sábado, 11 de mayo de 2013

Alfil clavado

Como el personaje de Stefan Zweig que tenía un asombroso talento para jugar al ajedrez y ningún talento para todo lo demás, ella era extraordinariamente fría.

Los silencios eran densos, gruesos. Su capacidad para dar órdenes y señalar fallos era prácticamente ilimitada. Todo estaba mal. Todo quiere decir todo. Tenía una violencia interior que necesitaba salir a tomar el aire, incluso en los contados momentos de ternura.

Casi sin darse cuenta, él se encerró cada vez más en sí mismo, tapiando las ventanas que daban al exterior. Un día mientras se afeitaba cayó en la cuenta de que no sentía.

La altruista, desinteresada amabilidad.

Punto de congelación.

Cero.

No hay comentarios: