sábado, 12 de mayo de 2018

Lázaro

Ayer tuve un sueño dulce. Creo que nació cerca del amanecer, pero no podría asegurarlo. Mi abuelo vino a visitarme. Estaba recién afeitado y de muy buen humor. Olía a Old Spice rojo, el frasco blanco del barquito de vela.

Bebimos vodka y hablamos de la vida. A medida que bajábamos la botella nos reíamos cada vez más y terminamos cantando.

Me habló entonces de que se encontró con Gardel en 1933, recién llegado a la Argentina. El Zorzal cambió unas palabras con él porque la mina que iba de su brazo se lo quedó mirando.

¡Mirá qué churro bárbaro, Carlitos! le dijo.

No contabas con la insuperable prestancia de un oficial de la caballería polaca, pibe... El mundo de ayer.

En mi sueño mi abuelo era más joven que yo, tenía el pelo muy corto, al cero en los lados y un aspecto magnífico, de conde Vronsky ataviado con sus mejores galas. Anna, guarda!

Brillaba como una moneda nueva.

Me levanté con una sonrisa que se prologó toda la mañana. "La muerte de un ser querido es también la muerte de toda una cultura privada, personal y única que nunca volverá a existir", afirma David Grossman.

Sí. Así es. Mi abuelo es una de las personas que más he querido y respetado en este mundo. Las manos limpias, el alma buena. Sin dobleces, de una profundidad insondable en su sencillez. No tuve la oportunidad de despedirme como es debido, ni decirle cuánto lo quería.

Pero esta noche primaveral de 2018 cantamos tangos juntos. Y nos dimos un gran abrazo, real, sin medias tintas.

Sucedió así. El próximo día 30 canto tangos en La Romántica. Va por vos, abuelo del alma.

sábado, 5 de mayo de 2018

El amor en La Habana


miércoles, 2 de mayo de 2018

Decidme como es un árbol

Decidme como es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte
sin cerradura y sin llave
como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvido
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque,
digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

Marcos Ana

domingo, 29 de abril de 2018

David Mamet

Muchos de quienes sueñan con una carrera artística, quizá casi todos, se retirarán no por los muy previsibles y muy encomiados inconvenientes -la crítica, la inseguridad en el empleo, los rigores del oficio, la volubilidad del público, la posible falta de talento-, sino porque no están capacitados para una vida de autodirección. La pregunta terrorífica, para ellos, no es “¿Cómo puedo servir a mi oficio?”, ni siquiera “¿Cómo me voy a ganar la vida”, sino “¿Qué se supone que voy a hacer hoy?”.

Linda, Linda Fiorentino

Paul Newman y Linda Fiorentino. Él es un ladrón de bancos añoso -pero es Paul- que se hace pasar por víctima de una embolia para escapar de la cárcel y ella es enfermera.

Ella lo peina, lo lava, le da conversación... y es un poco bicho. No, en realidad es un prodigio de sensualidad.

Linda está con la mosca detrás de la oreja: no se cree la embolia de Paul. Se sienta encima suyo y mueve las caderas cadenciosamente, le acaricia los labios, le habla con dulzura. Lo que sea con tal de despertarlo.

Pero Paul es un profesional y en prisión ha hecho los deberes. Un buen día, Linda y su novio sacan a Paul de paseo. El joven galán siente celos ante la obsesión de la enfermera y termina por decirle:

"Pero es que no se puede ni tener una embolia sin que alguna tía se lo tome a pecho..."

La escena del baile entre Paul (él conserva esa mirada que causó estragos) y Linda en un bar de carretera, impagable.

Tengo que trabajar y ponen una con Linda Fiorentino. Así no se puede.

sábado, 28 de abril de 2018

Lledó

Emilio Lledó pertenece a una generación en la que la Universidad gozaba de prestigio. Allí se cocían las grandes cosas. Lledó, Carlos París, Aranguren, Julián Marías, García Calvo... Gente que enlazaba directamente con Unamuno y las glorias patrias del 98.

Otros tiempos. Hoy tenemos el caso Cifuentes. En general todo es un poco así: Hesíodo tenía toda la razón. A la edad de oro sigue una de plata, luego de bronce y finalmente, de caca.

Ya nadie lee, no hay debate, no hay nada. Hay Facebook e Instagram.

Gaudeamus igitur!

viernes, 27 de abril de 2018

Tango

Nací cuando ella me besó, morí el día que me abandonó.

Y viví el tiempo que me amó.

martes, 24 de abril de 2018

Dios afirma que Bach existe



Erbarme dich, mein Gott...

lunes, 23 de abril de 2018

Cantando al sol

María quería saber, aunque doliera. Oficialmente no le dijeron nada. Su hermano había sido destinado a Malvinas.

Llamó a todos los compañeros de la clase 62 y trató de localizar a alguien que supiera qué había sido de él.

"No tengo un cinco, hermana querida. No sé si vamos a volver...", decía en una carta que guardaba como un tesoro. La letra irregular, con borrones. No le gustaba el colegio: prefería montar a caballo y nadar en el mar. Y siempre estaba sonriendo. Carajo, cómo te extraño, corriendo por los médanos, remontando un barrilete rojo.

A finales de 1985 alguien le escribió. Anónimo. Habían pasado tres años largos del final de la guerra.

"Tu hermano ardió junto a otros dos compañeros en una caseta que recibió el impacto de un proyectil disparado desde el mar. Lo enterramos en un lugar que se llama Playa Bonita, un lugar hermoso. No sé si eso te sirve de algo".

El mar. La playa. Algo de todo lo que te quitaron.

María lloró sonriendo.

domingo, 15 de abril de 2018

María Celeste

Galileo Galilei, además de ser un científico extraordinario, tuvo la fortuna de mantener una relación maravillosa con una de sus hijas, conocida con el nombre de María Celeste.

