martes, 12 de diciembre de 2017

De la eternidad

¿Cuál es el sentido último de la existencia? Epa... arrancamos suave. Digamos que en la naturaleza del fenómeno vital late una voluntad de supervivencia. Se trata de intentar perdurar contra viento y marea. ¿Qué otro sentido tiene la reproducción sexual? Richard Dawkins ya lo planteaba brillantemente en "El gen egoísta". ¿Acaso un milonguero que se pone su mejor camisa y pretende ocultar sus vapores corporales con Essence de Malevo piensa en la aristotélica renovación de las formas? Solo sé que no sé nada. Vamos, ni eso.

¿Y la obra de arte? ¿Qué es sino un desesperado intento de trascender, de quedar en la memoria?

Vivir para siempre... los avances en ciencias biológicas, en inteligencia artificial y en robótica abren perspectivas que ni la ciencia ficción más atrevida alcanzó a soñar.

¿Qué somos? ¿Una colección de recuerdos complejos, una especie de disco duro propio al que se sumaría el inconsciente colectivo? En Spotify circulan aproximadamente 100 teras. ¿Y en el cerebelo de Ronaldo? ¿Cuántos kilojulios consume la táctica "partido a partido", elixir de generaciones de estrategas atemporales?

¿Por qué no descargar estos "recuerdos" en un cuerpo eternamente renovado que se adapte paulatinamente a los nuevos avances?

Una vez lograda la eternidad bien podríamos extendernos por todo el Universo, nos adaptaríamos perfectamente al frío seco de Marte, al duro hielo de Europa o a los infiernos de Venus. Hala, a convertir toda la Creación en la Costa del Sol. Planeta Marbella, Sistema Doble Banús. Súper Nova Osborne. Realizaríamos los cambios de sofwate o hardware que resultaran necesarios.

Nexus 6. Trump 4. Maduro 2. Putin Lambda 3, Kim 0,5. Definitivamente, Harrison Ford tiene que hacer horas extra...

¿Cuál será el enfoque? ¿Crearemos híbridos humano-máquina mejorando los resultados de la evolución biológica para avanzar de forma vertiginosa? ¿Llegaremos a sustituir por completo las piezas defectuosas de nuestro cuerpo mortal u optaremos por conservar nuestra memoria y "cargarla" como si se tratara de software en un nuevo hardware de nuestra elección?

¿Qué clonaremos? ¿A Einstein? ¿Mahler? ¿Algún promotor inmobiliario? ¿Un usuario de tarjetas Black? ¿la Princesa del Pueblo? ¿Estos avances estarán al alcance de un sueldo mínimo español?

Esto de filosofar provoca hambre. Un filósofo es un ser básicamente hambriento. Cuidado a la hora de invitarlos a comer. El jamón ibérico fuera de su alcance.

Me he quedado absorto ante la Eternidad. Voy a preparar unos calamares al vapor mientras oigo a Piazzolla a todo lo que da.

En cierta ocasión le preguntaron a Woody Allen: "¿qué opina de la muerte?" El periodista recibió el Premio Pulitzer esa misma tarde. Se lo acercó un dron de Amazon.

El bueno de Allen contestó: "estoy totalmente en contra".

Yo tampoco.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Edison & Upton

Cuentan las crónicas que el genial inventor estadounidense Edison, que carecía de una formación académica formal, contrató a un brillante fisico de 26 años llamado Francis Upton. Se trataba del hombre más culto y más preparado de todo el laboratorio de Menlo Park. Un genio de Princeton.

Edison era una fuerza de la naturaleza, un prodigio de concentración e inteligencia práctica. En cierta ocasión, en plena carrera frenética por lograr un uso comercial viable de la luz eléctrica a gran escala, Edison pidió a Upton que calculara el volumen de una bombilla eléctrica.

Upton comenzó a realizar complejos cálculos comparando el caparazón de cristal con una esfera, un cono y un cilindro. Era un hombre puntilloso y quería causar buena impresión al dueño del laboratorio.

Edison lo contempló emborronando papeles con cara de preocupación y, en un momento dado, tomó la bombilla en sus manos, la llenó de arena, la vació y calculó empíricamente el volumen en un santiamén. Upton tenía buen carácter y, según dicen, encajaba estas chanzas con deportividad. Con el tiempo creció una relación de afecto y admiración mutua.

La filosofía de vida del genio de New Jersey, que suscribo al cien por cien, se resume en una frase que pronunció algo irritado ante las dilaciones de un colaborador: "Nada que valga la pena funciona por sí solo. Tienes que ser tú el que lo haga funcionar, ¡maldita sea!"

A galopar!


martes, 5 de diciembre de 2017

Himmelweg

En la estación de Budapest-Nyugati nos separaron. Papá y Elek fueron conducidos a golpes hacia otra fila. Los hombres de la Cruz Flechada eran mucho peores que los SS: querían hacer méritos ante sus amos alemanes. Se comportaban como bestias salvajes.

No pasaba un día sin que llegaran noticias de los rusos y sus avances en Europa Oriental. París ya había sido liberada por los aliados. La BBC era un faro de luz. Nuestra única esperanza era que llegaran pronto a Hungría, que se desviaran en el camino a Berlín. Papá conocía a los bolcheviques. Ahora que tenían a los alemanes a sus pies ocuparían todo el territorio europeo que pudieran, lo que obligaría a los ingleses y norteamericanos a acelerar el paso. Alemania sería reducida a escombros. Este era el momento más peligroso. Se volverán incontrolables. Morirán matando y no dejarán testigos.

Para nuestra familia no hubo suerte.

Viajamos durante días en un vagón de ganado construido con tablones de madera, sin ventanas, sin apenas ventilación. Las escenas de terror se sucedían. La gente se asfixiaba, se desmayaba o simplemente dejaba de respirar. El olor era nauseabundo.

A veces el tren se detenía durante horas y los gritos se hacían insoportables. Yo permanecía junto a mamá, las largas horas de entrenamiento desde niña me habían enseñado a soportar el dolor. Existe una barrera del dolor, una vez atravesada puedes seguir tocando el piano hasta el día siguiente. A mamá le gustaba especialmente la Vokalise de Rachmaninov, me la pedía una y otra vez. Tanto era así que llegué a pensar que aquella nostálgica melodía le recordaba a un amor de juventud, alguien de la facultad. Sí, debió ser en una Budapest mágica, junto al Széchenyi lánchíd. Papá prefería a Scriabin y las sonatas de Beethoven. ¿Quién de los dos guardaría más secretos para sí? Las horas más felices transcurrían cuando sabía que los míos me oían ensayar. Nunca los veía, pero sentía su presencia detrás de la puerta. Como el sonido de un metrónomo que marca el pulso del mundo.

Cuando por fin llegamos era de noche. El tren se detuvo en una plataforma situada junto a unos gigantescos barracones. Hacía mucho frío. Los guardias tenían perros enormes que nos aterrorizaban.

A punta de palos nos llevaron a una sala grande, donde nos dieron un té. No tenía sabor pero estaba caliente.

Himmelweg, Himmelweg...! gritaban los guardias.

"¿El camino hacia el cielo?" decía mamá. "Nos van a asesinar esta misma noche, Papá y Elek les sirven como esclavos, quizá tengan suerte si aguantan unas semanas. No tengas miedo. Es mejor así. Se acerca el invierno, no podríamos sobrevivir en este lugar. Conociendo a los alemanes la muerte es el menor de los males. No les daremos el placer de convertirnos en espectros. No mendigaremos su clemencia".

Mamá fue la primera mujer húngara en obtener un doctorado en física. A pesar de ser judía y de todas dificultades que tuvo que superar. Jugaba al ajedrez como si fuera una profesional y nadie, por astuto y persuasivo que fuera, podía engañarla. Papá nunca tomaba una decisión en sus negocios sin poner el tema a su consideración. Ella siempre iba muchas jugadas por delante.

No tenía miedo. Estábamos juntas. Nos dio tiempo a recordar historias familiares cuando estábamos los cuatro juntos. Viajes, conciertos en Praga, la biblioteca central, el baile de fin de año en Viena, noches estrelladas, los chistes de papá que nos hacían morir de risa, la tía Sara y sus extrañísimas historias de amor, el tío Jan y sus experimentos, sus cuadernos de notas. Jan nunca se daba por vencido. Cuando las cosas iban mal o alguien le hacía daño decía "acabo de tener una experiencia que no considero tiempo perdido". Nunca dejaba de observar la vida, el mundo, sus pintorescos habitantes, profesionales del sufrimiento por delegación. Tío Jan había elaborado un enorme fichero de arquetipos emocionales, pero a la hora de pasearse por el mundo real no le resultaba de gran utilidad. Era un romántico incurable y tenía una habilidad fuera de lo común para atraer gente perturbada... Oy vey! Como fuera, contaba sus peripecias con una gracia enorme. No recordábamos un solo día en familia en que no nos riéramos a carcajadas.

