Al hablar de la energía nuclear con los especialistas en el tema, la conversación suele entrar en un callejón sin salida cuando estos afirman que para sostener el nivel de consumo energético actual necesitamos nucleares sí o sí. Además, defienden que utilizando nucleares no se emite CO2 a la atmósfera. Es decir, se considera un mal necesario. Como si Chernóbil y Fukushima fueran un peaje a pagar en nombre del progreso. Por no hablar de los residuos...
Si se consulta el periódico español El Mundo en su edición de hoy podemos contemplar un ejemplo de manipulación de la información de manual. Nuestros inefables amigos de la derechona anuncian la medida de Alemania con el siguiente titular: "La factura eléctrica del usuario alemán subirá un 6% por el apagón nuclear". Está claro qué intereses representan.
Hace escasos días Suiza anunciaba que prescindía del uso de la energía nuclear. Ahora es Alemania quien da el siguiente paso, anunciando el apagón nuclear para dentro de 10 años. Estamos hablando de la superpotencia industrial de la Unión Europea, la gran locomotora económica. Si puede hacerlo Alemania ¿por qué no va poder hacerlo Francia, que cuenta con más de 50 centrales en activo o España, que apenas tiene 8?
Si Alemania renuncia voluntariamente al uso civil de esta clase de energía, ¿cuáles son los argumentos de los pronucleares para mantener su utilización en otros países? ¿No tendría más sentido impulsar la investigación en el uso masivo de un mix de tecnologías renovables y poner en marcha proyectos como el que hace poco presentaba Audi para aprovechar al máximo la energía eólica? Obviamente, todo esto acompañado de una reeducación, racionalización y fuerte reducción del consumo.
Parece que se puede vivir sin nucleares. Otra cosa es si los intereses económicos de los grandes grupos de poder nos van a dejar hacerlo. El ejemplo de Alemania marca el camino.
Merkel ha arrancado a sus socios liberales un acuerdo para fijar en 2021 el apagón nuclear alemán, tal y como había aconsejado la Comisión Ética en su informe definitivo y situándose así a la cabeza de la acometida contra una Bastilla energética que de todas formas iba a ser tomada con o sin la canciller alemana.
Unos 160.000 manifestantes se han lanzado de nuevo este fin de semana a las calles exigiendo la desconexión inmediata de los 17 reactores nucleares alemanes. Merkel ha conseguido el apoyo de todos los líderes regionales de su partido, un hecho que pocos hubiesen vaticinado hace sólo unos meses, para llevar a cabo un abandono acelerado de la energía nuclear. Y también ha salvado los obstáculos de última hora que habían surgido en la coalición con los liberales, que acababan de renovar su directiva y cuyos nuevos líderes deseaban distanciarse de la aventura antinuclear.
A cambio de la renuncia al "corredor temporal" que proponían, la canciller ha incluido una cláusula de escape que permitirá dar marcha atrás al proyecto en caso de crisis energética y ha accedido a dejar dos centrales nucleares en la reserva, en situación de 'stand by'. Ahora falta saber qué han acordado para la financiación del proyecto. Los costes del apagón, según un informe interno del partido de Merkel, la CDU, filtrado a la prensa, ascenderán a 40.000 millones de euros.
Los efectos del apagón
Además del coste que asumirá el Estado, están los que calculan las empresas del sector y que algunas de ellas tratan de contrarrestar a marchas forzadas. RWE, por ejemplo, ha decidido a toda prisa la inversión de 5.000 millones de euros para la construcción de una central nuclear en Seeland, Holanda, a escasos 200 kilómetros de la frontera alemana, para producir desde allí energía atómica con objeto de exportarla hacia Alemania.
Sin este tipo de aportaciones externas, y a pesar de la poderosa inversión que planea inyectar el gobierno alemán en el mercado de las renovables, hay quien cree que Alemania sufrirá, en cuando sigan desconectándose reactores, cortes eléctricos y problemas de suministro. Eso es lo que mantiene Reiner Brüderle, hasta hace unos días ministro de Economía y que acaba de pasar a la reserva del Partido Liberal. El Instituto de Investigación Económica, sin embargo, predice que Alemania se convertirá en líder mundial en renovables y que obtendrá además efectos económicos muy positivos.
Los expertos del DIW calculan que la posición de vanguardia que el apagón nuclear obligará a asumir a este país en nivel tecnológico en energías limpias se traducirá en un aumento adicional del 3% del PIB, tras comprobar que sólo el impulso de la demanda de energías renovables del año pasado generó un volumen de negocio de 35.500 millones de euros, además de la creación de 370.000 empleos.
El consumidor, por su parte, cargará con un aumento del 6% en la factura energética además de un alza del 9% en la emisión de gases de efecto invernadero, que supondrá unos 26 millones de toneladas más al año, debido a que las plantas que producen energía eléctrica a base de gas y carbón tendrían que incrementar su producción para compensar el faltante a causa de la desconexión de las plantas nucleares.
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lunes, 30 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
Suiza decide abandonar la energía nuclear
Confirmado. Hay vida inteligente, ¡y en el propio planeta Tierra!
El Gobierno federal suizo ha decidido hoy poner fin a la energía nuclear. Las cinco centrales del país se irán desmantelando de forma progresiva hasta que en 2034 desaparezca la última.
La decisión del Ejecutivo era muy esperada después de lo ocurrido en la central de Fukushima, en Japón. Pocos días después de la tragedia, la ministra de Energía, Doris Leuthard, anunció una moratoria sobre las tres centrales pendientes de construir en el país y avanzó que el Gobierno analizaría el futuro de la energía nuclear y de las cinco plantas existentes.
La Confederación Helvética es uno de los países europeos con mayor uso de energía nuclear: el 40% del total. El país alpino tiene un riesgo "moderado" de seísmos, aunque en el caso de ciudades como Basilea es más elevado. Los expertos temen que un temblor en el país alpino, que podría alcanzar el nivel 7 en la escala de Richter, podría producir también tsunamis en los grandes lagos del país.
El primer reactor en detenerse será el de Beznau (al norte del país) en 2019. Precisamente, allí el domingo pasado más de 20.000 personas llegadas de todos los cantones se manifestaron contra las centrales nucleares. Fue la mayor manifestación contra este tipo de energía en el país en 25 años.
