Me escriben amigos muy queridos para decirme que me pasé unos cuantos pueblos hablando del tema de la gente que realiza servicios domésticos y de sus empleadores.
En primer lugar, mis sinceras disculpas si alguien se ha sentido directamente aludido. No era mi intención ofender a nadie. Me dejé llevar por la pasión del momento, la imagen del niño levantando un pico de su propia altura. Creo que es un tema complejo que levanta ampollas.
Intentaré hilar más fino, como corresponde a un señor majete de mi edad. Un hombre que peina canas -cuando peina algo- y que resulta a ratos cómico, a ratos venerable. Hasta puede que haya personas que emplearan el vocablo "adorable", pero será por simple similitud sonora, una confusión, vaya.
Vayamos por partes (Jack, siempre te citamos...)
¿El hecho de contratar personal de servicio nos convierte automáticamente en deleznables burgueses? No. No es así. Hay casos en que la ayuda en casa resulta esencial y la familia o el individuo en cuestión difícilmente podría funcionar sin esa asistencia.
Cabe afirmar, por otro lado, que a día de hoy el personal de servicio difícilmente encontraría colocación en otro puesto de trabajo.
Quede claro que considero el trabajo tan digno como cualquier otro. No es eso. Hablaba de una estructura de pensamiento e intentaré explicarme.
Mi comentario estaba centrado en América Latina porque pude comprobarlo personalmente en mis viajes. La mano de obra para realizar las tareas domésticas es muy barata. La contratación "en blanco" con todos los derechos sociales es una novedad reciente o en muchos casos se salta a la torera. Pero hay algo que creo más profundo: no verás muchos "hombres o mujeres de piel nívea" realizando estas tareas. No. Suelen ser personas con la piel oscura y con formación escasa o nula, que aceptan agradecidos lo que se les da y no plantean ninguna clase de reivindicación: es eso o nada. También se podría decir lo mismo del trabajo en el campo, el trabajo de peón en una estancia o de cosechador en una zafra.
La élite blanca ocupa los mejores puestos de la sociedad. Hágase una estadística de los presidentes desde la Independencia de América hasta el día de hoy. ¿Qué presidentes son siquiera mestizos? Hay que buscar los nombres con lupa.
Ni siquiera la Revolución Cubana, que en su momento fue un faro de esperanza para nuestra gente. Fidel Castro y Ernesto Guevara eran hijos de la burguesía y blancos. Como lo fueron la mayor parte de los revolucionarios franceses o el propio Marx.
El cambio siempre viene desde adentro. Son los hijos de la clase media los que aún tienen la capacidad de conmoverse ante el dolor humano. Los macris y demás pijos/recontrachetos son mudos, sordos y ciegos al sufrimiento. No lo perciben. Están programados para dar órdenes y decir "muy rico, Edelmira, puede retirarse". Es problema de todo el software, agravado por un hardware duro como la roca.
Quise llamar la atención sobre cuestiones cotidianas que damos por sentado. Que la composición demográfica de nuestros territorios sea la que es y el hecho de que haya una bolsa enorme de gente que nunca ha contado para los "estados nacionales latinoamericanos", salvo cuando se trataba de utilizarlos como carne de cañón, como se vio en la cobarde y salvaje guerra de la Triple Alianza, que diezmó el Paraguay y desequilibró su población durante décadas, no debe distraernos del hecho de que nunca podremos ser realmente libres si no integramos a esa parte de la población, si no logramos que se sientan ciudadanos de primera clase.
Ocurre igual que con la incorporación de la mujer a la sociedad moderna. Hace siete décadas se publicaban aberraciones como la que pueden ver más abajo, manuales de la Sección Femenina para dar consejos a las esposas. Cosas que resultan hasta graciosas de lo absurdas.
Hoy la mujer ha dejado de hacer "trabajos no remunerados y no reconocidos como tales" prácticamente en exclusiva -me dirán: y queda un mundo por hacer. Así es- y se ha incorporado al mercado de trabajo. Cuando se la ha dejado volar libremente, no ha tenido inconveniente en llegar a lo más alto, tanto en la política mundial como en los consejos de dirección de las grandes empresas.
