Hace algunos años publiqué una nota sobre unas declaraciones del entonces pontífice, Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
En mi opinión, Ratzinger fue el papa más intelectual de la historia. No entro a valorar sus posturas ideológicas sobre lo divino o lo humano. Solo la potencia de su cerebro.
Fueron unas declaraciones suyas las que me sugirieron la reflexión, que se titulaba "Dónde está Dios". Se publicó en El País, pero debe estar en algún otro medio online.
Porque Ratzinger visitó Auschwitz y declaró literalmente "uno se pregunta dónde estaba Dios en esos momentos..."
Me conmovió especialmente que fuera un papa alemán -que incluso estuvo involucrado en todo aquello siendo muy joven- quien declarase algo así.
¿Un Dios que se inhibe ante el Mal? ¿Un Dios que no puede contrarrestarlo? Todo ello implica derivaciones inquietantes. Si se inhibe no puede ser caracterizado como el Supremo Bien. Si pierde en ocasiones la partida, difícilmente puede ser Omnipotente.
Un médico se enfrenta a la muerte cara a cara. Toma decisiones en cuestión de segundos. La mayor parte de las veces acierta. Otras, no. Y tiene que seguir viviendo, sonriendo, soñando. Debe asumir los rostros o las manos de jóvenes que se van en la flor de la edad -a veces de manera inexplicable. ¡Cómo es posible... apliqué el mismo protocolo que funcionó tantas veces!- mientras envejece. Es parte de su trabajo.
¿Qué opina un médico de Dios cuando ve agonizar a una niña pequeña de leucemia y sabe perfectamente que no hay nada que hacer? ¿Cómo sigue viviendo? ¿Qué clase de fe puede tener?
Cuando era estudiante asistí a una conferencia del doctor Jahn en la Residencia de Estudiantes. Jahn era un cirujano maravilloso que colaboraba con Médicos sin Fronteras y con cuanta organización humanitaria le saliera al paso. Hay gente que no es de este mundo... como el padre Vicente Ferrer, que cambió el destino de más de un millón de personas en la India. Una persona sola, un millón de almas.
El Dr. Jahn citó el caso de un hospital para niños con espina bífida situado en un remoto rincón de Grecia, un lugar muy pobre.
El lugar era tan miserable que alguien había clavado un osito de peluche en una viga. Era el único juguete en toda la estancia. El oso miraba de cara a las camas y los niños podían verlo. Podían ver su rostro.
Jahn dijo: "está clavado, fijo, inmóvil. Ese oso debe servir para los niños que vendrán".
Recuerdo haber sentido cristales dentro cuando Jahn pronunció esa frase. Los niños que vendrán... niños nacidos exclusivamente para el dolor. Una fila interminable, infinita de seres que no tendrán una vida plena. Una hidra de sufrimiento eterno y frente a ella guerreros de carne y hueso. Cortas una cabeza del monstruo y surgen diez, ciento.
Los médicos son las únicas noticias de Dios con que contamos. Se quiebran también. Pierden la fe. Y han de seguir haciendo su trabajo como si aún creyeran que alguien cuida de los niños abandonados a su suerte.
Ocurre algo parecido con el amor entre dos seres humanos. Perdida la fe, la ilusión, pateado el corazón una y mil veces, hay que inventarlo todo otra vez, fingirlo si es preciso, como el San Manuel Bueno Mártir de Unamuno.
Vivir al este del Edén se parece tanto a la muerte...
miércoles, 10 de junio de 2020
Teodicea
Etiquetas:
Benedicto XVI,
doctor Jahn,
espina bífida,
Ratzinger,
Residencia de Estudiantes,
teodicea,
Unamuno
martes, 9 de junio de 2020
De repente, el último verano
Hoy se fue un pibe joven, Pau Donés. 53. Amigos músicos se han ido tantos ya que me cuesta acordarme de todos... los que murieron en plena locura de los 80 sin haber cumplido los 27, la cifra obligada de todo cadáver ilustre del rock'n'roll que se precie.
En un portal de Malasaña por un pico demasiado puro. Tiene gracia... la droga te mata cuando es demasiado buena. En cambio la vida funciona con otras leyes. La vida te mata de a poco. Te mata huyendo.
Coppini, el Reverendo, Enrique Sierra... ninguno llegó a los 60. Y el tango? Los grandes, los grandes de verdad... mejor no mirar.
Gardel, 45 (¿o 48?); Julio Sosa, 38; Goyeneche muchos más pero ahogado en droga. ¿Eduardo Arolas? 32. Solo, alcohólico, abandonado.
Hablo con mi hijo hace un par de horas. Está en la Costa Azul. Tiene la edad que tenía yo cuando él nació. Nos reímos. Hablamos de hacer un viaje juntos. Solos. El Transiberiano desde Moscú hasta Vladivostok. Se lo debo a mi abuelo. Me dice: "viejo, aprendete por fonética alguna canción tradicional en ruso que sea equivalente al tango. Los rusos son sentimentales como los argentinos. Los hacemos llorar a mares hasta llegar al Pacífico y nos invitarán a vodka en cada compartimento".
Está claro. ¡Este pibe es hijo mío!
Que el tiempo que os sea dado vivir se gaste de la mejor manera posible. El resto no tiene la más mínima importancia.
En un portal de Malasaña por un pico demasiado puro. Tiene gracia... la droga te mata cuando es demasiado buena. En cambio la vida funciona con otras leyes. La vida te mata de a poco. Te mata huyendo.
Coppini, el Reverendo, Enrique Sierra... ninguno llegó a los 60. Y el tango? Los grandes, los grandes de verdad... mejor no mirar.
Gardel, 45 (¿o 48?); Julio Sosa, 38; Goyeneche muchos más pero ahogado en droga. ¿Eduardo Arolas? 32. Solo, alcohólico, abandonado.
Hablo con mi hijo hace un par de horas. Está en la Costa Azul. Tiene la edad que tenía yo cuando él nació. Nos reímos. Hablamos de hacer un viaje juntos. Solos. El Transiberiano desde Moscú hasta Vladivostok. Se lo debo a mi abuelo. Me dice: "viejo, aprendete por fonética alguna canción tradicional en ruso que sea equivalente al tango. Los rusos son sentimentales como los argentinos. Los hacemos llorar a mares hasta llegar al Pacífico y nos invitarán a vodka en cada compartimento".
Está claro. ¡Este pibe es hijo mío!
Que el tiempo que os sea dado vivir se gaste de la mejor manera posible. El resto no tiene la más mínima importancia.
Etiquetas:
Carlos Gardel,
Goyeneche,
Julio Sosa,
Pau Donés,
Transiberiano,
Vladivostok
sábado, 6 de junio de 2020
Viena, 1913
No suele hablarse mucho de este tema, pero hubo un momento y un café en el que se cruzaron las vidas de cinco personajes que marcaron a fuego el devenir histórico del siglo XX.
La ciudad, Viena. El año, 1913. El mes de enero para ser más precisos. El Café Central de la ciudad imperial acogió entre sus mesas nada menos que a Freud, Trotski, Stalin, Tito y Hitler. Freud era médico y tenía una vida ordenada. Tito, el croata que se convertiría en líder de la Yugoslavia socialista, trabajaba como mecánico de coches, es decir, podía pagar sus facturas. Trotski -cuyo nombre real era Bronstein, "Trotski" se lo robó a un carcelero- sobrevivía como periodista y no paraba de escribir. Quedan dos...
Sí. Hitler y Stalin. Es alucinante pero estuvieron sentados en el mismo café del centro de la capital austrohúngara, un elegante local que había sido sede de la bolsa.
La vida personal de ambos era un auténtico desastre. Que se sepa, Hitler estuvo cinco años en Viena (las cosas que cuenta en Mein Kampf están muy edulcoradas siendo ya líder de un movimiento). Stalin algo más. Unos nueve y habitualmente se hacía pasar por griego.
Stalin, al que sus escasos amigos llamaban "Koba", era un prodigio de valor físico. Un hombre de acción. Es como si le hubieran extirpado el miedo. Se dedicaba fundamentalmente a robar bancos para la Revolución. Cada vez que surgía un trabajo casi suicida que nadie quería hacer llamaban a Stalin. "Este es un trabajo para Koba". Todo en él inspiraba desamor. Su aspecto, su rostro picado de viruela, su mirada huidiza...
En cuanto a Hitler, durante sus años en Viena fue el más miserable de los cinco. Cuando podía pagarla, vivía en una pensión de mala muerte. En caso contrario, daba con sus huesos en un establecimiento para indigentes. Allí se forjó su carácter hecho de resentimiento y odio hacia los extranjeros, hacia todo lo que no fuera germánico. Sus intentos de ingresar en la escuela de arquitectura fracasaron, así como sus proyectos de convertirse en pintor.
Años más tarde, se cuenta que Hitler solo llegó a sentir algo semejante al cariño por Albert Speer, el arquitecto Wunderkind del régimen. Speer, de 38 años, fue el alter ego de Hitler y se convirtió en algo parecido al hijo que nunca tuvo.
Abril de 1945. Búnker de la Cancillería del Reich. Speer desafía las bombas rusas y viene a despedirse de su mentor. Fue la única vez que Adolf dio un abrazo en público a alguien. Un precursor de la distancia social.
Stalin, Hitler... sueltos por las calles de Viena. Alimentando el odio y el resentimiento contra todo y contra todos.
Mahler, el divino Gustav, había muerto dos años antes en esa misma ciudad imperial. En el comienzo de su Quinta Sinfonía, la Trauermarsch, está en ciernes toda la larga noche que habría de caer sobre Europa. La noche de los cuchillos largos. La noche de los cristales rotos. La noche infinita.
Por cierto, Stalin le ganó siete partidas de ajedrez seguidas a Lenin en Cracovia. Y Lenin no era precisamente torpe, antes al contrario. ¿Líderes políticos que saben jugar al ajedrez? Has vuelto a beber, Martín...
La ciudad, Viena. El año, 1913. El mes de enero para ser más precisos. El Café Central de la ciudad imperial acogió entre sus mesas nada menos que a Freud, Trotski, Stalin, Tito y Hitler. Freud era médico y tenía una vida ordenada. Tito, el croata que se convertiría en líder de la Yugoslavia socialista, trabajaba como mecánico de coches, es decir, podía pagar sus facturas. Trotski -cuyo nombre real era Bronstein, "Trotski" se lo robó a un carcelero- sobrevivía como periodista y no paraba de escribir. Quedan dos...
Sí. Hitler y Stalin. Es alucinante pero estuvieron sentados en el mismo café del centro de la capital austrohúngara, un elegante local que había sido sede de la bolsa.
La vida personal de ambos era un auténtico desastre. Que se sepa, Hitler estuvo cinco años en Viena (las cosas que cuenta en Mein Kampf están muy edulcoradas siendo ya líder de un movimiento). Stalin algo más. Unos nueve y habitualmente se hacía pasar por griego.
Stalin, al que sus escasos amigos llamaban "Koba", era un prodigio de valor físico. Un hombre de acción. Es como si le hubieran extirpado el miedo. Se dedicaba fundamentalmente a robar bancos para la Revolución. Cada vez que surgía un trabajo casi suicida que nadie quería hacer llamaban a Stalin. "Este es un trabajo para Koba". Todo en él inspiraba desamor. Su aspecto, su rostro picado de viruela, su mirada huidiza...
En cuanto a Hitler, durante sus años en Viena fue el más miserable de los cinco. Cuando podía pagarla, vivía en una pensión de mala muerte. En caso contrario, daba con sus huesos en un establecimiento para indigentes. Allí se forjó su carácter hecho de resentimiento y odio hacia los extranjeros, hacia todo lo que no fuera germánico. Sus intentos de ingresar en la escuela de arquitectura fracasaron, así como sus proyectos de convertirse en pintor.
Años más tarde, se cuenta que Hitler solo llegó a sentir algo semejante al cariño por Albert Speer, el arquitecto Wunderkind del régimen. Speer, de 38 años, fue el alter ego de Hitler y se convirtió en algo parecido al hijo que nunca tuvo.
Abril de 1945. Búnker de la Cancillería del Reich. Speer desafía las bombas rusas y viene a despedirse de su mentor. Fue la única vez que Adolf dio un abrazo en público a alguien. Un precursor de la distancia social.
Stalin, Hitler... sueltos por las calles de Viena. Alimentando el odio y el resentimiento contra todo y contra todos.
Mahler, el divino Gustav, había muerto dos años antes en esa misma ciudad imperial. En el comienzo de su Quinta Sinfonía, la Trauermarsch, está en ciernes toda la larga noche que habría de caer sobre Europa. La noche de los cuchillos largos. La noche de los cristales rotos. La noche infinita.
Por cierto, Stalin le ganó siete partidas de ajedrez seguidas a Lenin en Cracovia. Y Lenin no era precisamente torpe, antes al contrario. ¿Líderes políticos que saben jugar al ajedrez? Has vuelto a beber, Martín...
miércoles, 3 de junio de 2020
Tal vez será su voz
Tal vez será su voz es uno de los tangos que más me gustan. Un hombre pierde definitivamente a su amor y cree volver a encontrarlo entre las sombras de los tangos, en el humo de las milongas. Julio Cortázar escribió un maravilloso cuento llamado Las puertas del cielo que tiene una temática similar. Siempre creí que había un nexo entre ambas historias.
No. Las puertas del cielo no alcanzan a entornarse... ella no regresará. Él la busca en cada bailarina, en cada abrazo, pero no volverá a oír su voz. Tendrá que ser nomás mi propio corazón.
Con letra del inmortal Homero Manzi y música de Lucio Demare, Tal vez será su voz para todos ustedes en este fantástico arreglo de Raúl Chiocchio a la guitarra -un músico realmente fino- y yo mismo cantando. Ambos desde nuestros respectivos confinamientos. La magia del tango nos hace soñar. Con cariño inmenso y fervor de Buenos Aires.
Con letra del inmortal Homero Manzi y música de Lucio Demare, Tal vez será su voz para todos ustedes en este fantástico arreglo de Raúl Chiocchio a la guitarra -un músico realmente fino- y yo mismo cantando. Ambos desde nuestros respectivos confinamientos. La magia del tango nos hace soñar. Con cariño inmenso y fervor de Buenos Aires.
Etiquetas:
Buenos Aires,
Homero Manzi,
Lucas Demare,
Martín Rasskin,
Raúl Chiocchio,
Tal vez será su voz,
tango
jueves, 28 de mayo de 2020
Barrio
Los azares y mayo me han devuelto al barrio. La vieja Prosperidad... Todo sigue más o menos en su sitio. López de Hoyos, Clara del Rey, Juan Bautista de Toledo. Hasta quedan algunas casas humildes y bajas de la posguerra. El olor a fritanga, los bocatas de chorizo. Los muchachos fumando y bebiendo cañas, deseando quemar la vida cuanto antes. El Claret, donde quedábamos a jugar al fútbol "después de la peli del sábado". La iglesia a la que íbamos a ver cantar a las niñas (no había otro medio de hacernos ir... Merche Medina, la recuerdo como si la viera). Las calles que recorrimos tantas veces. Los cielos rojos de invierno. La pintada "Vota comunista", señal de que estábamos en otro mundo. A salvo de militares que solo sabían ser militares cuando tenían que enfrentarse a chavales desarmados. Ahí sí que derrochaban testosterona. En las Malvinas fue algo distinto...
Cuándo nos dimos cuenta de que no había forma de regresar a casa. Uno a uno los seres queridos iban desapareciendo. Cartas que tardaban una eternidad en cruzar el mar. La sensación de no pertenecer, de que, hicieras lo que hicieras nunca serías uno de ellos. Cuándo aprendí a hablar como un español... a lo largo de estos años me ha tocado escuchar ciertos comentarios, en fin.
Cuando uno se va de su país ya no es de ningún sitio. Los que se quedaron no te reconocen, dicen que cambiaste, que te hiciste más duro, más frío. Sobrevivir lejos de los míos. Entonces cuál es mi sitio. Mi lugar es estar siempre de viaje.
Si regreso a mis calles siempre pienso en todos. Los abuelos, el tío Santiago, Manuel, Pedro Gaeta, los pibes del barrio. Mi hermano que se fue a los 17. Ellos siguen estando igual que cuando los vi por última vez. Sonríen y son eternamente jóvenes, mirando la vida de frente.
El reflejo en las vidrieras ha cambiado. Los espejos me devuelven mi imagen algo cansada.
Tal vez porque antaño soñé mucho. Día y noche.
Cuándo nos dimos cuenta de que no había forma de regresar a casa. Uno a uno los seres queridos iban desapareciendo. Cartas que tardaban una eternidad en cruzar el mar. La sensación de no pertenecer, de que, hicieras lo que hicieras nunca serías uno de ellos. Cuándo aprendí a hablar como un español... a lo largo de estos años me ha tocado escuchar ciertos comentarios, en fin.
