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viernes, 15 de octubre de 2010

El odio

El odio es la ausencia de amor, su negación. No existe en cuanto tal: se define por ser una resta, la congelación de un sentimiento que genera luz. Esa es la razón por la cual quien hace del odio su motor rector se va carcomiendo por dentro, como si tuviera el peor de los cánceres. El odio, como la pena, tizna cuando estalla y se alimenta exclusivamente de sí mismo.

La ignorancia es su aliado natural, pero cuando se conjuga con el conocimiento engendra monstruos como la Alemania de Hitler, la Camboya de Pol Pot o el Japón Imperial.

En un mundo poblado por casi siete mil millones de seres humanos pronto necesitaremos varios planetas como el nuestro. O no. Ahí está Ahmadineyad, el alunado de Teherán, azuzando el fuego del odio y haciendo el juego que esperan los halcones de Israel, donde también hay alunados que plantean extender las fronteras hasta el Éufrates. Todos los perros sueltos y sin bozal.

El plan es "grandioso". Probablemente forjado en las largas paradas que hacía en el principal aeropuerto del pais. No cabe culpar exclusivamente al bueno de Mahmud de su peculiar visión del mundo: hay que tener en cuenta el endiablado tráfico de Teherán, lo mal que están algunas calles, horarios interminables. Estamos bien..., el cabo Adolfo, el taxista de Persia... Es lamentable que Scorsese rodara Taxi Driver en los años setenta: de haberla hecho hoy el papel central de Robert de Niro quedaría en entredicho y habría que rodarla en farsi. Se trata de borrar del mapa al estado judío. Muy inteligente. Un gran punto de partida para negociar una solución. "Antes de empezar a hablar contigo me gustaría que sepas, a modo de información preliminar, que pretendo borrarte del mapa". "¡Qué ilusión!" Pero desde el punto de vista práctico hay un pequeño e insignificante detalle que convendría tener en consideración: el estado de Israel se muestra escasamente inclinado a desaparecer. La invitación a que los israelíes abandonen el territorio y retornen "a sus países" -formulada en estos términos por el mandatario persa- ha tenido repercusión cero. Nadie ha visto colas en los aeropuertos o en los puertos de Israel. Nadie piensa marcharse. ¿Solución? Una guerra devastadora utilizando armamento nuclear. Espléndido. Brillante.

La eterna "cuestión judía"... El taxista de Teherán no es el primero que propone eliminarlos. Gente mucho más poderosa que él ha acabado francamente mal, digamos en el Infierno, que se parece bastante a Benidorm en pleno agosto y está habitado por clones de Belén Esteban, Esperanza Aguirre y Leire Pajín consolando a los ciudadanos y ciudadanas que hayan sido rechazados en el cielo (su madre también está). El Infierno es un plató de Antena 3 que emite las 24 horas. Siempre el mismo programa.

Es curiosa la reacción del mundo ante el tema: cuando no tenían estado ni ejército legalmente constituido y estaban esparcidos por toda Europa se les tachaba de cobardes y subhumanos. ¡Debéis luchar! decían a legiones de gentes desarmadas esparcidas por los campos de Polonia, Lituania, Rusia o a intelectuales vieneses pertrechados con sus libros y sus estilográficas. Hay una descripción de un nazi huido a Brasil que comparaba los trenes de judíos en dirección a los campos de exterminio con trenes de ganado bovino. No voy a comentar semejante afirmación. Y lucharon -como buenamente pudieron- en el levantamiento del gueto de Varsovia o en el de Bialystok, que es menos conocido pero aún más glorioso, ya que algunos sublevados lograron romper el cerco y enlazar con la vanguardia de los partisanos rusos. Con nada. Me gustaría ver qué haría cualquier padre de familia desarmado enfrentándose a las SS sin más armas que la desesperación. Pues bien, ahora tienen un estado -y demuestran en la práctica que pueden ser tan hijos de puta como cualquier hijo de vecino, es decir, como cualquier estado llámese Inglaterra, Francia, España u otro en las fases más complejas de su historia. ¡Bravo! El mundo ha logrado que la diáspora cristalice en un estado que aplica la lógica lamarckiana más estricta: sobrevivir cueste lo que cueste- se les niega el pan y la sal y se les culpa de todos los males. Ergo, hagan lo que hagan está mal. Obviamente, con esos mimbres, la desconfianza es ley. O se restablece la confianza mutua o el conflicto durará lo que tenga que durar.

No había caído en la cuenta... ¡Hace tiempo que no tenemos una guerra como Dios manda! Cincuenta, setenta, cien millones de muertos, algo con sustancia que ayude a regular el número de monosapiens sobre el planeta azul.

Paradójicamente, el terror nuclear es lo que ha evitado la repetición de la Segunda Guerra Mundial corregida y aumentada, ya que garantizaba la desaparición del mono religioso en todas sus variantes. La ciencia y la tecnología avanzaron como nunca en el periodo comprendido entre 1939 y 1945: destruir al enemigo es un poderoso afrodisíaco mental. La medicina se dio un banquete, ya que si a un cirujano se le proporcionan 500 heridos moribundos al día puede experimentar a placer hasta alcanzar una solución por simple ensayo y error. Total, ¡iban a morir de todos modos! La muerte y la doncella.