Durante años se afirmó que las ingenierías industriales eran cosa de hombres. Véase la composición del alumnado hoy en día. Compárense los expedientes académicos de hombres y mujeres. Viví con una arquitecta española de la nueva horneada durante una década, una persona muchísimo más inteligente y preparada que yo.
Con el personal de servicio, con la gente de origen humilde que vende su fuerza de trabajo al precio que sea y en las condiciones que dicte el empleador, sucede igual. El daño es mayúsculo: es la propia persona la que termina creyendo que no sirve para nada mejor. Ni siquiera puede llegar a imaginar un futuro alternativo, no tiene las herramientas para hacerlo. Ha visto a sus padres y a sus abuelos servir, bajar la cabeza.
La mujer no tenía ningún defecto estructural que le impidiera tener una vida digna. Obama demostró que un negro puede ocupar la presidencia del país más poderoso del mundo (ahora lo estamos pagando con intereses insoportables. Un payaso capaz de negar el cambio climático y, al mismo tiempo, lanzar planes inmobiliarios en Groenlandia). Las mujeres, los negros, los mestizos, los indios, no tienen ninguna tara genética que les impida vivir sin servir a otros. Es un cambio de perspectiva.
El personal de servicio, las prostitutas, la gente que hace cosas que nadie querría hacer... todos contribuimos con nuestro silencio a perpetuar el statu quo.
Y se oye la frase constante: "este es un negro resentido" o "negro tenía que ser". Pregúntate tú cómo actuarías si estuvieras en esa situación.
La denostada Revolución Cubana -normalmente habla a gritos de ella gente que ni la conoce ni se ha acercado a Cuba jamás- cambió el destino de la población negra de la isla. Y estamos hablando de un porcentaje importante de la población.
La Revolución Rusa aplastó a la Alemania nazi en solitario. La historia de la Segunda Guerra Mundial debe reescribirse de cero. Los aliados entraron en Europa cuando los soviéticos ya habían perdido más de 20 millones de personas. Cifras de sufrimiento humano que ningún cerebro puede siquiera llegar a imaginar. Y puso a un hombre en órbita por primera vez en 1957. Cuarenta años después de haber salido de un régimen feudal que enviaba a los soldados al frente sin botas para la nieve y sin armas. Miento. Había un arma para cada cuatro soldados. Cuando caía uno la tomaba el que venía detrás.
La revolución fracasó, pero nos puso en el límite de las posibilidades. Y después de la revolución las cosas no pueden volver atrás. ¿Alguien cree que los avances sociales en Occidente son concesiones de los dueños del mundo por su simple "bondad natural"? Costaron toda la sangre y el dolor del mundo.
Voy a ver si localizo el apunte que hizo en su diario personal el Zar Nicolás II la misma tarde en que su guardia cosaca abrió fuego contra una multitud desarmada - hombres, mujeres y niños- en San Petersburgo. Habla de una partida de caza y de que el tiempo está cambiando creo recordar. Pedazo de mierda. Sorry... otra vez habla el siberiano, el Dersu Uzala que habita en mí. Tómate un vodka, anda.
La historia de la infamia se construye día a día. Con cada acto, con cada decisión. Y cuando un hombre o una mujer -así, tomados de uno en uno- toma conciencia de la injusticia, de que hay algo que está intrínsecame mal, entonces cabe avanzar.
¿Es una utopía pensar que resulta posible liberar a los verdaderos parias de la tierra? Aquellos que resultan invisibles. No. En ningún caso. Estamos asistiendo a cambios vertiginosos de la mano de la evolución tecnológica.
