le avisa de que su padre está agonizando en un hospital de Buenos Aires. ¿Te acordás que me prometiste que no ibas a dejarme morir en un hospital? Fue una tarde en Monte Hermoso, caminando por la playa. Los dos solos, el atardecer perfecto. Vos ibas y venías al mar saltando las olas. Me abrazabas envuelto en sal. Entonces teníamos toda la vida por delante. Entonces no hacíamos más que reír juntos. La alegría es un compuesto simple.
Un tren de medianoche cruza la pampa. Tierras desoladas y espíritus de indios. Lamentos. Frío en el alma. Solo con sus recuerdos. El viaje que hicimos a Tandil. Te dejé manejar el camión. Vos estabas tan feliz... imitabas mis movimientos al volante y yo me moría de risa. Había que entregar un cargamento de cueros. Yo estaba orgulloso. Iba con mi hijo, el más grande, el más fuerte. Llegamos a la estancia. Nos recibió el patrón. Le caímos bien de inmediato, vos tenías esa virtud tan rara de caerle bien a todo el mundo. Nos invitó a un asado y estuvimos hablando de bueyes perdidos hasta el amanecer, meta vino y guitarreada con los peones.
A la vuelta vos me dijiste "sos el mejor padre del mundo" y me regalaste una sonrisa que aún me dura. Hay golpes en la vida tan fuertes. Como del rayo. Son los heraldos negros. El arte de seguir viviendo.
No vengas. No vuelvas a Buenos Aires. No vas a llegar a tiempo. Es mejor así. Dejame dormir. Despertame cuando se haya acabado septiembre.
Años de soledades. Insomnios. No quiero ver a nadie. Silencios.
Bariloche, lagos como espejos. Cordilleras. Alguien le avisa de que su padre está agonizando en un hospital de Buenos Aires. ¿Te acordás que me prometiste que no ibas a dejarme morir en un hospital? Fue una tarde en Monte Hermoso, caminando por la playa. Los dos solos, el atardecer perfecto. Vos ibas y venías al mar saltando las olas. Me abrazabas envuelto en sal. Entonces teníamos toda la vida por delante. Entonces no hacíamos más que reír juntos. La alegría es un compuesto simple.
Un tren de medianoche cruza la pampa. Tierras desoladas y espíritus de indios. Lamentos. Frío en el alma. Solo con sus recuerdos. El viaje que hicimos a Tandil. Te dejé manejar el camión. Vos estabas tan feliz... imitabas mis movimientos al volante y yo me moría de risa. Había que entregar un cargamento de cueros. Yo estaba orgulloso. Iba con mi hijo, el más grande, el más fuerte. Llegamos a la estancia. Nos recibió el patrón. Le caímos bien de inmediato, vos tenías esa virtud tan rara de caerle bien a todo el mundo. Nos invitó a un asado y estuvimos hablando de bueyes perdidos hasta el amanecer, meta vino y guitarreada con los peones.
A la vuelta vos me dijiste "sos el mejor padre del mundo" y me regalaste una sonrisa que aún me dura. Hay golpes en la vida tan fuertes. Como del rayo. Son los heraldos negros. El arte de seguir viviendo.
No vengas. No vuelvas a Buenos Aires. No vas a llegar a tiempo. Es mejor así. Dejame dormir. Despertame cuando se haya acabado septiembre.
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martes, 19 de mayo de 2020
Intensidades
A decir verdad he tenido la enorme fortuna de haber conocido amantes maravillosas que me han amado y a las que yo he amado con locura. Entre nosotros las cartas, las palabras, siempre tuvieron un protagonismo central. Y las cartas que guardo como oro en paño son un prodigio de ternura y entrega sin límites. He conocido gente incapaz de entregar el corazón, cómo no, pero esas ni siquiera alcanzaron la categoría de historias. Fueron simples barcos que se cruzan en la noche. Incluso a ellas les guardo afecto. Mis queridas maestras en el arte antiguo de amar.
