viernes, 30 de octubre de 2009

La jueza pierde el juicio

Esto ocurrió hace aproximadamente un mes en la ciudad de Buenos Aires -remanso de paz, clínica de reposo, meliflua urbe-, República Argentina.

Las cámaras de seguridad de una oficina captan el momento en que una señora visiblemente airada va a reclamar su vehículo en los depósitos municipales. Pero lo quiere rápido. ¡¡¡Rápido!!! ¡¡¡¡¡RA-PI-DO!!!!!!!!!!!!!!! ¿Oíste?

El caso es que, como ella misma se encarga de anunciar a voz en grito, se trata de una jueza que "nunca ha pagado en la vida" y exige la inmediata devolución de su coche con una falta de educación y una prepotencia que provoca vergüenza ajena. La señora tiene pendientes decenas de multas. A partir de ahí, como cabe observar en el vídeo (dividido en dos partes, ver al final del post), se suceden una serie de despropósitos en donde destaca el autocontrol y la sangre fría de las empleadas que soportan estoicamente perlas como:

"Todas morochas (morenas)... no contratan ni a una rubia" o "Les pagan 1.200 pesos (315,80 dólares) para joder a la gente" o aún peor: "Ni se te ocurra venir a mi jurisdicción porque te meto ocho meses presa". En fin. Qué decir.

Es injustificable que nadie, por muy ofuscado que esté, trate así a otra persona, pero la indignación sube de tono al sumar el dato de que esta señora es nada menos que jueza. Alguien supuestamente equilibrado, acostumbrado a manejarse en situaciones de tensión y que tiene en sus manos el destino de la gente.

Más allá de esta primera cuestión, los comentarios discriminatorios de la jueza Parrilli ponen sobre el tapete una de las grandes desgracias de América Latina: la discriminación cotidiana hacia aquellas personas de origen amerindio, africano o mestizo.

América Latina es un lugar profundamente racista. Eso le resta fuerza en todos los órdenes. En el caso de Buenos Aires, la cosa adquiere matices dramáticos. Existe una Argentina blanca, que juega al polo, que se pasea por Europa (que saca la guita a Europa quiero decir), que le importa tres carajos el país o su gente, que vive atrincherada en sus mansiones o en sus countries y después está el resto. La Argentina que empieza en la General Paz o que al caer la noche se extiende por las calles porteñas como si fuera una mancha de aceite en busca de cartones o de basuras reciclables. Familias enteras. Pibes que no saben lo que es una escuela.

En su fantástica, hiperbólica, grandiosa, inclasificable y genial novela 2666, el malogrado escritor chileno Roberto Bolaño pone las siguientes palabras en boca de una diputada del PRI mexicano:

"Para que se haga usted una idea: con Porfirio Díaz mi familia no estaba mal, pero con el emperador Maximiliano estaba mejor, y con Iturbide, con una monarquía iturbidista sin sobresaltos e interrupciones, pues habría estado en su momento óptimo. Para mi familia, sépalo usted, los mexicanos de verdad éramos muy pocos. Trescientas familias en todo el país. Mil quinientas o dos mil personas. El resto eran indios rencorosos o blancos resentidos o seres violentos venidos de no se sabe dónde para llevar a México a la ruina. Ladrones, la mayoría. Arribistas. Vividores. Gente sin escrúpulos".

La clase media -el antiguo orgullo de la tierra del Plata- está en franca retirada y contempla atónita el desarrollo de los acontecimientos como si la cosa no fuera con ella. Si hubiera que escoger un personaje para representar a la clase media y su gallardía natural, De la Rúa sería un buen candidato.

Un país que podría dar de comer a cientos de millones de personas y que con sólo cuarenta millones de habitantes tiene problemas de desnutrición infantil..., da ganas de liarse a tiros.

¿Qué se puede esperar de una clase dirigente -ya que un máximo representante de la carrera judicial es un engranaje fundamental del Estado- que se expresa en esos términos? La esperanza está en las dos jóvenes que tuvieron que lidiar con este monstruo abisal y no perdieron la compostura ("Usted no sabe con quién está hablando..."). Si América tiene algún futuro está en ese tipo de gente.

Aquí están los links del patético Show de la Jueza Elsa Parrilli.

Parte UNO

Parte DOS

Otro tinto, por favor

Parrilli Superstar


MOMENTOS ESCOGIDOS ¡Con subtítulos!

3 comentarios:

la stessa ma altra dijo...

monstruo abisal... pobrecitos los monstruos abisales... inventémosle otro calificativo please! : )

Martin Rasskin dijo...

¿Qué tal "ángel de amor"?

la stessa ma altra dijo...

jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!preciosa indómita mujer esperanzada per ejemplo!!!! : ) : )