Empezando por la velocidad de diseminación de las ideas y los debates hasta la Inteligencia Artifical y la robótica. Estamos a las puertas de una revolución industrial que modificará el mundo hasta volverlo irreconocible. Decenas de millones de puestos de trabajo dejarán de existir en tiempo récord. Aún no sabemos ni cómo se llamarán las profesiones más demandas en los próximos 10 años. ¿Quién oyó hablar de Big Data, de Blockchain, de criptodivisas, de aprendizaje de máquina, de tantas cosas, hace solo unos años?
Hasta el momento, los cambios nos están trayendo lo peor. Gente espantosa sube a lo más alto apoyándose justamente en Twitter o cualquier red social. Es el imperio de la posverdad. Pero lo mismo que ha servido para fabricar engendros puede tener un potencial liberador. Solo es cuestión de corregir el tiro y redefinir las prioridades.
De qué lado estamos. Qué podemos hacer cada uno para mejorar el statu quo. Cada decisión cuenta.
Y hoy más que nunca, quien salva a una sola persona -de las miles de formas en que se puede salvar a un ser humano- salva a la Humanidad entera.
Mostrando entradas con la etiqueta Revolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Revolución. Mostrar todas las entradas
jueves, 29 de agosto de 2019
viernes, 23 de mayo de 2014
Allons enfants
Hubo un tiempo, ya muy, muy lejano, en que Francia era la luz del mundo. La revolución, la república, las libertades individuales, los derechos del hombre. También fue la cuna del racionalismo, un caldo de cultivo fundamental para el desarrollo de la ciencia y el pensamiento. Prefería la tinta de los sabios a la sangre de los mártires. El propio Napoleón fue un déspota egregio que terminó perdiendo el norte pero, en cuanto tensión humana, extendió la luz de la revolución a sitios que vivían en el neolítico. Basta leer sus comentarios a El Príncipe de Maquiavelo para comprobar que allí había un cerebro muy bien amueblado. A años luz de otras bestias pardas que alcanzaron el poder absoluto sobre cuerpos y almas.
Hasta los famosos Cien Días después de Elba parecen el argumento central de una novela de Tolstoi. Una ola de fervor sin límites.
Nombres universales en los más diversos campos del saber y las artes: Lavoisier, Laplace, Descartes, Pascal... y más recientemente Malraux, de Beauvoir, Sartre, Camus. Capaces de alcanzar las cumbres más altas. Un mundo en blanco y negro, Jean Gabin sabiendo que el amor es imposible en Le Quai des brumes, una película que te tritura. Una atmósfera poética y embriagadora. Renoir... Deine blauen Augen machen mich so sentimental... Cómo no.
Si Cádiz hubiera triunfado nuestro país habría dado un salto de gigante. Vive la République! Una España republicana desde comienzos del XIX nos habría permitido estar entre las primeras naciones del mundo.
Pero vivimos otra época. En los tabloides de esta semana, Francia es el lugar de origen de dos extrañas noticias. Al parecer, la imbecilidad comienza en los Pirineos. En dirección NORTE.
Que Tutatis, Taranis -sobre todo Taranis- y Esus nos cojan confesados...
Jean-Marie Le Pen: 'El Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses'
Francia compra por error 2.000 vagones que no caben en sus estaciones
Hasta los famosos Cien Días después de Elba parecen el argumento central de una novela de Tolstoi. Una ola de fervor sin límites.
Nombres universales en los más diversos campos del saber y las artes: Lavoisier, Laplace, Descartes, Pascal... y más recientemente Malraux, de Beauvoir, Sartre, Camus. Capaces de alcanzar las cumbres más altas. Un mundo en blanco y negro, Jean Gabin sabiendo que el amor es imposible en Le Quai des brumes, una película que te tritura. Una atmósfera poética y embriagadora. Renoir... Deine blauen Augen machen mich so sentimental... Cómo no.
Si Cádiz hubiera triunfado nuestro país habría dado un salto de gigante. Vive la République! Una España republicana desde comienzos del XIX nos habría permitido estar entre las primeras naciones del mundo.
Pero vivimos otra época. En los tabloides de esta semana, Francia es el lugar de origen de dos extrañas noticias. Al parecer, la imbecilidad comienza en los Pirineos. En dirección NORTE.