Cuando uno se va de su país ya no es de ningún sitio. Los que se quedaron no te reconocen, dicen que cambiaste, que te hiciste más duro, más frío. Sobrevivir lejos de los míos. Entonces cuál es mi sitio. Mi lugar es estar siempre de viaje.
Si regreso a mis calles siempre pienso en todos. Los abuelos, el tío Santiago, Manuel, Pedro Gaeta, los pibes del barrio. Mi hermano que se fue a los 17. Ellos siguen estando igual que cuando los vi por última vez. Sonríen y son eternamente jóvenes, mirando la vida de frente.
El reflejo en las vidrieras ha cambiado. Los espejos me devuelven mi imagen algo cansada.
Tal vez porque antaño soñé mucho. Día y noche.
Etiquetas:
1978,
Argentina,
Clara del Rey,
Colegio Claret,
López de Hoyos,
Prosperidad
miércoles, 27 de mayo de 2020
Vuelta al cole
Llevo toda la mañana escribiendo sobre un episodio que sucedió en mi colegio, la Escuela número 4 Coronel Mayor Álvarez Thomas, en las calles Terrada y Nueva York. Cerca de Nazca y Av. Salvador María del Carril en la bellísima ciudad de Santa María del Buen Ayre.
En 2009 vino a buscarme mi hermano Raúl a Ezeiza -mi otra mitad en NAUM Project- y nos fuimos directos a comer pizza. Cada vez que estamos juntos volvemos a tener 15 años. Es automático. Y no podemos decir más de tres palabras sin cagarnos de risa. Es una sobredosis de Boludol en vena. En cuanto nos vemos nos convertimos en Boludos Alegres, Inc. Raúl largó el laburo para estar conmigo y me dijo ¿qué hacemos? Vamos al colegio...!
Llegamos. Era finales de febrero y hacía un calor asesino. La directora nos recibió y le hizo mucha gracia que un tipo baje del avión viniendo de Madrid, recorriendo océanos de tiempo y lo primero que se le ocurra es ir a su colegio de primaria. Se moría del amor.
Era un minonazo vestida de milonguera en pleno verano porteño y no me quitaba la vista de encima. Tenía JUSTO esos zapatos de Prada que me producen catalepsia y una minifalda escandalosamente corta y ceñida. Cómo ha avanzado la educación pública porteña...! Por qué el destino siempre me obsequia con situaciones en las que debo preservar mi honor y mi virtud ante mujeres infartantes que son legión. Debe haber un mensaje oculto en todo esto pero no alcanzo a descifrarlo.
Tuve que pararle el carro y recordarle que era un alumno de Séptimo A. Un alumno aventajado, pero un niño con toda la vida por delante. Ojito.
Mis maestros ya se habían jubilado. El director -que era un poco rígido pero que me quería mucho- había fallecido. No quedaba nadie... la señorita Olga, Di Giovambattista, la profesora Inga...
Me llevó a visitar todas las clases. Aquí aprendí a leer con la Srta. Antonia, aquí el Sr. Caggiano me enseñó a amar la literatura. ¡Epa! ¡¡¡¡San Martín está igual!!!! exclamé al ver el busto de bronce cerca del salón de actos. Se nos habían unido varias profesoras y se morían de risa con mis boludeces. Una de ellas no paraba de hacerme preguntas sobre España y me miraba fijo tipo "sacame de acá, pibe, llevame al otro lado del mar. Haceme tuya".
Mirá, te digo que si las profesoras argentinas no aprenden a comportarse no vuelvo más a mi colegio. Qué cosa. Esto de las feromonas en exceso me tiene repodrido che...
En 2009 vino a buscarme mi hermano Raúl a Ezeiza -mi otra mitad en NAUM Project- y nos fuimos directos a comer pizza. Cada vez que estamos juntos volvemos a tener 15 años. Es automático. Y no podemos decir más de tres palabras sin cagarnos de risa. Es una sobredosis de Boludol en vena. En cuanto nos vemos nos convertimos en Boludos Alegres, Inc. Raúl largó el laburo para estar conmigo y me dijo ¿qué hacemos? Vamos al colegio...!
Llegamos. Era finales de febrero y hacía un calor asesino. La directora nos recibió y le hizo mucha gracia que un tipo baje del avión viniendo de Madrid, recorriendo océanos de tiempo y lo primero que se le ocurra es ir a su colegio de primaria. Se moría del amor.
Era un minonazo vestida de milonguera en pleno verano porteño y no me quitaba la vista de encima. Tenía JUSTO esos zapatos de Prada que me producen catalepsia y una minifalda escandalosamente corta y ceñida. Cómo ha avanzado la educación pública porteña...! Por qué el destino siempre me obsequia con situaciones en las que debo preservar mi honor y mi virtud ante mujeres infartantes que son legión. Debe haber un mensaje oculto en todo esto pero no alcanzo a descifrarlo.
Tuve que pararle el carro y recordarle que era un alumno de Séptimo A. Un alumno aventajado, pero un niño con toda la vida por delante. Ojito.
Mis maestros ya se habían jubilado. El director -que era un poco rígido pero que me quería mucho- había fallecido. No quedaba nadie... la señorita Olga, Di Giovambattista, la profesora Inga...
Me llevó a visitar todas las clases. Aquí aprendí a leer con la Srta. Antonia, aquí el Sr. Caggiano me enseñó a amar la literatura. ¡Epa! ¡¡¡¡San Martín está igual!!!! exclamé al ver el busto de bronce cerca del salón de actos. Se nos habían unido varias profesoras y se morían de risa con mis boludeces. Una de ellas no paraba de hacerme preguntas sobre España y me miraba fijo tipo "sacame de acá, pibe, llevame al otro lado del mar. Haceme tuya".
Mirá, te digo que si las profesoras argentinas no aprenden a comportarse no vuelvo más a mi colegio. Qué cosa. Esto de las feromonas en exceso me tiene repodrido che...
martes, 26 de mayo de 2020
Lo que te mata
Una de las ironías de la vida más dificiles de asumir es que aquello que te mata no es lo que no sabes, sino lo que CREES que sabes pero resulta no ser así. Not even close! Dios tiene un sentido del humor muy especial. Canela fina.
En mis años mozos fui editor -fugazmente- en una de las principales revistas "esotéricas" de España. Vendíamos 125 mil ejemplares por mes. Publicando cosas absurdas. El resto de los periodistas se reían de mí porque decían que mis artículos intentaban "tener sentido".
Aquello duró poco pero me divertí muchísimo entrevistando a toda clase de marcianos. Literal. Incluso fui a hacer una nota a una señora gallega que estaba convencida de que su hijo era marciano. Yo lo vi y le di la razón de inmediato. Ese tipo no era de por aquí. Ni siquiera podía decirse que fuera gallego.
Mi jefe era un pesado. Era argentino y me daba la vara con que había que ahorrar. Yo trabajaba part-time y el resto del tiempo tocaba en Madrid o alrededores. Muchas noches seguía de largo e iba a la oficina sin dormir. Para hablar con extraterrestres mi estado mental bastaba. El jefe me decía: "tengo un plan. Todo está calculado. Ahorro dos millones de pesetas por año y cuando regrese a Argentina me retiraré a los 50. No tendré que volver a trabajar nunca". Para lograrlo se privaba de todo. No iba de copas. No salía de vacaciones. Evitaba la compañía femenina. Decía que las mujeres eran un vicio caro.
Por fin logró juntar un capital. Regresó a Buenos Aires. La Reina del Plata. Tres meses antes del corralito.
Recuerdo que lo entrevistaron en El País cuando se armó el quilombo. El titular era algo así como "en este país hay la mayor cantidad de hijos de puta por metro cuadrado" y otras lindezas. Creo que después le dio un ataque al corazón y hasta ahí llegó.
No existe el 'después'. Es una estafa, un engañabobos. Fugate conmigo, piba. Largá todo. Voy a buscarte esta misma noche. Hoy. Sos mayor de edad me dijiste... ¿no? Bueno, está bien. No importa. Me hago pasar por tu tío. El tío pródigo.
En cualquier caso, si vas a regresar más temprano de la oficina, avisa. Hazme caso.
En mis años mozos fui editor -fugazmente- en una de las principales revistas "esotéricas" de España. Vendíamos 125 mil ejemplares por mes. Publicando cosas absurdas. El resto de los periodistas se reían de mí porque decían que mis artículos intentaban "tener sentido".
Aquello duró poco pero me divertí muchísimo entrevistando a toda clase de marcianos. Literal. Incluso fui a hacer una nota a una señora gallega que estaba convencida de que su hijo era marciano. Yo lo vi y le di la razón de inmediato. Ese tipo no era de por aquí. Ni siquiera podía decirse que fuera gallego.