Científicos, técnicos, ingenieros, arquitectos, criptógrafos, investigadores, todos trabajando jornadas infinitas para aplastar al contrario. Con la mitad del esfuerzo y el talento puesto en el Proyecto Manhattan para fabricar la primera bomba nuclear ya habríamos curado el cáncer o resuelto el problema energético. Pero nada relaja más que hacer sufrir al enemigo.

Los campos de exterminio nazis -esos de cuya existencia se permite dudar el actual presidente de Irán- son todo un ejemplo de eficiencia. Grandes científicos pusieron todo su empeño en resolver los problemas que suscitaba la Solución Final desde un punto de vista práctico, desde Albert Speer en la logística hasta el último químico del Reich.

¡Cómo comparar el tosco sistema de camiones con el escape hacia adentro con que se exterminaban judíos en la Polonia ocupada al comienzo del proceso que puso en marcha la diabólica reunión de Wannsee con el extraordinario rendimiento del gas Zyklon B que tan feliz hacía al Führer! ¡Es que Adolfo tenía unas cosas...! Era muy suyo, sobre todo a la hora de elegir hobby. Como se dice en España, es como "comparar a Dios con el Diablo", aunque en este caso Dios no estaba en la ecuación. Estaba en otro rincón del Universo, atendiendo a otras criaturas que no se hubieran tomado tan al pie de la letra lo del libre albedrío.

Desde entonces, Corea, Vietnam, Camboya, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Ruanda y un largo etcétera, a mayor gloria del lucrativo negocio que supone vender armas y reconstruir posteriormente los escenarios devastados.

¿Estamos en 2010 de la era cristiana o en 2010 antes de Cristo en plena Edad del Bronce? Vuelve la retórica de la destrucción mutua asegurada propia de la guerra fría.

Espero, todos esperamos, que Ahmadineyad -que obviamente está en su papel y aviva el fuego interesadamente- quiera a sus hijos la mitad de lo que odia a los israelíes. También esperamos que los israelíes entren en razón, abandonen los territorios ocupados y permitan la creación de un estado palestino viable.

Ocurre como en una separación. Aunque el apartamento sea pequeño, hay que dividirlo en dos. Nadie debe sentirse agraviado.


En caso contrario, las puertas del infierno pueden estar a punto de abrirse. Y esta vez hará falta todo el Panteón para parar la hecatombe.

lunes, 31 de mayo de 2010

Qué pretende Israel

¿Qué pretende conseguir el gobierno israelí de Netanyahu con acciones como el ataque a la flota de ayuda a Gaza? ¿Azuzar los perros del odio hasta extremos intolerables? ¿Desencadenar una guerra generalizada en la zona?

Ya saldrá algún imbécil a decir que se trata de una campaña de antisemitismo de los medios europeos afines a la causa palestina. Coartada ridícula para justificar cualquier barrabasada.

¿Desde qué punto de vista, en aras de qué causa éticamente aceptable se puede justificar un ataque desigual, fundamentalmente COBARDE, como si un matón de discoteca la emprendiera a patadas con las viejas de un asilo?

¿Este es el Estado que representa a los judíos del mundo? ¿Dónde están las voces de los intelectuales y artistas judíos siempre dispuestos a denunciar la injusticia allí donde se produzca? ¿Defenderán con su silencio a un estado gobernado por la ultraderecha y la demencial lógica militarista? ¿Le darán carta blanca como en 2006 en El Líbano?

Si el único argumento del gobierno israelí es utilizar la fuerza siempre para que nadie huela el más mínimo rastro de debilidad es que el fin está cerca. Si deja de lado la razón perderá los mermados apoyos con los que cuenta. ¿Qué hará cuando todo el mundo le vuelva la espalda? ¿Lanzar bombas nucleares a diestro y siniestro?

¿Nadie cae en la cuenta de que con esta clase de acciones cualquier iluminado del mundo mulsulmán, desde Al Qaeda hasta el taxista de Teherán, pasa automáticamente a ser considerado héroe por su gente, que se acallan las voces de los moderados, que se enciende la ira ciega?

No hemos avanzado ni un milímetro. SI VIS PACEM PARA BELLUM. NEMO ME IMPUNE LACESSIT.

El gran periodista israelí Gideon Levy escribió el 18 de marzo en el diario Haaretz lo que podría ser una explicación ad hoc de por qué lo que perjudica a Israel no necesariamente contradice los designios últimos de su Gobierno. "Israel no busca seriamente la paz porque la vida del ciudadano es lo bastante buena incluso sin ella; y la ocupación no pone en peligro su futuro". Mientras el coste de mantener la ocupación de los territorios palestinos no sea mayor que el beneficio que, pretendidamente, se derive de retenerlos, no hay ningún motivo para pensar que la paz esté a la vista.

"Quien salva a un hombre, salva al mundo entero" dice el Talmud. Algo que se aplicó a valientes que arriesgando sus vidas salvaron las de muchos, como Schindler o Sanz Briz. Aquellos seres humanos que parecen dioses. Aquellos a los que a Dios le gustaría parecerse.

Pues bien, quien mata de forma cobarde, desigual, injustificada y estúpida atrae sobre sí la desgracia. Ha pasado muchas veces en la historia: volverá a ocurrir. Con acciones como ésta, propias de un gobierno fascista, troglodita e irreflexivo, Israel se acerca a las puertas del infierno.