Un abandono con un alto coste
El abandono progresivo de la energía nuclear costará a los suizos entre 2.200 y 3.800 millones de francos (entre 1.800 y 3.100 millones de euros), según estimaciones del Gobierno.
Para sustituir el gran volumen de energía que actualmente producen las centrales nucleares, el Ejecutivo planea incrementar las renovables, la hidroeléctrica, la cogeneración por calor así como las centrales de gas de ciclo combinado.
El efecto dominó de Fukushima
Después de la crisis nuclear de Japón, varios países europeos se han replanteado su política respecto a este tipo de energía. En Alemania, le costó la región de Baden-Württenberg a Angela Merkel y, el 6 de junio, se decidirá el futuro de la política nuclear germana en referéndum.
Por su parte, Italia, que regresó a la energía nuclear en 2009, ha paralizado su nueva política y también someterá a votación popular esta cuestión el 12 y 13 de junio.
El Gobierno federal suizo ha decidido hoy poner fin a la energía nuclear. Las cinco centrales del país se irán desmantelando de forma progresiva hasta que en 2034 desaparezca la última.
La decisión del Ejecutivo era muy esperada después de lo ocurrido en la central de Fukushima, en Japón. Pocos días después de la tragedia, la ministra de Energía, Doris Leuthard, anunció una moratoria sobre las tres centrales pendientes de construir en el país y avanzó que el Gobierno analizaría el futuro de la energía nuclear y de las cinco plantas existentes.
La Confederación Helvética es uno de los países europeos con mayor uso de energía nuclear: el 40% del total. El país alpino tiene un riesgo "moderado" de seísmos, aunque en el caso de ciudades como Basilea es más elevado. Los expertos temen que un temblor en el país alpino, que podría alcanzar el nivel 7 en la escala de Richter, podría producir también tsunamis en los grandes lagos del país.
El primer reactor en detenerse será el de Beznau (al norte del país) en 2019. Precisamente, allí el domingo pasado más de 20.000 personas llegadas de todos los cantones se manifestaron contra las centrales nucleares. Fue la mayor manifestación contra este tipo de energía en el país en 25 años.
Un abandono con un alto coste
El abandono progresivo de la energía nuclear costará a los suizos entre 2.200 y 3.800 millones de francos (entre 1.800 y 3.100 millones de euros), según estimaciones del Gobierno.
Para sustituir el gran volumen de energía que actualmente producen las centrales nucleares, el Ejecutivo planea incrementar las renovables, la hidroeléctrica, la cogeneración por calor así como las centrales de gas de ciclo combinado.
El efecto dominó de Fukushima
Después de la crisis nuclear de Japón, varios países europeos se han replanteado su política respecto a este tipo de energía. En Alemania, le costó la región de Baden-Württenberg a Angela Merkel y, el 6 de junio, se decidirá el futuro de la política nuclear germana en referéndum.
Por su parte, Italia, que regresó a la energía nuclear en 2009, ha paralizado su nueva política y también someterá a votación popular esta cuestión el 12 y 13 de junio.
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viernes, 1 de abril de 2011
Los liquidadores de Fukushima son conscientes de que van a morir
En la central nuclear de Fukushima se está desarrollando un drama humano que nos toca a todos. Se trata de los héroes de Japón, operarios que van a sacrificar sus vidas en beneficio de la comunidad. Una suerte de kamikazes -esta vez no para destruir, sino para salvar vidas- del nuevo siglo por los que no se puede sentir sino respeto y admiración.
Ya empiezan a detectarse partículas radioactivas en diversas partes del globo. La leche en los EEUU, pequeñas concentraciones en España. Sí, premio, Mr. Burns! La atmósfera terrestre es sólo una. Si después de esta clase de experiencias el mundo sigue utilizando la energía nuclear, entonces la humanidad no tiene remedio. Probablemente, en las zonas de exclusión de Chernóbil y de Fukushima hay suficiente espacio para instalar a todos los suicidas pronucleares del planeta.
Lo tienen claro. Saben cuál va a ser su futuro o por lo menos se lo imaginan. Los 300 trabajadores, entre bomberos y personal, que desde el pasado 11 de marzo trabajan en turnos rotatorios de 50 para atajar la crisis de la central de Fukushima sólo "esperan morir" ante los altos niveles de radiación a los que han estado y están expuestos.
La madre de uno de estos 'liquidadores' ha confesado al diario británico 'The Daily Telegraph' que su hijo y el resto de trabajadores se han reunido y han discutido sobre su situación llegando a la conclusión que su única posibilidad es la muerte.
"Mi hijo y sus colegas han analizado detenidamente su situación y se han resignado a morir si es necesario a largo plazo", ha afirmado la mujer.
Además, una serie de mails, revelados por la prensa y que fueron enviados por los 'liquidadores' a sus familias revelan las extremas condiciones en las que se encuentran.
"Llorar es inútil. Si estamos en el infierno ahora todo lo que se puede hacer es trepar hasta el cielo. Por favor, tengan cuidado con la fuerza oculta de la energía nuclear. Me aseguraré de que vayamos a recuperarnos", registra uno de los correos.
"Llevamos en los trabajos de reparación desde que ocurrió el terremoto (...) La ciudad en la que vivo, Namie-machi, fue arrasada por el tsunami. Mis padres fueron arrastrados por el tsunami y aún no sé dónde están (...) Estoy encadenado en un trabajo extremadamente duro bajo estas condiciones mentales. ¡No puedo más!", se angustia otro empleado en Fukushima.
Mientras los conocidos en Japón como los 'samurais de Fukushima' temen por su vida, la empresa dueña de la central, Tepco, ha anunciado que debido a la escasez de medidores con los que se cuenta en la central se ha decidido reducir el número de personas que trabajan en la planta.
Ante esta situación, la empresa ha anunciado que "hasta que no haya uno para cada trabajador, van a reducir el número de ellos que trabajan en la planta". En declaraciones a NHK, uno de los trabajadores que ya ha abandonado Fukushima afirmó que sólo hay uno o dos medidores por cada grupo de trabajo, con lo que no siempre puedes medir a cuánta radiación estás expuesto.