Mi jefe era un pesado. Era argentino y me daba la vara con que había que ahorrar. Yo trabajaba part-time y el resto del tiempo tocaba en Madrid o alrededores. Muchas noches seguía de largo e iba a la oficina sin dormir. Para hablar con extraterrestres mi estado mental bastaba. El jefe me decía: "tengo un plan. Todo está calculado. Ahorro dos millones de pesetas por año y cuando regrese a Argentina me retiraré a los 50. No tendré que volver a trabajar nunca". Para lograrlo se privaba de todo. No iba de copas. No salía de vacaciones. Evitaba la compañía femenina. Decía que las mujeres eran un vicio caro.
Por fin logró juntar un capital. Regresó a Buenos Aires. La Reina del Plata. Tres meses antes del corralito.
Recuerdo que lo entrevistaron en El País cuando se armó el quilombo. El titular era algo así como "en este país hay la mayor cantidad de hijos de puta por metro cuadrado" y otras lindezas. Creo que después le dio un ataque al corazón y hasta ahí llegó.
No existe el 'después'. Es una estafa, un engañabobos. Fugate conmigo, piba. Largá todo. Voy a buscarte esta misma noche. Hoy. Sos mayor de edad me dijiste... ¿no? Bueno, está bien. No importa. Me hago pasar por tu tío. El tío pródigo.
En cualquier caso, si vas a regresar más temprano de la oficina, avisa. Hazme caso.
Etiquetas:
ahorrar,
Buenos Aires,
corralito,
destino,
el después,
El País,
ironía,
la reina del Plata,
revistas esotérica
lunes, 25 de mayo de 2020
Adonde sea
Hace exactamente cuatro años estaba en un aeropuerto de América del Sur, llegué hasta el mostrador de Aerolíneas y pronuncié una frase que solo había oído en las películas: dame un billete para el primer vuelo que salga. "¿Adónde?" preguntó un joven de unos 35... "Adonde sea, lo importante es que salga cuanto antes..."
Le hizo tanta gracia mi cara de desesperación que terminó tomándose un café conmigo. Me contó que quería ser escritor, así que supuse que iba a sonsacarme datos para sus propias historias. El pibe me pareció tan amable -gestionó un vuelo urgente a Buenos Aires y me puso en primera sin cobrarme nada- que no pude negarme.
—Vos venís escapando de una mina —me dijo.
—Claro, salamín, si no por qué iba a querer salir en el primer vuelo a cualquier parte...
—Pero contame... qué pasó... —entonces le narré Las mil y una noches.
—Ahhhh... ¡pero a esa mina la conozco! —terminó por decirme. —¡Fui una vez a comprarle un mueble de segunda mano que estaba sospechosamente barato e insistió en que mi esposa se quedara en la puerta...! ¡¡Casi me devora!! Tuvo que venir a rescatarme Marcela. Se armó un despelote...
En nuestra mesa se hizo la noche. Nos miramos como dos hermanos antes de desembarcar en Normandía. Solos, en el incómodo silencio de los hombres que van a la batalla. Camaradas de armas.
—Loco... estás a tiempo... venite conmigo a Buenos Aires. La ley de los grandes números. Ahí no podrá encontrarnos.
Le hizo tanta gracia mi cara de desesperación que terminó tomándose un café conmigo. Me contó que quería ser escritor, así que supuse que iba a sonsacarme datos para sus propias historias. El pibe me pareció tan amable -gestionó un vuelo urgente a Buenos Aires y me puso en primera sin cobrarme nada- que no pude negarme.
—Vos venís escapando de una mina —me dijo.
—Claro, salamín, si no por qué iba a querer salir en el primer vuelo a cualquier parte...
—Pero contame... qué pasó... —entonces le narré Las mil y una noches.
—Ahhhh... ¡pero a esa mina la conozco! —terminó por decirme. —¡Fui una vez a comprarle un mueble de segunda mano que estaba sospechosamente barato e insistió en que mi esposa se quedara en la puerta...! ¡¡Casi me devora!! Tuvo que venir a rescatarme Marcela. Se armó un despelote...
En nuestra mesa se hizo la noche. Nos miramos como dos hermanos antes de desembarcar en Normandía. Solos, en el incómodo silencio de los hombres que van a la batalla. Camaradas de armas.
—Loco... estás a tiempo... venite conmigo a Buenos Aires. La ley de los grandes números. Ahí no podrá encontrarnos.
domingo, 24 de mayo de 2020
El optimista patológico
Como soy de natural optimista siempre he tenido un enfoque positivo sobre el arte y la vida en general. Si a la gente le gusta lo que hago, ideal de la muerte. Todo son parabienes, abrazos y besos maravillosos. ¿Dinero? Bueno...¡quién lo necesita! Alguna morena habrá que me invite a desayunar. La hora de la comida... ya la resolveré. El truco para ser artista es tener quince amigos. El número máximo de veces que un amigo te puede invitar a comer por mes sin que te mande a freír puñetas es dos. Está todo calculado.
En cambio, si lo que hago resulta un fracaso absoluto e incuestionable y el público, horrorizado y escandalizado a partes iguales, decide tirarme toda clase de hortalizas, ya se sabe, tomates, pimientos, pepinos, cebollas, ajos, pan duro... pues ya tengo ingredientes para el salmorejo de esa semana.
Sea como sea, de hambre no me muero. Y tan alta vida espero...
En cambio, si lo que hago resulta un fracaso absoluto e incuestionable y el público, horrorizado y escandalizado a partes iguales, decide tirarme toda clase de hortalizas, ya se sabe, tomates, pimientos, pepinos, cebollas, ajos, pan duro... pues ya tengo ingredientes para el salmorejo de esa semana.
Sea como sea, de hambre no me muero. Y tan alta vida espero...
sábado, 23 de mayo de 2020
Sudestada
Un hombre joven escapa hacia el fin del mundo en una carrera
enloquecida. Huye de un destino escrito, huye de sí mismo. Su padre sale en su
busca pero siempre llega tarde. Viedma, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia,
Puerto San Julián, Río Gallegos. Él brilla como una moneda nueva, es más rápido
que el viento.
Años de soledades. Insomnios. No quiero ver a nadie. Silencios.
Bariloche, lagos como espejos. Cordilleras. Alguien le avisa de que su padre está agonizando en un hospital de Buenos Aires. ¿Te acordás que me prometiste que no ibas a dejarme morir en un hospital? Fue una tarde en Monte Hermoso, caminando por la playa. Los dos solos, el atardecer perfecto. Vos ibas y venías al mar saltando las olas. Me abrazabas envuelto en sal. Entonces teníamos toda la vida por delante. Entonces no hacíamos más que reír juntos. La alegría es un compuesto simple.
Un tren de medianoche cruza la pampa. Tierras desoladas y espíritus de indios. Lamentos. Frío en el alma. Solo con sus recuerdos. El viaje que hicimos a Tandil. Te dejé manejar el camión. Vos estabas tan feliz... imitabas mis movimientos al volante y yo me moría de risa. Había que entregar un cargamento de cueros. Yo estaba orgulloso. Iba con mi hijo, el más grande, el más fuerte. Llegamos a la estancia. Nos recibió el patrón. Le caímos bien de inmediato, vos tenías esa virtud tan rara de caerle bien a todo el mundo. Nos invitó a un asado y estuvimos hablando de bueyes perdidos hasta el amanecer, meta vino y guitarreada con los peones.
A la vuelta vos me dijiste "sos el mejor padre del mundo" y me regalaste una sonrisa que aún me dura. Hay golpes en la vida tan fuertes. Como del rayo. Son los heraldos negros. El arte de seguir viviendo.
No vengas. No vuelvas a Buenos Aires. No vas a llegar a tiempo. Es mejor así. Dejame dormir. Despertame cuando se haya acabado septiembre.
Años de soledades. Insomnios. No quiero ver a nadie. Silencios.
Bariloche, lagos como espejos. Cordilleras. Alguien le avisa de que su padre está agonizando en un hospital de Buenos Aires. ¿Te acordás que me prometiste que no ibas a dejarme morir en un hospital? Fue una tarde en Monte Hermoso, caminando por la playa. Los dos solos, el atardecer perfecto. Vos ibas y venías al mar saltando las olas. Me abrazabas envuelto en sal. Entonces teníamos toda la vida por delante. Entonces no hacíamos más que reír juntos. La alegría es un compuesto simple.