Creo firmemente que la palabra es lo único sagrado que hay en nosotros. Las palabras determinan lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Dios es lenguaje. Y en el lenguaje están las claves del Universo.
He tenido la fortuna de oír mi nombre pronunciado con mil acentos, mil formas de dar el cariño. Incluso algunas mujeres insistían en llamarme Ariel, mi segundo nombre. León de Dios. Creaban otra personalidad que también está en mí y me transportaban a los días de mi primera infancia, cuando mi querido abuelo Lázaro me llamaba así.
Nadie puede ser mejor que sus palabras. Nadie puede ir más allá de sus silencios. La vida y la muerte son un tren nocturno que no se detiene. El número de veces que dirás una palabra de cariño a otro ser humano ha sido cuidadosamente pesado, medido. No podrás superar el límite. ¿Cuántas veces volverás a decirlas? ¿Veinte, cincuenta quizá...? ¿Cuántas veces alguien te hará sentir amado, deseado? Antes de entrar en la larga noche.
Pero fue Ingrid Bergman quien, al ser escandinava -esa equilibrada mezcla de lava y hielo-, escribió la carta de amor perfecta en términos de economía de medios y eficacia en el resultado. Siendo una mujer casada le escribió lo siguiente a un hombre casado al que no conocía personalmente, en los conservadores 50 del siglo pasado. La actriz sueca vio la obra de Roberto Rossellini y le envió las siguientes líneas:
"Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas 'Roma, ciudad abierta' y 'Paisá' y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir 'ti amo', estoy lista para viajar y hacer un filme con usted".
Lo demás es historia. Os deseo la mayor de las intensidades.
Creo firmemente que la palabra es lo único sagrado que hay en nosotros. Las palabras determinan lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Dios es lenguaje. Y en el lenguaje están las claves del Universo.
He tenido la fortuna de oír mi nombre pronunciado con mil acentos, mil formas de dar el cariño. Incluso algunas mujeres insistían en llamarme Ariel, mi segundo nombre. León de Dios. Creaban otra personalidad que también está en mí y me transportaban a los días de mi primera infancia, cuando mi querido abuelo Lázaro me llamaba así.
Nadie puede ser mejor que sus palabras. Nadie puede ir más allá de sus silencios. La vida y la muerte son un tren nocturno que no se detiene. El número de veces que dirás una palabra de cariño a otro ser humano ha sido cuidadosamente pesado, medido. No podrás superar el límite. ¿Cuántas veces volverás a decirlas? ¿Veinte, cincuenta quizá...? ¿Cuántas veces alguien te hará sentir amado, deseado? Antes de entrar en la larga noche.
Pero fue Ingrid Bergman quien, al ser escandinava -esa equilibrada mezcla de lava y hielo-, escribió la carta de amor perfecta en términos de economía de medios y eficacia en el resultado. Siendo una mujer casada le escribió lo siguiente a un hombre casado al que no conocía personalmente, en los conservadores 50 del siglo pasado. La actriz sueca vio la obra de Roberto Rossellini y le envió las siguientes líneas:
"Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas 'Roma, ciudad abierta' y 'Paisá' y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir 'ti amo', estoy lista para viajar y hacer un filme con usted".
Lo demás es historia. Os deseo la mayor de las intensidades.
sábado, 2 de mayo de 2020
Vuelta al tren
A la altura de Alcalá se monta una pareja. Se sientan a escasos metros de donde estoy, con la guitarra y la bolsa de los pertrechos de guerra. Regreso a casa después de cantar en Madrid. Contento de haber visto los rostros iluminados de gente muy querida. Canté a escasos metros de donde Manuel triunfó, cerca de la línea del frente. No pasarán!
El pasaje está medio somnoliento. Comienza octubre. Domingo norte. Oigo hablar a los recién llegados. Colombianos. Ese castellano tan redondo, tan sabroso. ¿Paisas...?