Los guardias hicieron que nos desnudáramos. Allí había mujeres de todas las edades. Los hombres de lata se burlaban de las mujeres gruesas o entradas en años.

Nos sacaron de la sala a patadas. Mamá y yo íbamos de la mano. Soltaron los perros. Chillidos, llantos ahogados. Aquellos enormes pastores alemanes mordían a las mujeres rezagadas y los guardias gritaban como energúmenos.

Himmelweg, Himmelweg...!

Caminamos unos 200 metros por un sendero de tierra y piedras que ascendía. Himmelweg. Himmelweg. ¿Existirá otra vida? ¿Habrá música de Mahler en el cielo? ¿Volveré a ver a Marek?

Entramos en un recinto con duchas en el techo. Se cerraron las puertas. Se encendió una luz roja como de estudio de revelado de fotografías. Mamá me abrazó con fuerza y ya no me soltó.

Recuerda cuando papá te enseñó a andar en bicicleta. Era un día soleado en el lago. Te estrellaste contra un árbol gigantesco y te clavaste el manillar en el pecho pero tú no parabas de sonreír porque habías logrado mantener el equilibrio unos metros. Qué cara de felicidad tenías... Recuerda aquel día, el viento en el rostro, el calor. ¡Respira hondo! No tengas miedo a la muerte, querida, pronto todo habrá terminado.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Exterminadores


Para Víctor y Rodolfo, desaparecidos en marzo de 1977. Los hermanos de mi hermano.

Justicia poética. 40 años después. ¿Existe un infierno especial para todos los asesinos que en el mundo han sido? Y me da igual el bando. Stalin o Hitler y las 8.000 variantes de dictadores, sátrapas, tiranos y reyezuelos. Bestias inmundas. Aplastando gente como si fueran insectos.

Observen esas caras. Al de la derecha le encomendaron una tarea puramente militar, cosa para la que al parecer nació y se educó. Tuvo el mando de las islas Georgias del Sur durante la guerra de las Malvinas de 1982, donde no murió en combate ningún alto oficial argentino. Otra gran contribución del gobierno militar a la historia nacional: lanzarse a una guerra que no está ganada de antemano. Lao-Tsé al revés. Hacerse el vivo con Mike Tyson. Jugar al ajedrez como alguien que no tiene la menor idea y retar a Fischer, a ver si tiene un mal día. No hojear siquiera un libro de historia para ver cómo se juegan las partidas en el Reino Unido desde la invasión normanda. Una nación que inventó el concepto "pirata".

Allí hubo de enfrentarse a otros militares, en este caso, ingleses. Gente de armas. Como él. Gente de "honor", al menos eso dicen mientras se dan golpes en el pecho. ¡El honor, la patria! ¡Todo por la patria!

Ya no se trataba de torturar jóvenes embarazadas, no. Su gallardía y bravura enfrentándose al ejército inglés son legendarias. El Cid Campeador, Masadá, Numancia, el Desembarco de Normandía, Stalingrado y Alfredo Astiz, alias "El ángel rubio", responsable directo del secuestro, tortura y desaparición de dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, Dios las tenga en su Gloria.

No. Astiz entregó las Georgias sin disparar un solo tiro. En los páramos desolados de las islas del lejano sur murieron los pibes, los conscriptos. Chicos de 18 o 19 años, que apenas sabían manejar un fusil pero con unos huevos de toro (dicho y escrito por los propios militares ingleses cuando terminó el conflicto). Nuestro país, tan dado a las gestas futboleras, trató a esos chicos de la guerra como si fueran apestados, los escondió, los ninguneó. El número de suicidios entre ex-combatientes de las islas Malvinas es enorme. Esos sí que son héroes de la patria y no estos jugadores de polo, pilotos sin entrañas.

Matar a los padres, a los familiares en vida. Hacer desaparecer a los hijos y no saber cómo están, si siguen vivos, si comieron hoy. Así durante años, recorriendo instancias, ministerios de muerte, pagando a desalmados que se lucran con noticias falsas. Están bien, sí, los han visto juntos, señora, no se preocupe. Necesito más dinero para mi contacto dentro del ejército, señor. Me han dicho que los van a trasladar a la comandancia. Pronto volverán a casa. Unas fuerzas armadas que organizan semejante barbarie con toda la fuerza del estado. Con una crueldad inaudita.

Los torturadores, los adalides de los valores occidentales como se autocalificaban, no tuvieron esos problemas. Ellos pueden conciliar el sueño todas las noches. No tienen remordimientos. Como los nazis convencidos, como el Dr. Mengele o el propio Eichmann. Cumplían órdenes. Máquinas de muerte. Robots.

Esta gente que decía defender la patria siguió viviendo. Como el caso de Ricardo Ormello, cabo segundo de la Armada durante la dictadura y que, una vez reenganchado en la vida civil con la democracia, narró a sus compañeros de Aerolíneas Argentinas: “Trajeron a una gorda que pesaba como 100 kilos y la droga no le había hecho efecto. Cuando la íbamos arrastrando se despertó y se agarró del parante. La hija de puta no se soltaba. Tuvimos que cagarla a patadas hasta que se fue a la mierda”. Así. Como si estuviera contándole una hazaña a los amigotes del barrio entre vasos de Fernet y cerveza.

Los vuelos de la muerte. Tiraban gente al Río de la Plata donde se confunde con el mar. El mar sagrado de mi infancia, donde aprendí a soñar, estos tipos lo llenaron de sangre, de gente que recién comenzaba a vivir. Les quitaron todo. Les congelaron la sonrisa y todo lo que podrían haber llegado a ser; médicos, músicos, poetas, pensadores. Les quitaron los amores, los besos, las tardes, los hijos. Hicieron pelota una generación entera de argentinos.

Si hubiera leído un texto similar en una novela de Bolaño o en los Ensayos de Montaigne habría creído que exageraban, que no es posible que exista gente así, tan diametralmente opuesta al ser humano.

La "gesta" de Astiz en los mares del sur, las andanzas de todos ellos, están en los libros de historia.

De la historia universal de la infamia.

*

Me he hecho mayor. He tenido hijos. He deambulado por el mundo. Ustedes siguen siendo jóvenes y embriagadores como Dido y Eneas amándose en las arenas de Libia. La noche está estrellada y el sueño cae lentamente desde el cielo. No se marchitarán, no envejecerán. Las camisas quedarán intactas. Sin saberlo, sin querer, ofrendaron sus almas para que los demás pudiéramos seguir adelante. Para otros que han venido a crecer.

Todo el mar, todos los días de playa y volley. La piel envuelta en sal. Todas las guitarreadas infinitas -sí, ya sé... prohibido tocar Stairway to Heaven- junto a una fogata roja para los desaparecidos caídos por la vida. De los que mueren gritando que no hay que morir.

Viven en nosotros. Pasarán de generación en generación. No saben de estigias y barqueros.

Eternos.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Independiente Club

Agustín Bardi, uno de los grandes de la guardia vieja, compositor de tangos inmortales como Gallo ciego, era hincha de Independiente. Ya está. No me digas más. Venite a casa a comer un asado.

Aquí va "Independiente Club", del Maestro Bardi, interpretada por Carlos Quilici y Los Tauras. Tuve el privilegio de cantar con Quilici el año pasado en De modestia, ná. Poderoso bandoneonista. Al piano estuvo el Troesma, Mauricio Vuoto. Lindo encuentro.

Rojo que te quiero rojo!

Independiente solo!!!!!!

Mi equipo, mi viejo y querido Independiente, Rojo, Rojazo, vuelve arriba después de años de sequía. Un equipo que se parece mucho al Atlético de Madrid en la manera de hacer sufrir y levantar pasiones. Otra vez el Rey de Copas. Dale rojo, carajo. ¡Que el inmortal espíritu de Bochini y Bertoni los ilumine por siempre! Íbamos a la cancha con Rubén Garrido, su viejo y todos los amigos de Parque Chás. El viejo de Rubén tenía todos los volúmenes de Ray Bradbury en Minotauro en una librería especial. Era la antesala del paraíso. Antes de ir a la cancha hojeaba aquellas maravillas con fervor.

¡Rojo querido, amor de mis amores, nunca, nunca me voy a divorciar de vos! Me da igual con quién tontees. Me da igual si bajás de categoría. ¿Qué malevo que se precie no tuvo una temporada de sequía? Es así. Regresamos renovados con más fuerza. Ave Fénix del extrarradio, siempre, siempre renacés. Yo te canto ebrio de emoción.

Engañame. Yo firme. Lo nuestro es una relación abierta. Sí... ya sé. Canté la marcha de Rosario Central en tango, pero fue por un amigo al que quiero mucho. Vos sabés.