Un tren de medianoche cruza la pampa. Tierras desoladas y espíritus de indios. Lamentos. Frío en el alma. Solo con sus recuerdos. El viaje que hicimos a Tandil. Te dejé manejar el camión. Vos estabas tan feliz... imitabas mis movimientos al volante y yo me moría de risa. Había que entregar un cargamento de cueros. Yo estaba orgulloso. Iba con mi hijo, el más grande, el más fuerte. Llegamos a la estancia. Nos recibió el patrón. Le caímos bien de inmediato, vos tenías esa virtud tan rara de caerle bien a todo el mundo. Nos invitó a un asado y estuvimos hablando de bueyes perdidos hasta el amanecer, meta vino y guitarreada con los peones.
A la vuelta vos me dijiste "sos el mejor padre del mundo" y me regalaste una sonrisa que aún me dura. Hay golpes en la vida tan fuertes. Como del rayo. Son los heraldos negros. El arte de seguir viviendo.
No vengas. No vuelvas a Buenos Aires. No vas a llegar a tiempo. Es mejor así. Dejame dormir. Despertame cuando se haya acabado septiembre.
Etiquetas:
Bariloche,
Buenos Aires,
Monte Hermoso,
Patagonia. soledades,
Río Gallegos,
Sudestada
martes, 19 de mayo de 2020
Intensidades
A decir verdad he tenido la enorme fortuna de haber conocido amantes maravillosas que me han amado y a las que yo he amado con locura. Entre nosotros las cartas, las palabras, siempre tuvieron un protagonismo central. Y las cartas que guardo como oro en paño son un prodigio de ternura y entrega sin límites. He conocido gente incapaz de entregar el corazón, cómo no, pero esas ni siquiera alcanzaron la categoría de historias. Fueron simples barcos que se cruzan en la noche. Incluso a ellas les guardo afecto. Mis queridas maestras en el arte antiguo de amar.
Creo firmemente que la palabra es lo único sagrado que hay en nosotros. Las palabras determinan lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Dios es lenguaje. Y en el lenguaje están las claves del Universo.
He tenido la fortuna de oír mi nombre pronunciado con mil acentos, mil formas de dar el cariño. Incluso algunas mujeres insistían en llamarme Ariel, mi segundo nombre. León de Dios. Creaban otra personalidad que también está en mí y me transportaban a los días de mi primera infancia, cuando mi querido abuelo Lázaro me llamaba así.
Nadie puede ser mejor que sus palabras. Nadie puede ir más allá de sus silencios. La vida y la muerte son un tren nocturno que no se detiene. El número de veces que dirás una palabra de cariño a otro ser humano ha sido cuidadosamente pesado, medido. No podrás superar el límite. ¿Cuántas veces volverás a decirlas? ¿Veinte, cincuenta quizá...? ¿Cuántas veces alguien te hará sentir amado, deseado? Antes de entrar en la larga noche.
Pero fue Ingrid Bergman quien, al ser escandinava -esa equilibrada mezcla de lava y hielo-, escribió la carta de amor perfecta en términos de economía de medios y eficacia en el resultado. Siendo una mujer casada le escribió lo siguiente a un hombre casado al que no conocía personalmente, en los conservadores 50 del siglo pasado. La actriz sueca vio la obra de Roberto Rossellini y le envió las siguientes líneas:
"Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas 'Roma, ciudad abierta' y 'Paisá' y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir 'ti amo', estoy lista para viajar y hacer un filme con usted".
Lo demás es historia. Os deseo la mayor de las intensidades.
Creo firmemente que la palabra es lo único sagrado que hay en nosotros. Las palabras determinan lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Dios es lenguaje. Y en el lenguaje están las claves del Universo.
He tenido la fortuna de oír mi nombre pronunciado con mil acentos, mil formas de dar el cariño. Incluso algunas mujeres insistían en llamarme Ariel, mi segundo nombre. León de Dios. Creaban otra personalidad que también está en mí y me transportaban a los días de mi primera infancia, cuando mi querido abuelo Lázaro me llamaba así.
Nadie puede ser mejor que sus palabras. Nadie puede ir más allá de sus silencios. La vida y la muerte son un tren nocturno que no se detiene. El número de veces que dirás una palabra de cariño a otro ser humano ha sido cuidadosamente pesado, medido. No podrás superar el límite. ¿Cuántas veces volverás a decirlas? ¿Veinte, cincuenta quizá...? ¿Cuántas veces alguien te hará sentir amado, deseado? Antes de entrar en la larga noche.
Pero fue Ingrid Bergman quien, al ser escandinava -esa equilibrada mezcla de lava y hielo-, escribió la carta de amor perfecta en términos de economía de medios y eficacia en el resultado. Siendo una mujer casada le escribió lo siguiente a un hombre casado al que no conocía personalmente, en los conservadores 50 del siglo pasado. La actriz sueca vio la obra de Roberto Rossellini y le envió las siguientes líneas:
"Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas 'Roma, ciudad abierta' y 'Paisá' y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir 'ti amo', estoy lista para viajar y hacer un filme con usted".
Lo demás es historia. Os deseo la mayor de las intensidades.
sábado, 2 de mayo de 2020
Vuelta al tren
A la altura de Alcalá se monta una pareja. Se sientan a escasos metros de donde estoy, con la guitarra y la bolsa de los pertrechos de guerra. Regreso a casa después de cantar en Madrid. Contento de haber visto los rostros iluminados de gente muy querida. Canté a escasos metros de donde Manuel triunfó, cerca de la línea del frente. No pasarán!
El pasaje está medio somnoliento. Comienza octubre. Domingo norte. Oigo hablar a los recién llegados. Colombianos. Ese castellano tan redondo, tan sabroso. ¿Paisas...?
—Usted hace que mis días no tengan final, que quiera aprender a volar —dice él.
Ella lo mira y lo besa.
No deben tener más de treinta años y sin embargo ambos muestran marcas indelebles de haber sufrido desde que comenzó su tiempo.
Observo los hombros de él. Lleva la cárcel tatuada: un cierto peso, una leve inclinación de los omóplatos, la presión de noches sin sueño. Eso no se va nunca. Se queda ahí.
El rostro de ella tiene mucha calle. Las cicatrices están por dentro. Son más sutiles, más profundas.
—La sonrisa de usted, sus manos me dan ganas de vivir. No quiero otra cosa. Lo pienso a todas horas —dice ella y vuelve a besarlo como si el sol fuera a enfriarse.
En el vagón se ha hecho un silencio de templo. Todas las miradas, los rostros de los pasajeros confluyen en los que viajan suspendidos.
Están solos. Nunca tuvieron nada suyo. Tampoco les hace falta. Conocen el secreto mejor guardado desde que el mundo es mundo. El gesto, la palabra precisa.
Nos contemplamos todos, asombrados de estar vivos. El aire es más dulce y el tren quiere ir al mar. Las palabras le regalan densidad al tiempo.
Ella pondrá dos piedras de futura mirada. Sí. Ella tiene vida en su interior. Está cargada de vida.
El pasaje está medio somnoliento. Comienza octubre. Domingo norte. Oigo hablar a los recién llegados. Colombianos. Ese castellano tan redondo, tan sabroso. ¿Paisas...?
—Usted hace que mis días no tengan final, que quiera aprender a volar —dice él.
Ella lo mira y lo besa.
No deben tener más de treinta años y sin embargo ambos muestran marcas indelebles de haber sufrido desde que comenzó su tiempo.
Observo los hombros de él. Lleva la cárcel tatuada: un cierto peso, una leve inclinación de los omóplatos, la presión de noches sin sueño. Eso no se va nunca. Se queda ahí.
El rostro de ella tiene mucha calle. Las cicatrices están por dentro. Son más sutiles, más profundas.
—La sonrisa de usted, sus manos me dan ganas de vivir. No quiero otra cosa. Lo pienso a todas horas —dice ella y vuelve a besarlo como si el sol fuera a enfriarse.
En el vagón se ha hecho un silencio de templo. Todas las miradas, los rostros de los pasajeros confluyen en los que viajan suspendidos.
Están solos. Nunca tuvieron nada suyo. Tampoco les hace falta. Conocen el secreto mejor guardado desde que el mundo es mundo. El gesto, la palabra precisa.
Nos contemplamos todos, asombrados de estar vivos. El aire es más dulce y el tren quiere ir al mar. Las palabras le regalan densidad al tiempo.
Ella pondrá dos piedras de futura mirada. Sí. Ella tiene vida en su interior. Está cargada de vida.
Etiquetas:
Alcalá de Henares,
cárcel,
Guitarra,
tren
miércoles, 29 de abril de 2020
Gurú en Tánger
Comparto con vosotros este pequeño relato que me han publicado en la excelente revista literaria Letralia. Con cariño.
