jueves, 18 de noviembre de 2010

El cólera de Dios


Cosas como esta ocurren a diario en este planeta infame, en el que se nos exige que regalemos el dinero que no tenemos a los bancos para que sigan exprimiendo la naranja y trabajemos hasta cualquier edad para que todo siga igual.

La humanidad se divide fundamentalmente en dos clases: aquellos que intentan con su esfuerzo mejorar la vida de los demás -en la medida de sus fuerzas y de sus capacidades: los hay incluso que superan todas las limitaciones humanas, como es el caso de (SAN) Vicente Ferrer o el doctor Alfred Jahn- y aquellos que viven exclusivamente para sí mismos.

Es preciso volver a revisar las ideas de una sociedad alternativa, porque esta que tenemos es un montón de mierda. Con el mismo impulso que soñaron los socialistas utópicos. Hay que cambiar aquello que no funciona o no funcionó en el pasado y diseñar nuevas respuestas para una superpoblación mundial, para problemas que ni siquiera podían imaginar en el siglo XIX. No es posible que la única alternativa válida sea un planeta de 7.000 millones de seres humanos en donde un tercio vive a todo tren, otro tercio va tirando a duras penas y el resto está condenado a un estadio de vida propio de un animal.

Tenemos tecnología y conocimiento para hacer maravillas impensables hace sólo 30 años. Pero si logramos generar energía a partir del viento, las olas o los rayos del sol es para que alguien se enriquezca pasándonos una factura a fin de mes. Y estamos tan lobotomizados que nos parece lo más lógico que se nos cobre por todo ello. ¿Alguien con dos dedos de frente puede creer que podemos enviar naves tripuladas a la Luna o sondas robotizadas a los confines del Sistema Solar y no podemos resolver problemas como el del hambre atroz? Si los niños no reciben ciertos nutrientes y ciertos cuidados psicológicos antes de los tres años están fastidiados para todo el viaje. Ese es el genuino interés del gran capital: millones de seres condenados a vagar por el mundo en un estado de semi-inconsciencia, como esos niños que son puros ojos y se dejan devorar por las moscas sin pestañear.

Los propios científicos que, en cierta medida, han asumido el papel de los filósofos del pasado que ahora se dedican a vegetar en las universidades o hacer carrera al frente de algún ministerio, deberían mirar más allá de sus laboratorios y de su personal afán por ser los primeros. El mundo necesita no sólo que investiguen, sino que eduquen, divulguen la ciencia que avanza a un paso uniformemente acelerado y adopten posturas ideológicamente comprometidas. Se trata de generar modelos viables, respetuosos con el entorno y que tiendan a cubrir las necesidades de todos. La marabunta no les va a respetar en sus torres de marfil.

Si el sistema actual es energéticamente insostenible e intrísecamente injusto habrá que decirlo ALTO y CLARO, obligando a los gobiernos a tomar medidas urgentes pero YA, no en los próximos cincuenta años. Y los que deben hablar son la vanguardia intelectual de la época, superando el modelo de "estrella de la comunicación" en que se han convertido algunos personajes públicos, que utilizan los problemas planetarios como un medio para enriquecerse.

La lógica de nuestro sistema está basada en el hiperconsumo. Si este desciende, el barco se hunde. La cuestión de la energía o la alimentación resultan paradigmáticas.

En el caso de la energía, que junto a la educación, la alimentación y la sanidad constituye parte de la infraestructura básica para el desarrollo del ser humano, estoy convencido de que existen alternativas viables (el famoso Mix) a la dependencia de los combustibles fósiles. Pero hasta que no consumamos la última gota de petróleo, las multinacionales (y los gobiernos que dependen de ellas) no permitirán un sistema alternativo. Cuando eso ocurra, serán ellos quienes nos cobren por el uso de los molinos, las placas solares o los condensadores de fluzo. Y la tarifa ¡oh sorpresa! será aún más cara que con el petróleo, por los "costes de transición", los "costes de adaptación", los "costes de I+D+i" o vaya usted a saber por qué. Vendrá todo muy bien explicado en una factura en 3D a todo color. Igual que ocurrió en el paso del LP de vinilo al CD, más barato de producir y con mayor capacidad pero, inexplicablemente, mucho más caro. Alguien se queda con la pasta-guita-lana. Siempre.