¡Rojazo hasta el final! Daaaaleeeeeeeeeeeeeeee Roooooooooojooooooooooooooooooooo... y Daleeeeeee Roooooooojooooooooooo

¡Héroes de Avellaneda! ¡¡¡Salud!!!


Manadas

En la comunidad gitana esta clase de cosas se resuelven con rapidez y prácticamente sin trámites. Un modelo de eficacia administrativa que ahorra la consabida escena de las duchas y las diversas variantes que puedan derivarse del particular código de honor que rige en las prisiones.

Entre los príncipes indios del arte más universal de España los abogados tienen poco que rascar.

Me pregunto qué clase de líquido hay que tener en las venas para hacer algo así con una niña que acaba de empezar a vivir. Y jactarse de ello como si se hubiera logrado una gran hazaña, como soldados del Cid cabalgando hacia levante lanza en ristre. Satisfechos por el enorme daño infligido.

Nuestro sistema nos condena a oír los argumentos de la defensa. Defensa que parece ajustarse al milímetro al viejo adagio pampeano: "No me dé usted esa mano. Mejor quítemela de encima". Jamás he escuchado un razonamiento más inverosímil. Doble condena.

Soy un tipo de la vieja escuela.

Soy gitano.

* Lectores de América Latina me preguntan por el caso al que hago referencia porque no lo conocen.
Es este: La manada

martes, 28 de noviembre de 2017

Galileo

Uno de los nombres mágicos de la luz de la razón en tiempos oscuros. El sistema ptolemaico llegó a utilizar tantos círculos concéntricos para explicar las erráticas evoluciones celestes de planetas como Marte que se convirtió en algo virtualmente impráctico.

He aquí un manuscrito de Galileo Galilei en el que el genio describe una observación de Júpiter realizada desde Padova en enero de 1610.

Tiempos heroicos. Recuerdo siempre con inmenso cariño el argumento que empleaba Kepler para demostrar la presunta existencia de vida en otros planetas del Sistema Solar. "Dios no puede haber creado tanta belleza para que solo sea observada desde un único punto de vista..." ¿Acaso se puede hilar más fino? Mit Eleganz.

De aplicación en toda clase de situaciones teóricas y prácticas.


Cyborgs

Una hermosa y solidaria noticia que nos llega desde el país más avanzado del mundo, aquel que señala el camino al resto de las naciones, por dónde hay que transitar, cuáles serán las nuevas tendencias.

El país donde un tipo con problemas de autoestima porque en el colegio lo llamaban "gordo" o un iluminado que cree que el mundo se inició en el 4004 A.C. y los dinosaurios siguen entre nosotros te puede pegar 8 tiros cuando vas a comprar el pan o lo que coman por la mañana allí, que dudo mucho sea pan con aceite, ajo y tomate, que es lo que desayuno yo gracias a todo el Panteón de dioses griegos.

¿Existirá una relación directa entre tener un comportamiento deshumanizado con el hecho de comer grasas hidrogenadas saturadas en exceso? Según el profesor Fassulo, de la Universidad de Wichita, las posibilidades de que esto sea así son del 98,56 por ciento. El estudio costó 122 millones de dólares y Fassulo disfrutó de una beca financiada por Monsanto durante 6 años más el año sabático para pensar en sus cosas. ¡Apueste su vida!

Cualquier comparación entre nuestro sistema sanitario y esto que se deja entrever en el artículo que hoy publica el periódico El País resulta sangrante.

Los españoles somos especialistas en reírnos de nosotros mismos y en creer que lo realmente bueno está allende nuestras fronteras. La clase de complejo que hace que consideremos una melodía cantada por un adolescente oligofrénico como algo de mayor valor que una soleá o un fandango, cuando esto último es oro viejo y lo otro no está reflejado en la tabla periódica por cuestiones simplemente higiénicas.

El que piense eso es que es un paleto que riéte de los personajes de Alfredo Landa y no ha viajado. Debo haber recorrido unos 25 países. En muchos de ellos he trabajado, lo que me ha permitido conocer sus estructuras de organización social y política. Dejando a un lado que detesto los controles en los aeropuertos, las esperas interminables, los asientos de los aviones diseñados para Napoleón Bonaparte, la picaresca de algunos funcionarios aeroportuarios para negociar con los "altos" el privilegio de sentarse en la salida de emergencias, la calidad del vuelo que cada vez juzgo peor -un amigo piloto me confesó que todo lo hace el ordenador. Los pilotos ya no desarrollan el instinto de Saint Exupéry o Lindbergh y cuando vienen mal dadas como ocurrió en el fatídico vuelo de Air France de Río a París es muy difícil resolver ecuaciones complejas en tiempo récord. Supongo que en mayor o menor medida todos los que trabajamos con máquinas hemos perdido ciertos instintos humanos. Habría que ver si astronautas actuales serían capaces de regresar a la Tierra en el Apolo XIII como lograron in extremis los protagonistas de esa gesta-, la llegada a un sitio hostil totalmente grogui, más pasaportes, controles, colas, policías de aduanas, transporte hasta el centro y, según el país, el taxista intentará meterte una púa de cuidado cuando uno está tan derrotado que no tiene ni ganas de discutir. Un espanto total.

Sobre el tema de la deshumanización, todo ha sucedido tan rápido en la revolución informática que todavía no somos capaces de calibrar qué se gana y qué se pierde. Por ejemplo, soy un convencido de que la lectura en papel es muy superior a la lectura en sistemas electrónicos, ya se trate de tabletas retroiluminadas (que cansan más la vista) o e-books con tinta electrónica. Tiendo a olvidar con mayor facilidad lo que leo en pantalla electrónica.

Es como si existiera una suerte de sentido de la profundidad anclada en el imaginario colectivo. Una especie de memoria cultural que influyera en nuestra capacidad de asimilación. Aquí también el medio es el mensaje.

Volviendo a la Piel de Toro, como en España en ningún sitio. Así. Tal cual. Sin medias tintas. A ver si empezamos a quererla un poco más.

En lo que a mí respecta, me declaro orgulloso de ser español, de trabajar en este país, de contribuir con mis impuestos al sostenimiento de sistemas como la Seguridad Social, que es un ejemplo para el resto del planeta. Y la sola idea de subirme a un avión para ir a visitar ciertos parques temáticos... preferiría unas vacaciones en Marina d'Or, fíjate tú.

Los europeos, que no son precisamente estúpidos, hacen lo indecible por jubilarse en nuestro país y utilizar, de paso, nuestro sistema sanitario. Hasta el turismo sanitario florece en nuestras tierras.

En otro orden de cosas, no concibo que trabajadores sanitarios españoles se rían ante los estertores de un héroe de guerra con nombre de gigante del cuadrilátero o ante los estertores de nadie, con independencia de su clase social.

Los trabajadores españoles del sector son gente de primera, de ley. La deshumanización extrema es potestad de gente avanzada de países muy, muy avanzados donde probablemente ya hay cyborgs y replicantes mezclados, en turbio contubernio, con humanos.

Qué otra cosa pueden ser ciertos estadistas sino el producto de un proyecto Quimicefa mal planificado y peor ejecutado.

Almirante Cervera on my mind! ¡A mí la legión!

Una cámara oculta revela la agonía de un enfermo mientras las enfermeras se ríen

por J.M.Ahrens, Washington

Al morir, James Dempsey, de 89 años, sabía que alguien le iba a escuchar. Ingresado en un centro de mayores de Atlanta (Georgia), este veterano de la Segunda Guerra Mundial sufrió una atroz agonía mientras las enfermeras revoloteaban a su lado sin prestarle atención e incluso respondían con carcajadas a su sufrimiento. Más de dos horas tardaron en avisar al servicio de emergencias y practicarle la reanimación cardiopulmonar. Una ayuda que llegó demasiado tarde. Dempsey falleció esa misma noche y el centro se apresuró a ofrecer una versión exculpatoria.

La familia llegó a creer a la entidad hasta que el hijo del fallecido recuperó una cámara que había instalado secretamente en la habitación. Las imágenes dejan al aire unas escenas de desatención e inhumanidad que han conmocionado a EE UU y puesto sobre el tapete las deficiencias de su precario sistema de atención sanitaria. Más de 251.000 personas mueren al año en el país por negligencias médicas. Solo las enfermedades cardiacas y el cáncer quedan por delante, según un estudio de la Universidad John Hopkins publicado en The British Medical Journal.

La muerte de Dempsey se remonta al 27 de febrero de 2014, pero el caso no ha salido a la luz hasta este mes, cuando el Tribunal Supremo de Georgia, a instancias de la cadena NBC 11 Alive y con apoyo del hijo, autorizó emitir la grabación. Este material, de una claridad lacerante, resultó clave en el juicio y permitió a la familia llegar a un acuerdo indemnizatorio con el Centro de Salud y Rehabilitación del Noreste de Atlanta.