Gurú en Tánger por Martín Rasskin
Gurú en Tánger por Martín Rasskin
Etiquetas:
argentinos,
Gurú en Tánger,
Letralia,
literatura,
Venezuela
martes, 28 de abril de 2020
Óleo de mujer con sombrero
El mundo ha cambiado un poco desde la última vez que escribí.
Aquí va esta versión que grabé de un tema de Silvio Rodríguez. Más lenta que el original, me gusta cantarla así. Doy las gracias a mi amiga Ava por la sesión de fotos. Es deliciosa.
Va por todos vosotros/ustedes. Con cariño inmenso y los mejores deseos.
Aquí va esta versión que grabé de un tema de Silvio Rodríguez. Más lenta que el original, me gusta cantarla así. Doy las gracias a mi amiga Ava por la sesión de fotos. Es deliciosa.
Va por todos vosotros/ustedes. Con cariño inmenso y los mejores deseos.
Etiquetas:
Ava Gardner,
Guitarra,
Martin Rasskin,
Óleo de mujer con sombrero,
Silvio Rodríguez
lunes, 3 de febrero de 2020
Filosofía
¡Por fin! La filosofía, el pensamiento, la capacidad lógica de argumentar, la duda como elemento fundacional de la crítica... fundamentales en un tiempo de tecnócratas, de analfabetos funcionales y de gente que desconoce las raíces de su propia cultura. Los griegos se educaban con Hesíodo y Homero. Y los valores de La Ilíada y La Odisea eran los valores heroicos de esa sociedad.
Contra te, super te!
Mira, estoy tan contento que me lío a hablar yo solo en griego... BE D'AKÉON PARA ZINA POLIFLÓISBOIO ZÁLASSES... ole.
Que yo te vi a ti morena mía
caminando solita por la vereda
te leí unas frases de Epicuro
y dijiste que te den dos duros...
que no, hombre, que por ahí no son los tanguillos, tío Lila. Que no te enteras de ná.
¡Alabado sea Platón!! Me voy a tomar un vodka con limones del Caribe a la salud del Congreso. Empezamos bien. Ole.
Que viva la República de Esp.... que no. Eso todavía no toca. Tranqui, hombre. Por algo se empieza. Ahora los niños van a aprender a pensar. Verán que los griegos dieron el salto del mito al logos, que crearon la democracia y que luego vino la República romana -qué bien suena esa palabra, a jacaranda sevillana en flor-, hablarán de los universales, del nombre de la rosa, de la navaja de Ockham, del despertar del Renacimiento, Lucrecio y De rerum natura los encandilarán, llegarán a la Ilustración, saborearán recónditas palabras en otros idiomas... Alétheia, Ápeiron, Kairós, Weltanschauung, Verbindung, Heimat, Enlightenment, hombres que abolieron la esclavitud, se darán la mano con generaciones, libros sagrados, discutirán con los dioses de tú a tú, sangres que se entremezclan, culturas que vienen del otro lado del mundo, en un viaje eterno como la luz y el aire, comprenderán que somos todos uno y lo mismo, que no hay diferencias que nos separen, que esta es la casa de todos.
Y descubrirán cómo las ciencias se fueron desgajando del tronco madre pero que en sus niveles superiores conservan el aliento filosófico: la necesidad de una visión integradora, una explicación holística que concilie contrarios. Newton, la teoría electromagnética, relatividad, mecánica cuántica, entenderán de dónde vienen los ordenadores. De la búsqueda de un lenguaje perfecto, de la conceptografía, de Frege, de los lógicos y los matemáticos del siglo XIX. Y conocerán a Alan Türing que, con su genio descifró Enigma y acortó la Segunda Guerra Mundial en dos años o más. Y darán el salto al mañana, a la Inteligencia Artificial, al aprendizaje de máquina mediante iteraciones, se perderán en el mar de posibilidades para crear un mundo mejor, más justo. Repetirán los mismos diálogos que han tenido lugar desde que el mundo es mundo: qué debemos hacer, cómo librar del hambre a los miserables, cómo repartir la riqueza de una manera equilibrada y justa. Y se enamorarán entre sí, descubriendo que vuelven a transitar los mismos caminos que ha recorrido el ser humano desde que salió de África hace 70.000 años. Serán otra vez el primer hombre y la primera mujer.
Cuando uno empieza a pensar, todo es posible... no hay empresa inabarcable, ni desmedida. Todo empeño humano se vuelve santo. Y el hombre -no me vais a pillar- y la mujer son la medida de todas las cosas. Que nada que le suceda a otro ser humano me es ajeno.
Hasta la más lejana de las utopías. Un mundo de hermanos. De seres humanos libres para siempre.
Todo comienza con una mirada. Así en el amor como en el pensamiento. Todo comienza cuando alguien dice "no, creo que eso no es así. Tiene que haber otra forma".
¡Aprenderán a amar la tinta de los sabios por encima de la sangre de los mártires!
Contra te, super te!
Mira, estoy tan contento que me lío a hablar yo solo en griego... BE D'AKÉON PARA ZINA POLIFLÓISBOIO ZÁLASSES... ole.
Que yo te vi a ti morena mía
caminando solita por la vereda
te leí unas frases de Epicuro
y dijiste que te den dos duros...
que no, hombre, que por ahí no son los tanguillos, tío Lila. Que no te enteras de ná.
¡Alabado sea Platón!! Me voy a tomar un vodka con limones del Caribe a la salud del Congreso. Empezamos bien. Ole.
Que viva la República de Esp.... que no. Eso todavía no toca. Tranqui, hombre. Por algo se empieza. Ahora los niños van a aprender a pensar. Verán que los griegos dieron el salto del mito al logos, que crearon la democracia y que luego vino la República romana -qué bien suena esa palabra, a jacaranda sevillana en flor-, hablarán de los universales, del nombre de la rosa, de la navaja de Ockham, del despertar del Renacimiento, Lucrecio y De rerum natura los encandilarán, llegarán a la Ilustración, saborearán recónditas palabras en otros idiomas... Alétheia, Ápeiron, Kairós, Weltanschauung, Verbindung, Heimat, Enlightenment, hombres que abolieron la esclavitud, se darán la mano con generaciones, libros sagrados, discutirán con los dioses de tú a tú, sangres que se entremezclan, culturas que vienen del otro lado del mundo, en un viaje eterno como la luz y el aire, comprenderán que somos todos uno y lo mismo, que no hay diferencias que nos separen, que esta es la casa de todos.
Y descubrirán cómo las ciencias se fueron desgajando del tronco madre pero que en sus niveles superiores conservan el aliento filosófico: la necesidad de una visión integradora, una explicación holística que concilie contrarios. Newton, la teoría electromagnética, relatividad, mecánica cuántica, entenderán de dónde vienen los ordenadores. De la búsqueda de un lenguaje perfecto, de la conceptografía, de Frege, de los lógicos y los matemáticos del siglo XIX. Y conocerán a Alan Türing que, con su genio descifró Enigma y acortó la Segunda Guerra Mundial en dos años o más. Y darán el salto al mañana, a la Inteligencia Artificial, al aprendizaje de máquina mediante iteraciones, se perderán en el mar de posibilidades para crear un mundo mejor, más justo. Repetirán los mismos diálogos que han tenido lugar desde que el mundo es mundo: qué debemos hacer, cómo librar del hambre a los miserables, cómo repartir la riqueza de una manera equilibrada y justa. Y se enamorarán entre sí, descubriendo que vuelven a transitar los mismos caminos que ha recorrido el ser humano desde que salió de África hace 70.000 años. Serán otra vez el primer hombre y la primera mujer.
Cuando uno empieza a pensar, todo es posible... no hay empresa inabarcable, ni desmedida. Todo empeño humano se vuelve santo. Y el hombre -no me vais a pillar- y la mujer son la medida de todas las cosas. Que nada que le suceda a otro ser humano me es ajeno.
Hasta la más lejana de las utopías. Un mundo de hermanos. De seres humanos libres para siempre.
Todo comienza con una mirada. Así en el amor como en el pensamiento. Todo comienza cuando alguien dice "no, creo que eso no es así. Tiene que haber otra forma".
¡Aprenderán a amar la tinta de los sabios por encima de la sangre de los mártires!
