sábado, 27 de febrero de 2016

Drexler

Encuentro con Jorge Drexler en una velada de guitarras, milongas, tangos y rumbas. En plena sierra de Madrid -donde viví varios años- y con una lumbre gloriosa, mientras nevaba copiosamente. De hecho, logramos salir antes de que aquello se pusiera intransitable...

De repente, recordé un viaje totalmente loco que hice con mis padres y mi hermano Diego (Iri todavía no había nacido). Recién llegados a España. Mi viejo había hecho una exposición en Valladolid y debía transportar los cuadros a Zaragoza. Total que nos fuimos los cuatro en pleno mes de febrero a Valladolid -pasando del colegio. En el camino, antes de atravesar tierras de Soria, aquello se puso más blanco que Doctor Zhivago, la furgoneta patinó y nos quedamos enterrados en la nieve. Estuvimos tirados un tiempo hasta que apareció una cuadrilla de castellanos que bien podrían haber ganado la Guerra Civil ellos solos. "A ver.... vamos a ver...", gritaban y discutían entre sí. A base de pala y hombro sacaron el vehículo y pudimos regresar a Valladolid ya que el paso estaba cerrado. Para nosotros, inconscientes, todo aquello fue una gran aventura. En Buenos Aires nevó por última vez en 1927... aún faltaban 8 años para la muerte de Gardel.

Considero al uruguayo un autor de gran talento. Un tipo fino.

Coincidimos en nuestra incondicional admiración por Chico Buarque y ambos pensamos que su "Construcción" (Construçao) es una de las mejores canciones que existen. Ahí es nada. Qué cosa tan extraña coincidir en ese tema. "Construcción" narra en tres versiones diferentes, jugando con las palabras con gran maestría, la muerte de un albañil que se precipita desde lo alto, que muere de contramano y entorpece el tráfico de un sábado. La gente prescindible, la que no le importa a nadie. En los 70-80, Olga Manzano y Manuel Picón también repararon en ese tema y hacían una versión preciosa.

Del extenso repertorio de Drexler comparto con ustedes "Memoria del cuero". Una canción que me toca especialmente y que dedico a todos los que no somos de ninguna parte y, por tanto, somos ciudadanos del mundo. Como debería ser para todos en esta nueva época de persecuciones, fronteras, refugiados, niños que se pierden en el mar e hijos de una gran puta a los que el sufrimiento humano les importa poco y nada.


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