Resulta admirable comprobar el grado de afecto que se profesaban mutuamente. María vivió recluida en un convento de clausura pero nunca dejó de preocuparse por su padre. Una relación exquisita. Modos y usos fenecidos, sustituidos por el vacío.
La modernidad ha dinamitado cualquier vestigio de respeto, mérito o ideales. De vivir hoy, alguien como Garcilaso de la Vega saltaría desde la fortaleza motu proprio. 
El egoísmo más estéril se ha instalado en los corazones. "Mi proyecto", "mis urgencias", "mis problemas".
A partir de una cierta edad, los síntomas se repiten: la gente empieza a tener dificultades para conciliar el sueño, se encuentra sola (aunque esté en pareja o precisamente por ello), tiene delirios con aventuras imposibles y se vuelve una carga para todo el mundo. Importuna a los amigos hablando de sí misma hasta la saciedad. Cuando el signo distintivo de la época es uno y el mismo: a nadie le ha sucedido nada digno de ser contado.
Por eso reconforta conocer relaciones de genuino afecto, donde ambas partes se interesan igualitariamente por la suerte del otro. Existen. Las hay.
Tal vez nos haga falta un telescopio con lentes pulidas por el mismísimo Galileo, martillo de imbéciles.

* Dava Sobel escribió un interesante libro sobre María Celeste titulado precisamente "La hija de Galileo".

Necrológica colectiva

Se nos van los amigos.

Su obra de escritor quedó olvidada y perdida en las mesas de los cafés, en las tertulias literarias, en los sueños de gloria y en gozar con lo que publicábamos sus amigos.

Llegó a ser multado, caso insólito, por un libro inédito de poemas, que la policía secuestró en su casa y que nunca llegó a recuperar.

Valle, Julián Marcos, Manuel Picón, Pepe Medrano. Todos ellos.

Existe una España luminosa.

Ciorán

Aquel que teme al ridículo no irá nunca muy lejos ni para bien ni para mal, permanecerá más acá de sus talentos y, aunque tenga genio, estará condenado a la mediocridad.

No merece la pena matarse: siempre lo hace uno demasiado tarde.

miércoles, 11 de abril de 2018

Siesta

En la litera de arriba descansa mi hermano. Contemplo cómo cuelga su mano. La tarde es muy espesa, húmeda. Respira pesadamente sobre el viscoso aire del Plata.

Iremos juntos al otro lado del mar. Seremos soldados de fortuna en Sicilia, besaremos las arenas rosadas de Creta. Los dos. Compartiremos amores y trenes de carga.

Doy vueltas en mi cama. No puedo dormir la siesta, nunca he podido. Algo se agita en mí más allá de las palabras, porque las palabras tienen peso propio, color, claridad.

Mi hermano retira la mano, intenta acomodarse. Hace calor.

Aún no sabe que su extraña vida llegará a su fin antes de que cumpla los treinta.

sábado, 7 de abril de 2018

Franz

Fue en Praga, una tarde gris de cuya luz ya tenía el recuerdo. Un mundo estaba a punto de desaparecer. Maestro de sí mismo, se sentó a descansar.

El Mesías llegará cuando ya no lo necesitemos.

Fue el día de la muerte de Cortázar.

sábado, 31 de marzo de 2018

El discurso

Todo arte es una forma de literatura. Álvaro de Campos, que nunca sintió el dolor de cargar con las cadenas de la existencia, estaba en lo cierto.

Nunca amó en Lisboa, porque era Lisboa.

Las palabras, los sonidos, la memoria del viento.

Todos nuestros barcos.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Astor

El verano de 1981 fue maravilloso. Un verano de libertad y de experimentación, en compañía de amigos gloriosos e innolvidables.

Ya en Buenos Aires había escuchado Adiós, Nonino. En casa estaba el disco "fundacional". Pero fue en aquel verano cuando la música de Piazzolla me impactó profundamente.

No recuerdo cómo fue la cosa, pero un matrimonio amigo aterrizó en casa de mis padres. Se acababan de conocer, pero ya se habían hecho íntimos. Esa facilidad que da el exilio y los códigos compartidos. Se trataba de Teófilo Larriera y su compañera.

Con nombre de personaje de tango, Don Teófilo, que era bastante mayor que mi padre y había vivido toda clase de aventuras, me prestó un disco de Piazzolla.

Escuchate esto, pibe.

Y no pude parar de oírlo. Hasta hoy. Piazzolla es tango, es Buenos Aires, pero también es Béla Bartók, París, Nueva York, el mundo.

Alguien que universalizó una música que quería volar más allá, de la mano de un instrumento mágico y evocador. Bandoneón, hoy es noche de fandango.

Bandoneón,
¿Para qué nombrarla tanto?
¿No ves que está de olvido el corazón
y ella vuelve noche a noche como un canto
en las notas de tu llanto,
che, bandoneón...?

Actualmente, Piazzolla resulta incontestable, pero no siempre fue así.

He aquí una entrevista, tierna y sabrosa, realizada a Oscar López Ruiz, guitarrista del quinteto Nuevo Tango que compartió años de vida y trabajo con el músico.

Fue publicada en "Página 12" y la firma Cristian Vitale.

“Astor Piazzolla era un tipo único en todo sentido”

El guitarrista, que acompañó al autor de “Adiós, Nonino” durante veinticinco años, repasa en su libro cientos de anécdotas desopilantes con el bandoneonista como protagonistas, además de reafirmar su admiración por su música “cincuenta años adelantada”.

Por Cristian Vitale

Primer acto: Astor Piazzolla se levanta a las siete de la mañana, sale a caminar por Río Hondo (Santiago del Estero) y le alquila un mono bravito a un vendedor ambulante, luego va hacia el hotel y, sin dudar, lo arroja dentro de la habitación del pobre Elvino Vardaro. El violinista se despierta cuando el mono empieza a chillar hasta que ambos, el mono y Vardaro, se largan a correr por los pasillos. Tienen que venir los bomberos para llevarse al primate, porque nadie puede parar.