—Usted hace que mis días no tengan final, que quiera aprender a volar —dice él.
Ella lo mira y lo besa.
No deben tener más de treinta años y sin embargo ambos muestran marcas indelebles de haber sufrido desde que comenzó su tiempo.
Observo los hombros de él. Lleva la cárcel tatuada: un cierto peso, una leve inclinación de los omóplatos, la presión de noches sin sueño. Eso no se va nunca. Se queda ahí.
El rostro de ella tiene mucha calle. Las cicatrices están por dentro. Son más sutiles, más profundas.
—La sonrisa de usted, sus manos me dan ganas de vivir. No quiero otra cosa. Lo pienso a todas horas —dice ella y vuelve a besarlo como si el sol fuera a enfriarse.
En el vagón se ha hecho un silencio de templo. Todas las miradas, los rostros de los pasajeros confluyen en los que viajan suspendidos.
Están solos. Nunca tuvieron nada suyo. Tampoco les hace falta. Conocen el secreto mejor guardado desde que el mundo es mundo. El gesto, la palabra precisa.
Nos contemplamos todos, asombrados de estar vivos. El aire es más dulce y el tren quiere ir al mar. Las palabras le regalan densidad al tiempo.
Ella pondrá dos piedras de futura mirada. Sí. Ella tiene vida en su interior. Está cargada de vida.
El pasaje está medio somnoliento. Comienza octubre. Domingo norte. Oigo hablar a los recién llegados. Colombianos. Ese castellano tan redondo, tan sabroso. ¿Paisas...?
—Usted hace que mis días no tengan final, que quiera aprender a volar —dice él.
Ella lo mira y lo besa.
No deben tener más de treinta años y sin embargo ambos muestran marcas indelebles de haber sufrido desde que comenzó su tiempo.
Observo los hombros de él. Lleva la cárcel tatuada: un cierto peso, una leve inclinación de los omóplatos, la presión de noches sin sueño. Eso no se va nunca. Se queda ahí.
El rostro de ella tiene mucha calle. Las cicatrices están por dentro. Son más sutiles, más profundas.
—La sonrisa de usted, sus manos me dan ganas de vivir. No quiero otra cosa. Lo pienso a todas horas —dice ella y vuelve a besarlo como si el sol fuera a enfriarse.
En el vagón se ha hecho un silencio de templo. Todas las miradas, los rostros de los pasajeros confluyen en los que viajan suspendidos.
Están solos. Nunca tuvieron nada suyo. Tampoco les hace falta. Conocen el secreto mejor guardado desde que el mundo es mundo. El gesto, la palabra precisa.
Nos contemplamos todos, asombrados de estar vivos. El aire es más dulce y el tren quiere ir al mar. Las palabras le regalan densidad al tiempo.
Ella pondrá dos piedras de futura mirada. Sí. Ella tiene vida en su interior. Está cargada de vida.
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miércoles, 29 de abril de 2020
Gurú en Tánger
Comparto con vosotros este pequeño relato que me han publicado en la excelente revista literaria Letralia. Con cariño.
Gurú en Tánger por Martín Rasskin
Gurú en Tánger por Martín Rasskin
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martes, 28 de abril de 2020
Óleo de mujer con sombrero
El mundo ha cambiado un poco desde la última vez que escribí.
Aquí va esta versión que grabé de un tema de Silvio Rodríguez. Más lenta que el original, me gusta cantarla así. Doy las gracias a mi amiga Ava por la sesión de fotos. Es deliciosa.
Va por todos vosotros/ustedes. Con cariño inmenso y los mejores deseos.
Aquí va esta versión que grabé de un tema de Silvio Rodríguez. Más lenta que el original, me gusta cantarla así. Doy las gracias a mi amiga Ava por la sesión de fotos. Es deliciosa.
Va por todos vosotros/ustedes. Con cariño inmenso y los mejores deseos.
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