Los hechos arrancan a las 4.34 de la madrugada. El paciente, con síntomas de asfixia, empezó a moverse y, visiblemente asustado, apretó el botón de emergencia. “¡Ayúdenme, ayúdenme, ayúdenme!”, se le oye gritar. "¡No puedo respirar, ayuda!", insiste sin éxito.

Ocho minutos después, entraba una cuidadora en la habitación. Dempsey seguía agitándose y apenas podía respirar. La enfermera ajustó las sábanas, miró distraídamente los tubos, apagó el indicador de auxilio y le dio la espalda. Durante más de una hora, el veterano volvió a quedarse solo. Cuando las enfermeras regresaron, ya había perdido la consciencia. Tampoco hicieron nada.

Solo una hora después, sobre las 6.30, empezaron a practicar las maniobras de resucitación. Un procedimiento que llevó a cabo la supervisora, Wanda Nuckles, entre risas de sus compañeras y sin ningún éxito.

Tras el fallecimiento, las enfermeras mintieron con largueza sobre lo ocurrido. Sostuvieron que ante la llamada del paciente, habían corrido a su habitación y le habían intentado reanimar sin descanso. “A no ser que un médico ordene lo contrario, se debe continuar. Esa ha sido siempre la norma”, declaró en la vista oral la supervisora. Pero cuando se le mostraron las imágenes, el rostro de Nuckles demudó. Su coartada se había venido abajo y, aunque a regañadientes, admitió que en los primeros momentos no había practicado ninguna maniobra.

- ¿Y cómo se siente viendo esto?, le preguntó el abogado de la familia.

- Enferma, respondió la supervisora.

A ella y sus dos compañeras les ha sido retirada la licencia. La familia, cuyo acuerdo con el centro privado no se ha hecho público, ha guardado silencio. Las imágenes hablan por sí mismas.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Garúa

Un tangazo de noche. No me lo puedo quitar de la cabeza.

Garúa. Canta Roberto Goyeneche. La orquesta es la de Aníbal Troilo, una de mis favoritas.

Al parecer, un día el Gordo le dijo al Polaco "hasta acá nomás... Ahora tenés que hacer la tuya". El Gordo sabía. Que si sabía...

Verano

Al parecer, Benito Pérez Galdós detectó que durante la temporada estival se producían movimientos revolucionarios en Madrid con cierta recurrencia. Doy fe. El verano madrileño es terreno abonado para toda clase de conflictos.

Y sigue sin llover.


sábado, 25 de noviembre de 2017

Después de la batalla

Todo lo que perdí

—la juventud, su brillo...—

a cambio de este acuerdo

de paz conmigo.

Javier Salvago

Volverte a ver

Después de semanas de no verte, de no hablarte, de no saber de vos... vuelves a mí. ¿Por qué será que siempre tengo la impresión de volver a empezar de cero, como si no supiera manejarte, como si todo lo compartido jugara en mi contra?

Se van acumulando las cosas pendientes, entre versos, dibujos, partituras, proyectos de toda suerte y condición. Escribo en papelitos y después andá a encontrarlos. Aparecen cuando ya me olvidé por completo de lo que significan.

En mi fuero interno sabía que un día u otro regresarías. Por eso dejaba una luz encendida en la ventana de casa. Lo posponía, lo camuflaba con cientos de tareas más acuciantes pero ya no hay vuelta de hoja.

Y ahora nuevamente, frente a frente los dos, como un tango. La hora de la verdad. Siento tu calor.

¡Siento tu vapor!


miércoles, 22 de noviembre de 2017

Martha Argerich

La inigualable pianista Martha Argerich nos regala una reflexión sobre la música:

"La música es un misterio. Es tan misteriosa como el amor. Es un mundo aparte, tan intangible como espontáneo, creo, porque habla directamente a nuestras emociones. No sé describir qué sentimos cuando tocamos o escuchamos... La música nos transporta, nos saca de nosotros mismos, nos pone en un paréntesis que ya no es nuestra vida. Creo que tiene el don de hacernos salir del tiempo, del tiempo y de nuestra propia vida. Y eso es un misterio formidable".

domingo, 19 de noviembre de 2017

Gracias a todos

Fernando, Fausto, Susi, Mauricio, Isis, Natalia, amigas de Natalia, Manolo e Isabel, Juanjo, Jose y Bea, K, Jerry & Asun, Diego J., Damián D., Fernando C., Iri, Diego, Adriana E., Arantxa A., Leen van Doorselaer, Brigitte, Mireia, Pilar, Chilo Cardenal, padres, hijos, cuñaos... everyone! Los gomía de allende los mares... Raúl, mkk, Ernesto, Nadia, Leyva & Taby, Kanchan desde Mumbai, Nurith y Dalia desde Salta, amigos de los proyectos de cooperación... nicas, chilenos, peruanos, dominicanos, salvadoreños, cordobeses, mexicanos... etc. Walter Guimarães desde Río. Tinerfeños. Lisboetas, Laurinha, Arminda, Luzía, João! Joseba y Eneritz desde Bilbao. Juan desde Miami. Óscar Soto y Teresa desde Boston. Mario y Christiane desde Munich. Compas del gotán, Federico, Fernando, Ariel, Alejandro, David Castro, Julio y Naoko... tutti. Grazie!

Mi queridísimo profesor, José Luis Merlín, a quien debo la presencia en mi vida de mi compañera fiel, mi guitarra. Me dejó un mensaje emocionante hasta las lágrimas.

Si me olvido de alguno, sorry. Gracias por acudir. Mil gracias por los regalos, maravillosos todos.

Fue muy emocionante ver a tantos amigos de épocas muy diversas juntos. La noche acabó de forma surrealista. Un tipo se llevó mi abrigo y me dejó a cambio el suyo, totalmente pulguiento. Lo que siguió después fue una persecución hasta la Casa de Campo donde vivía el simpático ser.

Cuando logré que me devolviera mi abrigo descubrí -ya en el metro de vuelta- que se había dejado su móvil en uno de mis bolsillos, así que la cosa se prolongó durante el finde.

Da igual. Fue un encuentro humano estupendo.

Confirmado. Por una extraña razón que no acierto a comprender del todo, le caigo en gracia a más de uno y de dos. Voy a analizar meticulosamente qué debo estar haciendo medianamente bien. Cuando logre identificar la sustancia daré seminarios por todo el mundo. Voy a convertirme en el nuevo Osho.

¡Los quiero a todos! Vamosssssss....! A jugar este segundo tiempo con salero, garbo y marcialidad. Que nos sorprenda el amanecer bailando y guitarreando en Málaga. Bonjour, soleil ! Bienvenue dans ma vie... !

jueves, 16 de noviembre de 2017

Mañana de lluvia

Acaban de publicar un maravilloso artículo de mi señor padre, Abel Rasskin, en El País.

Lo comparto con todos vosotros/ustedes a ambas orillas del Atlántico.

Mañana de lluvia, por Abel Rasskin.

Como comenté ayer, hoy es mi cumpleaños y me están llegando tantas muestras de afecto que empiezo a dudar de mí mismo. A ver si a fin de cuentas va a resultar que, en vez de ser un malevo feroz y despiadado, taciturno, tanguero, oscuro y con querencia por el combate, soy un buen tipo...

¡Decí por Dios Carlitos en qué me estoy equivocando!

Ver llorar a un oso siberiano no es un espectáculo edificante.

Advertidos quedáis.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Los míos

Mañana día 16 de noviembre mis padres, Susana Gutman y Abel Rasskin, darán una conferencia sobre la figura de Maimónides en Casa Sefarad.

Se trata de un acontecimiento familiar importante, ya que verlos trabajar juntos, después de tantas singladuras, de tantos viajes en toda la dimensión del significado de la palabra -como también aconteció en la azarosa vida del propio Maimónides- es motivo de gran orgullo y honda emoción.

Tengo la mejor familia que uno pueda desear. Mis padres, mis hermanos, mis cuñados, mis hijos, mis sobrinos. No solo siento afecto por todos y cada uno de ellos, sino que los admiro profundamente por la clase de seres humanos que son. Gente de talento y solidaria. Ninguno ha comprado proyectos absurdos de vida. Ninguno es esclavo de la ambición. Todos destacan, y mucho, en sus respectivos campos. Hasta se permiten incursionar en otras disciplinas del saber o del arte con manifiesto éxito. En la era líquida eso es mucho. Y en mi escala de valores lo es todo.

La celebración de mañana también coincide con otro evento. Es mi cumpleaños. Sí, hijo, sí. Uno más.