Así, sólo los jefes de las cuadrillas cuentan con un medidor, lo que aumenta el riesgo de exposición del resto de trabajadores. De hecho, unos 180 han tenido que trabajar sin esta máquina durante todo un día.
Esta semana se revelaba las condiciones extremas en las que viven estos samurais con tan sólo dos comidas al día y durmiendo cubiertos por una capa de plomo y una manta en cualquier instancia de la central.
Los temores sobre posibles fugas en la planta aumentó después de que se hallará restos de yodo radiactivo en el agua de mar en niveles que superan 4.385 veces el límite legal. Además, la contaminación radiactiva en el agua subterránea debajo del reactor 2 está 10.000 veces por encima de la normativa sanitaria del Gobierno.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dijo que los límites seguros de radiactividad se habían superado en un radio de hasta 25 kilómetros de distancia de la planta, e instó al Gobierno a reconsiderar su zona de exclusión que ahora está en 20 kilómetros.
Varias pruebas realizadas por el organismo en la aldea de Iitate, 25 kilómetros al noroeste de Fukushima, mostraron lecturas dos veces superiores a los niveles en que la agencia recomienda evacuación. Sin embargo Naoto Kan, el primer ministro, dijo que no había planes para ampliar la zona de los actuales 20 kilómetros.
Ya empiezan a detectarse partículas radioactivas en diversas partes del globo. La leche en los EEUU, pequeñas concentraciones en España. Sí, premio, Mr. Burns! La atmósfera terrestre es sólo una. Si después de esta clase de experiencias el mundo sigue utilizando la energía nuclear, entonces la humanidad no tiene remedio. Probablemente, en las zonas de exclusión de Chernóbil y de Fukushima hay suficiente espacio para instalar a todos los suicidas pronucleares del planeta.
Lo tienen claro. Saben cuál va a ser su futuro o por lo menos se lo imaginan. Los 300 trabajadores, entre bomberos y personal, que desde el pasado 11 de marzo trabajan en turnos rotatorios de 50 para atajar la crisis de la central de Fukushima sólo "esperan morir" ante los altos niveles de radiación a los que han estado y están expuestos.
La madre de uno de estos 'liquidadores' ha confesado al diario británico 'The Daily Telegraph' que su hijo y el resto de trabajadores se han reunido y han discutido sobre su situación llegando a la conclusión que su única posibilidad es la muerte.
"Mi hijo y sus colegas han analizado detenidamente su situación y se han resignado a morir si es necesario a largo plazo", ha afirmado la mujer.
Además, una serie de mails, revelados por la prensa y que fueron enviados por los 'liquidadores' a sus familias revelan las extremas condiciones en las que se encuentran.
"Llorar es inútil. Si estamos en el infierno ahora todo lo que se puede hacer es trepar hasta el cielo. Por favor, tengan cuidado con la fuerza oculta de la energía nuclear. Me aseguraré de que vayamos a recuperarnos", registra uno de los correos.
"Llevamos en los trabajos de reparación desde que ocurrió el terremoto (...) La ciudad en la que vivo, Namie-machi, fue arrasada por el tsunami. Mis padres fueron arrastrados por el tsunami y aún no sé dónde están (...) Estoy encadenado en un trabajo extremadamente duro bajo estas condiciones mentales. ¡No puedo más!", se angustia otro empleado en Fukushima.
Mientras los conocidos en Japón como los 'samurais de Fukushima' temen por su vida, la empresa dueña de la central, Tepco, ha anunciado que debido a la escasez de medidores con los que se cuenta en la central se ha decidido reducir el número de personas que trabajan en la planta.
Ante esta situación, la empresa ha anunciado que "hasta que no haya uno para cada trabajador, van a reducir el número de ellos que trabajan en la planta". En declaraciones a NHK, uno de los trabajadores que ya ha abandonado Fukushima afirmó que sólo hay uno o dos medidores por cada grupo de trabajo, con lo que no siempre puedes medir a cuánta radiación estás expuesto.
Así, sólo los jefes de las cuadrillas cuentan con un medidor, lo que aumenta el riesgo de exposición del resto de trabajadores. De hecho, unos 180 han tenido que trabajar sin esta máquina durante todo un día.
Esta semana se revelaba las condiciones extremas en las que viven estos samurais con tan sólo dos comidas al día y durmiendo cubiertos por una capa de plomo y una manta en cualquier instancia de la central.
Los temores sobre posibles fugas en la planta aumentó después de que se hallará restos de yodo radiactivo en el agua de mar en niveles que superan 4.385 veces el límite legal. Además, la contaminación radiactiva en el agua subterránea debajo del reactor 2 está 10.000 veces por encima de la normativa sanitaria del Gobierno.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dijo que los límites seguros de radiactividad se habían superado en un radio de hasta 25 kilómetros de distancia de la planta, e instó al Gobierno a reconsiderar su zona de exclusión que ahora está en 20 kilómetros.
Varias pruebas realizadas por el organismo en la aldea de Iitate, 25 kilómetros al noroeste de Fukushima, mostraron lecturas dos veces superiores a los niveles en que la agencia recomienda evacuación. Sin embargo Naoto Kan, el primer ministro, dijo que no había planes para ampliar la zona de los actuales 20 kilómetros.
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martes, 22 de marzo de 2011
El futuro de la energía
En el futuro, el suministro energético mundial dependerá de las energías renovables. La afirmación es tan cierta como imprecisa. Más cierta, si cabe, tras el desastre de la central nuclear de Fukushima en Japón. Pero nadie, ningún experto, ningún Gobierno, sabe cuánto tiempo va a llevar sustituir la energía nuclear y los combustibles fósiles -cada vez más caros, cada vez más escasos y siempre contaminantes- por energías limpias. Eso sí, nadie duda de que va a suceder. Porque los pasos en esa dirección se suceden. La Unión Europea (UE), por ejemplo, ha aprobado que en 2020 el 20% de la energía consumida sea limpia, renovable. Ello supone que, en el caso de la producción eléctrica, en torno al 40% de la generación provenga de los parques eólicos (on shore y off shore), las presas hidráulicas, los parques fotovoltaicos y las instalaciones termosolares, principalmente.
También la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe World Energy Outlook 2010 empuja en esa dirección. Evitar el calentamiento global peligroso, en el horizonte de 2030, sostiene, requerirá mejorar en un 60% la eficiencia en el uso final de la energía; alcanzar el 20% de energías renovables en el consumo; mantener un 10% de energía nuclear y lograr un 10% en la captura y secuestro de carbono.