Segundo acto: Astor le pide a su guitarrista, Oscar López Ruiz, que le tenga el volante del auto mientras maneja por las rutas de Córdoba; saca un rifle de caza, asoma medio cuerpo por la ventanilla y le apunta a un ciclista que, del tremendo susto, va a parar a un zanjón en medio de la banquina.

Tercer acto: Astor opinaba que el director de orquesta Francisco Lauro era un farsante. Durante un baile de carnaval, ve un gato al lado suyo, lo agarra, lo mete en el estuche del bandoneón del tipo y cuando éste lo abre para guardar su instrumento, el gato le salta en la cara. Y casi lo desfigura...

¿Cómo se llama la obra? “Yo le quería poner algo así como ‘!Este tipo es un marciano!’”, confiesa López Ruiz, quien recrea tal cantera de anécdotas bizarras “y muchas más”, protagonizadas por uno de los genios que ha dado la música argentina, en un libro que finalmente no cumplió su deseo. Terminó saliendo bajo el nombre de Loco, loco, loco.

Justo tres locos. Uno, se intuye, porque había que estarlo para hacer semejante música. Otro loco, obvio, por la última frase de la balada y el tercero, va justo con la seguidilla de hechos desopilantes que López Ruiz cuenta en varias de las casi trescientas páginas del trabajo, cuya tercera edición acaba de publicar Gourmet Musical. “Le quité algunas cosas de la original y le agregué otras, pero en general el libro es el mismo. Podría contar millones de anécdotas más con Astor, pero no voy a hacerlo porque vamos todos presos”, se ríe. “Era un tipo bravo, un atorrante, con el que he tenido el enorme placer de tocar gran parte de mi vida. La primera vez que lo escuché fue tocando ‘Tres minutos con la realidad’, en radio El Mundo y, mamita, ¡me morí! Por eso digo que era un marciano”, se explaya López Ruiz, que reeditó el volumen tras veinte años de ausencia en las librerías. “Era un marciano porque es verdad que Piazzolla estaba cincuenta años adelantado al resto de los músicos. Tocando a su lado, me di cuenta de que, modestamente, estaba contribuyendo a una historia cultural nueva”, evoca el guitarrista, que –proveniente del universo de jazz de los ‘50– se incorporó al quinteto Nuevo Tango, que completaban el citado Vardaro en violín, Kicho Díaz en contrabajo y Jaime Gosis al piano. Y persistió junto al maestro, con ciertas idas y vueltas, durante veinticinco años, y en diferentes formaciones.

–Mucho tiempo estuvieron juntos. Es raro que no lo tuteara a Piazzolla. Al menos, cuando reproduce los diálogos en el libro lo trata de usted.

–Es que yo tenía 22, 23 años cuando arranqué con él, y en esa época los pibes no tuteábamos a nuestros mayores. Y él me llevaba diecisiete. Incluso Astor solía preguntarme por qué no lo tuteaba y le respondía que no tenía importancia. La cosa daba porque al principio éramos muy amigos, pero no me salía tutearlo, la verdad.

–¿Pese al tenor y la complicidad de las travesuras que cuenta?

–(Risas.) Qué loco Astor... era una dínamo. No podía quedarse quieto un segundo. Componía y tocaba todo el tiempo, pero además hacía todas esas bromas pesadas. Por suerte no se metía conmigo porque yo no me enojaba. ¿Cuál es la gracia de meterse con alguien que no se enoja? Pero tampoco se metía con los que le paraban el carro. No era zonzo. Con Antonio Agri, por ejemplo. Recuerdo que cuando el violinista entró al grupo, su padre, que era zapatero, le había hecho unos zapatos color tomate que eran un espanto. Entonces Astor me dijo “vamos a quemarle los zapatos a Antonio”... y por supuesto me prendí. Nos hicimos una capucha como los del Ku Klux Klan, nos metimos en su habitación, y cuando nos vio, le dijo a Astor “a mí no me haga ninguna de esas joditas que suele hacer usted, porque me vuelvo de inmediato a Rosario”. Se terminaron las jodas (risas).

–Vardaro también fue violinista de Piazzolla pero, por lo que narra usted, no tuvo ni la misma suerte ni la misma actitud que Agri.

–Pobre Vardarito, no, no tuvo la misma suerte que Agri, porque tenía otro carácter. Cuando yo entré, él ya estaba viejo y enfermo, y casi no tenía ganas de tocar. Yo, por mi juventud, era un pedante jodido, y él me tenía que bancar. Cuando Piazzolla le metió el monito en habitación casi me muero de risa en serio... ¡nadie podía sacarlo! Tuvieron que llamar a los bomberos, y la pinta de Vardaro, que era delgado, bajito y medio pelado, cuando salió corriendo de la habitación en calzoncillos y se paró en el pasillo sin entender nada, fue algo indescriptible. Igual que cuando le apuntaba con el arma a los ciclistas, en la ruta. Si lo hiciera hoy, iría en cana cincuenta años, seguro.

Y así, miles de bardos. De ahí que el subtítulo del libro sea 25 años de laburo y jodas conviviendo con un genio. De laburo, porque el guitarrista también memora sobre la admiración que surgía espontánea cada vez que Astor pisaba cualquier escenario del mundo, sobre todo por parte de grandes músicos como Stan Getz, Vinicius de Moraes o Milton Nascimento. “Los músicos se morían por él en todo el mundo. Yo lo vi y lo viví”, refrenda López Ruiz. También lo vio componer gemas universales y hasta alguna vez se encontró con la sorpresa de que el marplatense criado en Nueva York le pidiera consejos. “Una vez me llamó porque estaba escribiendo un arreglo para un concurso en Venezuela y todos los temas tenían que estar compuestos con el número 3... No sé, en 3 x 8, y así. Teníamos que grabarlo, entonces llegué a la casa, y me hizo revisar la partitura para ver si estaba bien. La verdad fue que me dio una vergüenza terrible... ¡cómo le iba a revisar yo un arreglo a Piazzolla! Pero como era para instrumentos de metal, para brass, lo hice, y por supuesto me pareció precioso el arreglo”, evoca.