Las cosas esenciales no pueden estar en manos de empresas privadas, guiadas exclusivamente por la "ética" del beneficio económico. Tampoco sectores estratégicos como el bancario o la economía especulativa pueden ser manejadas según las reglas del laissez-faire. Incluso cabría debatir los límites de su ámbito de actuación. Eso ya lo probamos y nos ha traído hasta este desastre, en el que se parchean con dinero público las locuras de una economía paralela que multiplica infinitamente el valor real de los activos. El propio Bush, adalid del libre mercado y defensor a ultranza de la desaparición del Estado, terminó su repugnante mandato solicitando fondos públicos para mantener la economía a flote. Más bien, mendigando fondos públicos. Tampoco se puede permitir que los cazurros de turno se enriquezcan vendiendo propiedades multiplicando artificialmente su precio. Es inmoral. No se puede comerciar con la desgracia o las necesidades básicas de la gente. Es como el negocio de El tercer hombre en la Viena de posguerra, traficando con penicilina en hospitales infantiles. Son cuestiones demasiado importantes para dejarlas al cuidado de los lobos.

En una perspectiva más metafísica, si el mundo carece de primer motor como sugería Hawking, entonces habrá que poner todo el empeño en racionalizarlo, en repartir mejor lo que tenemos y lograr que los miserables accedan al menos a lo básico. Sé que no es sencillo. He visto personalmente cómo funcionan los "paraísos o dinastías comunistas". He trabajado incluso allí. Así, no. Pero, ¿esto es lo mejor que podemos parir? ¿Un sistema que admite la injusticia social como un mal necesario, que destruye el entorno natural a marchas forzadas y cuyo equilibrio depende de que cuatro encorbatados pongan cualquier cosa en una hoja de Excel y se vaya todo al garete? Cuando ocurrió lo de Madoff los que cayeron en la trampa para osos no eran precisamente jubilados de Afinsa. Se trataba de Botín, el todopoderoso Padrino del Grupo Santander y de otros "tiburones" de las finanzas. Si a ellos les engañan de esa manera qué no ocurrirá con el resto de nosotros.

Los jóvenes de Europa, esos mismos que se quejaban -de forma marcadamente individual- en El País en el pasado septiembre (Pre-Parados) de que la sociedad actual no reconocía sus méritos o no les dejaba ejercer un trabajo a la altura de sus capacidades, son la generación más preparada e informada de la historia. Han disfrutado de todas las ventajas que no ha tenido nadie en este país para formarse, viajar y acumular masters. No obstante, si se trata de impulsos de cambio profundo hay que buscarlos en décadas pasadas, cuando la gente a lo mejor no estudiaba tantos años pero era capaz de enfrentarse a un tanque en las calles de Praga. Ahora sólo se trata de conservar el estatus de cada uno. Hablando en plata, de salvar el culo. Hay otros jóvenes, que no se quejan tanto, que me he ido encontrando en mis viajes como cooperante por toda América Latina. Desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego: se dejan la piel para ayudar a otros. Siempre sonriendo y sobreponiéndose a toda clase de dificultades. Gente luminosa. Esos son los imprescindibles.

Pertenecer a una o a otra clase de individuos es una decisión puramente personal y está al alcance de todos. No hay que darle más vueltas.

Lo demás son pajas mentales.

4 comentarios:

Vale Santellán Arbol dijo...

Emocionante...por lo horrible que hay y por la esperanza que tenemos.

Negro Santellan Tolosa dijo...

Maravilloso!!.. aunque a algunos creemos que no nos falta capacidad ni compromiso para enfrentar con lo que sea la necesaria transformación que el mundo clama... tus palabras Martin, son una inspiración y un viento de energía adicional que, primero nos embarga de emoción y luego nos levanta. Gracias!

Rodrigo Baires Quezada dijo...

¿Y qué podemos decir de los jóvenes de nuestros propios países? Veo con admiración, orgullo y respeto a quienes se dejan la piel, el alma y el cerebro para hacer de los pedacitos de tierra en los que les tocó nacer un lugar mejor para todos y todas... Saludos, desde El Salvador, Martín...

Lettera32 dijo...

¿Qué querés que te diga, Martín? Uno, con un Cordobazo a cuestas, con un Viborazo y otros tantos "azos", sólo puede pensar que toda lucha fue vana. Terminaron triunfando el Estado parásito y el capital piraña.
Se retroalimentan en una aparente confrontación que no hace más que destruir todo lo que toca.
Finalmente, los residuos nos caen encima, y hay que estrujarse los magros bolsillos para mantener con vida a los mismos que generan el despelote.
Parece que no podemos salir de la bipolaridad comunismo-capitalismo, ambos cara de la misma moneda falsa. Debe haber, tiene que haber -como decís-, otra opción, otro horizonte...
¡Maldita sea! Según el Estado no hay inflación, pero un asado para cuatro equivale al 10% del sueldo de un jubilado.
Un abrazo de Hugo.
Córdoba
Argentina