¿Que cuántos cumplo? Pues cuarenta y cinco .... y pico! A tenor de lo que opinan mis amigas cada año estoy más sexy. Es que mi padre es una mezcla entre Sean Connery y Marlon Brando con un ligero toque siberiano y eso ayuda un montón. Mi madre sigue siendo una belleza morena. Aún recuerdo cuando tenía que ir espantándole moscones por las callecitas de Buenos Aires. En más de un lío me metí. Caballero andante que es uno...

Los datos del encuentro están en la tarjeta. Después nos iremos a beber y bailar hasta perder el sentío. Están todos invitados.



martes, 14 de noviembre de 2017

Troilo

Con los amigos comentamos a menudo con qué orquesta nos sentimos más identificados a la hora de bailar gotán.

Di Sarli es un valor seguro. Muchos optan por D'Arienzo, el rey del compás. Con el debido respeto, lo encuentro algo metronómico. Qué decir de Pugliese... personalidad que trasciende la mera cuestión del valor artístico porque fue un referente moral. Don Osvaldo es un rara avis.

Me recuerda esto una conversación con Isis Abellán -una bailarina de tango estupenda con muchos años de experiencia-, precisamente en una mesa de milonga, con el ambiente eléctricamente cargado para los dos. Sostenía ella que no debe separarse lo humano de lo artístico a la hora de valorar a un artista. Mi opinión no coincide. El artista no suele ser un dechado de virtudes. Si analizamos con lupa las vidas de muchos creadores y pretendemos juzgarlos con criterios aplicados al común de los mortales nos quedamos sin artistas.

El artista suele considerar que está más allá del bien y el mal. Absolutamente extremo en sus actos de generosidad y de crueldad. No tiene medida. Puede cortarse una oreja y entregártela, y clavarte el mismo puñal en el pecho mientras sonríe con un destello demoníaco. Tiene algo de niño inconsciente, no sabe a ciencia cierta cuándo hiere, ni cuánto.

Por fortuna esto no siempre es así. Depende de cómo esté amueblada la cabeza, la capacidad que tenga el sujeto de reírse de sí mismo y su temple a la hora de recuperarse de un éxito, ya que hay gente que no lo logra jamás.

Pero esa es otra historia.

¿Y el que suscribe? Reconociendo la magnitud de los grandes nombres citados, me declaro perdidamente enamorado de la orquesta de Troilo. ¿Cantores...? Fiorentino y Alberto Marino. Goyeneche me gusta más cuando levantó el vuelo en solitario. En la orquesta del gordo hay un manejo del tempo muy sutil y elaborado. Sus versiones de tangos para bailar las encuentro extremadamente "cantabiles" y eso me hace sentir en casa. Y su fuelle, sin palabras... Los rubatos más soñadores de la historia.

Troilo es irrepetible.

Agua

Platón, "espaldas anchas" en griego, afirmaba que el mar cura todos los males del hombre. Doy fe. En el mar vuelvo a ser niño.

A Madrid solo le falta el mar para ser perfecta. La gente de Madrid ya lo es. Para empezar, la capital del reino es la capital del flamenco desde hace muchas décadas y su gente es la más abierta y acogedora que uno pueda encontrar en esos mundos de Dios.

Madrileños, como alcalde vuestro que soy... uy no... eso es de otra película. Propongo solemnemente recuperar el proyecto del Canal de Castilla y buscar una salida al mar.

¡Madrid y Lisboa unidos para siempre!

A por el mar.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Tinta roja

Ella le ofreció un trozo de chocolate mientras permanecía aún sentada.

—¿Sabes...? Eres un amante de primera clase.

Él la miró desde la puerta de la habitación, presto a marchar.

—No es fácil acceder a ti. Eres frío y callado. No hay emoción,  solo acero. Eso es lo que te hace tan bueno.

—Me voy a la milonga. No me esperes— dijo sin despegar los labios. Y abandonó el cuarto sin siquiera volverse.

jueves, 9 de noviembre de 2017

El espíritu de los tiempos

Acabo de poner una lavadora y han aparecido 7 calcetines sin pareja.

Si algún alma caritativa tuviera a bien adoptarlos...

Raúl

7:37, la voz de Raúl llega hasta mí gracias a ese extraño artilugio denominado WhatsApp. En esa pantallita de mierda me ha pasado de todo. Me he enamorado unas setenta y dos veces, y me he separado unas cuatro mil trescientas. Usted dirá que exagero, pero es así. Es un invento del demonio. Hace que todo se amplifique y se malinterprete. Separarse por WhatsApp es algo digno de ver. El momento en que la dulce carita de la persona amada desaparece porque te ha condenado al limbo de los amores electrónicos. Volverán las catódicas golondrinas... Entonces ya puedes mandar mensajes que nunca llegarán a la otra costa.

Oh.... doble pajarito azul, doble marca de verificación, hoy solo vives en el recuerdo. Like de mi vida. Red social que me hiciste mal.

Conozco a un milonguero que envía el mismo mensaje de amor a unas cien mujeres. Tiene un kit preparado, con canciones, textos escogidos, hasta fotos. Todo muy trabajado. Y alguna siempre pica. Practica Phishing sentimental. La era de la soledad infame, de la tolerancia cero a la frustración.

Raúl es mi hermano, siempre lo fue. No solo desde diciembre de 1978, cuando nos conocimos en su casa de Valderribas y, al parecer, ambos nos caímos muy mal. Bueno... según tengo entendido yo le caí peor. Supongo que hice alguna de mis bromas que maldita la gracia. Lo olvidé.

Porque desde ese mismo momento nos hicimos hermanos, con todo lo que significa la palabra hermano para alguien que perdió a los suyos a los doce años por culpa de una dictadura sanguinaria, ciega y asesina. Desde entonces ambos no podemos ni ver un uniforme.

Siempre admiré cómo ha encarado la vida, cómo cuidaba a sus padres, la clase de persona que es para los demás. Inasequible al desaliento. Con una alegría de vivir que uno no sabe exactamente de dónde viene.

El padre de Perla -a quien no conocí- fue guerrillero en la Segunda Guerra Mundial. Vio morir a todos los suyos y las balas silbaban a su alrededor todos los días. En sus últimos años se quedó viudo. Según me cuentan, los sábados por la noche nunca dejó de ir a bailar. Pero no tango, que es como pegarse un tiro en el pie, sino bailes de salón. La Vieja Europa...

Hay gente que lo tiene todo y persevera en la tristeza. Hace de la tristeza su bastión, su forma natural de estar en el mundo. E inevitablemente arrastra a los demás, a los que se acercan, a su pozo sin fondo. Hay que huir de esos imanes de la desgracia. Como sea.

A otros la vida les ha arrebatado las cosas más queridas antes de tiempo, y desprenden luz.

Raúl es una de esas personas. Estos diez mil kilómetros que nos separan a veces pesan como una losa. Los dos nos queremos tanto que a lo largo de los años hemos diseñado un sinfín de estrategias para hacer como que estamos ocupados, concentrados en lo nuestro, siempre metidos en faena. Para que no nos duela esta separación y el sucedáneo de mandarse un abrazo por una pantallita absurda.

Yo he elevado la soledad a la categoría de arte mayor. Cuando voy a Madrid las aglomeraciones me agobian, los bares de diseño me causan gracia y la vuelta a casa se me hace imbancable. Sí. Hay una edad en que toca la introspección, hacer balance, empezar a prepararse para el largo viaje.

Empiezo a preferir los libros, las sinfonías de Brahms, los paseos al atardecer, mi hora favorita. Echo mucho de menos a mi perro, pero no volveré a tener otro, no quiero repetir la ceremonia del adiós. Im Abendrot...

El año pasado arribé a un Buenos Aires otoñal y contemplé el sol mortecino en el río. Raúl apareció de repente en el Aeroparque, símbolo de la ignominia fascista y testigo mudo del reencuentro de dos que se quieren, que siempre están pendientes uno del otro. Ese mismo campo de aviación me llevó al norte del país. Me soñé otra vez en casa, cerca de vos, hablando con las mismas palabras de la infancia con naturalidad.

La reina del Plata. Por muchos años que pasen, por muy lejos que uno esté, Buenos Aires te sigue a todas partes, como una amante loca y desesperada. Como la esposa de Modigliani, el bello.

Soy inmensamente afortunado por tenerte cerca, hermano querido. Viejo y querido hermanito.

Y créeme si te digo que lo mejor está por venir.

martes, 7 de noviembre de 2017

Escorpios en lucha

Hoy es el cumpleaños de Jose, mi cuñado. Podría decir muchas cosas de él -todas positivas-, pero me limitaré a afirmar que es un lujo tenerlo en la familia.

Feliz cumpleaños, brother-in-law!

lunes, 6 de noviembre de 2017

Regresión

Tengo cero años. Aún estoy en las pelotas de mi viejo. No sé si seguir nadando.