En este contexto, la alerta nuclear decretada en Japón, tras el terromoto de magnitud 9 y el posterior tsunami que destrozó la central nuclear de Fukushima, no ha hecho sino reforzar la idea de que el futuro será energéticamente limpio o no será. La energía nuclear, de gran relevancia en muchos países desarrollados (en España aporta en torno al 19% de la producción eléctrica), ha demostrado, pese a que muchos lo suavizan, que es vulnerable. Puede convertirse en el no problem más grande de la historia, según la frase de los años cincuenta atribuida a un experto estadounidense y referida a los residuos que genera.
El responsable de la Fundación Renovables, Javier García Breva, lo resume así: "No se puede asumir la maduración de una tecnología, como la nuclear, a base de desastres", dice. Así pues, habrá parón nuclear.
Sin duda, es la hora de las renovables. Es un hecho que pone a todos los Gobiernos, a las empresas y a los partidos políticos en una encrucijada. Porque como la industria nuclear asumió en los años ochenta, "un accidente en una central nuclear en cualquier país es un accidente en todos los países".
En el caso de España, con un tercio de la producción eléctrica de origen renovable, esa encrucijada es especialmente evidente. Las miradas se vuelven hacia las energías limpias justo cuando el Gobierno ha decidido recortar las subvenciones a las renovables para sujetar el llamado déficit tarifario eléctrico, camino de los 20.000 millones. Sucede justo también cuando la presión de las grandes empresas energéticas había logrado eliminar, mediante una enmienda a la Ley de Economía Sostenible, cualquier referencia a los 40 años como límite de la vida útil de las centrales nucleares.
Al Gobierno español, como a algunas empresas, la alarma nuclear en Japón le ha pillado con el paso cambiado. Apenas unos meses atrás (diciembre de 2010), el Ejecutivo, en un gesto de ajuste a la realidad, había decidido recortar costes por decreto en el sector eléctrico. En una decisión muy discutida, incluso por Bruselas, el Ministerio de Industria recortó un 30% las primas a los huertos solares para ahorrar 2.220 millones de euros en tres años. Además, estableció un nuevo peaje para las empresas generadoras de 0,5 euros por megavatio-hora producido y extendió medio año, hasta 2013, el llamado bono social, cuyo coste -150 millones- asumen las compañías eléctricas para no subir la luz a los colectivos más desfavorecidos.
El decreto, contrastado, tamizado, discutido y aceptado con y por el sector, preveía también que las empresas costearan, con 670 millones en tres años, el desarrollo de los planes de ahorro y eficiencia energética que hasta ahora se apoyaban en la tarifa eléctrica. A la luz de lo sucedido tras el terremoto en Japón, todo parece un tanto irreal. De pronto, lo que parecía caro y prescindible, adquiere importancia. Y lo que parecía indiscutible y asentado, pierde posiciones. El ministro de Industria, Miguel Sebastián fue muy claro ayer mismo: "Si las centrales nucleares no superan las pruebas habrá que prescindir de su actividad", dijo al término de una reunión extraordinaria de responsables de Energía de la UE.
Tras el desastre de Fukushima, la decisión de Alemania de desconectar las siete centrales nucleares más antiguas del paísy la paralización del programa nuclear chino ha llevado a muchos analistas a considerar la posibilidad de que se produzca un parón nuclear en toda regla. Si se produce, tendrá lugar en el momento en que la industria atómica preparaba su despegue. Pero está por ver. También con ocasión del gran vertido de petróleo de BP frente a las costas de EE UU se habló de un antes y después de la industria del petróleo.
En España, los documentos del Foro Nuclear, la asociación que agrupa a las empresas que operan en el sector, habían calificado el periodo 2000-2030 como el de la "reintroducción y consolidación" de la industria. Una reintroducción necesaria tras lo sucedido en Estados Unidos en 1979 (accidente de Three Miles Island) que dio lugar, según los documentos del Foro Nuclear, a una etapa de "radiofobia social y estancamiento" acentuada por la explosión de la central de Chernóbil (Ucrania) en 1986.
Las grandes empresas eléctricas españolas operan seis centrales nucleares, todas ellas en la península. Dos plantas disponen de dos reactores cada una (Almaraz y Ascó), por lo que suman ocho reactores de agua ligera, con una potencia total instalada de 7.728 MWe. Con ese parque, las dos compañías de mayor tamaño, Endesa (propiedad del grupo italiano Enel) e Iberdrola, han tomado posiciones en lo que todavía suponen que será una gran negocio: el desarrollo nuclear. Endesa comunicó, hace apenas unos días, la firma de un acuerdo con la compañía estadounidense Westinghouse (fabricante de la mitad de los reactores en funcionamiento en el mundo) para entrenar y formar personal ante posibles nuevos proyectos nucleares. Proyectos, recogía expresamente el comunicado, que podrían extenderse también a España. Iberdrola, por su parte, tiene también tomadas posiciones en los planes del Gobierno de Reino Unido para construir nuevas plantas.
En España, la presión solo ha llegado, de momento, a la eliminación de los 40 años como límite de funcionamiento de una central y al cuestionamiento del cierre de la central de Garoña en 2013. Por supuesto, todas las demandas del sector tienen el respaldo de lo que el Foro Nuclear define como "instituciones internacionales relevantes". De la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a la Agencia Internacional de la Energía, pasando por la OCDE, existen toda clase de informes y documentos en los que se aconseja a los Gobiernos integrar la energía nuclear en sus parques de generación. Todo eso está ahora en cuestión. La seguridad de las centrales nucleares se va a revisar en todos los países mientras el mundo aguanta la respiración ante cada nueva vaharada en la central japonesa.
Hay mucha desconfianza ante una industria que, aunque ha hecho grandes esfuerzos en los últimos años por aparecer como más transparente, aún da para narrar detalles curiosos. Dos ejemplos: los residuos nucleares se contabilizan como "bultos" y las estadísticas sobre radiación de los trabajadores de las centrales se publican y comparan como dosis "colectivas". Los "bultos" radiactivos, de los que en España se produjeron 3.914 en 2009, se definen por la industria como "embalajes con su contenido radiactivo, tal y como se presentan para su transporte y almacenamiento". Las llamadas dosis "colectivas", por su parte, son "dosis efectivas, equivalentes o comprometidas que recibe el conjunto [de empleados]. Se mide en sv-persona (sievert, unidad de radiación) y se obtiene sumando las dosis recibidas por cada uno de los miembros del conjunto".