Sobre los veinticinco años de joda también hay mucho más. Por caso, la que sigue en boca del testigo ideal: “Una vez, estando de gira, Astor me despertó bien temprano para ir a cazar. Fuimos. Llegamos. Le pegó un tiro a un lagarto en el medio de la frente, lo subió al baúl del auto lleno de sangre, lo limpió cuando llegamos a los bungalows donde parábamos en Villa Allende, y se lo puso al lado de la cama a Héctor de Rosas, cantante del quinteto. Eso fue de antología. De Rosas, que era bastante ingenuo, se encontró con ese animal frío al lado, en su cama, y escapó gritando como un loco”, se desternilla López Ruiz, ante otra de las secuencias inolvidables. “Esa fue Córdoba, donde pasó otra también de novela: estábamos buscando la casa que tenía Vardaro en un pueblo que se llamaba Las Rosas y, como ninguno de los dos tenía ni la más mínima idea de dónde quedaba, Astor sacó una carabina a las dos de la mañana y empezó a gritar “¡Varadarooo, Vardarooooo!”, mientras tiraba tiros al aire. Empezaron a sonar las sirenas, vino la cana... Bueno, fue un infierno eso”.

–Menos gracioso tal vez fue cuando Piazzolla se peleó con Troilo, porque éste había dicho en un reportaje que lo que hacía Astor no era tango.

–Fue terrible, sí. En el libro cuento que días antes el Gordo nos había ido a ver a Tucumán 676, y no solo nos pidió que tocáramos dos veces “Adiós Nonino” sino que había llorado de emoción con la versión que habíamos hecho de “Responso”. Astor no solo lo llamó al Gordo para putearlo sino que después, en un reportaje, le preguntaron si podía tocar como Troilo y él, que era terrible, respondió que sí. Que si le enyesaban un brazo y le rompían tres dedos, podía tocar igual que Pichuco. Bravo el tipo, tanto que por eso yo le digo Luzbelito en el libro. Igual, hay que decir que se querían y se respetaban mucho. El Gordo era impresionante y Astor solía decirme que había aprendido un montón con él.

–Otra instancia picante del libro es cuando habla de la cocaína que tomaban varios tangueros, entre ellos el mismo Troilo o el pianista Osvaldo Manzi.

–Es que Pichuco lo dijo en vivo y ante todo el mundo. Eso fue en 676, sí. Recuerdo patente cuando le dijo a Astor “Gato, no sabés lo que me pasó en el biorsi... Me estaba pegando un saque, entro un punto y me vio, y le entramos a dar juntos”. Lo dijo gritando, delante de todo el mundo. Cuando lo revelé, muchos tangueros se me vinieron encima para putearme, pero eso lo sabía hasta mi nieta. ¿Quién no sabía que el Gordo se daba con un fierro y que tomaba mucho? Vamos che, era vox populi.

López Ruiz roza los 80 años. Hace cincuenta que convive con la cantante Donna Caroll, su mujer, que está sentada y callada al lado suyo. “Yo no estoy. ¿eh?”, dice y repite. Pero está y de vez en cuando le recuerda algún dato a su compañero. Por ejemplo, haber conocido a la enfermera que atendió a Evita hasta el día de su muerte y cosas por el estilo. “A Astor le importaba un carajo la política”, asocia libremente el músico. “A él lo único que le interesaba era su obra, por ella se rompía el alma, se inmolaba. No hay nada más importante que eso. Los genios tienen una cosa mesiánica con su obra, es una misión que tienen que cumplir contra viento y marea. Y en el caso de Astor era terrible, cuando me integré al quinteto era una locura, porque la mayoría de los músicos de tango se le tiraban en contra, diciendo las cosas más absurdas sobre su música. Pero a él le encantaba”.

–¿Le gustaba que lo putearan?

–Sí, porque decía que esos giles lo estaban haciendo famoso en todo el mundo (risas). Nos pasaban cosas surrealistas, en este sentido. Una vez aparecimos tocando “Contrabajeando” en la plaza de Río Hondo, para el festival de cine, y yo dije “acá nos matan”. Sin embargo, la gente humilde, esto es algo que hay que resaltar, sabe cuando alguien es auténtico y eso lo respeta. No le gustará, pero lo respeta. A Astor, la gente de las clases bajas tal vez no lo entendía pero lo respetaban. Y lo de no entenderlo, tal vez tenga que ver en cierto sentido con que los genios ven una realidad que muchos no ven, ¿no? O la ven de otra forma. Retomando su pregunta, si, le encantaba tener tantos detractores y de vez en cuando tenía un poco de nafta para agrandar el lío.

–Como el gato en el estuche del Tano Lauro.

–¡¡¡Cuando el tipo lo abrió!!! El gato se le clavó en la cara y no se lo podía sacar. Increíble. Astor fue único en todo sentido.




El galeón de Manila

Un amanecer resuelto. Mar en calma tras semanas de tormentas y travesías. La primavera quiere llegar.

Camino a los trópicos. De tu mano.

viernes, 16 de marzo de 2018

Hawking

Quitando el mundo real -el de la gente que tiene que trabajar muy duro para salir adelante-, el signo distintivo de nuestro tiempo es la tolerancia cero a la frustración.

Eso ha generado gente que no podría haber soportado las guerras mundiales, la Guerra Civil española o la posguerra. La queja está a la orden del día. No puedo esto, no me dan aquello. Una temporadita en África o en Siria y ¡como nuevos!.

