Abrumado por la soledad, decidió sorprender a la familia volviendo antes de Navidad. Su esposa lo recibió en el aeropuerto con la noticia de que se había enamorado de otro y vivía con él desde hacía tres meses. Habló sin parar hasta que él le dijo que estaba bien, que lo comprendía, y sólo le pedía que lo llevara al hotel. Entonces ella dice: "¿Cómo puedes ser tan desconsiderado? Las luces del árbol están encendidas y hemos comprado regalos para ti; además, mamá, papá y los chicos te esperan". Y él dice: "Acabas de decirme que mi vida contigo y los niños se ha terminado. Acabas de decirme que ya no puedo vivir contigo. Ahora quieres que vuelva disfrazado de Papá Noel. Y además, nunca me han gustado tus padres". Entonces ella responde: "No sabía que fueras tan cruel. No ha sido culpa mía que me haya enamorado de Enrique. Fue más fuerte que yo. Actúas como si lo hubiera hecho a propósito. ¿Qué quieres que les diga a papá y mamá? No saben nada. Nos hemos pasado toda la tarde decorando el árbol sólo para ti. Te esperan, se han puesto sus mejores ropas".
Y él, que desea ver a sus hijos y las cuatro paredes de su hogar, decide ir, pero la casa ya no existe. Donde solía estar hay un inmenso agujero cuyo fondo no alcanza a vislumbrarse. Un agujero umbrío, hecho de horas atropelladas.
Se sienta en el frío bordillo de la acera, comienza a tirar guijarros a la nada como solía hacer su hijo mayor cuando era pequeño y entonces, sólo entonces, logra escuchar el sonido del mundo.
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domingo, 26 de diciembre de 2010
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