A la industria nuclear, señalan los organizaciones ecologistas, antinucleares y las asociaciones de renovables, le queda mucho camino que recorrer para explicar su actividad, su rentabilidad económica y social y sus verdaderos costes. "Lo que habría que destacar", señala García Breva, "es que en España, por mucho que se diga, sobra capacidad de generación y podría plantearse, sin ningún problema, el cierre programado de las centrales". Los datos en los que basa sus afirmaciones son rotundos: la punta de demanda registrada en España ronda los 44.000 Megavatios, mientras que la potencia instalada supera los 100.000 Megavatios.
Tanto para García Breva, como para el exdirector de Greenpeace España, Juan López de Uralde (fundador de Equo), el futuro solo puede ser renovable. López de Uralde, en los foros en los que participa, sostiene que "el coste de un modelo energético 100% renovable no sería superior al de un modelo convencional". Puede parecer una utopía, pero el planteamiento de un modelo renovable 100% cuenta con el apoyo y el respaldo de estudios como los del Instituto de Investigación Tecnológica (ITT) de la Universidad de Comillas -Modelo 100% renovable para el Sistema Eléctrico Español-; documentos de la Fundación Ideas (vinculada al PSOE) e informes como los elaborados por el Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama).
El debate se calienta mientras sube el precio del gas y del carbón; las empresas con activos renovables suben en Bolsa; baja el precio del uranio y aumenta la volatilidad en el mercado del crudo. Apuntando a las nucleares, desde la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) se destaca: "Si todas las energías internalizaran sus costes externos, las renovables competiríamos con ventaja en el mercado". Mientras el debate se despeja, se puede trabajar en mejorar lo que existe. Es la receta que viene defendiendo Red Eléctrica de España (REE): iniciativas para mejorar la gestión de la demanda, lograr un consumo más eficiente y flexibilizar la demanda. ¿Cómo? Más bombeo (almacenamiento de agua), más interconexiones y más coche eléctrico.
También la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe World Energy Outlook 2010 empuja en esa dirección. Evitar el calentamiento global peligroso, en el horizonte de 2030, sostiene, requerirá mejorar en un 60% la eficiencia en el uso final de la energía; alcanzar el 20% de energías renovables en el consumo; mantener un 10% de energía nuclear y lograr un 10% en la captura y secuestro de carbono.
En este contexto, la alerta nuclear decretada en Japón, tras el terromoto de magnitud 9 y el posterior tsunami que destrozó la central nuclear de Fukushima, no ha hecho sino reforzar la idea de que el futuro será energéticamente limpio o no será. La energía nuclear, de gran relevancia en muchos países desarrollados (en España aporta en torno al 19% de la producción eléctrica), ha demostrado, pese a que muchos lo suavizan, que es vulnerable. Puede convertirse en el no problem más grande de la historia, según la frase de los años cincuenta atribuida a un experto estadounidense y referida a los residuos que genera.
El responsable de la Fundación Renovables, Javier García Breva, lo resume así: "No se puede asumir la maduración de una tecnología, como la nuclear, a base de desastres", dice. Así pues, habrá parón nuclear.
Sin duda, es la hora de las renovables. Es un hecho que pone a todos los Gobiernos, a las empresas y a los partidos políticos en una encrucijada. Porque como la industria nuclear asumió en los años ochenta, "un accidente en una central nuclear en cualquier país es un accidente en todos los países".
En el caso de España, con un tercio de la producción eléctrica de origen renovable, esa encrucijada es especialmente evidente. Las miradas se vuelven hacia las energías limpias justo cuando el Gobierno ha decidido recortar las subvenciones a las renovables para sujetar el llamado déficit tarifario eléctrico, camino de los 20.000 millones. Sucede justo también cuando la presión de las grandes empresas energéticas había logrado eliminar, mediante una enmienda a la Ley de Economía Sostenible, cualquier referencia a los 40 años como límite de la vida útil de las centrales nucleares.
Al Gobierno español, como a algunas empresas, la alarma nuclear en Japón le ha pillado con el paso cambiado. Apenas unos meses atrás (diciembre de 2010), el Ejecutivo, en un gesto de ajuste a la realidad, había decidido recortar costes por decreto en el sector eléctrico. En una decisión muy discutida, incluso por Bruselas, el Ministerio de Industria recortó un 30% las primas a los huertos solares para ahorrar 2.220 millones de euros en tres años. Además, estableció un nuevo peaje para las empresas generadoras de 0,5 euros por megavatio-hora producido y extendió medio año, hasta 2013, el llamado bono social, cuyo coste -150 millones- asumen las compañías eléctricas para no subir la luz a los colectivos más desfavorecidos.
El decreto, contrastado, tamizado, discutido y aceptado con y por el sector, preveía también que las empresas costearan, con 670 millones en tres años, el desarrollo de los planes de ahorro y eficiencia energética que hasta ahora se apoyaban en la tarifa eléctrica. A la luz de lo sucedido tras el terremoto en Japón, todo parece un tanto irreal. De pronto, lo que parecía caro y prescindible, adquiere importancia. Y lo que parecía indiscutible y asentado, pierde posiciones. El ministro de Industria, Miguel Sebastián fue muy claro ayer mismo: "Si las centrales nucleares no superan las pruebas habrá que prescindir de su actividad", dijo al término de una reunión extraordinaria de responsables de Energía de la UE.
Tras el desastre de Fukushima, la decisión de Alemania de desconectar las siete centrales nucleares más antiguas del paísy la paralización del programa nuclear chino ha llevado a muchos analistas a considerar la posibilidad de que se produzca un parón nuclear en toda regla. Si se produce, tendrá lugar en el momento en que la industria atómica preparaba su despegue. Pero está por ver. También con ocasión del gran vertido de petróleo de BP frente a las costas de EE UU se habló de un antes y después de la industria del petróleo.