A Stephen Hawking le diagnosticaron ELA con 21 años. Los médicos apenas le daban esperanzas, pero Hawking vivió hasta hace unos días y se convirtió en un científico de primera clase. Soportando una enfermedad extremadamente cruel.

Además de ser un genio en lo suyo y un gran divulgador científico, el físico británico tenía un agudísimo sentido del humor, lo que engrandece aún más su figura.

Así, por ejemplo, cuando trataba del efecto relativista de la dilatación temporal, Hawking explicaba que un pasajero que diese la vuelta al mundo en un avión envejecería unas fracciones de segundo menos que sus amigos que se hubieran quedado en tierra. “Naturalmente”, añadía, "este efecto rejuvenecedor quedaría anulado con creces por la comida que sirven en los aviones”.

Thank you very much indeed, Mr. Hawking!

martes, 13 de marzo de 2018

Barney Kessel

Barney Kessel es uno de mis músicos de jazz favoritos. Hizo sus primeras armas en la época dorada del be-bop y se convirtió en el guitarrista de sesión que todo el mundo quería contratar.

Como solista es extremadamente fino y sensible. El dominio que tiene de la guitarra es absoluto: no en vano llegaba a estudiar hasta 16 horas diarias. Su forma de improvisar es magistral, alternando líneas melódicas frescas e imaginativas con armonizaciones por sextas, terceras, progresiones de acordes, cuartas, blue notes que quitan el sentío, un manejo fascinante de la disonancia... todo ello con un nivel de contención de la destreza técnica propio de los caballeros de antaño y una naturalidad apabullante.

Como pedagogo es claro e infinitamente didáctico.

Here's that Rainy Day... para un tiempo de lluvias que no cesan. Con ustedes, Mr. Kessel!

jueves, 8 de marzo de 2018

Norte

Estoy tomando un café en el Aeroparque, mirando el río. El día es extraño, cambiante. Aunque retiren el puente y también la pasarela me verás cruzar el Ebro, mi amor, en un barquito de vela.

La chica que me atiende quiere entablar conversación. Sabe que vengo del extranjero y en la mirada tiene ese brillo, esas ganas de escapar al otro lado del mundo, de vagar por el planeta.

Salir para extrañar lo de uno, el dulce de leche, el mate, las voces, el río. Para regresar algún día siendo un completo desconocido.

Me sonríe desde la barra y baja los ojos. Debe tener unos veinte años y su mirada está limpia. Contame quién sos, cómo hiciste para sobrevivir al otro lado del mar, llevame lejos de aquí.

Si me mirás otra vez, me voy con vos.

Tranquila, hermosa. No voy a hacerte eso. Vivo rodeado de fantasmas.

Cuando volvió a mirar en dirección a mi mesa yo ya no estaba.

Voy con dirección norte, a encontrarme conmigo.

domingo, 4 de marzo de 2018

Natalia Litvinova

Natalia Litvinova es una poeta nacida en Bielorrusia. En 1996, a diez años del desastre de Chernóbil, aterrizaba en el aeropuerto de Buenos Aires junto a su familia.

Una voz poderosa y original que narra crónicas de un paisaje gélido, el inconmensurable desastre humano que supuso el colapso de la Unión Soviética.

He aquí un poema que me gusta especialmente.

El golpe justo

Mi abuelo le contó su secreto a mi padre.
vi como acercó la boca a su oreja y susurró.
quise desactivar el misterio
leyendo sus labios pero la boca miente,
aquellas palabras tenían un subsuelo.

Mi padre buscaba plazas donde correr,
era boxeador y se entrenaba para recibir golpes.
Con mi hermano solíamos acompañarlo por las noches.
En invierno patinábamos
sobre el asfalto cubierto de hielo,
masticábamos los frutos helados del serbal,
nos hacíamos los envenenados.

Mi abuelo caminaba arrastrando los pies y sin levantar la mirada del suelo,
fue soldado y lo encerraron en un calabozo lleno de barro, los pies
se le empezaron a pudrir.
Mi padre no podía dejar de correr.
Cierro los ojos y no puedo soñar, paso la noche
deslizándome por las paredes de mi habitación.

Mi hermano duerme abrazado a un oso
al que le arranqué los ojos.
Me deslicé también por la primera capa de hielo
que cubre los lagos del invierno. Los alces jóvenes
mueren allí porque no se distancian de su nacimiento.

El arte de hachar la leña para construir una isba
requiere por parte del brazo
la comprensión de la altura y de la profundidad.
Ese brazo evita que el hacha se asuste.
El golpe justo separa el pasado del futuro.

miércoles, 28 de febrero de 2018

El otro

Nadie se conoce realmente a sí mismo. Nadie debería analizarse, puesto que no sabe quién es.

jueves, 15 de febrero de 2018

Troilo y Fiorentino

Esta dupla es un clásico en las milongas. Hay compás pero también hay emoción contenida en el fraseo de Fiorentino. Una dicción impecable y una manera de enlazar cromáticamente que, como bien observó una amiga milonguera con un oído muy fino, recuerda de algún modo a los melismas del flamenco.

Garúa. En noviembre pasado puse la versión de Goyeneche, también con la orquesta de El Gordo. Ahora la misma orquesta con la voz del gran Francisco Fiorentino.

Buenos Aíres, la Reina del Plata. Agosto de 1943. La suerte de los nazis está cambiando definitivamente. Tras la batalla de Kursk comienza la carrera hacia Berlín. Sabido es que el gobierno argentino de aquel entonces coqueteaba con el Eje. Y lo hizo prácticamente hasta 1945. Aquello debía ser una Lisboa del fin del mundo. Un hervidero de espías y desesperados de toda condición.

Una ciudad, una milonga, una mina -cómo no.

Y por más que quiera odiarla, desecharla y olvidarla... la recuerdo más.