Que Tutatis, Taranis -sobre todo Taranis- y Esus nos cojan confesados...
Jean-Marie Le Pen: 'El Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses'
Francia compra por error 2.000 vagones que no caben en sus estaciones
Etiquetas:
Francia,
Le Pen,
Napoleón,
Revolución
jueves, 3 de mayo de 2012
Ernesto Cardenal
Acaban de concederle un premio a Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense que iba de bolsillo en bolsillo en mi adolescencia. Desde Solentiname al mundo. País de locos, poetas y volcanes. Una época en que todo era posible, hasta la revolución. Volverá.
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leáis emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido
Al perderte yo a ti,tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leáis emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.
Etiquetas:
Ernesto Cardenal,
Nicaragua,
Revolución,
Sandino
martes, 5 de abril de 2011
La próxima revolución
Predice un cataclismo económico y una revolución social en EE UU. Pero no es el polémico y a veces abiertamente demagogo director de cine Michael Moore. Ni el predicador televisivo Glenn Beck, insignia mediática del movimiento conservador estadounidense del Tea Party. Ni, más cercanamente, Niño Becerra, el catedrático que vaticina el cataclismo de la economía española cada año y cada año lo aplaza. Se trata de Paul B. Farrell, un prestigioso columnista de The Wall Street Journal, el diario financiero por excelencia nada sospechoso de sensacionalismo. Y esta semana ha lanzado un aviso ciertamente preocupante aunque con argumentos y cifras mucho más contundentes que la de los otros teóricos apocalípticos citados.
"O los ricos comienzan a pagar impuestos o se enfrentarán a una revolución". Con ese provocativo arranque, Farell, que trabajó para Morgan Stanley, advierte en su columna que la brecha entre el 1% de los "súper ricos" y el 99% restante de la población en EE UU no había sido tan grande desde la Gran Depresión de 1929, y que solo el "engaño" o el "espejismo" que lanza esta clase privilegiada desde sus diversas tribunas, ya sean políticas o mediáticas, impiden a la gente darse cuenta de que estamos a punto de vivir otro colapso como el de hace casi un siglo. Y concluye que o los ricos vuelven a pagar los impuestos que les corresponden por su nivel de riqueza u Occidente se enfrentará a una revuelta social como las que se están viviendo en el norte de África
Farrell señala que, tras el estallido de la crisis financiera en 2008 y la intervención del Estado para salvar el sistema, Estados Unidos vive ahora de la falsa esperanza que le transmiten los súper ricos, las "estadísticas del Gobierno que tratan de exagerar la recuperación" o los mensajes sobre un nuevo mercado alcista de Wall Street.
"Sigan soñando", apunta Farrell, que avisa de que el 93% de lo que se oye acerca de los mercados, las finanzas y la economía "son conjeturas, ilusiones y mentiras con el único fin de manipular en la toma de decisiones para sacar el dinero de los bolsillos" de la gente. "Ellos se enriquecen diciendo mentiras sobre los valores. Odian las normas de la SEC [regulador de la Bolsa de EE UU] que les obligan a decir la verdad". Y pone un dato como ejemplo: en los últimos 10 años, el 20% de los fondos de pensiones de los trabajadores -10 billones de dólares- se ha esfumado en Wall Street.
Apoyado en otros testimonios, el columnista establece un paralelismo entre las revoluciones como las que han ocurrido en Egipto, y las que están por venir en los países desarrollados. Ambas serán impulsadas por los jóvenes, las mayores víctimas de la crisis, condenados a un desempleo crónico. "Los jóvenes van a ser los más doloridos cuando los gobiernos traten de reequilibrar sus presupuestos. Se elevarán los impuestos de los trabajadores y caerá el gasto de educación (...) mientras que los recortes fiscales para ricos siguen intocables"."¿Cuánto tiempo resta para que el resto de los países ricos estalle como Egipto?", se pregunta.