En España, los documentos del Foro Nuclear, la asociación que agrupa a las empresas que operan en el sector, habían calificado el periodo 2000-2030 como el de la "reintroducción y consolidación" de la industria. Una reintroducción necesaria tras lo sucedido en Estados Unidos en 1979 (accidente de Three Miles Island) que dio lugar, según los documentos del Foro Nuclear, a una etapa de "radiofobia social y estancamiento" acentuada por la explosión de la central de Chernóbil (Ucrania) en 1986.
Las grandes empresas eléctricas españolas operan seis centrales nucleares, todas ellas en la península. Dos plantas disponen de dos reactores cada una (Almaraz y Ascó), por lo que suman ocho reactores de agua ligera, con una potencia total instalada de 7.728 MWe. Con ese parque, las dos compañías de mayor tamaño, Endesa (propiedad del grupo italiano Enel) e Iberdrola, han tomado posiciones en lo que todavía suponen que será una gran negocio: el desarrollo nuclear. Endesa comunicó, hace apenas unos días, la firma de un acuerdo con la compañía estadounidense Westinghouse (fabricante de la mitad de los reactores en funcionamiento en el mundo) para entrenar y formar personal ante posibles nuevos proyectos nucleares. Proyectos, recogía expresamente el comunicado, que podrían extenderse también a España. Iberdrola, por su parte, tiene también tomadas posiciones en los planes del Gobierno de Reino Unido para construir nuevas plantas.
En España, la presión solo ha llegado, de momento, a la eliminación de los 40 años como límite de funcionamiento de una central y al cuestionamiento del cierre de la central de Garoña en 2013. Por supuesto, todas las demandas del sector tienen el respaldo de lo que el Foro Nuclear define como "instituciones internacionales relevantes". De la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a la Agencia Internacional de la Energía, pasando por la OCDE, existen toda clase de informes y documentos en los que se aconseja a los Gobiernos integrar la energía nuclear en sus parques de generación. Todo eso está ahora en cuestión. La seguridad de las centrales nucleares se va a revisar en todos los países mientras el mundo aguanta la respiración ante cada nueva vaharada en la central japonesa.
Hay mucha desconfianza ante una industria que, aunque ha hecho grandes esfuerzos en los últimos años por aparecer como más transparente, aún da para narrar detalles curiosos. Dos ejemplos: los residuos nucleares se contabilizan como "bultos" y las estadísticas sobre radiación de los trabajadores de las centrales se publican y comparan como dosis "colectivas". Los "bultos" radiactivos, de los que en España se produjeron 3.914 en 2009, se definen por la industria como "embalajes con su contenido radiactivo, tal y como se presentan para su transporte y almacenamiento". Las llamadas dosis "colectivas", por su parte, son "dosis efectivas, equivalentes o comprometidas que recibe el conjunto [de empleados]. Se mide en sv-persona (sievert, unidad de radiación) y se obtiene sumando las dosis recibidas por cada uno de los miembros del conjunto".
A la industria nuclear, señalan los organizaciones ecologistas, antinucleares y las asociaciones de renovables, le queda mucho camino que recorrer para explicar su actividad, su rentabilidad económica y social y sus verdaderos costes. "Lo que habría que destacar", señala García Breva, "es que en España, por mucho que se diga, sobra capacidad de generación y podría plantearse, sin ningún problema, el cierre programado de las centrales". Los datos en los que basa sus afirmaciones son rotundos: la punta de demanda registrada en España ronda los 44.000 Megavatios, mientras que la potencia instalada supera los 100.000 Megavatios.
Tanto para García Breva, como para el exdirector de Greenpeace España, Juan López de Uralde (fundador de Equo), el futuro solo puede ser renovable. López de Uralde, en los foros en los que participa, sostiene que "el coste de un modelo energético 100% renovable no sería superior al de un modelo convencional". Puede parecer una utopía, pero el planteamiento de un modelo renovable 100% cuenta con el apoyo y el respaldo de estudios como los del Instituto de Investigación Tecnológica (ITT) de la Universidad de Comillas -Modelo 100% renovable para el Sistema Eléctrico Español-; documentos de la Fundación Ideas (vinculada al PSOE) e informes como los elaborados por el Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama).
El debate se calienta mientras sube el precio del gas y del carbón; las empresas con activos renovables suben en Bolsa; baja el precio del uranio y aumenta la volatilidad en el mercado del crudo. Apuntando a las nucleares, desde la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) se destaca: "Si todas las energías internalizaran sus costes externos, las renovables competiríamos con ventaja en el mercado". Mientras el debate se despeja, se puede trabajar en mejorar lo que existe. Es la receta que viene defendiendo Red Eléctrica de España (REE): iniciativas para mejorar la gestión de la demanda, lograr un consumo más eficiente y flexibilizar la demanda. ¿Cómo? Más bombeo (almacenamiento de agua), más interconexiones y más coche eléctrico.
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martes, 15 de marzo de 2011
Hybris
La hybris (en griego antiguo ὕϐρις - húbris) es un concepto que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados, resultando a menudo en merecido castigo. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como reza el famoso adagio, erróneamente atribuido a Eurípides: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.»
Nuestro mundo, nuestra manera de consumir -aquellos que pueden consumir, claro está-, nuestra forma de obtener la energía, la mayor parte de lo que hacemos, la avaricia sin límites, recuerdan al empeño de construir el Titanic, el "insumergible", el barco de los sueños, NI EL MISMO DIOS PODRÍA HUNDIRLO. Y, como todo el mundo sabe, no llegó a culminar su primer viaje. Sus restos descansan a 4.000 metros de profundidad.
Salvando las distancias tecnológicas y la magnitud del desastre ocasionado por un terremoto de una fuerza desmedida y el posterior tsunami devastador, ya tenemos nuestro "próximo Chernóbil".
¿Qué necesitamos para darnos cuenta de que nuestras centrales nucleares son VULNERABLES, tanto en lo que respecta a la acción de la naturaleza como a la de los fanáticos? Capítulo aparte el de los residuos nucleares que antes se tiraban irresponsablemente al mar y ahora se pasan la pelota de un sitio a otro para enterrarlos. Una de dos, o racionalizamos el consumo y cambiamos el modelo energético de forma radical o vamos directos y a toda máquina hacia el iceberg que terminará de rajar el casco de este planeta aburrido de nosotros y nuestras ocurrencias.