Hay que ser muy, muy hijo de puta para escribir así. Me oíste, che Cadícamo?

El Gordo pone la música. Siga el baile.

Lógica

Conversación fascinante con Pablo sobre la lógica en la Grecia Clásica. Ambos maravillados ante la profundidad y la finura del pensamiento de los filósofos que pusieron los cimientos de nuestra tradición cultural. Desayunar trenzando silogismos compartidos da gusto.

Los griegos se educaban en La Ilíada y La Odisea. Casi nada. El concepto de Hybris: inmortal.

Operar con ideas, la lógica interna del discurso, los albores de la ciencia. La elegancia del asombro a años luz del ruido ininteligible, la cacofonía de los dementes irrecuperables. Tanto loco que anda suelto.

En la raíz están todas las respuestas. Los Fabulosos 4 de Liverpool bien lo sabían... Get back, get back to where you once belonged!

Y en el silencio.

martes, 13 de febrero de 2018

Leer

Me gusta  la definición que Carlos García Gual hace de la lectura como una actividad que permite "escapar de la prisión del presente".

Vivir otras vidas. Abandonar la cárcel de lo meramente físico, la relación con lo material y la supervivencia.

Dejar de ser uno mismo aunque solo sea por unas horas. Ese ser que, por definición, aburre a las ovejas. Veganos incluidos.

domingo, 11 de febrero de 2018

Helarte


Muñeco de nieve deconstruido. Obra de arte señalada por mí. Año de Nuestro Señor MMXVIII

sábado, 10 de febrero de 2018

El amor de mi vida

Vivimos juntos toda la vida. Felices e infelices. Y espero que acabemos juntos.

Las numerosas infidelidades de ambos nunca han conseguido quebrar lo nuestro.


¿Qué es la conciencia?

Esa voz interior que nos indica que alguien puede estar viéndonos.

Faro y soledad

Para soportar el dolor de estar vivo hay que bailar.
Bailar para no estar muerto.

miércoles, 7 de febrero de 2018

El servicio doméstico del pequeño burgués

Según afirma el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, "ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose".

Concuerdo. Ahora bien, la única forma de explotación moralmente admisible es la autoexplotación. Esto excluye al personal de limpieza (esa señora que ayuda en casa y que es "como de la familia", a la que tanto se quiere y se le pagan escasos centavos para que mantenga limpios nuestros inodoros). Y de paso le dé un repasito a la conciencia del pequeño burgués.

Conozco gente de izquierdas de toda la vida que renunció a todo casándose con ricos herederos de la gauche divine y que está orgullosísima de su servicio doméstico. Qué haría yo sin María, sin Carmen, sin Herminia...

Por los pulgares. Los mismitos.

El mundo sigue muy mal repartido. Estamos rodeados de aprendices de pijo por los cuatro costados.

Nadie, ni hombre ni mujer ni lo que ustedes gusten, debería ser esclavo de nadie. Si hay algo peor que un pijo de derechas -alguien que nació por la única razón teológica de que en el mundo tiene que haber variedad- es un pijo de izquierdas, que sabe lo que se cuece en la calle, que tuvo que luchar y que tiene las herramientas para comprender la realidad.

Un traidor a su clase. Y ROMA NO PAGA TRAIDORES.

¡A las barricadas!

lunes, 5 de febrero de 2018

Mi viejo

Tarde hermosa, de nieve y claridad boreal. La tenue luz, de bosque encantado de Nemi, de los misterios del tiempo y sus servidumbres, trae recuerdos imborrables. Vividos intensamente.

Recuerdos del futuro.

1970. El estudio de fotografía. La luz roja. La radio portátil. El revelador, el fijador. Las cubetas. La ampliadora. Las cajas de papel fotográfico. 1974. Mi primera guitarra me espera. Corremos por las pistas de Ezeiza. Se nos van los amigos... 1976. El viaje a los lagos del sur. Una guitarreada infinita junto al mar. En esa fogata roja, entre médanos eternos, por primera vez una mujer arrebatadora puso sus ojos en mí. Pero el hechizo duró apenas un instante y se desvaneció en el aire cuando oí su pálida voz. "Nene... ¿me prestás la viola? Gracias, lindo". 1978. La galería Libros de Zaragoza, los relatos de Tólstoi. La nieve española en Soria. La alegría de estar juntos.

El circo "Águilas de plata" con sus lonas raídas que dejaban ver la noche estrellada.  Aquellos artistas pobres, humildes poblaron luego tus cuadros de la exposición que hiciste antes de partir de Buenos Aires. Pedrito Gaeta, que se debe eternamente al amor. La poesía de Luis Luchi, que calienta el corazón. ¡Tan condenadamente lejos de los marchantes de almas y sus infinitas miserias!

La tarde quiere irse. El viento es un caballo, óyelo cómo corre, por el mar, por el cielo. Ya viene a buscarme.

Mi hijo Pablo toca dulcemente un embriagador Nocturno de Chopin y el que suscribe orienta el velamen en dirección a poniente, atento siempre a mantener el rumbo. Feliz porque encontró la solución de la novela que está escribiendo.

Mi padre, el artista Abel Rasskin, hoy cumple años. Don Abel es una persona maravillosa, con un corazón grande y generoso. Alguien que fue a lo esencial desde muy joven, que atravesó desiertos infinitos a fuerza de coraje y talento, y que no perdió un solo instante de su preciosa vida viviendo los sueños de otro.

Que no les confunda lo de Don Abel. El viejo juega al tenis todas las semanas y es un adversario temible. Se me está ocurriendo un business. Podríamos ir recorriendo los pueblos de la Piel de Toro al estilo Paul Newman en El buscavidas... Después de todo, los dos tenemos los ojos azules. Ollos verdes son traidores, azuis son mentireiros, os negros e acastañados son firmes e verdadeiros.