Nacer me da pereza.

Don de lenguas

Podemos interviene Podem.

El Gobierno interviene el Govern.

San Antonio de los Alemanes

En pleno centro de Madrid hay una iglesia maravillosa. Se trata de San Antonio de los Alemanes, situada en la esquina de la calle de la Puebla y la corredera Baja de San Pablo.

Es una iglesia pequeña de la que cabe destacar su planta elíptica (una de las pocas que hay en España) y los frescos que decoran tanto la cúpula con las paredes.

El lugar es magnífico e invita a la reflexión. Data de comienzos del siglo XVII, cuando España iniciaba un lento declive desde su momento de máximo esplendor hasta hoy, pero aún seguiría siendo un imperio donde no se ponía el sol hasta comienzos del XIX.

Javier Repullés dio el sermón, a mi juicio, introspectivo y cargado de significado. Por otro lado, fue muy breve y directo al meollo del asunto. En plena crisis, concretamente en 2011, Repullés creó la fundación Pan y peces para ayudar a familas que lo estaban pasando realmente mal. Es alguien que sigue la estela de personas de luz como el Padre Llanos.

Comenzó por hacer autocrítica de los propios curas, diciendo que se trata de "seres pequeños", que cometen errores como el que más y terminó hablando de los egoísmos de esta generación y la incapacidad de mirar más allá del hedonismo inmediato. Pero todo ello en un tono bonachón que invitaba a darle un abrazo. Además, Repullés parece el alter ego de Valle-Inclán y se intuye que le gusta el vino y la compañía de gente sin corbata. Ole. Por si fuera poco, tiene un desarrollado sentido del humor, algo que denota una inteligencia fina y sensible.

Curiosamente, el personal que abarrotaba la iglesia tenía más pinta de votar al PP. Bueno. Les hacen falta esta clase de mensajes.

Más allá de sermones, la iglesia de San Antonio bien vale una visita.

Cómo adoro Madrid. No quiero pensar lo que debieron sentir los republicanos en el exilio, obligados a vivir lejos de España durante cuarenta años.

Un país único, irrepetible. Un pueblo de mano tendida. Siempre.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Detalle de El jardín de las delicias


Etiopía

Mi querida amiga Adriana me envía esta foto desde Etiopía.

Con las estupideces de los independentistas y la miopía propia de occidentales que se miran el ombligo, desconocemos cómo se vive en el mundo real, aquel que ocupan las personas que no interesan a nadie.

Innovaciones como el bitcoin apuntan al desarrollo de una nueva conciencia planetaria, donde cada individuo puede convertirse en su propio banco e intercambiar bienes y servicios de persona a persona. Hay que perseverar en la descentralización de los servicios, de la energía, de la educación. Hay que crear unidades de desarrollo integral repartidas por toda la geografía de los olvidados.

En la mirada perdida de estas mujeres que acarrean materiales de construcción está inscrito todo el dolor del mundo. La imposibilidad de no poder siquiera imaginar otra clase de vida.

Queda mucho por hacer. Prácticamente todo.


viernes, 3 de noviembre de 2017

Nosotros

De repente, un llamado. Iván viene de Francia, contacta con Pablo y cenamos los tres juntos. Así, sin más preparativos.

Para alguien que vive en el campo y trabaja solo es mucho. Te da la vida.

Y los veo llegar. Hace unos instantes Pablito era un enano que jugaba con muñecos y nos enternecía a todos. Entonces yo trabajaba en Madrid y siempre estaba pendiente de incrementar su colección. Hoy mide 1,90 y pronto será más alto que el que suscribe.

Preparo a toda máquina un guiso de pescado para los tres, que el tiempo otoñal ya va pidiendo esa clase de cosas.

La mesa donde suelo cenar se viste de fiesta. Nos reímos con ganas. La magia de estar juntos.

Pablo se retira a su habitación para preparar el trabajo de mañana. Las cosas vividas este último año lo han hecho madurar mucho. Está pleno de proyectos y confía -como no podía ser menos- en sus propias fuerzas para llevarlos a cabo.

No logro expresar con toda la intensidad lo que significa verlos así, haciendo sombra sobre el mundo.

Mi hijo mayor tiene la misma edad que tenía cuando él nació. Qué locos lindos éramos entonces su madre y yo. No teníamos nada y éramos muy felices. Se retira pronto a descansar.

Me quedo solo. Abro otra botella de vino y saboreo lentamente la copa. Ha pasado el tiempo.

Viene a mi mente un encuentro mágico en Buenos Aires, 2016, con Teresa Taskar. Me había invitado a comer y la sobremesa se extendió hasta las 10 de la noche. Teresa me hizo cantar un montón de tangos, así a capella. Nostalgias, Malena, Sus ojos se cerraron, Nido gaucho, Volvió esa noche, Garúa, Tinta roja, Amores de estudiante, Golondrinas, María...

En algún momento de la conversación dijo algo en hebreo que no comprendí. Yo salía de mi enésimo naufragio sentimental, un deporte en el que siempre estoy entre los primeros de la ATP. "Aún no ha llegado la que es para vos...", murmuró sonriendo dulcemente.

Salí de anochecida. Caminé por Corrientes, por Figueroa de Acuña, las mismas calles donde fui adolescente. Apenas sentía el incipiente frío del otoño porteño. Hay encuentros, voces, abrazos, miradas, silencios que son prismas para el alma. No se olvidan.

Está en algún lugar del Libro Sagrado. Esta noche mágica junto a mis queridísimos hijos va por ti, Teresa.

Amén.



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Viejo Zorba busca Bouboulina

Un poema de la uruguaya Idea Vilariño, enamorada de Juan Carlos Onetti. Enamorada y desenamorada. La luz que brilla con el doble de intensidad y el frío devastador que deja su ausencia. De aquel al que nunca debió amar y al que nunca logró olvidar.

Hace algún tiempo escribí desde Lisboa la crónica de la muerte de un montañero español que pereció en el Himalaya, en plena juventud y en pos de un ideal de perfección. Citaba entonces un texto de Joyce que ha marcado toda mi vida, el momento en que un marido de mediana edad descubre que la esposa a la que ama más que a nada en este mundo nunca ha podido olvidar a su amor de juventud y nunca lo ha querido como a aquel recuerdo, guardándolo para sí, llorándolo a solas. "Qué pobre papel he hecho en tu vida..." se lamenta entonces Gabriel.

Defendía entonces la tesis de que es mejor entrar en ese otro mundo de sombras en plena lucha a brazo partido con una pasión devastadora que ir marchitándose lentamente con la edad.

No es así. La pasión mata los sentidos, ahoga la razón. Y te destruye. Es un fuego estéril. No deja nada a su paso. Escombros, tierras yermas para siempre.

Y las pasiones a edades maduras rayan la imbecilidad.

Después de este sesudo análisis forense que no sirve para una mierda porque pienso seguir enamorándome hasta que se apague el sol tranquilas, chicas, hay ruso loco para rato y para todas, ahora sí, el poemilla.

Nota a pie de página. El poema es de hace algunas décadas. Si necesitas que te cosan algo busca La Retoucherie más cercana o hazlo tú mismo, coño.

Con sabor a tango, desencuentro, sin palabras, buscándote y fuimos. Con sabor a muerte.

Ya no será

Ya no será
ya no
no viviré contigo
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.

martes, 31 de octubre de 2017

Al vesre

Pero este tipo siempre hace todo al revés... primero convive y después se enamora.

¿Acabas de conocerla y ya te vas a hacer cargo de su hipoteca?

Yuyo verde

Esta mañana gris suena a Yuyo verde, un tangazo de Domingo Federico y Homero Expósito. La orquesta es LA ORQUESTA y dirige el TROESMA, Osvaldo Pugliese. Canta Alberto Morán.

Este tango me lo hizo escuchar por primera vez mi querido tío Santiago en Buenos Aires. Por azares del destino estaba en uno de los tres discos que salvamos del naufragio, así que me sé los arreglos de memoria.

El yuyo verde del perdón. Hay gente que no sabe lo que es eso.

Colonias

El ex dirigente del Partido Comunista de España Paco Frutos habla de la "situación colonial" de Cataluña y los enormes aciertos tácticos de Podemos.

Entrevista a Paco Frutos.

Gallia est omnis divisa in partes tres

¿Asilo en Bélgica? ¿Pero esto qué coño es? ¿Esteso y Pajares?

lunes, 30 de octubre de 2017

Rajoy

Rajoy no es tonto, ningún tonto. Tiene al PSOE donde quería, cerrando filas detrás del Rey y la Constitución. Tras sus coqueteos con Podemos, Sánchez ha tenido que hacer de tripas corazón.