El análisis de Farrell no es aislado. En Estados Unidos se está formando una creciente corriente de opinión que denuncia que la crisis se ha cerrado en falso, que la recuperación económica que vende la Administración Obama no es sino un maquillaje estadístico y que cuando toque pagar la factura del rescate del sistema financiero mediante más impuestos para la clase media y recortes sociales, se desvelará la verdadera gravedad de la situación.
Una de las abanderadas de esta teoría es Arianna Huffington, la editora que acaba de hacerse multimillonaria tras la venta de su portal de noticias online a AOL. Pese a que su actitud personal no sea muy ejemplarizante (se vanagloria públicamente de no pagar a la mayoría de sus periodistas), su opinión es muy crítica hacia el sistema. "Se está madurando la América del Tercer Mundo. Washington se apresuró al rescate de Wall Street, pero se olvidó de Main Street (la calle principal, metáfora para expresar a la gente común en EE UU). Uno de cada cinco estadounidenses es desempleado o subempleado. Una de cada nueve familias no tiene un saldo mínimo en sus tarjetas de crédito. Una de cada ocho hipotecas está en mora o ejecución hipotecaria. Uno de cada ocho estadounidenses vive con cupones de alimentos. La movilidad social hacia arriba siempre ha estado en el centro del sueño americano. Y esa promesa se ha roto. El sueño americano se está convirtiendo en una pesadilla. Y pronto va a implosionar", asegura.
El magnífico documental Inside Job, ganador del último Oscar, también ha desperezado muchas conciencias, sobre todo las de aquellos que confiaron en que con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca se cambiarían las reglas del juego, se restablecerían los controles y la regulación sobre el sistema financiero y se pondría coto a la "avaricia de Wall Street"como prometió el ahora presidente durante la campaña electoral. Pero como denuncia la cinta, las tímidas reformas que inició están varadas en las comisiones del Congreso o han sido bloqueadas por el poderoso lobby financiero que controla no solo la esfera política sino la académica para hacer valer su falso mensaje.
Inside Job deja en evidencia también que Obama no solo no ha perseguido a los "avaros" que provocaron el desastre con productos financieros tóxicos como las subprimes o los CDO, sino que ha puesto al mando de su equipo económico a algunos de sus más señeros representantes, que participaron o, al menos no quisieron ver el inmenso fraude que se estaba fraguando, y fueron reclutados por el anterior presidente, George W. Bush, para diseñar el rescate a costa del contribuyente y sin pedir responsabilidad alguna a sus causantes. Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, Timothy Geithner, secretario del Tesoro, o Lawrence Summers director del Consejo Nacional Económico de la Casa Blanca, están entre ellos.
El capitalismo refundado de rostro social con el que se presentaba Obama en las primeras reuniones del G-20 tras al estallido la crisis sigue teniendo el mismo perfil injusto e inmisericorde en EE UU: récord de desahucios en 2010 y récord de bonus para los ejecutivos de las agencias de calificación como Moody's o Standard & Poor's, que avalaron los productos financieros basados en las hipotecas basuras precipitando el desastre financiero. También fuera de las fronteras de la primera potencial mundial hay una creciente corriente en la misma dirección y que tiene en ¡Indignaos! (Destino), del francés de origen alemán Stèphane Hessel, uno de sus puntos de ignición. En España, el testigo lo ha cogido, entre otros, el escritor y pensador José Luis Sampedro.
Desde la sección de mercados del periódico de referencia de Wall Street, a Farrell no le tiembla el pulso al hacer un llamamiento a que la gente despierte ante "el espejismo de los súper ricos que está destruyendo el sueño americano para el resto de nosotros". "Los súper ricos no se preocupan por usted" exhorta a sus lectores, porque viven al margen de la crisis, a lo sumo se preocupan "en abstracto" por el bienestar del país, envueltos en una burbuja en la que "disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, de los mejores profesores de pilates, el mejor masajista, los mejores cirujanos y las mejores escuelas privadas para sus hijos". "Y nada de lo que se escriba va afectarles". Y acaba: "No digan que no fueron advertido. Tienen tiempo para preparar la revolución que se avecina, la depresión".