Retamos a los lugareños a un par de sets, vos te movés de forma errática en los cuatro primeros juegos, yo me ocupo de las apuestas y después... cañazo. Ya está. No se hable más. Nos vamos a forrar.

Y tiene gente que lo quiere en todas partes. En las dos orillas del mundo.

Crecí rodeado de acuarianos. ¡Un escorpio del año del dragón necesita más mamparos de contención que el Lusitania!

Como los lectores de este blog me caen bien les revelaré la clave del éxito en la vida. Es muy sencilla: consiste en elegir bien a los padres.

En este sentido, he de confesar que yo nací con una escalera real de mano. Nunca he tenido que irme a baraja.

Sos un gran tipo, viejo querido. Hasta los cielos se han puesto de acuerdo para pintar los escenarios del sur pampeano de tus primeros años. Allá lejos y hace tiempo. Hoy. Siempre.

¡Brindo por vos! ¡Vamos todavía que las apuestas están 5 a 1! Ilusos... ¡se van a enterar!

Este mes definitivamente comemos con aceite.



sábado, 3 de febrero de 2018

Macedonio Fernández y el tango

La lectura de "Adriana Buenos Aires (última novela mala)" de Macedonio Fernández supuso un antes y un después en mi adolescencia.

Como la realidad imita a la literatura, en años posteriores fui encontrando similitudes destacables entre la vida que Manuel hizo en la ciudad del Plata y los avatares del protagonista de la novela.

La sempiterna presencia de la pensión, como reducto de soledad y epicentro de planes delirantes para tentar a la suerte. Fundamentalmente, para intentar que reorientara las velas. O que simplemente mostrara alguna constante vital.

Por la avenida que corre junto a la ventana de la mugrienta pensión en que vivo...

Borges admiraba intensamente a Don Macedonio, que cantó a un Buenos Aires mágico, energético, último refugio y esperanza de una nueva oportunidad para todos los perseguidos del mundo. Eneas en busca de una nueva Troya en Italia. Previa estación en las arenas de Libia para amar a la arrolladora Dido.

Él viene de la derrota y la destrucción de su hogar. No hay vuelta atrás. Ella es una diosa irresistible avant le tango. Se encuentran en las playas. Eneas es un náufrago. Dido, una reina. Y se aman con una desesperación enfermiza, animal, instintiva. Dos, tres, doce noches seguidas con sus días. Eneas sabe que debe continuar viaje. Ella se debe a su pueblo.

Después. No existe el después. Solo la intensidad y la entrega. Borrachos de sí mismos, atados sus cuerpos a esa lava ardiente que los quema, el sueño los envuelve precipitándose dulcemente desde las estrellas. Cadentia sidera somnos... hasta en latín suena a música, a bosque de hayas.

Tangazo. Si algún día tengo una milonga en propiedad se llamará "Dido y Eneas".

Rescato esta frase de Fernández sobre la música ciudadana de la cuenca del Plata: "lo único cierto es el tango, porque es lo único que en estas tierras no necesita consultar con Europa".

Hasta el pitido final todo puede cambiar, mi viejo. Solo hay que aprender a desear. Con el mismo deseo ardiente y sin esperanza con que se baila un tango con alguien desconocido. Alguien que no veremos más, que se irá de nuestra vida para siempre, que envejecerá lejos. Que tal vez nunca estuvo allí.

Y, a pesar de saberlo, se espera que la vida comience.

La vida en orsái

Febrero siempre está ligado en mi recuerdo al mar. Todos los meses de enero, papá fabricaba un calendario con dibujitos que reflejaba los días que faltaban para marchar a las playas del sur.

Diego y yo nos encargábamos de tachar los días que restaban para la partida. Bendita época, de días ferruginosos, humedades rioplatenses.

Esos viajes al mar forman parte de los días más felices de mi vida. Tuve una infancia maravillosa, acentuada por el hecho de que mis viejos eran casi contemporáneos nuestros: eran y siguen siendo unos pibes.

Lo único que realmente importa es estar junto a la gente que uno quiere. El resto, en mayor o menor medida, resulta prescindible.


jueves, 1 de febrero de 2018

Plegaria fenicia

Dioses, no me juzguéis como un dios sino como un hombre a quien ha destrozado el mar.

domingo, 28 de enero de 2018

Hombre solo

Veo amanecer en Madrid. Lentamente, la luz se va enseñoreando de los tejados. Uso sombrero de ala ancha.

Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cícerón hasta Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre.

Dueño de su destino.

domingo, 21 de enero de 2018

Carlos I del Sistema Solar


Cuando nació mi primer hijo, Carlos Sáinz ya ganaba carreras en todo el mundo. Siempre me pareció un referente de firmeza y saber hacer. Hablaba lo justo. Hacía, más que hablar. Al modo castellano.

Recuerdo haberle visto levantar trofeos mientras le daba el biberón al enano y los dos nos reíamos felices de estar vivos y juntos. No sé quién era más niño.

Ahora ha vuelto a ganar. El Dakar 2018, nada menos.

Y su hijo Carlos, una firme realidad en Fórmula 1, le escribió una carta hermosa.

Sáinz, como Nadal, representa lo mejor de España. Cada vez que estos gladiadores obtienen victorias todos nos sentimos ganadores. Por eso, querido Carlos, aunque tu familia no lo vea claro, ¡trata de arrancarlo, por Dios...!

Ole y reole, campeonazo. Estás en nuestros corazones. Abrazo enorme de otro cincuentón -al decir de los exploradores más avezados, la mejor edad de la vida para atravesar desiertos indomables-, ¡compañero del metal!

Carta de su hijo Carlos al flamante campeón de Dakar 18.

"Querido papa:

Tú que me conoces bien seguro te vas a sorprender cuando leas esta carta que hago pública con lo que te quiero decir.