Podemos, to be or not to be. Todo este lío de Cataluña los ha puesto en evidencia. ¿Qué son? ¿Cuál es su proyecto para España? Ni ellos mismos lo saben. Eso sí, tienen un Gran Líder que maneja el partido con mano de hierro. A estas alturas. Qué soplapollez.

Son el producto de la desesperación que provocó la crisis. Las crisis descontroladas generan respuestas descontroladas, a un extremo y al otro del arco ideológico.

Como ya advertía Félix de Azúa, un partido de profesores universitarios... en un lugar en el que los controles de calidad brillan por su ausencia y cualquiera puede decir cualquier cosa y recibir su cheque a fin de mes. Cheque que se paga con los impuestos de los que trabajan de sol a sol.

Los errores del bloque constitucionalista vienen de largo. Un apoyo tan importante como el que tiene en estos momentos la opción soberanista en Cataluña no se logra de la noche a la mañana. Se tendría que haber intervenido mucho antes. ¿Cómo? Doctores tiene la Iglesia.

Hay mil fórmulas. La democracia, que costó sangre en este santo país -que vivió nada menos que una guerra civil y cuarenta años de franquismo-, no puede permitir y financiar opciones que la intenten destruir, que intenten socavar sus cimientos. Es un contrasentido. Es como si Alemania financiase mediante el erario público a partidos neonazis.

¿Qué es si no toda esta mandanga de la supuesta superioridad del catalán sobre el murciano, el extremeño o el castellano-manchego? Nos faltan las leyes raciales de Nüremberg prohibiendo los matrimonios mixtos o campos de concentración en Vic o en Gurb para Untermenschen con una octava parte de sangre procedente de más allá del Ebro.

Este tipo de enfermedades mentales siempre brotan en regiones ricas. Qué casualidad. El norte de Italia mirando por encima del hombro al sur, Baviera plantando cara al este, Québec contra el resto de Canadá. Sin embargo, a la hora de poner sus economías en marcha siempre necesitan el capital humano que aportan las regiones más pobres.

Ahora la gente con sentido común tiene la oportunidad de manifestarse en las urnas el 21 de diciembre. Gente como Isabel Coixet, para nada sospechosa de inclinaciones totalitarias, que ha vivido un verdadero calvario.

El daño ya está hecho. Han creado un odio innecesario, ciego y estúpido. Familias, amigos de toda la vida han dejado de hablarse. ¡Bravo! Como hay pocos problemas que resolver...

Ahora toca reconstruir lo que estos irresponsables han generado. Con toda la autoridad del estado de derecho, porque lo que tenemos y hemos logrado entre todos los españoles ha costado muchísimo.

Una magnitud por definición incalculable.

domingo, 29 de octubre de 2017

Lo irracional en nosotros

Afirma el filósofo francés Henri Bergson que el homo sapiens es una criatura dotada de razón que, simultáneamente, aferra su existencia a cosas irracionales.

¿De dónde surge esa sed de irracionalidad?

En efecto, en nosotros conviven el pensamiento racional y el pensamiento mágico. Siempre me ha llamado poderosamente la atención el elevado número de científicos que tienen profundas convicciones de caracter religioso. El caso de los médicos, que alternan a diario con la vida y la muerte. Los efectos de la entropía y la "milagrosa" auto-organización de la que están dotados los sistemas biológicos.

En la antropología clásica encontramos ejemplos realmente fascinantes de esquemas de concepción del mundo muy fecundos en términos de creación artística. Las tensiones entre memoria mecánica y memoria creativa o el paradigmático caso de los Nuer (analizado en el fabuloso tratado de Evans-Pritchard), que carecen de una expresión equivalente a "tiempo".

En su magnífica película "Match Point", Woody Allen reflexiona sobre el peso de la suerte en la existencia humana. Todos los que amamos el tenis -deporte de dioses-, sabemos lo que significa que la bola pegue en la cinta. Sabemos que hay un instante en que la bola pareciera dudar, pareciera tener vida propia. Y cuando cae del lado del rival le pedimos disculpas, ya que entendemos que ha sido la mano de lo imponderable la que ha inclinado la balanza, no nuestros méritos. En términos racionales sabemos que existe una explicación física, vectores que interactúan, fuerzas que ya definió Newton con precisión de orfebre. Pero en nuestro fuero interno tendemos a creer que hay un elemento mágico que subyace.

Hasta en economía clásica se habla de "la mano invisible" que regula los mercados. Y el pensamiento religioso es caso aparte.

En la historia de la evolución del pensamiento uno de los hitos trascendentales es sin duda el paso del mito al logos, el momento en que comenzamos a dejar de atribuir a la acción de fuerzas mágicas y dioses caprichosos -humanos, demasiado humanos en sus pasiones- el devenir de la historia y el comportamiento de los fenómenos físicos.

Ese milagro, palabra que utilizamos para definir lo inefable, ocurrió en la antigua Grecia y marca el inicio del pensamiento científico y filosófico moderno. Solo 2.500 años nos separan de ese salto adelante único, de esa explosión cámbrica del genio humano.

¿Y en la vida cotidiana? Personas que parecieran atraer la mala suerte como un imán negro, "yetas" como se dice en la Argentina o "cenizos" como se los denomina en España (Catalonia included) y otros que parecen ganar en el casino todos los días. Aunque ni siquiera vayan.

En el caso de mi país natal, existe cierta obsesión con las personas que atraen "la mala", aquellos que resultan ser un pozo negro sin fondo. Carne de diván sine die, no hay terapia que los saque adelante. Verdadero filón para psicólogos, psiquiatras y curanderos. Tan cenizos son que pasan por la vida como Mister Magoo.

García Márquez hablaba de las situaciones "pavosas"..., por ejemplo, le espantaban las tunas universitarias (a quién no...), las flores de plástico, los pavos reales, los mantones de Manila.

Los nuevos ricos y esa tendencia natural al mal gusto y al horror vacui. A llenar la casa de objetos pavosos. Si quieres conservar un amor no te acerques a la casa de un  nuevo rico.

La mente se rebela ante la idea del peso trascendental que puede tener la mera suerte en nuestro destino. Tampoco entiende que un día vayamos a dejar de existir, así que hemos creado las religiones para calmar la sed de inmortalidad.

Algunos así duermen un poco más tranquilos. Otros bailan tango para dar de beber al dolor de estar vivo.

Y luego están los nacionalistas. Cumbre insuperable del pensamiento irracional. Una máquina perfecta de romper las pelotas. El móvil perpetuo.

sábado, 28 de octubre de 2017

Oración del solitario

Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas enseguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos.

viernes, 27 de octubre de 2017

Cuando se trata de usted

Malena Mulaya es una voz poderosa de la Banda Oriental. Cálida y profunda, Mulaya renueva la música de la cuenca del Plata y suena a mano tendida, a encantamiento ritual, a mate compartido mirando el mar. También sabe a conversación infinita, sin reloj, aun de lejos.

La semana que viene actúa en Madrid. Al piano, mi compadre el salteño Fernando Pérez Herrera.

Funes el memorioso

Un maravilloso cuento de Jorge Luis Borges publicado en Ficciones,1944. Una metáfora del insomnio, compañero fiel. Brillante. Inmortal.

Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzado. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo -género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño; Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres, "un Zarathustra cimarrón y vernáculo "; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.

Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año 84. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: "¿Qué horas son, Ireneo?"". Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: 'Faltan cuatro minutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco". La voz era aguda, burlona. Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro.

Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto.

Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles. Los años 85 y 86 veraneamos en la ciudad de Montevideo. El 87 volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el "cronométrico Funes". Me 2 contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la contemplación de un oloroso gajo de santonina. No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los Comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, "del día 7 de febrero del año 84", ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo año, "había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingó ", y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario "para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín". Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, f por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat y la obra de Plinio.

El 14 de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba "nada bien". Dios me perdone; el prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y el perentorio adverbio, la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El "Saturno" zarpaba al día siguiente, por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes. Me asombró que la noche fuera no menos pesada que el día. En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del capítulo xxiv del libro vii de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non iisdern verbis redderetur audíturn.

Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua 3 momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al más difícil punto de mi relato. Éste (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo de hace ya medio siglo. No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.

Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los veintidós idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.

Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etcétera. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entre sueños.

Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: "Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo". Y también: "Mis sueños son como la vigilia de ustedes". Y también, hacia el alba: "Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras". Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo. Esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo. La voz de Funes, desde la oscuridad, seguía hablando. Me dijo que hacia 1886 había discurrido un sistema original de numeración y que en muy pocos días había rebasado el veinticuatro mil. No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.