Etiquetas:
Congreso,
Filosofía,
nueva ley sobre la filosofía,
pensamiento,
Renacimiento,
utopías
jueves, 30 de enero de 2020
Capítulo 3
Invierno de 2020. Continúo navegando. Escribiendo esta novela que me está matando lentamente, a fuerza de soledad y de remover cada piedra, cada sendero olvidado y vuelto a recuperar. Va por Lisboa. Por el camino que o 28 -el tranvía amarillo que me llevaba de vuelta a casa- hace todos los días hasta Prazeres. Una casa que ya solo existe en el recuerdo. Va por ustedes...
[...] Nos dedicamos a amarnos un día sí y otro también. El resto de las cuestiones quedaron pospuestas hasta nuevo aviso. Incluso el tango, que nos unió en medio de esta densa niebla, pasó a segundo plano. Vivíamos para nosotros y Madrid, ya se sabe, es la mejor ciudad del mundo para amar. París es un decorado, Londres rezuma rencor, mi viejo rencor, pero Madrid es real. Fue entonces cuando decidimos partir hacia Lisboa, porque es Madrid con mar océana.
Nada de avión. Hicimos el trayecto en el Lusitania. Los que se aman viajan en tren: la rapidez es enemiga de la ternura y para amar hay que estar. Estar presente en todo momento, mirarse a los ojos, descubrir otros colores, otras líneas de costa.
Una tarde sin reloj, un silencio compartido, unos pasos de baile en la cocina de casa. Vos y yo, mano a mano los dos.
La llegada a Santa Apolónia nos sorprendió abrazados. Es extraño entrar en Lisboa por otro sitio que no sea el puente, con esos Tramex cantarines, esa promesa de vida en el corazón. Porque en Lisboa todo puede ser, todo puede empezar otra vez. Empecemos de cero, amor, las veces que haga falta hasta encontrarle la vuelta. Construyamos castillos con cimientos bien sólidos esculpidos en el aire, subamos las escaleras hacia atrás en plena medianoche, desayunemos a deshoras.
Fuimos a visitar directamente a Dona Lina, en la Calçada do Marquês de Tancos. Salió ella en persona a recibirnos y nos abrazó a los dos. Dona Lina tenía fado en las venas. Sus abrazos sabían a despedida en el puerto y por eso duraban para siempre. Eran abrazos de no te vayas, no te vayas nunca porque no podré seguir, no sabría cómo ni por dónde empezar. Y eran los mejores abrazos del mundo, abrazos de Praia de Angola. Un café que alguien dejó pagado en alguna esquina de la Praça do Rossío, en el mostrador de una taberna mal iluminada. Uma bica bem quentinha para los que vendrán, los que estrenarán el amor como si fuera la primera vez que alguien ama sobre esta tierra que rueda incesante, estruendosa e inconmovible. Que navega con sus vivos y sus muertos. Esperándonos. [...]
[...] Nos dedicamos a amarnos un día sí y otro también. El resto de las cuestiones quedaron pospuestas hasta nuevo aviso. Incluso el tango, que nos unió en medio de esta densa niebla, pasó a segundo plano. Vivíamos para nosotros y Madrid, ya se sabe, es la mejor ciudad del mundo para amar. París es un decorado, Londres rezuma rencor, mi viejo rencor, pero Madrid es real. Fue entonces cuando decidimos partir hacia Lisboa, porque es Madrid con mar océana.
Nada de avión. Hicimos el trayecto en el Lusitania. Los que se aman viajan en tren: la rapidez es enemiga de la ternura y para amar hay que estar. Estar presente en todo momento, mirarse a los ojos, descubrir otros colores, otras líneas de costa.
Una tarde sin reloj, un silencio compartido, unos pasos de baile en la cocina de casa. Vos y yo, mano a mano los dos.
La llegada a Santa Apolónia nos sorprendió abrazados. Es extraño entrar en Lisboa por otro sitio que no sea el puente, con esos Tramex cantarines, esa promesa de vida en el corazón. Porque en Lisboa todo puede ser, todo puede empezar otra vez. Empecemos de cero, amor, las veces que haga falta hasta encontrarle la vuelta. Construyamos castillos con cimientos bien sólidos esculpidos en el aire, subamos las escaleras hacia atrás en plena medianoche, desayunemos a deshoras.
Fuimos a visitar directamente a Dona Lina, en la Calçada do Marquês de Tancos. Salió ella en persona a recibirnos y nos abrazó a los dos. Dona Lina tenía fado en las venas. Sus abrazos sabían a despedida en el puerto y por eso duraban para siempre. Eran abrazos de no te vayas, no te vayas nunca porque no podré seguir, no sabría cómo ni por dónde empezar. Y eran los mejores abrazos del mundo, abrazos de Praia de Angola. Un café que alguien dejó pagado en alguna esquina de la Praça do Rossío, en el mostrador de una taberna mal iluminada. Uma bica bem quentinha para los que vendrán, los que estrenarán el amor como si fuera la primera vez que alguien ama sobre esta tierra que rueda incesante, estruendosa e inconmovible. Que navega con sus vivos y sus muertos. Esperándonos. [...]
miércoles, 29 de enero de 2020
Noche de enero
Acabo de preparar un bacalao a la portuguesa que marca época. En esta fría noche de enero... Pablo y servidor. Mano a mano. Pensaba hacerle una foto a la cazuela pero es que se ha evaporado! Misteriosamente. Veamos... por qué estaba tan rico? La proporción entre jengibre, pimienta y sal gruesa era perfecta. Y qué decir del pimentón de la Vera. A ver cómo replico yo eso. Las zanahorias eran de primera. Patata gallega. El bacalao entró en el momento justo. Ya... y los garbancitos... ah los garbancitos qué cucos ellos. Puede que fueran las risas que nos echamos en la cocina los dos. El ribera que bebimos. O un tango nuevo y una voz antigua de viento y de sal. Es posible que fuera el recuerdo de tu padre cocinando para ti que te visitará a traición cuando yo ya no esté. Entonces paladearás el sabor de esta noche, cerrarás los ojos y volverás a vivir el día en que aprendiste a andar en bicicleta. O te sentarás sobre mis rodillas en el piano de casa y acariciarás el teclado por primera vez. Tal vez el aceite de oliva de Cáceres que me regaló Iri por mi cumple. Sí. Eso tuvo que ser. Porque Iri está cargada de vida, dos piedras de futura mirada. Mi querida hermanita tiene vida en su interior. Cuántas noches realmente felices vive un ser humano? Mar en calma. Estoy tocando en Lisboa, en la otra orilla, junto al puente. Tirate ao rio. Verano de 1990. Ella y yo. Los hijos que nunca tuvimos. Sí, viejo Paul. Uno cree que es eterno y, sin embargo, cuántas veces más contemplarás la luna llena? Cuántas veces volverás a sentir un vértigo exterminador en el alma porque heriste o fuiste herido de muerte? Veinte, quizá treinta. Puede que incluso algo más. Pero el número de noches felices como esta, haciéndote sonreír, vos que hacés sombra sobre la tierra, ya ha sido medido. Cuidadosa, lentamente. Figura en algún inventario, duerme la siesta en el reloj de mi abuelo. Así como se mata a un hermano. Así como se brinda una mano. Volveremos a Tánger. Proa a altamar, rumbo sur cuarta al suroeste!
viernes, 24 de enero de 2020
Pavese
Recuerdo haber leído hace muchos años en las páginas de Cesare Pavese -cuando era un joven muy culto, nada que ver con la bestia parda en que me he convertido- que uno de los dramas femeninos tenía su origen en el hecho de que aquel a quien amaban no era la misma persona que las extasiaba sexualmente, que las hacía volar. Claro que el bueno de Cesare no llegó a conocer mi caso particular, porque no coincidimos en el tiempo. Una pena.
Siguiendo a Pavese, una mujer debería tener como mínimo dos hombres en su vida y de forma simultánea. El hombre sensible capaz de llorar porque la cuchara de café tiene una forma muy triste de girar y un rugbier inmisericorde que apenas pronunciara palabra y pasara a la acción sin más. La primera parte de la hipótesis explicaría la recurrencia entre las mujeres de buen gusto en lo que respecta a las relaciones con homosexuales masculinos. La segunda parte de la parte contratante... me estoy metiendo en un jardín...
Mejor me presento. Aladín Romeo Quijano, piloto de alfombras mágicas, para servirla a Usted, por la Gracia de Dios.
Siguiendo a Pavese, una mujer debería tener como mínimo dos hombres en su vida y de forma simultánea. El hombre sensible capaz de llorar porque la cuchara de café tiene una forma muy triste de girar y un rugbier inmisericorde que apenas pronunciara palabra y pasara a la acción sin más. La primera parte de la hipótesis explicaría la recurrencia entre las mujeres de buen gusto en lo que respecta a las relaciones con homosexuales masculinos. La segunda parte de la parte contratante... me estoy metiendo en un jardín...