"O los ricos comienzan a pagar impuestos o se enfrentarán a una revolución". Con ese provocativo arranque, Farell, que trabajó para Morgan Stanley, advierte en su columna que la brecha entre el 1% de los "súper ricos" y el 99% restante de la población en EE UU no había sido tan grande desde la Gran Depresión de 1929, y que solo el "engaño" o el "espejismo" que lanza esta clase privilegiada desde sus diversas tribunas, ya sean políticas o mediáticas, impiden a la gente darse cuenta de que estamos a punto de vivir otro colapso como el de hace casi un siglo. Y concluye que o los ricos vuelven a pagar los impuestos que les corresponden por su nivel de riqueza u Occidente se enfrentará a una revuelta social como las que se están viviendo en el norte de África
Farrell señala que, tras el estallido de la crisis financiera en 2008 y la intervención del Estado para salvar el sistema, Estados Unidos vive ahora de la falsa esperanza que le transmiten los súper ricos, las "estadísticas del Gobierno que tratan de exagerar la recuperación" o los mensajes sobre un nuevo mercado alcista de Wall Street.
"Sigan soñando", apunta Farrell, que avisa de que el 93% de lo que se oye acerca de los mercados, las finanzas y la economía "son conjeturas, ilusiones y mentiras con el único fin de manipular en la toma de decisiones para sacar el dinero de los bolsillos" de la gente. "Ellos se enriquecen diciendo mentiras sobre los valores. Odian las normas de la SEC [regulador de la Bolsa de EE UU] que les obligan a decir la verdad". Y pone un dato como ejemplo: en los últimos 10 años, el 20% de los fondos de pensiones de los trabajadores -10 billones de dólares- se ha esfumado en Wall Street.
Apoyado en otros testimonios, el columnista establece un paralelismo entre las revoluciones como las que han ocurrido en Egipto, y las que están por venir en los países desarrollados. Ambas serán impulsadas por los jóvenes, las mayores víctimas de la crisis, condenados a un desempleo crónico. "Los jóvenes van a ser los más doloridos cuando los gobiernos traten de reequilibrar sus presupuestos. Se elevarán los impuestos de los trabajadores y caerá el gasto de educación (...) mientras que los recortes fiscales para ricos siguen intocables"."¿Cuánto tiempo resta para que el resto de los países ricos estalle como Egipto?", se pregunta.
El análisis de Farrell no es aislado. En Estados Unidos se está formando una creciente corriente de opinión que denuncia que la crisis se ha cerrado en falso, que la recuperación económica que vende la Administración Obama no es sino un maquillaje estadístico y que cuando toque pagar la factura del rescate del sistema financiero mediante más impuestos para la clase media y recortes sociales, se desvelará la verdadera gravedad de la situación.
Una de las abanderadas de esta teoría es Arianna Huffington, la editora que acaba de hacerse multimillonaria tras la venta de su portal de noticias online a AOL. Pese a que su actitud personal no sea muy ejemplarizante (se vanagloria públicamente de no pagar a la mayoría de sus periodistas), su opinión es muy crítica hacia el sistema. "Se está madurando la América del Tercer Mundo. Washington se apresuró al rescate de Wall Street, pero se olvidó de Main Street (la calle principal, metáfora para expresar a la gente común en EE UU). Uno de cada cinco estadounidenses es desempleado o subempleado. Una de cada nueve familias no tiene un saldo mínimo en sus tarjetas de crédito. Una de cada ocho hipotecas está en mora o ejecución hipotecaria. Uno de cada ocho estadounidenses vive con cupones de alimentos. La movilidad social hacia arriba siempre ha estado en el centro del sueño americano. Y esa promesa se ha roto. El sueño americano se está convirtiendo en una pesadilla. Y pronto va a implosionar", asegura.