Su primer estímulo, creo, fue el desagrado de que los treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en lugar de una sola palabra y un solo signo. Aplicó luego ese disparatado principio a los otros números. En lugar de siete mil trece, decía (por ejemplo) Máximo Pérez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros números eran Luis Melián Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, el gas, la caldera, Napoléon, Agustín de Vedía. En lugar de quinientos, decía nueve. Cada palabra tenía un signo particular, una especie de marca; las últimas eran muy complicadas... Yo traté de explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario de un sistema de numeración. Le dije que decir 365 era decir tres centenas, seis decenas, cinco unidades: análisis que no existe en los "números" El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendió o no quiso entenderme. Locke, en el siglo xvii, postuló (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera un nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez.

Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para la serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferír el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente. Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.

Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles. Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.

1942

Rosa de octubre


jueves, 26 de octubre de 2017

Habla el poeta

Devuélveme entonces ese tiempo en el que yo estaba aún en formación, cuando nacía siempre un manantial de cantos que salían en tumulto; cuando la niebla me velaba el mundo y los brotes prometían milagros; cuando cortaba las mil flores que llenaban todos los valles de riqueza. No tenía nada y, sin embargo, nada me faltaba: el anhelo de verdad y el placer por la alucinación. Devuélveme el empuje desatado, la profunda y dolorosa alegría, la fuerza del odio y el poder del amor, ¡devuélveme mi juventud!

lunes, 23 de octubre de 2017

La canzone dell'amore perduto

Anoche soñé con Firenze. Íbamos caminando de la mano por sus calles. Es extraño, tu ciudad y ahora los dos juntos.

La meglio gioventù. El lugar donde se encuentran los hermanos cuando se produjo la inundación. Se mezclaba con otra escena, cuando Matteo detiene el coche porque no puede más y se funde en un abrazo desesperado con Nicola. Matteo no soportaba la vida. No puede con la vida. Se ahogaba en un vaso de agua, sí. Pero se ahogaba. Tardé en comprender. Ahora que es tarde lo sé.

Quise decirte tantas cosas sobre esa película que nunca alcancé a abrir la boca. Solo se me escapaba un llanto ahogado, como en esa escena en que Anthony Hopkins y Emma Thompson resumen la imposibilidad de estar juntos. Se quieren tanto que nunca podrán ser uno. El libro, sus manos, el desdibujado papel pintado de una triste habitación de servidumbre.

En el sueño volvíamos a los mismos lugares, la Enoteca, Carraia y el agua sólida que captaron tus ojos, el Bardini, los cafés... volvían a hacernos las mismas fotos. Santo Spirito. Hasta el gato que acariciaste con tu madre venía a saludarnos. Subíamos al mirador. Otra vez tocaba la misma banda callejera de jazz. Los mismos colores y la misma luz bañando tu rostro.

Amor, quedémonos aquí. La vida se nos va.

Nunca vimos juntos La Dolce Vita. La escena final, la niña que le pregunta mediante gestos en la playa -no era Spiaggia Lunga, de eso estoy seguro- a Marcello Mastroianni si está escribiendo, si sigue creyendo en el arte, si aún le queda algo del alma intacta. Si hay todavía algo del niño que fue dormitando en algún rincón de su piel cansada. De tanto soñar noche y día.

Luego el gigante de Patrolino y la lluvia solo para nosotros. Qué dineral habrá costado esa escenografía, otro de tus innumerables talentos. Lo dispusiste todo a la perfección. Los guardas, la pareja que nos cruzamos a la vuelta, la flor que robé. Extras. Atrezzo. Nunca más volverá a cerrarse para dos.

Habría sido maravilloso desaparecer en ese parque para siempre, quién sabe adónde llevarían los ocultos senderos. Quizá si hubiéramos calzado zapatos del hombre sin edad. Tal vez. Al principio, al templete, a la primera mirada. El pulso de mi sangre. Noi.

Las piedras de la calle. Las fotos hacia arriba, desenfocadas como te gustan a vos, colores forzados, Kodak, Agfa, Fuji. Alguien recorrerá los mismos caminos, la espada en la piedra. Los silencios infinitos, a veces disfrazados de palabras. Alguien descubrirá al niño con el globo rojo en la pared de Siena, justo antes de irse.

Con esas escaleras mecánicas mudas, como el olvido. Trabajando incansables. Subiendo y bajando en plena madrugada, mendicantes. Se encenderán solas, buscándonos, buscándote. Cómo es posible... si nunca volveremos a estar juntos allí.

Hasta Gabriele y su hija venían a nuestro encuentro. La mesa estaba presta. Otra vez el mercado, las cervezas más caras del mundo. La casa llena de amigos. Distintos de nosotros hasta la saciedad, pero nuestra familia.

¡Amor, la flor se ha vuelto a abrir
y hay gusto a soledad, quedémonos aquí!

Ron de noche, las arepas del día 17, Montilla, la voz quebrada de Battiato cuando le canta al amigo recién muerto, las palabras, las manos, el tango, madrugadas de aeropuerto, pterodáctilos, hipopótamos con hipo, mamuts, caracoles encendidos, música italiana, venezolana, zambas, milongas, la tarde bajo el emparrado de primavera, el techo mejor colocado del mundo, el collar de ámbar más feo de la historia, la inundación, risas desde el principio de los tiempos, canciones absurdas, la Tigresa de Oriente, un conejo descomunal, Herbie, la isla presidencial, las hamacas y la forma correcta de acostarse en ellas. En el sueño te lavaba el pelo. Una y otra vez.

Cientos, miles de atentados contra la integridad del día.

Atravesamos la piscina con la vela encendida tantas veces. Fuimos Domenico y Andréi.

Y la luna en Siena. Sí, la luna en Siena otra vez. Siempre es luna llena, todos los días, no solo los 10 de mayo. Todos.

Los ojos de ambos. Pero qué ojos... ¡anda! ¡y tú también...!

En el sueño Firenze era el mundo. Hijos revolviendo la casa, sonrisas, una ventana al mar y un tango de Pugliese sonando melodioso, hiriendo el aire de mediodía.

Los grandes amores mueren jóvenes. Y llegan a historias.

No se quedan ahí.

Noche

21:42

Noche fresca. Pablo se ha ido a dormir después de un día agotador. Bach casi perfecto, Mozart a punto.

La casa en orden. Han aparecido algunos pájaros extraños en el horizonte. La luna invita a soñar.

Mi madre me ha enviado un mensaje emocionante hasta las lágrimas.

Continúo navegando. Rumbo norte, cuarta al noroeste.

domingo, 22 de octubre de 2017

Escalera al cielo



Ataque de amor

Ataque de amor en la sobremesa. Este tango es para vos, la pebeta de mi vida. Una pebeta linda como un sol. ¿Que a quién me refiero...? ¡A mi mamá, naturalmente!

Este tango, grabado por gentileza de teléfonos Samsung, es para vos, mamá. Con todo el cariño.

►♫ Mariposita

Javier Marías

Siete de la mañana. Me desayuno con esta frase de Javier Marías: "Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos".

sábado, 21 de octubre de 2017

Mate en dos jugadas

¿Qué opciones tiene Puigdemont en esta partida de ajedrez?

1. Declara la República Catalana y en 10 milésimas de segundo la flamante criatura es intervenida vía 155, con el apoyo unánime de todas las fuerzas importantes de este país.

2. Se retira y desaparece de la vida política para siempre.

¿Qué hace un buen jugador de ajedrez -incluso un jugador mediocre- cuando  la derrota está cantada?

Si hubiera leído el magnífico libro de mi hermano, el doctor Diego Rasskin-Gutman, titulado "Metáforas de ajedrez", todo esto podría haberse evitado. Pero pedirle semejantes filigranas a un político me temo...

Resulta curioso que un partido marcadamente conservador como los herederos de Convergencia se hayan visto arrastrados en esta marea de insensatez colectiva. Parece ser que nadie ha abierto un libro de historia para comprobar que los nacionalismos destruyeron la vieja Europa y generaron un nivel de sufrimiento humano atroz. El nacionalismo es el inicio de todos los males. Engendró a Hitler, nada menos.

La precipitada  huida de 1.000 empresas de calado de Cataluña muestra a las claras cómo se juegan las partidasde ajedrez en el siglo XXI. ¿Cuál es el proyecto de país de los Iluminati? ¿Vuelta a la economía de trueque? ¿La dieta paleolítica?

viernes, 20 de octubre de 2017

Muti

Abro la prensa argentina al azar. Leo una noticia sobre el batería del Indio Solari, que la está pasando mal.

El periodista que firma se llama Martín Muti. Solo hay una persona en el mundo que entiende lo que esto significa. Y no lo leerá.

Caminante

Ayer, durante mi paseo de la tarde, te encontré a la vera del camino. Una rosa tardía. Como la que conmovió a Antoine.

Pablo y yo cenamos juntos. Charla estupenda, profunda. Las cosas vividas durante el último año nos han unido más. Soy muy afortunado.