¿Cuál es el siguiente acto de esta tragedia? ¿Para qué preocuparse de las bombas nucleares iraníes o norcoreanas si en el mundo ya hay más de cuatrocientas bombas-centrales al alcance de algún iluminado? Se ahorran el misil y el sistema de guiado. Basta un puñado de suicidas/homicidas dispuestos a todo.
Hasta Chile -país con riesgo sísmico donde los haya- se plantea el uso de la energía nuclear.
Si nuestro mundo necesita la energía nuclear para sobrevivir, lo que hay que volver a plantear son las bases de la existencia de nuestro mundo. Desde cero si es preciso. ¿Acaso piensan los representantes de los diversos lobbies o los gobernantes untados de comisiones que las nubes radiactivas iban a esquivar sus casas de diseño con jardín?
Dicho esto, mi mayor respeto y mis condolencias al pueblo japonés que está dando una lección de civismo ejemplar. Yukio Mishima se habría sentido orgulloso. No parecen de este mundo.
Nuestro mundo, nuestra manera de consumir -aquellos que pueden consumir, claro está-, nuestra forma de obtener la energía, la mayor parte de lo que hacemos, la avaricia sin límites, recuerdan al empeño de construir el Titanic, el "insumergible", el barco de los sueños, NI EL MISMO DIOS PODRÍA HUNDIRLO. Y, como todo el mundo sabe, no llegó a culminar su primer viaje. Sus restos descansan a 4.000 metros de profundidad.
Salvando las distancias tecnológicas y la magnitud del desastre ocasionado por un terremoto de una fuerza desmedida y el posterior tsunami devastador, ya tenemos nuestro "próximo Chernóbil".
¿Qué necesitamos para darnos cuenta de que nuestras centrales nucleares son VULNERABLES, tanto en lo que respecta a la acción de la naturaleza como a la de los fanáticos? Capítulo aparte el de los residuos nucleares que antes se tiraban irresponsablemente al mar y ahora se pasan la pelota de un sitio a otro para enterrarlos. Una de dos, o racionalizamos el consumo y cambiamos el modelo energético de forma radical o vamos directos y a toda máquina hacia el iceberg que terminará de rajar el casco de este planeta aburrido de nosotros y nuestras ocurrencias.
¿Cuál es el siguiente acto de esta tragedia? ¿Para qué preocuparse de las bombas nucleares iraníes o norcoreanas si en el mundo ya hay más de cuatrocientas bombas-centrales al alcance de algún iluminado? Se ahorran el misil y el sistema de guiado. Basta un puñado de suicidas/homicidas dispuestos a todo.
Hasta Chile -país con riesgo sísmico donde los haya- se plantea el uso de la energía nuclear.
Si nuestro mundo necesita la energía nuclear para sobrevivir, lo que hay que volver a plantear son las bases de la existencia de nuestro mundo. Desde cero si es preciso. ¿Acaso piensan los representantes de los diversos lobbies o los gobernantes untados de comisiones que las nubes radiactivas iban a esquivar sus casas de diseño con jardín?
Dicho esto, mi mayor respeto y mis condolencias al pueblo japonés que está dando una lección de civismo ejemplar. Yukio Mishima se habría sentido orgulloso. No parecen de este mundo.
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jueves, 26 de marzo de 2009
El próximo Chernóbil
El comportamiento del ser humano no deja de sorprender. Desde un punto de vista creativo, resulta sumamente estimulante. Cabe imaginar a Dios pasándoselo en grande, tronando entre risas "a ver por dónde nos va a salir éste ahora". Esto explicaría la existencia del libre albedrío: hay que darle cuerda al cómico para que se ahorque. Como divertimento para las aburridas tardes de domingo en Cinema Paradiso no tenemos parangón.
Lo de la energía nuclear en nuestras manos es muy, muy divertido. Dejando a un lado la posibilidad de conflicto estilo destrucción mutua asegurada, fórmula que ha dejado de estar momentáneamente de moda, el uso civil de la energía nuclear —a la luz de accidentes como el de Chernóbil— es otra pirueta humana estilo "mira Padre —Padre Celestial, se entiende— ¡ahora sin manos!". En lugar de desarrollar a gran escala otros sistemas (llámese solar, eólica, mareomotriz, biomasa, etc.) en los que no nos juguemos la vida de generaciones, preferimos caminar por el filo de la cuchilla de forma cotidiana. Con dos... Si hay que acabar con esta farsa, que sea a lo grande.
"Con todos esos sistemas juntos no tenemos ni para un 20 por ciento de lo que consumimos", me dirán los marchantes encorbatados, sobre todo aquellos que están en nómina de las grandes corporaciones con intereses en lo atómico. Pues habrá que poner en cuestión el modelo energético de nuestra civilización y dejar de vivir como si interpretáramos un guión de Ed Wood. Pero no mañana, sino HOY. ¿Acaso es de seres racionales —esos que toman raciones en los bares, Siniestro Total dixit— exponerse a que pueda ocurrir otro Chernóbil? Si ya ocurrió, volverá a ocurrir. Es una simple cuestión de tiempo y extensión del uso de la energía nuclear. Sólo hay que imaginar a la delegación iraní contratando tecnología rusa marca ACME.
Oficialmente, sólo unas decenas de muertos. En la realidad, una nube radioactiva que recorrió media Europa y dejará secuelas durantes generaciones. El accidente ocurrió en Ucrania, pero afecta a niños de Bielorrusia, Polonia, Eslovaquia y a saber cuántos países más. Te comes una zanahoria o un filete en ciertos sitios y te vuelves apto para vivir en Venus. Un gran avance para el programa espacial.
Lo verdaderamente gracioso de la energía nuclear, es que cuando las cosas van mal (e incluso cuando van bien), sus efectos duran, duran y duran. Cuando nosotros seamos el último grano de polvo —espero que nos dé tiempo al último ídem—, los efectos de Chernóbil seguirán ahí. Qué risa, tía Marisa. Eso es una herencia y no un pisito lleno de deudas. Nuclear is fun! Será un gran ahorro en Halloween: ya no hará falta invertir en caretas.