El magnífico documental Inside Job, ganador del último Oscar, también ha desperezado muchas conciencias, sobre todo las de aquellos que confiaron en que con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca se cambiarían las reglas del juego, se restablecerían los controles y la regulación sobre el sistema financiero y se pondría coto a la "avaricia de Wall Street"como prometió el ahora presidente durante la campaña electoral. Pero como denuncia la cinta, las tímidas reformas que inició están varadas en las comisiones del Congreso o han sido bloqueadas por el poderoso lobby financiero que controla no solo la esfera política sino la académica para hacer valer su falso mensaje.
Inside Job deja en evidencia también que Obama no solo no ha perseguido a los "avaros" que provocaron el desastre con productos financieros tóxicos como las subprimes o los CDO, sino que ha puesto al mando de su equipo económico a algunos de sus más señeros representantes, que participaron o, al menos no quisieron ver el inmenso fraude que se estaba fraguando, y fueron reclutados por el anterior presidente, George W. Bush, para diseñar el rescate a costa del contribuyente y sin pedir responsabilidad alguna a sus causantes. Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, Timothy Geithner, secretario del Tesoro, o Lawrence Summers director del Consejo Nacional Económico de la Casa Blanca, están entre ellos.
El capitalismo refundado de rostro social con el que se presentaba Obama en las primeras reuniones del G-20 tras al estallido la crisis sigue teniendo el mismo perfil injusto e inmisericorde en EE UU: récord de desahucios en 2010 y récord de bonus para los ejecutivos de las agencias de calificación como Moody's o Standard & Poor's, que avalaron los productos financieros basados en las hipotecas basuras precipitando el desastre financiero. También fuera de las fronteras de la primera potencial mundial hay una creciente corriente en la misma dirección y que tiene en ¡Indignaos! (Destino), del francés de origen alemán Stèphane Hessel, uno de sus puntos de ignición. En España, el testigo lo ha cogido, entre otros, el escritor y pensador José Luis Sampedro.
Desde la sección de mercados del periódico de referencia de Wall Street, a Farrell no le tiembla el pulso al hacer un llamamiento a que la gente despierte ante "el espejismo de los súper ricos que está destruyendo el sueño americano para el resto de nosotros". "Los súper ricos no se preocupan por usted" exhorta a sus lectores, porque viven al margen de la crisis, a lo sumo se preocupan "en abstracto" por el bienestar del país, envueltos en una burbuja en la que "disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, de los mejores profesores de pilates, el mejor masajista, los mejores cirujanos y las mejores escuelas privadas para sus hijos". "Y nada de lo que se escriba va afectarles". Y acaba: "No digan que no fueron advertido. Tienen tiempo para preparar la revolución que se avecina, la depresión".
Etiquetas:
impuestos,
los cambios que se avecinan,
Revolución,
ricos
sábado, 24 de julio de 2010
Lula
Nuestra época está huérfana de gente de altura. En todos los ámbitos. En el caso concreto de los políticos, los códigos éticos, la grandeza o el liderazgo moral que impulsa a los pueblos a ir más allá no forman parte del credo habitual. El fair play tampoco interesa a nadie. Importa ganar, no cómo. Véase el reciente caso de Contador o el fallido intento de la selección holandesa en la final del Campeonato del Mundo.
Más allá de cuestiones ideológicas y apetencias mesiánicas -el propio debate ideológico ha dejado de tener interés, si a la masa se le cuenta que hay una crisis y que hay que darle dinero a los bancos -que han sido quienes han generado la propia crisis- nadie se rasga las vestiduras, a todo el mundo le parece bien- personajes como Azaña, Allende, el propio Perón, Lázaro Cárdenas, en cuanto tensión humana resultan infinitamente más ricos que los "estadistas" de hoy en día. Una simple cuestión de cultura, entrega, pasión y temple. De capacidad de seducción también.