Estas dos semanas tan intensas me han servido para comprender un poco cómo te sientes tú cuando yo estoy corriendo, y sinceramente me he dado cuenta de lo mal que lo debes de pasar, es mejor estar en el otro lado de la barrera. No te imaginas los nervios que han pasado mamá, Blanca y Anita. Yo intentaba no aparentarlo, pero algún puñetazo al almohadón se me ha escapado. Ha sido muy intenso.

Un par de horas después de haberte visto ganar y celebrar este Dakar, me apetece decirte lo importante e impresionante que ha sido para mí ver cómo has trabajado tan duro para conseguir, a tus 55 años, seguir teniendo las ganas, ilusión y motivación para enfrentarte a un desafío tan grande como es ir a ganar tu segundo Dakar. Podría contar mil anécdotas, pero ahora mismo recuerdo cuando yo me levantaba a entrenar a las 7.30 am para subirme en la bici dentro de la sauna y tu llevabas ahí ya 1 hora machacándote. U otras veces en las que nos poníamos los dos a contestar mails en el despacho y te he pillado diseñando al más mínimo detalle, el dibujo del taco de las ruedas Michelin que ibas a llevar en el Dakar.

Estas cosas, aunque en el momento me ría y te suelte algún vacile, quiero que sepas que son el mejor ejemplo de sacrifico y ganas de ganar que tanto a mí como a mis hermanas nos sirve para aplicarlo a todo en la vida.

Todo el mundo sabe que tu espectacular carrera deportiva también ha tenido momentos muy difíciles. Durante estos 8 años de sequía desde que ganaste en 2010 tu primer Dakar ha habido un poco de todo, abandonos por fiabilidad mecánica, accidentes, etc. Cualquier persona se hubiera dado por vencida, pero eres cabezota como tú solo y querías un segundo Dakar y sabías perfectamente que podías conseguirlo. Tú y yo sabemos que pocos esperaban volverte a ver celebrando otra victoria, pero los que te conocemos bien sabíamos que no hay reto que te propongas que no puedas conseguir. 

Papá, termino ya no te preocupes, sólo espero haber dejado claro la admiración que tus hijos tenemos por ti como persona y deportista, pero sobre todo decirte que como padre eres un ejemplo del que no paramos de aprender cada día.Qué ganas tengo de darte un abrazo!

Carlos

PD: Todo el mundo se pregunta si este va a ser el broche final a tu carrera y vas a colgar el casco (sabes que a mamá esa idea le hace muy feliz). Yo por mi parte te apoyaré y animaré en lo que decidas."

viernes, 19 de enero de 2018

O todos o ninguno

VIENTOS DEL PUEBLO
por Miguel Hernández

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

María

María vive en uno de los países más pobres del mundo, Malawi. Abandonó los hábitos hace algunos años y adoptó a 10 niños con los que tira para adelante. Diez.

Ahora ha conseguido levantar fondos para crear una guardería, un emprendimiento suyo.

María es una fuerza de la naturaleza. En octubre pasado fue operada de los ojos en Sudáfrica y vuelve a la carga. No vuelve, continúa, porque con diez niños a cuestas ya me dirás.

En este decrépito continente europeo además de egoísmos sin límite y ombliguismos recurrentes, -mi obra, mis proyectos, yo, yo y por último yo- solo se oyen quejas. No puedo hacer esto, nadie me echa una mano, no doy abasto. Gilipolleces de niños malcriados. Hemorroides en el alma.

Gente angustiada porque se acercan las fiestas, porque ya estamos en fiestas, porque se han acabado las putas fiestas y empieza la cuesta de enero, el Blue Monday, las rebajas de El Corte Inglés. Los ponía a cavar una zanja hasta Vladivostok. El vodka me lo bebo yo.

Nadie se pregunta qué puede hacer uno por el país, por su gente. Cómo se logra que no haya soledad. Hasta aquellos con fuerza e ideales la desperdician en guerras donde no es amor la empresa. Guerras para desunir, para separar, para ser más débiles si cabe. La República es un ideal para todos los españoles, no para una minoría de privilegiados. En una República Española cabemos todos. Hasta la familia real. Seguro que descubren un montón de cosas que pueden hacer en un mundo en el que no haya españoles con la Flor de Lis. Hay muchísimos sellos por catalogar después de lo de Afinsa.

Es como si la realidad nos debiera algo, por ser quienes somos. Nada menos...

Pues yo te diré lo que somos. Un putísimo pedo cósmico. De nosotros no quedarán ni las risas que provocamos en cuanto doblamos la esquina. Nada de nada. Cero absoluto.

En la Gran Bretaña -ese prodigio de solidaridad europea- acaban de crear una Secretaría de Estado de la Soledad. Luego será ministerio y, finalmente, terminará siendo la única prioridad gubernamental. He ahí el destino de Europa: vivir solo, no hacer nada por nadie y cagar fuego solo, pegado a una repugnante pantalla. Con dinero por gastar en la cuenta corriente.

Tres Marías situadas en puntos estratégicos de la antaño pujante Vieja Dama y llegábamos a Marte el año que viene.

Hay gente que merece el título de ser humano. María de Malawi es un ser humano con todas las letras. Una diosa.

Esa es mi gente. ¡A África, avante a toda señor Rasskin!


miércoles, 17 de enero de 2018

54

Un día como hoy de 1964 mis padres contrajeron matrimonio. Cuando cumplieron 50 años de casados escribí esto

50 años no es nada

Vaya como homenaje a todos los que se quieren y, a pesar de los pesares, siguen firmes al timón. En el enloquecido mundo de hoy todo invita a la disgregación. Para estar juntos durante tanto tiempo hace falta una generosidad suprema.

Y tengo para mí que la parte que cede es siempre la más inteligente.

Ole, ole y reole mis viejos.

Y ole yo mismo! Contemplando las fotos del cincuenta aniversario queda meridianamente claro, sin ambages, que siendo bebé era mucho más guapo que Paul Newman.

Después... qué importa el después.