Al igual que un parquímetro transforma un pacífico ciudadano capaz de tragarse pateras, pederastas, torturas y muertos de hambre varios en el menú cotidiano en un paladín de la libertad, en un San Jorge capaz de vérselas con cualquier clase de dragón, decidido de una vez por todas a acabar con la injusticia de este nuestro mundo (la probabilidad de un levantamiento social en Occidente es directamente proporcional al número de parquímetros instalados por la empresa de algún repeinado), Chernóbil no debería pasar inadvertido, incluso para los que defienden el uso de la energía nuclear: la nube no entenderá de paniaguados.
¡Esto no puede suceder en Occidente! ¡Esto es cosa de los rusos! ¡Nuestra cazalla no tiene comparación con su vodka!— dirá Mister "Mira cómo me lo llevo".
¿Y quién nos garantiza que en el turno de Navidad la empresa de contratación temporal no envíe a Homer Simpson in person? ¿Qué hará el bueno de Homer cuando abra el tupper de chopped, se recueste sobre el botón equivocado y comience la reacción en cadena? Ahora que lo pienso, el presidente de Endesa, que siempre parece soliviantado, tiene cierto aire al señor Burns. Quizá Homer ya está en su puesto de trabajo (contrato temporal, se entiende). Quizá ya está sucediendo.
Mientras tanto, sigamos utilizando el coche para ir a la esquina a ver si llueve y hagámonos fuertes en el sillón con el aire acondicionado a mil: si llega el fin del mundo, que nos coja fresquitos. Que no decaiga. ¡¡El espectáculo debe continuar!! ¡¡Pasen y vean!! ¡¡Nuestra imagen y semejanza en busca de su media naranja mutante!! ¡¡La novia del átomo!! ¡¡El bebé barbudo!! ¡¡El hombre de tres sexos!! ¡¡El banquero sentimental!! ¡¡El militar melancólico!! ¡¡¡Pasen, pasen y vean!!! ¡¡¡Risas aseguradas!!!
Lo de la energía nuclear en nuestras manos es muy, muy divertido. Dejando a un lado la posibilidad de conflicto estilo destrucción mutua asegurada, fórmula que ha dejado de estar momentáneamente de moda, el uso civil de la energía nuclear —a la luz de accidentes como el de Chernóbil— es otra pirueta humana estilo "mira Padre —Padre Celestial, se entiende— ¡ahora sin manos!". En lugar de desarrollar a gran escala otros sistemas (llámese solar, eólica, mareomotriz, biomasa, etc.) en los que no nos juguemos la vida de generaciones, preferimos caminar por el filo de la cuchilla de forma cotidiana. Con dos... Si hay que acabar con esta farsa, que sea a lo grande.
"Con todos esos sistemas juntos no tenemos ni para un 20 por ciento de lo que consumimos", me dirán los marchantes encorbatados, sobre todo aquellos que están en nómina de las grandes corporaciones con intereses en lo atómico. Pues habrá que poner en cuestión el modelo energético de nuestra civilización y dejar de vivir como si interpretáramos un guión de Ed Wood. Pero no mañana, sino HOY. ¿Acaso es de seres racionales —esos que toman raciones en los bares, Siniestro Total dixit— exponerse a que pueda ocurrir otro Chernóbil? Si ya ocurrió, volverá a ocurrir. Es una simple cuestión de tiempo y extensión del uso de la energía nuclear. Sólo hay que imaginar a la delegación iraní contratando tecnología rusa marca ACME.
Oficialmente, sólo unas decenas de muertos. En la realidad, una nube radioactiva que recorrió media Europa y dejará secuelas durantes generaciones. El accidente ocurrió en Ucrania, pero afecta a niños de Bielorrusia, Polonia, Eslovaquia y a saber cuántos países más. Te comes una zanahoria o un filete en ciertos sitios y te vuelves apto para vivir en Venus. Un gran avance para el programa espacial.
Lo verdaderamente gracioso de la energía nuclear, es que cuando las cosas van mal (e incluso cuando van bien), sus efectos duran, duran y duran. Cuando nosotros seamos el último grano de polvo —espero que nos dé tiempo al último ídem—, los efectos de Chernóbil seguirán ahí. Qué risa, tía Marisa. Eso es una herencia y no un pisito lleno de deudas. Nuclear is fun! Será un gran ahorro en Halloween: ya no hará falta invertir en caretas.
Al igual que un parquímetro transforma un pacífico ciudadano capaz de tragarse pateras, pederastas, torturas y muertos de hambre varios en el menú cotidiano en un paladín de la libertad, en un San Jorge capaz de vérselas con cualquier clase de dragón, decidido de una vez por todas a acabar con la injusticia de este nuestro mundo (la probabilidad de un levantamiento social en Occidente es directamente proporcional al número de parquímetros instalados por la empresa de algún repeinado), Chernóbil no debería pasar inadvertido, incluso para los que defienden el uso de la energía nuclear: la nube no entenderá de paniaguados.
¡Esto no puede suceder en Occidente! ¡Esto es cosa de los rusos! ¡Nuestra cazalla no tiene comparación con su vodka!— dirá Mister "Mira cómo me lo llevo".
¿Y quién nos garantiza que en el turno de Navidad la empresa de contratación temporal no envíe a Homer Simpson in person? ¿Qué hará el bueno de Homer cuando abra el tupper de chopped, se recueste sobre el botón equivocado y comience la reacción en cadena? Ahora que lo pienso, el presidente de Endesa, que siempre parece soliviantado, tiene cierto aire al señor Burns. Quizá Homer ya está en su puesto de trabajo (contrato temporal, se entiende). Quizá ya está sucediendo.
Mientras tanto, sigamos utilizando el coche para ir a la esquina a ver si llueve y hagámonos fuertes en el sillón con el aire acondicionado a mil: si llega el fin del mundo, que nos coja fresquitos. Que no decaiga. ¡¡El espectáculo debe continuar!! ¡¡Pasen y vean!! ¡¡Nuestra imagen y semejanza en busca de su media naranja mutante!! ¡¡La novia del átomo!! ¡¡El bebé barbudo!! ¡¡El hombre de tres sexos!! ¡¡El banquero sentimental!! ¡¡El militar melancólico!! ¡¡¡Pasen, pasen y vean!!! ¡¡¡Risas aseguradas!!!
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