Con todos los aciertos y los errores, la revolución cubana fue -digo fue, hoy se ha convertido en un sainete familiar, cruel para el pueblo cubano y con tintes de novela de Valle-Inclán- un faro de esperanza para los pueblos latinoamericanos. Compárense los discursos de Fidel o el Che en los sesenta con las ocurrencias de Chávez. Es como comparar a Lope de Vega o a Cervantes con Chiquito de la Calzada. La revolución se ha convertido en un chiste agrio, movida por personajes sin preparación y sin norte, que salen en la tele haciendo gala de una incultura ilimitada y se congratulan de su propia cortedad, individuos que parecen sacados de un engendro monstruoso como Gran Hermano o cualquier estupidez por el estilo. Un cajón desastre -sic- en donde entran el taxista de Teherán, la dinastía comunista de Corea del Norte, Gadafi... ¿Qué pensaría Lenin de todos estos personajes? ¿Y Trotsky...? Patético. La Biblia llora junto a un calefón.
Y sin embargo, Lula. En una reciente entrevista, Lula llora ante las cámaras. Y su figura se agiganta. En Brasil, un país de una desigualdad monstruosa en donde aún existe la esclavitud, el antiguo líder obrero, obrero metalúrgico, gente cabal y de una pieza como mi abuelo Lázaro, una de las mejores personas que he conocido y que nunca tuvo nada, ha hecho maravillas en una década. Lula representa otro estilo de líder latinoamericano. Que no habla a los gritos y que hace cosas sin aspavientos. Sin formación académica ni falta que le hace. Se puede tener títulos por doquier y ser un malnacido sin fisuras.
Que se sepa, Lula no ha acumulado durante su gobierno tierras o propiedades como los Kirchner en Argentina. Tampoco ha hecho falta que un paniaguado del gobierno salga a decir que el "patrimonio del matrimonio presidencial de la República Argentina está vivo y tiene todo el derecho a crecer naturalmente", tratándonos a todos de imbéciles.
Opinión de un amigo brasileño: La gente se dará cuenta más y más con el paso del tiempo que la dimensión de lo que ha hecho este señor no tiene parangón en Brasil. Cerca de cincuenta millones de personas mejoraron sustancialmente su calidad de vida en los últimos ocho años. Sacó de la pobreza a unos veinte millones de personas, al tiempo que otros 31 millones ascendían en la escala social. Convirtió a Brasil en una potencia emergente clave, Río 2014, JO 2016, etc., etc. Llora Lula con la satisfacción del deber cumplido.
Personajes como Lula son una necesidad absoluta en nuestra América (y en el resto del mundo). En un momento de la entrevista, alcanza a decir "me estoy volviendo viejo". Me recordó un relato inmortal de Jorge Amado: Os Velhos Marinheiros. Un relato que cambió el curso de mi vida cuando tenía venticinco años.
El problema sigue ahí. Mientras la revolución se rearma y se redefine, analizando las razones del estrepitoso fracaso del siglo veinte y generando nuevas respuestas para nuevos problemas, la esperanza vive en los obreros íntegros como Lula. Personas capaces de emocionarse ante la deproporcionada tarea que supone enfrentarse al mal, a la pobreza, a la ignorancia. La moral de esos médicos que salvan vidas a miles de kilómetros de sus casas, de los cooperantes anónimos, de los mineros que rescatan a sus compañeros jugándose la vida y se quiebran como un niño cuando alcanzan la meta. Gente de mirada limpia.
Lejos de los uniformes verde oliva, los payasos catódicos que no hacen gracia a nadie o los consumidores naturales de bótox cuyo patrimonio se multiplica solo por obra y gracia de Harry Potter.
Uribe, Calderón, Chávez, la familia Castro, el matrimonio Kirchner, Alan García, Evo el nutricionista... todos de vacaciones -los tontos en casa y pagados por la Seguridad Social- en algún planeta muy, muy lejano. Más allá de la Puerta de Tannhauser. Seguro que América Latina tiene 20 Lulas entre sus jóvenes, la generación más preparada de su historia.
El viejo marinero llora por todo lo que aún queda por hacer.
Etiquetas:
América Latina,
Cuba,
Kirchner,
Lula,
Revolución
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
