domingo, 26 de septiembre de 2010

Carancho


Acabo de ver una película que me parece muy buena. Se trata de "Carancho" del director argentino Pablo Trapero. Desde que vi "Mundo grúa", realizada en blanco y negro y en 16 milímetros, lo catalogué como un director con mayúsculas, un artista con personalidad y voz propia que posee un poderoso discurso audiovisual.

Pablo Trapero es una de esas personas que me reconcilian con mi país natal. Llenos de talento por los cuatro costados, recuperan una y otra vez la imagen de la gente sencilla que hace maravillas con lo que tiene. El talento se abre camino frente a todas las dificultades. Se envalentona ante ellas, se hace mucho más fuerte y más resolutivo.

Una de las pocas cosas que he aprendido en estos años es que da igual lo que tengas o no tengas. Lo que verdaderamente importa es qué carajo hace uno con lo que tiene. En todos los órdenes de la vida. Y Trapero hace cine superlativo: en la línea del genial Jacques Audiard (De battre mon coeur s'est arrêté o Un Prophète). Deben verlas si no lo han hecho ya. También cabe nombrar al realizador español Enrique Urbizu y su Caja 507. En los tres casos se trata de gente que pisa fuerte.

El personaje que interpreta Darín está de vuelta de todo, cansado hasta decir basta. Sabe cómo funciona el mundo. Sabe que lo que hace todos los días para sobrevivir es asqueroso. La inercia es lo único que lo mantiene con vida. Porteño, demasiado porteño. De la misma forma, el policía que interpreta José Coronado en la Caja 507 o la figura del director de banco que encarna Antonio Resines no pueden sino ser españoles. Sic, el protagonista de Tant de battre... (parisino de pro).

Estos tres directores no intentan parecerse a nadie. Roban, pero no copian. La diferencia es importante.

La película es REAL. Es la Argentina real -podría ser tantos lugares...- con unos tipos repugnantes que se dedican a timar a personas que han sufrido un accidente de tráfico (la reflexión inicial que hace el director sobre el número de accidentes viales en Argentina pone los pelos de punta). El timo es doble, porque se trata de cagar a las aseguradoras y mentirle a las víctimas para hacer una diferencia. Quedaste hecho bolsa, te largo el verso de que la compañía de seguros te puede dar 30.000 sopes, cobro 125.000 y me quedo con el resto. Encima vos me abrazás agradecido como si fuera tu padre. Lindo "métier". La poesía es un arma cargada de futuro.

También está la variante de los tipos que intentan engañar al seguro fingiendo un accidente preparado. La empresa ofrece asesoramiento e incluso orquesta ciertos casos. Es una empresa muy diversificada...

Ricardo Darín labura en ese sitio. El actor está 10 puntos. Más envejecido, algo entrado en carnes, pesado, como la mano de la propia película. Todos los personajes son unos soretes (cagarros se diría en español) de marca mayor. Están todos metidos en el ajo: abogados, médicos, conductores de ambulancia, la policía al más alto nivel. Todo vale. No hay "inocentes" ni boluditos. No hay "crecimiento psicológico de los personajes" ni memeces por el estilo a que nos tiene acostumbrado el cine para oligofrénicos.

Si Pablo Trapero hubiera nacido en EEUU tendría por delante el futuro de Scorsese o Coppola, pero nació en el país en donde todo se ata con alambre. Y a mucha honra. Ellos tienen el rock'n'roll y la comida basura y nosotros el tango y el asado. A ver qué preferís vos...

Carancho es genial. Vayan a verla y me cuentan (o vayan a ver la última de Julia Roberts, pero no olviden el cargamento de sobres de Almax y Alcaseltzer). Los personajes son veraces, de carne y hueso. La narrativa tiene tensión y una estructura bien elaborada. Se siente el peso de la humedad y la imposibilidad de otra vida, la asfixia de un destino que es para siempre. La atmósfera de un planeta en descomposición, cargada de amoníaco y gases innobles. Sin más vuelta de hoja. Sin falsas esperanzas. Hay una escena en la que si son capaces de mantener la vista sobre la pantalla... Bien, Trapero, carajo!!!

La actriz que intepreta el papel de médico -Martina Gusman- está fenomenal. La escena en la que se pincha en el pie en un baño de hospital lleno de desperdicios es todo un poema. Como el plano del final del combate de Darín contra su repugnante ex jefe que muestra una banderita argentina -azulunada, del color del cielo- para rematar la faena. Todo un símbolo de los que han utilizado la enseña patria para hacer cualquier barbaridad. El cana metido hasta las cejas en toda la merda... Tal cual.

Y el clímax final. Con recursos que ya utilizó Amenábar con maestría. Te tiene atornillado a la butaca. A ver de qué película de los últimos tiempos podemos decir lo mismo, eh, Tom Cruise, a vos te hablo.

Trapero, no me canso de decirlo, sos Gardel y me enorgullece que la patria dé hijos tan creativos y jugados con su profesión. Bravo, viejo. Bravo. Últimamente estábamos demasiado acostumbrados -por fuerza- a otra clase de hijos.

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