Mejor me presento. Aladín Romeo Quijano, piloto de alfombras mágicas, para servirla a Usted, por la Gracia de Dios.
Etiquetas:
Aladin,
Cesare Pavese,
dualidad,
sexo y amor
domingo, 12 de enero de 2020
El tango me salvó
Cuando llegué a Madrid con mi familia apenas teníamos dinero (no recuerdo un tiempo más feliz en compañía de los míos, mis viejos son gente maravillosa), así que uno de los entretenimientos del primer verano -ferruginoso, castellano- era recorrer las líneas de metro en viajes exploratorios.
Recuerdo haberme arrullado solo cantando "Por una cabeza" sentado en los espaciosos bancos de piedra de la entonces recién inaugurada línea 7. El tango hizo que pudiera metabolizar mejor la imposibilidad del regreso. Gracias al cielo, España era una tierra alegre, donde la gente vive y dejar vivir.
El otro día lo comentaba con mi hermano Diego en la fiesta de fin de año. Mi hermano se dedica a otras cosas -es un científico de primera línea- pero recordaba cada frase y cada arreglo de "En esta noche de luna", porque uno de los tres discos que se salvó del naufragio fue precisamente Los mejores tangos de Pugliese, con dedicatoria y dibujito de mi querido tío Santiago.
La memoria musical es simplemente eterna y la música crea sensación de espacio, de lugar donde no existe el dolor. En la música que ha representado y representa algo en mi vida, la cuarta y la quinta de Mahler, los tangos de Pugliese, los tangos de El Mudo, algunos tangos de Sosa y todos los de Goyeneche, los Beatles en racha, las sinfonías de Brahms, las suites de Bach para cello, la pena insondable de Billie Holliday, la voz de ángel de Ella Fitzgerald, Paco y Camarón, los fados de Amália... tantas cosas... sigo siendo eternamente joven e invencible. Cuando me dejo llevar por la ensoñación mis ojos ya no están cansados de ver la tierra que no cambia. Se para el tiempo, solo siento el pulso de mi sangre.
Buenos Aires era una gran ciudad, pero la red de metro de Madrid estaba muchísimo más desarrollada y permitía llegar hasta el último rincón de la ciudad. El metro se transformó en un aliado en nuestro camino para lograr la independencia y la mayoría de edad. Las primeras novias. Los primeros desengaños sobre tus mesas que nunca preguntan.
La línea 4 -nuestra línea-, a la que sigo teniendo un cariño especial, solo hacía el trayecto desde Argüelles hasta Alfonso XIII. Los vagones eran mucho más austeros, casi de servicio militar, y solía haber un cartel que ponía:
"En beneficio de todos,
entre y salga rápidamente.
No obstruyan las puertas".
Por norma, las letras del último "verso" habían sido borradas, hacían un apaño con la t y la r y se leía "NO HUYAN LAS PUTAS". Las putas siempre me han caído bien (las que lo hacen por necesidad, no las de clase alta). Salvando las abismales distancias, los músicos, como los payasos de circo, salimos a entretener a la gente y aparecemos alegres y de una pieza aunque estemos tristes y tengamos cristales dentro.
Los músicos y las putas siempre nos hemos llevado bien. Recuerdo una noche en Zaragoza. Algunas nos vinieron a ver y la fiesta continuó after hours, pero no en la dirección que ustedes imaginan. En un local pegado al Ebro, que me verás pasar en un barquito de vela, una chica hermosa se puso a recitar a Miguel Hernández. Se nos secó el alma de tanto llorar. El niño yuntero, Umbrío por la pena, Vientos del pueblo... cierro los ojos y oigo su voz. Había querido trabajar en el teatro y tenía una voz magnífica, pero los dioses tenían sus propios planes.
Más tarde, bordeando el amanecer, aquella niña resuelta en luna a la que la vida había tratado a golpes inmisericordes como si fuera un perro callejero me contó que en su habitación solo tenía una muñeca a la que peinaba todas las noches.
Y que de su vientre aún esperaba la magia.
Recuerdo haberme arrullado solo cantando "Por una cabeza" sentado en los espaciosos bancos de piedra de la entonces recién inaugurada línea 7. El tango hizo que pudiera metabolizar mejor la imposibilidad del regreso. Gracias al cielo, España era una tierra alegre, donde la gente vive y dejar vivir.
El otro día lo comentaba con mi hermano Diego en la fiesta de fin de año. Mi hermano se dedica a otras cosas -es un científico de primera línea- pero recordaba cada frase y cada arreglo de "En esta noche de luna", porque uno de los tres discos que se salvó del naufragio fue precisamente Los mejores tangos de Pugliese, con dedicatoria y dibujito de mi querido tío Santiago.
La memoria musical es simplemente eterna y la música crea sensación de espacio, de lugar donde no existe el dolor. En la música que ha representado y representa algo en mi vida, la cuarta y la quinta de Mahler, los tangos de Pugliese, los tangos de El Mudo, algunos tangos de Sosa y todos los de Goyeneche, los Beatles en racha, las sinfonías de Brahms, las suites de Bach para cello, la pena insondable de Billie Holliday, la voz de ángel de Ella Fitzgerald, Paco y Camarón, los fados de Amália... tantas cosas... sigo siendo eternamente joven e invencible. Cuando me dejo llevar por la ensoñación mis ojos ya no están cansados de ver la tierra que no cambia. Se para el tiempo, solo siento el pulso de mi sangre.
Buenos Aires era una gran ciudad, pero la red de metro de Madrid estaba muchísimo más desarrollada y permitía llegar hasta el último rincón de la ciudad. El metro se transformó en un aliado en nuestro camino para lograr la independencia y la mayoría de edad. Las primeras novias. Los primeros desengaños sobre tus mesas que nunca preguntan.
La línea 4 -nuestra línea-, a la que sigo teniendo un cariño especial, solo hacía el trayecto desde Argüelles hasta Alfonso XIII. Los vagones eran mucho más austeros, casi de servicio militar, y solía haber un cartel que ponía:
"En beneficio de todos,
entre y salga rápidamente.
No obstruyan las puertas".
Por norma, las letras del último "verso" habían sido borradas, hacían un apaño con la t y la r y se leía "NO HUYAN LAS PUTAS". Las putas siempre me han caído bien (las que lo hacen por necesidad, no las de clase alta). Salvando las abismales distancias, los músicos, como los payasos de circo, salimos a entretener a la gente y aparecemos alegres y de una pieza aunque estemos tristes y tengamos cristales dentro.
Los músicos y las putas siempre nos hemos llevado bien. Recuerdo una noche en Zaragoza. Algunas nos vinieron a ver y la fiesta continuó after hours, pero no en la dirección que ustedes imaginan. En un local pegado al Ebro, que me verás pasar en un barquito de vela, una chica hermosa se puso a recitar a Miguel Hernández. Se nos secó el alma de tanto llorar. El niño yuntero, Umbrío por la pena, Vientos del pueblo... cierro los ojos y oigo su voz. Había querido trabajar en el teatro y tenía una voz magnífica, pero los dioses tenían sus propios planes.
Más tarde, bordeando el amanecer, aquella niña resuelta en luna a la que la vida había tratado a golpes inmisericordes como si fuera un perro callejero me contó que en su habitación solo tenía una muñeca a la que peinaba todas las noches.
Y que de su vientre aún esperaba la magia.
martes, 3 de diciembre de 2019
Vuelo nocturno
"Una tras otra, el piloto comprobó las cifras, y quedó satisfecho. Se descubría sólidamente sentado en el cielo. Rozó con el dedo un larguero de acero, y percibió el metal chorreando vida: el metal no vibraba, pero vivía. Los quinientos caballos del motor engendraban en la materia un fluido muy suave, que cambiaba su hielo en carne aterciopelada. Una vez más, el piloto no experimentaba, en el vuelo, ni vértigo, ni embriaguez, sino el trabajo misterioso de un cuerpo vivo. (…) Luego, como nada vacilaba, ni vibraba, ni temblaba, y permanecían fijos el giroscopio, el altímetro y el régimen del motor, se desperezó un poco, apoyó su nuca en el cuero del respaldo, e inició esta profunda meditación del vuelo, en la que se saborea una esperanza inexplicable".
Antoine de Saint-Exupéry - Vol de nuit
Antoine de Saint-Exupéry - Vol de nuit
Etiquetas:
Antoine de Saint-Exupéry,
correo aéreo,
Patagonia,
soledades,
Vol de nuit
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
